sábado, 18 de agosto de 2007

ARTÍCULOS LITERARIOS

VARGAS LLOSA ACORRALADO
Vargas Llosa, uno de los más grandes escritores actuales, además de un eminente intelectual, ha escrito un artículo titulado: “El espectáculo más grande del mundo”. En dicho artículo reconoce el trabajo realizado por el Papa Juan Pablo II: Su prédica por la paz, el acercamiento a otras iglesias, la reapertura del diálogo Israel y Palestina, su humanismo, su capacidad comunicativa y la cohesión de la Iglesia.

Aparte de esto, Llosa desenvaina la esgrima y embiste contra la Iglesia y su doctrina. Eso no me preocupa, lo que sí me preocupa es que nos traguemos su anzuelo ultra liberal.

Lo ofensivo que tiene Vargas Llosa es considerar a los cristianos católicos borregos con miedo a la libertad, inseguros e incapaces de poder elegir en lo que toca a cuestiones morales. Irónicamente esta debilidad, reconoce, también la tienen los ateos y los agnósticos.

Lo asombroso en el pensamiento llosiano, es que “no es concebible que una sociedad progrese y prospere sin una vida espiritual y religiosa”. Para mí esto es completamente inaudito y contradictorio, conociendo lo ácido que es Vargas Llosa.

Pero, ¿qué es el progreso y prosperidad en materia religiosa y espiritual? Este es el nudo gordiano en el concepto de modernidad del conspicuo Llosa. Se refiere a una malentendida libertad que proclama la admisión irrestricta del control de la natalidad, que los sacerdotes se casen, que la mujer asuma funciones sacerdotales, que se acepte el matrimonio gay, la clonación humana, la eutanasia y que la Iglesia calle ante aquellas leyes que, aun siendo consensuadas y aceptadas por la mayoría –no todo lo legal es justo– van contra la dignidad humana y contra los designios de Dios contenidos en la Revelación judeocristiana.

La Iglesia es antimoderna, tuerta y antiprogresista por oponerse a todas esas barbaridades ultraliberales y sin humanismo. Llosa admite la derrota, con dolor y acidez, de que los sistemas ideológicos han fracasado. Admite, además, su desencanto por la mediocridad, oportunismo y cinismo de los líderes políticos del sistema neoliberal. Pero se niega a admitir el triunfo de la moral y el fracaso de su sistema de ideas. La cultura cristiana, en definitiva, ha servido para desenmascarar la mentira del mundo actual, para marcar pautas de convivencia, progreso, justicia y libertad.
ARROYO DEL BOSQUE
Sería impensable que un columnista estos días sea indiferente a la gran conmoción que ha causado la muerte del Papa Juan Pablo II. Aun más, un buen observador sería incapaz de obviar en sus escritos cómo este acontecimiento ha removido la sensibilidad de cristianos y no cristianos alrededor del mundo.
La muerte de Juan Pablo II ha paralizado la boda del Príncipe Carlos, ha paralizado partidos de bútbol, ha hecho gemir y compungir a millones de cristianos de los cinco continentes. A mí siempre me llamó la atención la cercanía con la juventud. Fue un gran amigo de los jóvenes. Tenía un imán para ellos. Muchos fuimos cautivados por sus mensajes de esperanza. Nunca se proclamó a sí mismo, sino a Jesucristo como el camino, la verdad y la vida. Eso lo hizo un auténtico mensajero de Dios. Nunca se aprovechó de los jóvenes, al contrario, los alentó y animó para que sean coherentes.


Desarrolló el diálogo interreligioso entre las religiones del mundo, oró con los que son diferentes en su fe y marcó hitos en la búsqueda de la unidad de los cristianos. Eso también es un gran avance.

Defendió las etnias, a la mujer, las culturas de los pueblos, la justicia y la paz. Esto es fácil decirlo, pero nada fácil hacerlo, y sin embargo, Juan Pablo II lo hizo, prueba de ello son sus grandes documentos acerca de las cosas temporales.

Abiertamente se opuso a las guerras y propuso la concordia de los pueblos. Mantuvo el talante respecto a las nuevas corrientes que amenazan a la moral y a las buenas costumbres.

El Papa Juan Pablo II fue deportista, literato, teólogo y místico. Imagino que las cosas debieron suceder así en ese orden. Transcribo un fragmento de uno de sus poemas místicos más selectos: “La bahía del bosque baja / al ritmo de arroyos de montaña, / en este ritmo te me revelas, / Verbo eterno. / Qué admirable es tu silencio / en todo desde que se manifiesta / el mundo creado… / que junto con la bahía del bosque / por cada cuesta va bajando… / todo lo que arrastra / la cascada argentina del torrente / que cae rítmicamente desde las alturas / llevado por su propia corriente. / Llevado, ¿adónde? / ¿Qué me dices, arroyo de montaña? / ¿En qué lugar te encuentras conmigo? / Conmigo que también voy de paso –semejante a ti… ¿Semejante a ti?”

CULTORES DE LA BELLEZA
Ningún ser humano puede sustraerse a la belleza, venga ésta de donde venga. Uno queda prendado de sus efluvios como si de un encanto se tratara. Todos andamos buscando goce, el disfrute, la felicidad. Unos se enredan en las marañas de los sentidos y en vez de saciar su hambre de plenitud, se hunden en el vacío de su existencia; y otros, a tientas y con riesgo de despeñarse, orillan el misterioso sendero que hace feliz el espíritu insatisfecho del género humano.

San Pedro Sula, y esta es la paradoja de una ciudad en despunte que presume de niña-mujer, conserva un secreto apego a las artes y un callado grito de pasión por las cosas que elevan el espíritu a otro estadio, a otra esfera en donde lo grotesco y perverso se pierde por unos momentos.

Los sabios orientales y los místicos han visto en la flor del loto, el nenúfar, que crece en el fango, un misterioso indicio de que la belleza puede emerger hasta en los lugares más insólitos e inesperados. No es extraño, pues, que en Honduras, que está hasta el cuello de “sangrientas amapolas” y hediondos fangales, surtan nuevos talentos que pongan de manifiesto la aparición súbita y gozosa de la belleza.

Intuyo que en el inconsciente colectivo hondureño, me atrevería a decir que es algo que está en toda raza y pueblo, hay un deseo profundo de encontrar el sentido de la vida y los pintores, concretamente, lo manifiestan en sus obras. En un nivel más llano nos vamos a encontrar con artistas de la plástica que basta sólo un deslizamiento hacia una academia de Bellas Artes par que adquieran técnica y dominio del oficio de pintores.

El pasado 28 de noviembre, 2006, asistí al Teatro Francisco Saybe, con motivo del II certamen de pintura para jóvenes, organizado por la Alianza Francesa. Al repasar las obras pictóricas de los noveles artistas, unos treinta, fui anotando apreciaciones en mi agenda. Me atraparon con sus pinceles Zaida Z. y Rolando R. Sus obras apuntan a la gran pintura y su técnica rompe los lugares comunes y manidos de quienes auscultan la belleza.

Hubo, ciertamente, muchas más obras con hallazgos interesantes de pintores en agraz que, sin duda, a fuerza de frotar en la paleta el pincel y la espátula, despertarán al genio que les hará cumplido a los deseos más genuinos de atrapar a la esquiva diosa de la Belleza.

PINTURA: MUSEO NACIONAL DE HONDURAS
Hoy nos vamos a centrar en la pintura. El arte forma parte de la memoria de los pueblos. Qué seríamos sin arte, sin los artistas que nos comunican experiencias del alma. Recientemente estuve en Tegucigalpa. Con motivo de dicho viaje saldé una deuda que tenía desde hacía mucho tiempo: visitar el Museo Nacional. Empecé mi recorrido por el primer piso en cuyas vitrinas se exhibían vasijas de barro de los mayas y objetos religiosos antiguos.

De todas las obras situadas en el primer nivel, la que me sedujo fue “El ángel del Micht” de Juan Murgi. La centralidad del ángel que baja del cielo, iluminado por una impronta de luz dorada y divina, sus alas desesperadamente abiertas, y sus manos extendidas hacia abajo –en un gesto solidario sin límites– al rescate de la figura humana, es verdaderamente conmovedor.

En el segundo piso, caminaba lento y comtemplativo, me sorprendió el cuadro “Las Monjas” de Pablo Zelaya, pintado al óleo. Dos monjas, al parecer de clausura, con cofia celeste tierno, clarito, caída serenamente sobre las espaldas les dan una impronta espiritual llena de paz.

Las dos monjas, jóvenes, de pie una, sentada la otra, tienen en sus manos unas partituras, las cuales leen al desgaire junto a un violín que yace sobre su estribo en el suelo, y a un arpa, al centro de ambas. Los dos instrumentos son de fina y delicada melodía.

La claridad del cuadro crea una atmósfera espiritual, trascendente y mística. El rostro dulce de la monjita que lee su partitura sentada es soberanamente bello y la luz le angeliza su figura femenina haciéndola aún más atractiva.

Llama la atención el corazón que cuelga sobre el pectorín blanco que cubre su pecho. En sus manos delicadas, la partitura, y más arriba, a la altura del pecho, justo en el lado izquierdo, pende el corazón como una medalla que habla.

Otro cuadro de una belleza extraordinaria es el “Contemplado”, firmado por Matute, oriundo de San Pedro Sula. Representa la caída de Cristo con la cruz. Es la silueta al desnudo, sin detalles de rostro. Sus dos rodillas en el suelo y su mano izquierda aliviando la caída y con la otra mano asiendo la cruz, imprimen al cuadro una auténtica escena de la Pasión de Cristo. Es una figura sufriente y solitaria. Es un Cristo solo, sólo con su cruz a cuestas. Es, en verdad, para contemplarlo.
LA METAFÍSICA DE ARITÓTELES

Por uno de esos impulsos del conocimiento –excúsenme la aparente pedantería- me leí este año 2003 la monumental metá tá physicá (Metafísica) de Aristóteles. Confieso que retrasé por más de quince años su lectura, no así la Metafísica de Heidegger la cual leí hace unos cuantos años.
No sé porqué tardé tanto en introducirme en la obra aristotélica –con otras obras suyas ya lo había hecho-, tal vez porque sabía de antemano que iba a entrar en un universo racional que me iba a dejar fuera de combate.
No es ociosa la afirmación de que la Metafísica de Aristóteles es el libro de todos los libros, algo así como el ADN de la filosofía de todos los tiempos.
Mi pretensión no es sino la de reseñar mi paso –fundamental para mí- por el mayor de los libros de filosofía.
Yo quería saber si, en efecto, Aristóteles podía demostrar la existencia de Dios. El habla te todo y razona todo progresivamente, hasta que al fin aterriza en lo que yo quería encontrar por mí mismo. Quería llegar, desde la filosofía, a lo que Martín Heidegger llama “instancia última”.
Aristóteles introduce su reflexión señalando las ciencias más comunes y las mejores. En su apuro demuestra que la ciencia mejor y más perfecta la posee Dios en grado sumo, que es causa y principio (Libro I, 10).
A la altura del Libro XII, después de muchas demostraciones lógicas, Aristóteles afirma: “Necesariamente tiene que haber alguna entidad eterna, inmóvil… Ha de haber un principio tal que su entidad sea acto. Además estas entidades han de ser inmateriales, puesto que son eternas” (Libro XII, 1071, 5-15).
Aristóteles sostiene que “hay algo que mueve siendo ello mismo inmóvil, estando en acto, eso no puede cambiar en ningún sentido… Se trata de algo que existe necesariamente, es perfecto, y de este modo es principio” (ídem, 1027, 5ss). En Dios hay vida, pues la actividad del entendimiento es vida y él se identifica con tal actividad. Y su actividad es, en sí misma, vida perfecta y eterna. Afirmamos, pues, –dice literalmente el sabio- “que Dios es un viviente eterno y perfecto. Así, pues, a Dios corresponde vivir una vida continua y eterna. Esto es, pues, Dios” (ídem, 1072, 25).
Lo más interesante de mi lectura ha sido haber recorrido la cátedra del sabio de Grecia, perdido a veces por la densidad conceptual, pero un verdadero deleite en búsqueda de la verdad y del conocimiento más profundo al que la razón humana puede aspirar: el metafísico y teológico.
Yo había estudiado las cinco vías de Santo Tomas de Aquino que, como se sabe, están inspiradas en Aristóteles, pero al fin tuve el placer de incursionar el inmenso pozo de la inteligencia del griego.
Contemplar la verdad suprema constituye para mí la mejor de los hallazgos de mi existencia y una de las razones por las que estoy dispuesto a dar la vida.

POEMAS del libro ASTROLIKEN (Torres Aguero Editor), del poeta Némer Ibn El Barud y al final de los poemas aquí transcriptos, encontrarán BREVES APUNTES

POEMAS

I PORQUE NADA NUEVOpuede sucedernos.Presos en los días,en la continua y misma marcha.Rodeados de silenciohacia el silencio.En tierra envueltosrumbo a la tierra.Encanecidos desde siemprecon un globo de color y una cruz.Saltando zanjas,eludiendo torres;árboles de miedo.Cayendo en la ilusióny levantándonos.Mordidos de planetas y cohetesvamos.Abajo.Mucho más abajo,en el polvo,alguien teje.Donde todo comienzacon nuestra cal blanqueanlas galaxias.

III SU MANANTIAL.Su voz crece en las sombras.Ronda frío.En nuestros pies;en los pies se esconde.A cada paso suma una sonrisa.Por eso el aire abre su metal.Nos deja hollar su canto,sus vocalesy en música resuelve el llantoque con nosotros vieneinderramable.

IV
EN LA PIEDRA.En la piedra está.Coágulo nono.Forma primerabajo el escalofrío de la noche.En la piedra adventicia y mineral está el fuego detenido allí, inerte mientras rodaban los astros con nosotros procurando el diseño inicial. El contorno.

VI NEBULOSA de ayer, de hoy. De siempre. Ignea razón desconocida. Razón de ser esto. Esto, nada más. Imponderable flujo, marea planetaria. Órbita, ciclo. Verde y azul y luego tránsito al verde y al azul sin nada

VIII VIENE DE DÓNDE. Nadie pregunta con otra voz que la que tiene. La que aprendió. La que escuchara plagiario de estaturas músculos y sexos. Dice, sí. Habla y dice, repitiendo. No es esa la palabra. El oido del tiempo no se elige. Es sólo una ventana abierta en un átomo simple y solo por donde pasa toda la humanidad. XIV QUÉ DEL AMOR Qué de la vida y de la muerte queda después de tí. Sólo nosotros nos lloramos. En hambre, frío, lujuria y compasión buscamos el eco. Matar la soledad este pan de hielo que tu incesante mano nos da miga por miga - día por día - en tanto cae a la luz y a la sombra el hueso vertical articulado, queriendo horadar la niebla que te cubre a pesar del buen sol la enferma luna y los dioses después de ti inventados. XIX SABEMOS DE TI. Sabemos porque germinas y sepultas. La luz es sólo tu ademán más lento. Por ti los astros echaron raíces en el cielo y vagan sonámbulos, absortos aún en tu misterio. Vibras y receptas, callas. En el espacio flota tu piel. Sordo y mudo. Un ojo solo abierto. Mirada ilímite y celeste. Polífemo inmaterial con cintura de astros, todo sexo. Las vírgenes son tuyas. La tierra virgen y la tierra hollada. A qué rincón no llega tu abrazo semental, la fiebre de tu cuerpo y qué matriz no siente tu empuje. Tu penetrante rito descendiendo del laurel y de la escarcha. Señor de la cohetería, astro- liquen soy. Te busco desde la rueda y la palanca. XI GOZA y gózate con pulpas y pantanos. Hunde y húndete. Germina. Labra caminos en el aire. Deja tus manos y con los pies aplasta el infinito. Es todo lo por hacer; lo reservado. Siempre habrá un espejo que refleje tu soledad. Tu sola y única soledad, hermano.
BREVES APUNTES

POEMA I
“Nil novi sub sole”: no hay nada nuevo bajo el sol. Una inevitable verdad se le revela al poeta: la temporalidad. El tiempo es una prisión que acaba en el silencio de la muerte, en la tierra madre, de la cual salimos. Muchos son los obstáculos hasta que la tierra nos alberga. La otra verdad que intuye el poeta es la presencia de “alguien” que reconstruye la esencia de nuestro ser. La sentencia bíblica de “polvo eres y en polvo te convertirás” aquí queda poéticamente superada, pues un nuevo inicio de la existencia va más allá de los días y de la muerte misma.

POEMA III
El aeda, transido por el Absoluto, presiente su voz, su presencia. El lenguaje común se queda corto, por eso el poema salva lo que la razón no puede más que balbucir. No hay forma, sólo huella; no hay rostro, sólo el roce inefable del aire que se trastoca en canto y música.

POEMA IVAl leer este poema no puedo menos que pensar en Piedra de Sol de Octavio Paz. Un no sé qué me hace pensar en uno de los poemas emblemáticos de América. En la música interna del poema resuena el Big Bang, como una atmósfera genesíaca, con una fuerza secreta que le da una tensión vibrante. La gracia poética de esta obra, que es en sí el poema, reside en la "VISIÓN" de una realidad intangible y trascendente.

POEMA VI
Nos recrea con la bruma, ese misterioso universo nebuloso que colinda entre la realidad objetiva y lo intangible. Podemos percatarnos de los ciclos de la naturaleza, del cosmos, pero otra cosa sucede cuando el hombre trata de navegar en el tiempo –ayer, hoy, mañana-. Queda la certeza de que todo es nebuloso. Ése es el problema, y el poeta lo detecta como “nebulosa”. De ahí que no pueda más que orillar sus profundidades, aunque no atrape nada.

POEMA VIII
Llegamos al mundo con todos los atributos de la raza. Somos, en gran medida, lo que heredamos y aprendemos. Sin embargo, nadie elige el tiempo, abierto al infinito, a la eternidad, y que todos estamos llamados a atravesar, según la intuición de El Samud. Los grandes poetas ven y perciben efluvios que el común de mortales no percibimos. “Esta ventana está abierta hacia su ventana / hacia su solitaria humanidad” (José Acosta).
POEMA XIVLate la pregunta eterna de corte griego de ¿hacia dónde vamos?, ¿qué hay después de la muerte? Hay algo en el poema que nos hace pensar en nuestra frágil condición existencial. Siempre estamos en búsqueda, tras el sosiego del alma que sólo descansa en el conocimiento pleno de lo divino, Dios. Me gustan las imágenes frescas y atrevidas: "este pan de hielo / que tu incesante mano nos da / por miga". No he podido evitar pensar en San Manuel Bueno Mártir, de M. de Unamuno. El secreto de la Efinge, del hombre que acaba inevitablemente su ciclo vital, en la zozobra de reconocer la figura del Absoluto que se esconde en la niebla: "queriendo horadar / la niebla que te cubre / a pesar del buen sol".
POEMA XIXAsocio este poema con Cántico Cósmico, de Ernesto Cardenal, nicaragüence, y con Huéspedes Secretos, de Manuel del Cabral, dominicano. El aliento poético de Némer Ibn El Barud es sorprendentemente trascendente. El Movimiento Interiorista (movimiento de creación literaria en la República Dominicana, y en otros países) bien podría ser para Némer un asidero intelectual. La agudeza de imágenes de corte metafísico es impresionante: "la luz es sólo tu ademán / más lento"; "en el espacio flota tu piel", "polifemo inmaterial / con cintura de astros". El Ente Total heideggeriano parece estar vedado en el misterio de los astros que contempla el poeta.
PALABRAS FINALES
Basta un poema para que un gran poeta perdure y sea leído con devoción. El poeta Némer, que sólo conozco de refilón, me ha producido una emeción estética terrible. Me la han producido San Juan de la Cruz, con sus poemas de amor puro, Quevedo con Heráclito cristiano; Neruda, con su Canto General, V. Aleixandre con Diálogos del conocimiento, Francisco Matos Paoli, con Canto de la Locura, Manuel del Cabral, con Huéspedes secretos, Pedro Gris, con La Voces, Oscar de León Silverio, con Nostalgia de lo eterno y José Acosta con Territorios extraños (estos últimos son dominicanos en vida.).
FINAL de UNA RECOPILACIÓN de ASTROLIKEN, de Némer Ibn El Barud.
Para EL AGORA

NUEVA CORRIENTE LITERARIA: EL MOVIMIENTO INTERIORISTA
(Este fue el primer artículo interiorista publicado en el Diario EL HERALDO, Honduras, año 1998-9)

El M.I. es una corriente literaria fundada por el ínclito Bruno Rosario Candelier, y un grupo de signatarios de altos vuelos, en la República Dominicana en el año de 1990, cuyo órgano motor es el Ateneo Insular. El M.I. es una “tercera fuerza” en el ámbito de la creación y plasmación por escrito de la belleza en los distintos géneros literarios.
El impacto del interiorismo en esta última década del siglo XX se ha debido a la crisis de valores, al cansancio en el cultivo de las antiguas estéticas de lo Real Objetivo y lo Real Imaginario. La “tercera fuerza” es lo Real Trascendente. Más abajo detallaremos cada una de ellas.
El M.I. se sustenta jurídicamente en unas bases estatutarias específicas. También ostenta su propio reglamento en el cual se describen tanto la naturaleza, fines y modos de organización como lo relacionado a las actitudes a tener de sus cultores. Sus bases, su ideario, no son una camisa de fuerza, sino los horizontes en los que cada escritor ha de crecer libremente.
El M.I. está teniendo un impulso rápido y, a mi juicio, sólo el Modernismo en su momento tuvo tanto influyo, dinamismo y acogida. El M.I. en sus casi diez años de su erección ya está asentado en España en cinco ciudades entre las que se incluyen la capital de las letras hispánicas, Madrid.
Existen, por otra parte, grupos en distintos países de América Latina, a saber: Costa Rica, Venezuela, Puerto Rico; también en Estados Unidos. En Honduras empieza sus primeros pasos. En la Rep. Dominicana se cuentan más de 15 grupos diseminados por las distintas ciudades de la isla caribeña.
Uno de los elementos que han hecho del M.I. un movimiento sólido es justamente su ideario y sus fundamentos teóricos, inéditos en la historia y crítica literarias. Sus postulados son nuevos, diferentes a los que ya conocemos.
El M.I. no nace de la nada, no hay que confundirse por el entusiasmo, pues se nutre de la tradición literaria y no desprecia sus estéticas. Al contrario las asume y les da plenitud aportando un modo de cultivar la belleza desde el ángulo de la Realidad Trascendente que comprende la ladera mística, metafísica y mítica.
Arriba he señalado tres tipos de realidades que, en el plano teórico crítico, nos son útiles para distinguir y apreciar qué es y qué hace el M.I. La realidad es única, una, aunque plural, sin embargo. En literatura sólo han sido explotados dos costados de la esa única realidad tridimensional, el Real Objetivo y el Real Imaginario, el M.I. postula un tercer costado, el Real Trascendente. Veamos en qué consiste cada uno de los lados del triángulo de la realidad.
La Realidad Objetiva que está vinculada inseparablemente con lo histórico, lo concreto y lo puramente material, responde al realismo de las cosas y de los hechos como tal, a lo circundante. La creación artística en esta primera franja conceptual testifica la realidad visible, miméticamente, y reproduce y recrea dicha realidad.
El creador de la Realidad Objetiva intenta reflejar en el espejo de su creación artística la realidad circundante lo más parecido a la misma; intenta reproducir tal cual la realidad que perciben sus sentidos y su intelecto, sin traicionar su esencia fenomenológica en una reproducción fiel de lo que le rodea.
La Realidad Objetiva se fundamenta en los hechos y fenómenos históricos, todos ellos comparables y empíricos, o sea, comprobables. Es en este sentido que afirmamos que lo Real Objetivo se sustenta en una imaginación mimética; es decir, “que reproduce la realidad o crea una obra que se parece a la realidad real”.
La Realidad Imaginaria, en cambio, es subjetiva, fantástica y, según Bruno Rosario Candelier, es un tipo de realidad onírica, estrechamente relacionada con la literatura mítica y la idealización de lo imaginario. En esta segunda concepción de la realidad caben el simbolismo, modernismo y surrealismo.
En lo Real imaginario la imaginación tiende a la abstracción e inventa una realidad ideal nueva, mas siempre imaginaria, por supuesto. En este estrato de la Realidad Imaginaria el escritor entra en un ámbito de fabulación de la realidad subjetiva e interna.
El escritor que se abraza a la estética de lo Real Imaginario “es un escritor de sueños, fantasías y utopías”. Si el deleite del escritor realista reside en la mimesis, en el imaginario reside en el invento y creación de una realidad supuesta, no objetiva ni empírica, existente tan sólo en el que la proyecta, es decir, en la subjetividad del creador.
Hay, en tercer lugar, una “tercera fuerza” de expresión, inédita hasta hoy como hemos insinuado, y que Candelier denomina con sabiduría Realidad Trascendente. Ésta, según el autor que venimos siguiendo, se refiere “a todo lo que está más allá de la percepción sensorial de los sentidos y que percibimos a través de los efluvios metafísicos”.
En el ámbito de la Realidad Trascendente el escritor interiorista, sin abandonar y negar los dos modos de creación enunciados, halla su campo de acción y el sentido prístino de la Belleza cautivadora emanada de la ladera irrastreada de lo a-sensorial.
La Realidad Trascendente es el territorio de la Metafísica, la Realidad espiritual y el Mito. Desde esta perspectiva es que el creador interiorista pretende recrear lo trascendente y plasmar por escrito la teofanía, el hallazgo o revelación de lo real trascendente, es decir, de lo que percibe más allá de los sentidos exteriores con la intuición y los sentidos internos. Esto es el interiorismo.
La Realidad trascendente, o interiorismo, en el pensamiento de Candelier, “se funda en la percepción que los seres humanos poseemos en el centro de nuestra interioridad, que san Juan identifica como “ínsulas extrañas”, una sensibilidad trascendente que nos permite sentir espiritualmente y vincularnos con el Todo en razón de los sentidos interiores que atrapan la dimensión singular de fenómenos y cosas, el valor peculiar de criaturas y elementos, así como clarividencias y sueños, inspiración sobrenatural y presentimiento, recuerdos y revelaciones, que fundan la valoración del mundo como una expresión de la Energía Cósmica que todo lo sustenta”.
A estas alturas nos habremos hecho seguramente una idea de lo que es el M.I. Pasemos ahora a descubrir los presupuestos básicos que lo caracterizan y que hacen que críticos y expertos vigilen de cerca, por su novedad y aportes, su presencia activa en el quehacer literario de fin de siglo. 1. Atención preferente a la dimensión espiritual del ser humano. 2. Exploración de la voz del yo profundo, como expresión de la interioridad. 3. Valoración del sentido de las cosas, fenómenos y acontecimientos enfocando la razón de lo existente. 4. Ponderación de los valores como valores permanentes de la condición espiritual de los seres humanos (la ternura cósmica, el amor divino, la paz inefable, la verdad profunda, la belleza sublime, la luz espiritual) en favor del desarrollo de una nueva conciencia. 5. Ponderación de lo Absoluto, mediante la contemplación, en las manifestaciones naturales y en las criaturas vivientes.
Por otra parte, todas las corrientes literarias han tenido su propio ideario estético. El M.I., lógicamente, tiene el suyo. El M.I. tiene pautas para orillar lo que pocas veces sentimos, intuimos o pensamos de forma sublime, extática, pero sin apartarnos de nuestra realidad temporal y sin huir de ella, todo lo contrario, es para eternizar en el tiempo los instantes sin tiempo.
El interiorismo pretende rescatar lo eterno de las experiencias límites y para poder expresar los momentos de completud, para decirlo en palabras de Octavio Paz, es preciso tener un hilo conductor, un estilo propio de decir las experiencias maravillosas.
A continuación enumeramos literalmente los principios expresivos y de creación más originales que han habido desde que se formularon los de la Realidad Objetiva y la Realidad Imaginaria: 1. Expresión de la interioridad del hombre en las cosas mediante la auscultación de la voz interior.2. Contemplación del mundo como expresión de lo divino. 3. Búsqueda metafísica o búsqueda del sentido de la trascendencia. 4. Creación mitopoética como expresión sacral del mundo. 5. Auscultación del lenguaje del yo profundo. 6. Ternura cósmica en una compenetración sensorial emocional imaginaria e intelectual con todo lo existente. 7. Valoración de la verdad interior, como verdad metafísica o poética. 8. Canalización de los sentidos interiores (intuición, instinto, sentido común y la memoria sensible, etc.). 9. Aplicación de los valores interiores (valores permanentes, ternura cósmica, verdad profunda, el bien, la belleza sublime, la soledad sonora, etc.). 10. Empleo de los signos interiores o metasemas (penumbra, neblina, niebla, sombra, llama, murmullo, rumor, celaje, etc.). 11. Plasmación de los símbolos interiores (cirio, sombra, espejo, valle, cirio, etc.). 12. La vía de unión universal mediante el vínculo místico.
Para que nos hagamos la idea de lo que defendemos como un hito en la historia contemporánea de la literatura caribeña, y sin pretensión, hispanoamericana, veamos a uno de los creadores más sorprendentes de la estética interiorista. Uno queda al leer sus versos como si una corriente de aire frío de repente embargase el alma. He aquí los versos de José Acosta, : “Oh, dormido, que río muerto desemboca en tu lámpara./En qué lugar del espacio se abre para ti otro mundo donde tú crees que yo estoy a tu lado, / mientras te miro inmóvil desde este lado tan remoto. / Por alguna vereda te has llevado mi cuerpo lejos de mí/ y lo has vestido no sé con qué hebras luminosas / que no descienden de esta luna. / A la deriva de tus dedos llamo, / y mi grito atraviesa la noche hasta agotarse en el amanecer. / Un gallo corta la pared que nos divide. / Te veo ahora, oh dormido, / jamás recordarás a la que siempre se va con la noche”.
En la misma línea, al filo de una delicadeza suprasensorial y mística, Tulio Cordero escribe el siguiente poema: “Hilo de fuego es el abismo / que tus pies danzan. / Y una cigarra muda liba el rocío de estas lágrimas. / Espesuras sin límites / tus ojos que me prestas. / Mis manos ya olvidaron / el arte que lastima. / Por eso tiemblan sobre rocío / y bailan entre cayenas. / Sobre un hilo de abismo / –y el viento a las espaldas– / el agua es fuego y el ciego espada. / Pero yo no sé ni mentir ni herir. / Y eso me basta”.
Esto por lo que toca a la poesía. Por lo que toca, en cambio, a la prosa leamos un fragmento tremendo de Lucía Amelia Cabral, en La Sirena del monte: “Ella, sólo ella la que aquella mañana había amanecido con una emoción distinta…, presentía que algo maravilloso ese día le guardaba. Era una sensación especial que viajaba por su interior a remo y vela … ¿Qué vientos nuevos eran estos desconocidos que querían mecer su alma impresionada? … ¿Qué era aquello allá, al final de todas las distancias en los confines del cielo y la tierra? ¿Qué le avisaba esa mágica línea horizontal que se dibujaba perfecta ante su mirada atónita? …Profundidad de agua ancha, de sal y salitre, dime, ¿por qué antes no había yo comprendido? Dime, ¿por qué a tu orilla no había yo acudido a descifrar la razón de mi existir? … Su vida nuevamente encaminó al monte, mientras las huellas de sus pies volteados quedaron desde esa tarde marchando hacia el mar”.
Aquí queda expuesto muy sucintamente el M.I. para todos aquellos que nos desvivimos por las letras, por la cultura, por el bien decir de la lengua castellana. Me refiero a críticos, escritores, poetas, maestros de literatura, y jóvenes en agraz que empiezan sus primeros pasos en la creación literaria. No dejemos pasar por alto la novedad de este movimiento, cuyos influjos son cada vez más crecientes en Iberoamérica y Estados Unidos.

EL INTERIORISMO
(Debo los ejes de esta conferencia al ensayo “Fundamentos del Interiorismo” de Bruno Rosario Candelier) Fue dada en el Instituto de Formación Docente Nº 174, "Rosario Vera Peñaloza" de Buenos Aires, Argentina, a los alumnos de la carrera de Profesorado de Lengua y Literatura para EGB3 y Polimodal. Invierno del año 2003. Carlos Alberto Roldán, que dirige el espacio cultural"Vientos Contrarios" fue el gestión de la actividad. Eterno agradecimiento a él y a Susana Santamarina.
1. Origen del Interiorismo.
El Movimiento Interiorista es una corriente de creación literaria que nace como fruto de la inquietud de un grupo de intelectuales, escritores y poetas en la República Dominicana en el año 1990.

El Ateneo Insular es el ente jurídico que ampara la nueva estética. En el mismo año de fundación se realiza el I Congreso del Ateneo Insular en el cual se hace público el ideario estético del movimiento recién nacido. Siete grupos o talleres literarios apoyaron la primera fase del Ateneo Insular.

Posteriormente se realizan coloquios con poetas importantes, como el puertorriqueño Francisco Matos Paoli; encuentros nacionales y locales para seguir el trabajo de promoción interiorista. El Ateneo Insular, que es presidido por el actual presidente de la Academia Dominicana de la Lengua Española, el Dr. Bruno Rosario Candelier, ha editado varias antologías: Poética Interior, 1992, El Movimiento Interiorista, La Creación Interiorista y El Interiorismo. Ha publicado el folleto Por las amenas liras, el anuario Ínsulas Extrañas y una serie de libros con el sello del Ateneo. A ello hay que sumar la publicación significativa –fuera del auspicio del Ateneo Insular- de obras de diversos autores inspiradas en el interiorismo.

En la actualidad dominicana el Ateneo Insular, o sea, el Movimiento Interiorista, es la organización literaria: con mayor número de escritores afiliados; con numerosos grupos en todo el país y en el extranjero; con un ideario estético nuevo y articulado estructuralmente; con un equipo de intelectuales que dan seguimiento y formación a los que se incardinan en la estética interior; con un plan de trabajo, de formación y promoción permanentes.

El Interiorismo propugna el cultivo de la Realidad Trascendente, es decir, de aquello que se sitúa más allá de lo circundante y objetivo, más allá incluso de lo imaginario, para priorizar la atención a la voz del Yo profundo, la búsqueda de sentido, la valoración de lo Absoluto, la técnica, el tono interiorista, la aplicación de los principios y valores trascendentes sobre los cuales reposa la estética.

La Realidad Trascendente es una veta para la creación literaria, como lo es la realidad objetiva y la realidad imaginaria. El Interiorismo acentúa la Realidad Trascendente como un nuevo modo de ficción que comprende la visión mitopoética, metafísica y la mística.

2. Vertientes expresivas de la estética interiorista.
Vivimos en unos tiempos en que lo superficial predomina y casi todo es desecho. A penas si hay tiempo para mirar las cosas esenciales e importantes. Como una reacción el Interiorismo retorna a las cosas duraderas, vitales y trascendentes. La praxis interiorista no es nueva, lo es su estructuración teórica y sus postulados.

Es característico del interiorismo: a) Atención a la dimensión espiritual del ser humano. b) Exploración del Yo profundo, es decir, de la interioridad. c) Valoración del sentido de las cosas, fenómenos y acontecimientos. d) Atención a los valores interiores y permanentes: ternura cósmica, el amor divino, la paz inefable, la verdad profunda, la belleza sublime, la luz espiritual, etc.

El principio creativo del Interiorismo se fundamenta en el dato de que el ser humano posee en su interioridad unas “ínsulas extrañas” -como diría San Juan de la Cruz- na sensibilidad trascendente que permite sentir espiritualmente y descubrir el valor profundo de las cosas y de la naturaleza. El ser humano posee un potencial hacia lo sobrenatural y metafísico.

La estética interiorista tiene, pues como rasgos fundamentales: la búsqueda de lo divino, la expresión de los valores trascendentes, ternura hacia las criaturas y las cosas, valoración del sentido de lo existente y valoración de la verdad poética que resuena en el interior, el bien y la belleza sublime.

La técnica interiorista es el proceso de interiorización del creador que permite captar la singularidad de las cosas y la propia visión intelectual, emocional y sensorial del mundo.

La imagen interiorista pone al descubierto la visión o percepción particular y única del creador, el cual fusiona –en su búsqueda de lo intangible- los elementos sensoriales con los suprasensoriales.

El tono interiorista revela la empatía, cordialidad e identificación emocional del creador con aquello que lo concita.

3. El método interiorista.
La Poética Interior propone el método de los siguientes principios:
1) Situarnos en el interior de la cosa para captarla, sentirla y valorarla como realmente es.
2) Atrapar el impacto del mundo circundante en la conciencia del sujeto creador.
3) Identificarnos sensorial, afectiva y espiritualmente con la cosa.
4) Vivir y expresar los valores interiores, como empatía universal, ternura cósmica, silencio contemplativo o soledad sonora.
5) Revelar verdades profundas, que son las verdades poéticas, verdades metafísicas o verdades trascendentes de vida.
6) Exaltar los valores universales, como la verdad metafísica, la belleza sublime o el bien supremo.
7) Desarrollar los poderes interiores con el concurso de los sentidos interiores, la capacidad de creación y la visión espiritual y estética del mundo.
8) Identificar y expresar la voz interior y la voz universal como una forma de habitar interiormente el mundo con valor y sentido.
9) Comprender y valorar la voz del yo profundo, el sentido de lo existente y la búsqueda de lo Absoluto.
10) Ponderar nuestro vínculo espiritual con la Totalidad en razón de nuestra pertenencia a un destino mayor que confirma que somos uno con el Universo.

“El creador interiorista puede ver el mundo, por su sensibilidad trascendente, como lo veían los antiguos griegos o como lo sentían los que creían en los dioses, con el talante originario y puro que permite situarse en el mundo como parte entrañable de la Naturaleza, sentir lo real como presencia viva de lo sagrado y valorar fenómenos y elementos como una expresión de lo divino. Esa sensibilidad trascendente hace posible la vivencia espiritual, la actitud numinosa y la creación artística que exprese ese sentimiento de sacralidad y misterio, de filiación y empatía cósmica, de vínculo con la Totalidad. Por consiguiente, optamos por lo real trascendente como veta creativa para asumir, interpretar y valorar la vertiente intangible que nuestra sensibilidad atrapa mediante la inmersión en la interioridad de lo existente o por la vía del mito, la metafísica y la mística. A la dimensión mitopoética se llega cuando se siente la presencia viva del mundo; a la metafísica, cuando interrogamos el sentido de cosas y fenómenos; y a la mística, cuando sentimos y afirmamos la presencia de lo divino” (Bruno R. Candelier”.

4. Filosofía de la estética interiorista:
1. Expresión de la interioridad de la persona y de las cosas mediante la auscultación de la voz interior. Se trata de escuchar la voz interior del ser, que nos reclama un ideal profundo y universal: “Oye la tierra / cómo gime larga. Son pasos, o su idea. No consigo / decir aún lo que en el pecho vive. / Vive tu sueño y mira tus cabellos. ¿Son ellos los que ondulan / cuando los pienso? ¿O es la noche a solas? / Oh tú la nunca vista y siempre hallada. / La no escuchada –y la siempre ensordecido. / De tu rumor continuo voy viviendo” (Vicente Aleixandre, Los amantes viejos).

2. Contemplación del mundo como expresión de lo divino. El mundo es expresión de la divinidad, expresión de amor y ternura sublime. Tulio Cordero: "Búscame Tú con tus ojos de rocío./Llámame Tú con tu voz de paloma./Sostenme Tú con tus manos de espigas./Y ríeme con tus dientes de lirio./Mírame y cuídame Tú/ que conoces ya todos los olvidos./Búscame Tú que sabes de memoria las puertas/(las has tocado todas)./ Y ámame con tu Centro zaherido,/ saltamonte de hiel, de miel y de trigo" ("Búscame").

3. Búsqueda metafísica o la búsqueda del sentido trascendente. Se trata de situarse reflexivamente frente al misterio para intuir el otro lado de la realidad, lo intangible, para atrapar el sentido de lo Absoluto. “Esta ventana está abierta hacia sí misma: / anillo entre dos sombras, / túnel por donde regresan mis ojos / a mi rincón de sangre. / Esta ventana no está abierta a nada, / no hay un chorro de humanidad / hirviendo entre sus párpados, ni un camino rodando en su distancia / ni el olor a presencia de algún pájaro. / Esta ventana no está abierta a todo, / no tiene un hombre hundido en su estatura / no tiene una lámpara empujando las tinieblas / no tiene un gato dormido en su misterio / ni una voz trepando los espacios” (José Acosta, Esta ventana)

4. La creación mitopoética como expresión sacral del mundo. Mirar el mundo como los que creían en los dioses, es habitarlo poéticamente, como algo vivo y sagrado. “Templo que el agua levantó dichosa / al dios que en la noche, solitario, pasa / hacia el bosque umbrío donde el verde / es sombra, / donde se hace inmensa la luna y el alma / templo de frescura, savia de los campos, / hacia ti, borracho de amor y ausencia / alzo mi esperanza, mi vida disuelta, mi existencia. / Arrebolada ternura, catedral de blancura: cuerpo / vientre estremecido del rocío, espuma de los vientos: cuerpo / lenta ola hacia un Mar perdido / espejo de sangre del ocaso. / Río de los sueños abogando tigres y amadas miradas / en su noche verde / ¡Oh río, oh templo donde mis ojos de agua beben lo que olvidan!” (Pedro José Gris, Oda a la nube)

5. Auscultación del lenguaje del yo profundo. Esto es, identificar la voz del ser, la voz de las cosas, la voz del mito, mediante la intuición y el instinto. “ Aquí me encuentro, me dije, / y empecé a sacar arena. / Luego vi el agua en el fondo, / y en ella el cielo y mi cara. / Después… / Me bebí el azul, pensando / que mi sed / no era de agua”. (Manuel del Cabral, Sed de agua).

6. Ternura cósmica en una compenetración sensorial, emocional, imaginaria e intelectual con todo lo existente. María del Carmen Soler: “Caminamos sin pausa la vida hasta la muerte./ Caminamos la suerte que nos toca, y es bueno/ que juntemos las manos a otras manos/ bailando una sardana solitaria./ Caminamos la vida con objetivos varios. /Caminamos sin pausa, el tiempo señalado/ y es bueno detenerse al borde del camino/ para escuchar la voz de las pequeñas flores/ que nos hablan de Dios” (“Caminamos”).

7. Valoración de la verdad interior, como verdad metafísica o poética. Es la verdad que cada persona intuye del mundo, una verdad profunda y trascendente. “He escrito la palabra profundo / y ha nacido un pozo en mi papel / donde cabe el mundo. Cruzo el / lindero de la palabra y ya profundo / es una mancha donde se pierde la mirada. / Escribo agua y bebo. Sangre y lloro. / Hoy todo lo escrito ha buscado su efigie / su osadía de ser, su forma. / Y he aquí escribo hombre / y surge alguien que me besa. / Escribo Dios y algo se esconde / y mi papel simplemente tiembla” (José Acosta, Transformación).

8. Canalización de los sentidos interiores: la intuición, la imaginación, el instinto, el sentido común y la memoria sensible. Estos sentidos nos abren a la vivencias entrañables y trascendentes, o sea, suprasensoriales. “…Salté por una brecha: eran las cuatro/ en este mundo. El cuarto era mi cuarto / y en cada cosa estaba mi fantasma… En sí mismas las cosas se abismaban / y mis ojos de carne las veían / abrumadas de estar, realidades / desnudas de sus nombres. Mis dos ojos eran almas en pena por el mundo. / En la calle la presencia / pasaba sin pasar, desvanecida / en sus hechuras,… Mirar deshabitado, la presencia / con los ojos de nadie me miraba: haz de reflejos sobre precipicios. / Miré hacia adentro: el cuarto era mi cuarto / y yo no estaba”. (Octavio Paz, Un despertar).

9. Aplicación de los valores interiores: el amor, la ternura cósmica, la verdad profunda y el bien, la belleza sublime, la paz interior, la soledad sonora, el anhelo de lo divino. “¡Vuelvo a nacer!... –Milagro de la aurora / repetida y distinta siempre…- / Soy la recién nacida de esta hora / pura. / Y como los niños buenos, no sé de dónde vine. / Silenciosa / he mirado la luz –tu luz…- ¡Mi luz! / Y lloré de alegría ante una rosa”. (Dulce María Loynaz, Vuelvo a nacer en ti).

10. El empleo de los signos interiores o metasemas. Estos apuntan a la realidad trascendente, a lo intangible. El metasema conjuga lo extrasensorial con lo sensorial. Éstos son: penumbra, neblina, humo, niebla, sombra, llama, murmullo, celaje, rumor, etc. "Hermano sol/ hermana luna/ pastando estoy con mi lobo/ en la soledad del alto aposento/ Escuchad el silencio del monje/ dormir con su flauta las cavernas/ La prontitud se aposenta en el no-tiempo del bosque/ donde los lienzos de sombra prístina/ se gozan en la eternidad de la hora" (Ramón Antonio Jiménez , Encuentro en la presencia).

11. El empleo de los símbolos interiores. Son recursos que el creador utiliza para simbolizar la realidad trascendente. A saber: la noche, el valle, el cirio, el espejo, el cocuyo, etc. “Oscuridad de los orígenes, / te amo más que a la luna / que deslinda el mundo / y que ilumina cualquier círculo / fuera del cual nadie sabe nada de ella. / Pero tú, oscuridad, todo lo tienes / en tu contra: rostros, llamas, fieras y hasta yo mismo, / como bestias de presa, / hombres, potencias… / Pero es posible que alguna inmensa fuerza / palpite muy cerca de aquí. / Creo en la noche”. (Rainer María Rilke, Oscuridad de los orígenes).

12. La vía de unión universal mediante el vínculo místico. Es el anhelo de vivir en armonía con la naturaleza, con la familia humana, y con el cosmos. "Fray Texada estaba inquieto. Se levantaba. Se echaba. Volvía a levantarse. De repente, bajó de la nao y a oscuras se internó entre los matorrales. Siguió la huella de celajes, de murmullos tal vez. Al fondo divisó una llama insinuante. Era un celaje de sombra, dijo. Y poco a poco fue distinguiendo la visión. La voz comenzó a aclararse. Sí, oyó una voz clara. Pudo comunicarse con el desconocido castellano..." (Bruno R. Candelier, Novela: El sueño era Cipango, “Arribo a la Española”).
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