domingo, 5 de agosto de 2007

DEFENSA DEL INTERIORISMO

A medida que la Poética Interior, o lo que es lo igual, el Interiorismo, ha ido consolidándose como movimiento de creación literaria, algunas voces importantes de fuera y dentro de la República Dominicana, se han pronunciado respecto a su estructura organizativa, corpus filosófico y estético. Los mayores cuestionamientos provienen de disidentes del Movimiento Interiorista y del Movimiento de la Metapoesía.

Aquí voy a tratar de exponer las principales objeciones –cuatro, en las que personalmente he tenido que ver, y en algunos casos rebatir–, al tiempo que desbrozaremos, aunque sea sucintamente, en el escenario del pensamiento, los elementos polémicos que confrontan y ponen en cuestión aspectos medulares del Interiorismo.

1. De la transitoriedad de las ideas del Interiorismo y su discreción.
El metapoeta Orlando Alcántara[1] sostiene que “el interiorismo se basa en ideas simbólicas que ocurren de modo cíclico a través de la historia y que son superadas por el paso del tiempo”. El Interiorismo, como estética de creación literaria, se fundamenta en los valores interiores permanentes y eternos, a saber: las búsqueda del Bien supremo, la paz interior, la soledad sonora, etc. Ejemplo de ello lo constituyen San Juan de la Cruz, R. M. Rilke, R. Tagore, Manuel del Cabral, Francisco Matos Paoli, cuya poesía trasciende el tiempo.

Otra objeción que plantea el metapoeta Alcántara es que la Poética Interior no es la Poética Total. En efecto, no lo es porque el Interiorismo es el total hacer de la poesía, pues, lejos de negar las otras manifestaciones de la realidad, incluidas las taxonomías metapoéticas, las integra. Sea cual sea la forma en que se manifieste la realidad, el Interiorismo las integra y las asume como parte de su ser. El Interiorismo no desintegra o difumina, al contrario incluye totalmente aquello que afecta la sensibilidad del creador o artista. La Poética Interior (Movimiento Interiorista) incluye, además, no sólo el género de la poesía, sino todos los demás géneros literarios.

Alcántara postula que “si la Poética Interior quería ser la Poesía Total debería llamarse Poesía Total”. Al ser una Poética Interior, no puede llamarse Poética Total, sino poesía interiorista o Poesía de la Trascendencia. Tal vez esta forma de entender el Interiorismo sea más exacta y menos incómoda para aquellos que son independientes.

El Interiorismo es más que una teoría omnisciente, es una propuesta, no dogmática, multidisciplinar, en el ámbito de las artes, cuyos ejes son la metafísica, la mística y la mitopoética que, en suma, conforman lo Real Trascendente.

El metapoeta Orlando Alcántara hace un reduccionismo de la Poética Interior al calificar nuestra estética como “discrecional”, con “categorías no universales”. No cabe duda, hay una comprensión miope de nuestro marco teórico[2], es decir, de lo que implica, contiene y refiere la Realidad Trascendente: la Metafísica, como expresión de lo intangible e intuitivo; la Mística, como manifestación de la realidad divina y espiritual; y la Mitopoética, como revelación sacral del mundo –al mejor estilo presocrático. Estas tres categorías son, en sí mismas, universales y totalizantes.

2. De lo que identifica al Interiorismo y su afinidad con la Teología.
Joel Almonó[3], metapoeta, exinteriorista, sostiene que “lo que identifica y aglutina al Interiorismo es la recia y carismática presencia del Dr. Bruno Rosario Candelier”. Es innegable el rol protagónico de Bruno, mas, en mi opinión, lo que verdaderamente identifica al Interiorismo son sus fundamentos estéticos, su filosofía y, en consecuencia, las múltiples obras que lo avalan. Si el Interiorismo no tuviera un corpus teórico, un ideario y una filosofía que expliciten su ser y quehacer literario, Bruno y los demás dirigentes lucharían contra molinos de viento. La dinámica intrínseca del movimiento, las figuras que le dan vida y las obras sobresalientes hablan por sí solas y engrandecen la corriente interiorista.

Almonó plantea que “orillar el alma y penetrar la sublimidad es propio de las ciencias teológicas”. Parece que nuestro amigo Joel olvidó que el arte también es un cauce para expresar y revelar el sentido profundo, poético-religioso del alma. El Interiorismo, al poner su mirada en la sacralizad del mundo[4], al enfatizar lo metafísico y la experiencia mística, confunde, de entrada, a aquellos que desconocen el verdadero propósito de la Poética Interior que es, a saber: priorizar la realidad trascendente, como una postura, como actitud fundamental de conocimiento creador[5] que conduzca a lo que Pedro José Gris denomina “revelación de verdades profundas”. Éstas pueden sustraerse de las criaturas, de la naturaleza, de los fenómenos, de la vida, del interior humano; de lo supresensorial, intangible, intuitivo o metafísico y de las experiencias místicas.

Otra objeción que hace Joel Almonó es que “el Interiorismo al priorizar la trascendencia olvida la inmanencia”[6]. Una vez más nos hallamos ante una visión limitada e incompleta del Interiorismo. La Poética Interior no niega la realidad inmanente, es decir, todo aquello que conforma la realidad objetiva, natural y humana. El Interiorismo se sitúa en el interior de las cosas inmanentes, para desde ellas, darnos a conocer en la obra de arte, por la palabra, aquello de perdurable e imperecedero que contienen; aquella impronta sublime que nos las hace ver y contemplar como únicas y bellas.

3. Tendencia sectaria, grupista y espiritual del Interiorismo.
Jorge Piña, principal ideólogo y teórico de la Metapoesía considera[7] al Movimiento Interiorista “cerrado, con tendencia al grupismo, sectario y elitista”. Desde los mismos momentos de la fundación del M.I. ha existido esta acusación, pero siempre hemos defendido que los lineamientos y postulados estéticos interioristas no son una camisa de fuerza para los creadores, al contrario, son una lanzadera para la inteligencia, un puerto con mar abierto para aquellos que quieran bucear en lo profundo de la trascendencia. Otra cosa muy distinta es la inadaptación, el rechazo irracional o la soberbia. Que haya interioristas que se reúnan para compartir el estudio, las disquisiciones intelectuales y las propias obras es, más que un acto sectario, un enriquecimiento y una oportunidad para enaltecer los valores del espíritu de sus integrantes.
Piña, por otra parte, afirma que “el Interiorismo se enfoca más en lo espiritual e inefable de los escritos en esa búsqueda fundamental”. Si realmente esto fuera del todo cierto, entonces el Interiorismo no sería nada de lo que es ni de lo que pretende. La apreciación de Piña reduce el Interiorismo solamente a lo espiritual y olvida aspectos de capital importancia, a saber: el metafísico y el mitopoético. Prueba irrefutable son las siguientes obras interioristas: Las Voces, de Pedro José Gris; Nostalgia de lo eterno, de Oscar de León Silverio; Crónica circular, de Ramón Antonio Jiménez; Huésped en la noche, de Julio Adames; Territorios extraños, de José Acosta; Ángel de luz, de Rivera Juliao, entre otras obras, que no menciono por no recargar demasiado la tinta. Estas obras en sí, que no sus autores, abordan una temática ajena a la mística. Si alba se tardara y La sed del junco, de Tulio Cordero e Ínsula Presentida, de quien escribe, y la nueva poesía del Fray Pablo, son una expresión exigua de lo que Piña sostiene.

El Interiorismo descansa sobre la realidad trascendente; la Metapoesía, en cambio, sobre el onirismo –realidad imaginaria. Sin embargo, la Poética Interior no prescinde del universo de lo imaginario u onírico, ni de las demás formas de hacer literatura, ya que lo considera como materia de reflexión y creación.

El Interiorismo elabora su corpus filosófico, su ideario estético, precisamente de lo que Piña pretende olvidar, esto es, la metafísica, la mística (la única que reconoce) y la mitopoética. De aquí surge, de estos tres filones, so pena de mutilarla, la Poética Interior o lo que bautizo con el nombre de Poesía de la Trascendencia. La diferencia del enfoque escriturístico depende tan sólo del actor que entre en escena.

No hay duda, el metapoeta Jorge Piña, tiene un concepto de la trascendencia completamente distinto a los interioristas. Para él “la trascendencia es el momento sensible en que el escritor se convierte en teórico-crítico-creador”. Para los interioristas es la búsqueda de “verdades profundas” sean metafísicas, místicas y míticas, sean imaginarias u oníricas, objetivas o reales. El Interiorismo se sitúa justamente en el concepto de trascendencia, esto es, en la “instancia última” o en la línea de los Ashikaga japoneses que “acentúan el lado interior de las cosas”[8].

Y lo mismo que Piña diverge de la trascendencia, diverge de la metafísica, la cual se desdobla, en su teorización, en metapoesía y metaonirismo. La Poesía de la Trascendencia, en cambio, cuando parte de la metafísica –pues hay otros planos como se ha inferido antes– se mantiene en ella, a fin de expresar la dimensión suprasensorial e intuitiva del creador, mención fundamental aquí es el poema Oda al Padre de Pedro José Gris, Esta ventana de José Acosta y Esta sed, de Tulio Cordero[9].

4. Del absurdo interiorista y del pastiche filosófico-literario.
Giovanny Rodríguez[10], hondureño, y junto a él otros jóvenes poetas menos osados, ha afirmado que el Interiorismo es un “un invento notable de Bruno Candelier, un invento que le ha permitido entretenerse…, un auténtico pastiche filosófico-literario que impone ciertos absurdos márgenes a la creación literaria[11]”. El Interiorismo, como las grandes corrientes literarias, tiene una enseña, un intelectual convencido y pujante, en nuestro caso, en efecto, lo es Bruno Rosario Candelier, y a la par de él, Pedro José Gris, el principal pensador interiorista y el filósofo desenmascarador de las mentiras poéticas.

Con la visita de ambos intelectuales a Honduras, varios exinterioristas, entre los que se cuentan el poeta Rodríguez, sufrieron un vértigo espantoso –tal vez de ahí devenga su actitud ácida– que les hizo entender el oficio de poetas como un oficio que debe tender hacia una poesía trascendente, que rescate el sentido profundo de las cosas, una poesía que supere lo anecdótico y superficial.

El absurdo interiorista devendría en caso de no tener un rumbo, unas líneas, unos criterios estéticos y un marco teórico rigurosamente coherente como propuesta creadora. Por consiguiente, lejos del absurdo, el Interiorismo, que milita en varios países, cabalga seguro hacia la posteridad de la literatura dominicana. Pocos movimientos están tan bien cimentados como el interiorista. Los ataques de la nueva generación de poetas hondureños al Interiorismo es una muestra fehaciente de que vamos hacia delante. Ojos para ver, humildad para aceptar la diferencia.

En definitiva, el Interiorismo es un movimiento que precisamente pretende rescatar del absurdo la poesía y la creación literaria, pues se mueve hacia las laderas profundas del alma, del universo, a la conquista de la belleza, la verdad, el bien, el ser y el espíritu.

_______________Honduras, abril, 2005.
[1] Discusión virtual sostenida con Orlando Alcántara a finales de octubre y principios de noviembre del año 2004.
[2] Cf. Rosario Candelier, B. El Movimiento Interiorista, Ateneo Insular, 1995, R.D. p. 27ss.; El Interiorismo, Ateneo Insular, R.D., 2001, p. 28-91.
[3] Discusión virtual del 11 de noviembre del año 2004.
[4] Cf. Paz, O. Obras Completas, Vol. 2. Ed. Círculo de Lectores, 1990. Excursiones e Incursiones. p. 23: “Algunas experiencias pueden entreabrirnos las puertas de la visión: el amor, la contemplación, las artes, la poesía, la meditación filosófica, la comunión religiosa”.
[5] Cf. Pemán, J.M. Obras Completas, Vol. I. Ed. Escelicer, Madrid, 1947, p. 659: “La Poesía es forma de conocimiento. Todavía más: es la forma suma y sintética de conocer las cosas. Las cosas no se conocen y poseen del todo hasta que se hacen poesía. Es un conocimiento poético el que queda y las fija”.
[6] Cf. Rosario Candelier, B. O.c. n. 2ª, p. 36: “Optar por la realidad trascendente o privilegiar algún costado interior no conlleva renunciar a la realidad real o a la realidad imaginaria, pues se pueden cultivar al mismo tiempo sus tres planos”.
[7] Cf. Piña, J. Entrevista Metapoética/Interiorista, Nueva York, 11 de enero, 2005. Publicada el día 31 de enero, 2005, en la página virtual El Patio de las Cayenas, Sección “Entrevistas”.
[8] O.c., n. 4, p. 334
[9] Cf. Altazor, de V. Huidobro; poema Altura del Macchu Picchu, de Pablo Neruda; El Canto de la locura, de Francisco Matos Paoli.
[10] Cf. Leonardo, F., Muestra Poética. Ed. Gaymuras, Honduras, 2002, pág. 47
[11] Discusión virtual del 27 de diciembre de 2004.
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