domingo, 5 de agosto de 2007

APUNTES CRÍTICOS, José Acosta

El poema MI ABUELO MURIÓ CUANDO YO NACÍ, visto con una mirada aguda y penetrante me ha dejado un regusto estremecedor. He hecho un breve análisis del mismo que a continuación presento.

1. La emoción poética. La forma importa poco. Las imágenes son pocas y de escaso brillo. Sin embargo, late una emoción poética entrañable estremecedora, la cual nace de la empatía entre el abuelo y el nieto. Esta experiencia poética queda expresada por medio de un juego de contraposiciones y yuxtaposiciones que elevan la densidad de lo que el aeda quiere comunicar. Estas son a saber

abuelo-nieto
edad del abuelo-y la del nieto
la muerte de aquél-y el nacimiento de éste
la partida de uno-y la llegada al mundo del otro

2. Giro del poema. La unidad de la experiencia poética: "una región donde estamos juntos". El poema deja entrever una percepción intuitiva de un lugar en el cual no cuenta el tiempo, donde, si acaso existe, será totalmente distinto al tiempo cronológico.

Asimismo, el poeta habla de un territorio limpio, es decir, de un espacio puro, perfecto, incorrupto. Es ese lugar-territorio donde mora la alegría, sólo allí puede el mortal gozarse de una alegría angelical fruto, no de una emoción o estado sicológico, ni el resultado de una ocasión de hilaridad, sino del contacto con la fuente absoluta de la felicidad.

El poeta admira la "nube de sol de un corazón de mujer". Nada hay más blanco de una nube blanca asaltada por el astro solar. Es inaguantable a la mirada, pues el blanco se intensifica por el impacto de la luz al grado impedir a los ojos ver tanta albugínea claridad. La nube es un símbolo de lo que está en las alturas, en el cielo, en el cosmos, más allá de lo terrenal.

En la teología bíblica Dios, muchas veces, tiene rasgos femeninos, o sea, de madre, por su ternura, por su amor, por su cercanía y por su sentir-con sus criaturas humanas. El Popol Buh da mucha importancia al Corazón del cielo. Tal vez el "corazón de mujer" tenga una connotación divina. Si esto fuera cierto entonces la "nube de sol" sería el resplandor de lo divino o celestial y "el corazón de mujer" sería el Corazón del cielo, de Dios.

3.- Conclusión. El poeta deja en evidencia la existencia de un lugar inefable, a penas intuido, donde yace feliz el abuelo. Ese lugar es la "ultimidad" heideggeriana que da cumplimiento y plenitud a la existencia humana.

En ese lugar limpio, gozoso, alegre desaparece la inquietud y el vital dinamismo de estar siempre anhelando la plenitud y la felicidad. El alfiler de estar siempre infieri deja de aguijonearnos en ese reino donde no desear -porque no se desea ya más cosa alguna- salir de él es el único deseo.

El lugar del que habla el poeta es intangible, pero real. Su existencia forma parte de lo que yo llamo "la otra latitud".

En el poema hay un temblor de permanencia. El que se va se queda y permanece, pero al mismo tiempo avanza hacia lo inefable, al no tiempo, a la vacuidad de lo eterno.


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