domingo, 5 de agosto de 2007

ENTRE SONRISAS Y SUEÑOS, José de la Rosa


José de la Rosa (R.D.) es el autor de “Entre sonrisas y sueños”, 1995. Han transcurrido casi diez años desde la publicación de este poemario. Sin embargo, querría comentar, aunque muy sobriamente, el libro que hoy les presento.


El poeta, que hurga la ciencia de los libros, descubre su propia voz desde los primeros versos: “Mi voz me habla / desde otro tiempo”. Esta huella del alma creadora es fundamental, sobre todo para quien se inicia en el amplio universo de la creación poética.


De la Rosa elabora con mucha imaginación los hechos cotidianos y los sublima a la categoría onírica: “He vuelto, como anfibio, / con otra piel, con otro sueño”; “yo soñé conquistar el Mar Negro”; “He sido barro…/ el último sueño de tus ojos”.


Una cosa extraña son los poetas. Ellos sienten las cosas, más aún, se sienten parte de ellas. Así parece darse en De la Rosa: “Estoy en la noche, / en el rocío, / en el aire…// Soy estrella, tarde, sol, pasto”…


La vida es sueño, dijo el clásico español. Esta idea, en general, está en la poesía de nuestro poeta: “Todo es nada: sueño, o imagen plasmada / en un / átomo de luz”. En realidad el poeta se sitúa ante el mundo con un deje de vacío. Percibe la huella latente de la belleza –que justamente lo persigue en su poemario- pero imperfectamente alcanzada. Faltó más riesgo. Podemos decir que el poeta oye el clamor de las cosas que le interpelan con fuerza, pero queda insatisfecho, y, por ende, el lector: “Se oye el eco / de una vitrola. / La tarde sabe a menta”.


De la Rosa toma los datos que da la experiencia cotidiana y, tal cual, los plasma en su creación: “Hubiera preferido hablar sobre / la tumba de cualquier faraón egipcio. / Discutir las noticias del día”… Cuando se está tan influenciado por la metrópoli, como parece ser el caso de nuestro poeta, es difícil sustraerse a sus influjos: “Hubiera preferido matar / el tiempo en un museo, / inventando un cuadro de Dalí / o hablar de las drogas y los sueños, / antes que mirarte a los ojos”.


En este poemario De la Rosa denota ser un poeta de la experiencia, es decir, de la urbe. De ahí su intento –tal vez sin pretenderlo, pues el medio configura– de ser testigo de la vida cotidiana. Para ello asume una forma clara y evidente: el lenguaje común: “Hoy, por ejemplo, de la tarde / sólo recuerdo / a las señoras gordas / (vestidos blancos, sombreros rosas) / saliendo de una iglesia metodista”.


El poeta de la experiencia o de la vida cotidiana es la voz del común de los mortales. Sin salir de la rutina habla desde ella y procura anotar sus registros: “Hoy sólo recuerdo / la música, el auto, la velocidad / y un sol que se hundía en el Hudson”.


De la Rosa rompe los esquemas convencionales de la poesía como un modo, precisamente, de hacer poesía, –algunos podrían decir “antipoesía”–: “He sacado a patadas / a mi self de su habitación”. Vemos aquí un desenfado y dislocación en el arte del bello decir. Una peculiar manera de expresar la propia vivencia humana: “Le mordí la lengua / le comí el pelo, / le metí los dedos en la axilas, / y lo puse a andar”.


El paso por este mundo es, ineludiblemente, un proceso de conquistas, fracasos y renuncias. Aunque uno quiera sustraerse al paso del tiempo siempre hay algo que se nos queda como huella o como cenizas: “Sobre el camino, / los zapatos, / la libertad / y el pasado”.


Las prisas y los afanes asfixian al hombre posmoderno, obligándolo a detenerse, respirar profundo y seguir la marcha: “Una pausa / es necesaria para vida”, dice el poeta.


A veces una ráfaga luminosa nos sorprende en la lectura de “Entre sonrisas y sueños”: “El sol persiste como deseo insatisfecho”; “De quién será esa / conciencia / que vuela al medio día”.


El poema “Canto al amor” se convierte en la gran verdad de De la Rosa. Ser esclavos del amor, dice el poeta, “es la única forma de volver a ser libre, / la única manera de subir de los escombros y ser eterno”.


Juicio crítico: El poemario testimonia, sin duda alguna, el esfuerzo de un aeda por recrear el mundo. Sin embargo, la utilización de lugares y elementos comunes dan la impresión de que apenas el uso de la palabra pasó por el cedazo poético. Dicho con otras palabras, falta, en su conjunto, más poesía, si con ello entendemos que la prosa, cuando no es poética, tiene su espacio en otros géneros.


Bajo mi óptica, “Entre sonrisas y sueños” es un poemario desigual y discontinuo. Esto es, el poeta tiene momentos deslumbrantes, pero otras veces destensa las cuerdas con las que, como Orfeo, toca la lira.


La prosa en Misceláneas –sección del poemario– rompe la armonía del poemario. Hay, naturalmente, en ellas un innegable talante creador, reflexivo. Y eso es importante, sin embargo, considero que pudieron publicarse fuera de este libro. Razones: su desenfado, su tono y su contenido.


La poesía es síntesis, imagen. Esto falta en muchos poemas. Pienso, además, que hay un sello personal invaluable y un trabajo intelectual fogoso. Cuando se asiente la mente de De la Rosa –ya han pasado nueve años desde que se publicó este libro– tendremos, sin duda, la obra que lo hará perdurar en los anales de la literatura dominicana.


De la Rosa es más agudo y penetrante poéticamente cuando es breve y lacónico. Cuando su poesía se hace discursiva es menos intuitiva y profunda. Ojalá que los años lo hayan llevado hacia la síntesis de las palabras, o sea, de la imagen poética. Algo así como esto: “Una garza, sonrisa / que vuela”; “El río tuvo que envejecer / para ser el mismo / todo el tiempo”.


COMENTARIOS:


25-04-04
Gracias por mantenerme informada. Te felicito por el ensayo que escribiste acerca del libro de José de la Rosa. En efecto, es un buen poeta. Me gané la enemistad de un par de personas por defender ese libro que tú sabiamente comentas. Fue en la casa de Daysi Coco de Filippi, a quien seguramente conoces. Ella conduce una tertulina a la que asiste Marianela Medrano al igual que otras escritoras. Fui invitada, en varias ocasiones, por la poeta que acabo de mencionar, pero como no soy gregaria, le dije que un día pasaría sólo para compartir. Un día llegó el día. Había ido a una reunión de la Junta de Educación que se celebró en Queens, y que coincidió con el día en que Daysi se reunía con su grupo. Yo andaba con un colega que me había dado un ride (una bola como decimos en nuestro país),y cuando nuestro compromiso laboral hubo terminado él me dijo que tenía que pasar por la casa de Daysi para entregarle algo a Franklyn Guiterrez. Así fue cómo llegué al lugar. El invitado del día era José de la Rosa a quién yo no conocía y de quién jamás había oído hablar. Acababa de publicar en ese tiempo el poemario que tú reseñaste y lo invitaron para que leyera. Una vez que él hubo leído se inició un feroz ataque contra su poesía. Lo que escuché, me pareció de calidad, de altura, y muy prometedor, por eso icé mi bandera y, de forma objetiva y contra la corriente del lugar, defendí, basándome en alguans teorías literarias lo que él había leído. El poeta se veía frágil y asustado. Entró en un mutismo mordaz. Mi "atrevimiento" cayó como bomba y el semblante de las escritoras, incluyendo el de Daysi, por supuesto, cambió drásticamente. Pagué, gustosa. el precio que se paga siempre que uno no se traiciona así mismo. ¿Cómo podría llamarme poeta si permito que atropellen un trabajo de calidad sólo por simpatizar con los intereses de una ideología que se opone a los hombres: la otra mitad de la humanidad? Yo no veo la literatura como una oportunida belicosa para que los hombres y las mujeres se agredan. La veo como la oportunidad para hacer un aporte que beneficie al ser humano independientemente de su género. La veo como el camino que conduce al diálogo, al respeto, a la reconciliación, a la reevaluación de la raza humana. Entiendo que la forma de pensar, de ver, y de analizar, los conflictos del mundo son más efectivos cuando integramos y respetamos ambas opticas: la femenina y la masculina. La configuración de un mundo equilibrado sólo llegará a ser una realiadad el día que el hombre y la mujer participen equitativamente en los distintos estadios de la sociedad en la viven. Fausto, estas cosas que te digo deben permanecer entre tú y yo solamente, pues lo que te cuento sucedió hace varios años y no quiero que corra como un chisme. Me da gusto saber que la poesía de este poeta sigue ganando lectores. Te abraza,
Teonilda Madera



Querido Padre Fausto: Me gustó mucho su recensión de "Entre sonrisas y sueños" de José de la Rosa. Su objetividad no carecía simpatía, objetividad tan diferente de la de ciertos críticos que para mostrarse superiores escriben reseñas crueles y devastadoras. Su crítica es pedagógica, enseña al poeta y al lector como percibir lo bueno y distinguirlo del menos bueno. Usted escribe con caridad sin caer en la sensiblería. Breve, un modelo de crítico a imitar. Gracias por compartir esas líneas conmigo, por enseñarnos como apreciar versos como éstas: "Una garza, sonrisa / que vuela". In Christo, Fray Pablo
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