domingo, 5 de agosto de 2007

ORBE PER VERSO, Ránel Báez


Orbe Per Verso es un libro de Rannel Báez, Casa De Teatro, Sto. Dgo., Rep. Dominicana, 2002, galardonado con el Premio Internacional de poesía Casa de Teatro.

Báez dedica su obra –dividida en cinco partes bien diferenciadas- a los poetas radicales, temerarios y sin nobleza.
1. Órbita I: Movimiento de rotulación. Inicia con un ejemplar modo de ficción inspirado en el ratón de la computadora, cuya bola da vueltas sobre su propia panza. Es un símbolo del ego del poeta que descansa sobre sí mismo. Según el texto de Báez el ego impide ver la verdadera poesía. Dicho con otras palabras, la poesía que descansa en el orbe del ego del poeta es pura pirotecnia.

La poesía nació pura, pero al pasar de la palabra a la página fue contaminada, adulterada, violada. De ahí el Orbe Per Verso.

Baéz intenta demostrar que “la poesía no es humana”, esto es, que tiene un origen divino. Lo humano la hace impura y la pervierte. Una vez que la poesía pasa por el tamiz del poeta sufre la inexorable perversión de la palabra. De ahí que “la poesía existe antes de la huella”. La poesía, pues, existe antes de la palabra. Su aterrizaje en el papel transmuta su pureza, pues las palabras son “inventos rivales”.

La poesía no se inventa ni se construye, se crea. En esa creación, piensa Báez, poesía y poeta entran en un duelo feroz y encarnizado. Aquélla lucha por su reino limpio, no pervertido, y éste trata de someterla: “La poesía es un duelo tú armado y ella desnuda”.

En el orbe sin poesía la poesía se hace vuelo, huida: “El orbe no tiene poesía. Su rotación perversa me cabe en el ojo”. La poesía no se circunscribe al orbe del yo del poeta, pues “está en todas partes, fuera del hombre”.

Báez intenta hacer ver que el verdadero problema de la poesía es su aparición en “la palabra mortal”, pues en ese proceso se pervierte y, en consecuencia, huye del hombre que intenta atraparla.

2.- Orbita III: Movimiento de aliteración. En esta segunda parte Báez pretende dar su visión de lo que es la poesía. Sólo en esta órbita he podido contar veinticinco intentos de definición de lo que es poesía, algunos de los cuales son un ingenioso destello de la imaginación. Ejemplos, la poesía es: la tronera por donde salgo, horno donde se quema el porno y la rutina, pigmento de ti cuando no eres tú, disgusto dulce, cable tragado por la boca, etc.

La obra en cuestión está transversalmente atravesada por la desacralización de vocablos religiosos para darle una nueva, fresca y atrevida lectura, cuyos valores semánticos el lector atento podrá percibir. Es sorprendente la gran cantidad de vocablos extraídos de la liturgia y credo judeo cristiano. He contado cuarenta y dos palabras, muchas de las cuales se repiten a lo largo y ancho de la obra.

3. Órbita III: Movimiento de secreción. De nuevo Báez se ensaña en una dura crítica contra los que se ufanan de poetas: “Si dices que eres poeta te diré de qué alardeas y de qué careces”.

Báez trata de demostrar que la poesía se pervierte por la secreción de un verbo hinchado de orgullo y exhibicionismo de aquellos que se dicen y creen la encarnación de las divinidades.

Cuando el poeta hace alarde de su numen deviene la perversión del poema y la poesía se hace inasible. La poesía limpia no nace de la apariencia ni de la fanfarria: “La razón es a la poesía lo que tú eres a tu yo”. Para Báez la secreción del poeta que posa y teje palabra no hace más que circo, comedia pervertida de la verdadera poesía: “Es la poesía sin aire ni alturas”. La poesía genuina huye del ego como un pájaro. El ego poético hace demagogia de la poesía: “La poesía es como el vacío del caracol”.

El temblor de la poesía posee al poeta, lo sacude desde dentro. La gran diferencia entre el poeta creador y el fanfarrón es que el primero escucha la poesía como “mar en murmullo”, mientras que el segundo posa y escribe una poesía cosmética pervertida sobre el papel.

El poeta creador es asaltado por las musas y separado de toda clase de fetiches y engreimiento. En este sentido, sentencia Báez, “la poesía descubre al hombre pero no la poesía. Está en cada clima del orbe perverso en tus chuipes y secreciones”.

4. Órbita IV: Movimiento de Transacción. Nuestro autor se enfrenta en esta órbita a todo lo que no es poesía, a la poesía muerta, pues la poesía auténtica es “filo y granero”, “bumerán sesgando el horizonte”.

La poesía no admite la hipocresía, que es una forma evidente de perversión. En este orden, puedo recordar con perfección la visión de poesía de Pedro José Gris, quien sostiene que la poesía es una “revelación de verdades interiores” que fluye del alma a modo de visión o percepción metafísica o vivencia espiritual. Esta génesis de poesía interiorista no es cerebral, sino trascendente.

La poesía da sentido al orbe. Sin poesía, que siempre está por encima de lo humano, que pervierte todo cuanto toca, este orbe sería un caos. Es la poesía la que libra de toda perversión. El orbe necesita de la poesía, pues ella nos libra de lo perverso: “Sin poesía en el orbe lo perverso me contagia”.

Con la poesía no se juega ni se experimenta. Ella está a salvo en su orbe, pero aun y a pesar de la palabra –que siempre es corta y deficiente para decirla en toda su revelación- y del ego del poeta, ella se abaja y se hace presencia, para decirlo octavianamente.

Báez sentencia esta órbita diciendo que “la poesía está catorce vapores más allá del carbono fuera del laboratorio inmune a los experimentos del fanático y espejuelazo experimentador de barbaridades”.

5. Órbita V: Movimiento de perversión. La poesía se crea con imágenes. Pero es muchísimo más que imagen, es “revelación de verdades interiores” (Gris). El lenguaje cotidiano o común tiene que sufrir en poesía un salto cualitativo que lo diferencia del lenguaje periodístico o convencional. La poesía trasciende el uso común de la palabra. No se puede crear poesía sin poesía: “La perversión es la órbita sobre el polo de tu sien y el eje sin discurrir sin poesía”.

Otro modo de perversión de la poesía acaece cuando pasa por el cedazo de género, el plagio y el simple metaforizar. Hay quien puede ser un profesional de la imagen poética y hacer poesía y versificar a granel, pero eso es una perversión: “La placenta del poema tiene un ombligo sin manía ni fetiches”.

En Orbe Per Verso hay una tácita repulsa contra los poetas que se creen dioses y aceptan la adulación como consuelo. La crítica es dura: “Los poetas endiosados por el puerco por el vecino adulador fabrican versos con palabras violadas… consumiendo dádivas y homenajes de trampolín”.

Para Báez “la poesía nunca da la cara al perverso” porque éste la contamina. A pesar de la existencia de poetas perversos y pervertidores de la poesía, el orbe no puede menos que expedir versos: “El orbe sin versos es un círculo cuadrado”.

La agudeza de nuestro autor es tal que, en sus órbitas contra toda perversión de la poesía, logra dar geniales aletazos creativos: “La poesía es ponerle cedazos al recipiente de la angustia”. Y como ese, muchos.

En suma, el orbe de la tierra “sin poesía transmuta y envejece”. De ahí que “un segundo sin poesía es suficiente para la decapitación”. El orbe no puede existir sin poesía, la cual se ve afectada por “el chantaje de sus secuaces eruditos y voraces”.

Para escapar del orbe perverso es preciso una de dos: “O eres hombre con la palabra o eres poeta sin imagen ni semejanza con la literatura de un dios inmortal”.
Nota: Cf. Mythos, Revista Literaria Trimestral. Año VII. Enero 2007. Nº 32, págs. 27-28.
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