domingo, 5 de agosto de 2007

Matilde Alba Swann, Arg., apuntes sobre su poesía

A mí me ha pasado que cuando un poeta, para el caso, una poeta como Matilde Swan, argentina, me ha seducido ya no puedo menos que seguirle los pasos. Entonces me entra una extraña necesidad de conocer más sobre la vida y la obra del poeta en cuestión. Es como sentir una llamada misteriosa, empática, a entrar en el universo creado por el autor.

Hay en los poemas de M.A.S. una estela elegíaca, con un aire vellejiano, que conmueve y que hace del lector una cómplice de sus versos: “una pena tremenda de estar triste, / y un deseo / de morirme mañana” (Bajo tu lástima).

La niñez, el espejo de la vejez, de la nostalgia, el recuerdo de los seres más amados se convierte en brasas que se encienden en el poema: “centavito ternura / de mi infancia” (Apenas querer esto).

La poesía de M.A.S. está limpia de vicios, es natural, sana y muy a menudo optimista: “ponte al ritmo / de esta abierta esperanza que me ensancha”. A veces me recuerda al magno Neruda: “dame tu mano, y estrecha en ella / un apretón / de vida”. (Apenas querer esto).

M.A.S. es consciente de que su misión en este mundo es tañer la lira de Orfeo. Su postura vital es, tácitamente, la otredad. O sea, nada exterior que rompa la armonía y el orden de los seres le es ajeno: “yo no podría transponer tus fronteras / sin pasar mi caricia sobre tu miseria, / sin hundirme en tu barro, sin morder tu pobreza” (Canción a Berisso).

El privilegio de ser madre, de transmitir la vida, lejos de ser una maldición y un impedimento para realizarse como mujer, M.A.S. canta la maternidad con una finura extraordinaria: “Esta prisión caliente de ser madre. / Esta expansión celeste /de dar vida” (Coral y remolino”)

Nuestra poeta asume una postura reflexiva mediante la cual interioriza su yo, y por consiguiente, lo descubre por medio de la palabra labrada con un tino inigualable: " Y querer merecerme; de veras merecerme. / Revisar mis dispersas escrituras, / mi palabra, revisarme el sollozo, / la garganta, / auscultarme el latido, desollarme, / revisarme las venas, las arterias / todo el complejo existencial / que asumo” (Crónica de mí misma).

De una cosa quedo convencido de nuestra poetisa: que escribe para dar testimonio de sí misma. Esto la hace auténtica, quiero decir, hace de su poesía un arte conmovedor y, por ende, imperecedero. Porque canta lo humano, lo genuinamente humano sin excepción. Adoba toda su poesía con la vida y con un sin fin de emociones estéticas que consigna en imágenes de una belleza cautivante: “De la hoguera al rocío, / del fondo del misterio tu fuego por mi río. / Mi cansancio desciende con su fina llovizna” (Alumbramiento).

El estilo de Matilde Alba Swann empalma, a mi juicio, con el de la cubana Dulce María Loynaz y es opuesto al de Alfonsina Storni, pero de lo que no cabe duda es de que el nivel de las tres es sobresaliente, memorable.
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