
Óscar De León Silverio, Santiago de los Caballeros, República Dominicana, 1953. Hay personas dotadas para comunicar emociones poéticas interiores de gran calado. Esto, precisamente, es palpable en la creación de Óscar de León.
La búsqueda de lo absoluto, de Dios, es el filón principal de la poesía de nuestro aeda. Apunta a lo metafísico con profundidad y donaire. Poesía sincera, apasionada y escudriñante. De León Silverio hilvana su pensamiento con imágenes que apresan sus más agudas intuiciones trascendentes, su “nostalgia de lo eterno”.
En la hondura del cosmos
Allí tengo mi rostro
el rostro verdadero
en la hondura del Cosmos
en lo alto del tiempo
más allá del rumor posible
de las cosas
de la lluvia sin voz
de la noche sin sombra
donde el cielo pesa
lo que pueden mis hombros
y la luz se piensa
en los remotos espejos
II
Allí tengo mis ojos de extraño lamento
y cada pájaro nace en mis manos desiertas
es un lugar profundo de sigilosas brumas
donde el eco devora los fueros del tiempo
III
Si lejos del mundo mi voz se rinde
por qué la noche procura mi aliento
suprimo el eco azul de mi llanto
ya no es hora de volver al grito
ni al sollozo impío de las cosas que arden
vivo en el ocaso de viejos abandonos
si aún quedan hábitos en mi rostro muerto
Soy de un latir
Soy de un latir
donde Dios ebrio de sí mismo
anula el balbucir de las espumas
puede libar mis huesos
hechos de polvo y extravío
quiebra y respira la absolutez
de los cuerpos
allí el agua en su quietud
me piensa
la noche se ahoga en mi garganta
y canto, canto…
¡Oh piedras nirvánicas!
¡Oh concreción de la flor
que mora en lo insondable!
¿No es tu oro ese crepúsculo
que hacia otro estadio avanza?
Allí no hay vértigos
ni abandonos
ni huellas
ni luz que impugna las pupilas
del ciego
allá en lo eterno
una luz ciega otra luz adversa
¡Oh a qué éxtasis huele
el esqueleto del tiempo!
Soy huésped de la lluvia
el eco profundo de un diluvio
por qué lloran mariposas
en trance de existir
qué ritmo avariento en el vacío
las cubre de nostalgia
en qué otro milenario desanidan
hasta capear las distancias
como rosa que sospecha su aliento
en el alba
las mariposas derraman sus alas
en el vacío.
Dispuesto la expoliadora
revancha de los Dioses
cortejo su presencia
caigo en el ultraje de furentes ríos
su estilo de luz intransigente
¡Oh! quién decreta las sombras del abismo
el vesánico torrente de la muerte
aquella inapetencia del mar
por proscribir la cólera celeste
y mi tumba siempre abierta…
Estuario del ser
Me vi ascender sobre los viejos techos
las brumas prorrogaron puertas ya remotas
crucé los puentes inexactos de los días
velándome la frente.
¿Qué alegría musitarán las piedras
en su lívida quietud?
Como el árbol crecido sobre piedras
a destiempo me abandona el corazón
buscando el estuario del ser
escucho las plegarias del reloj
una voz irreprimible
una extraña canción que hace la mar
una ola con temor de volver
un miedo que perenniza su latir
es todo lo mío
mas hoy pregunto:
¿Dónde está la vendimia,
el adviento del ayer,
que anula su memoria?
¿Dónde las cosas
que el relámpago espía?
Chorrito de luz casi ofendido.
Aquel silencio
¿Será tu voz, oh Dios mío,
aquel silencio
que rutila en el abismo?
El primer oficio del polvo
fue crear el hombre
Dios sen todas partes
permanece extraviado habitándonos
desde entonces ¡oh huella!
¿Eres tú el alma del polvo?
Arribo a los nimbos del espacio
Aquella eternidad tan pura del vacío
prejuzga lo infinito
el mar enrabia los cuerpos
en sí mismo palpita
ahora que en mi pecho
instigo algo triste
desdeño el abandono de la noche
el alma de la sombra
impele la memoria
Vivir es el hecho mínimo del tiempo
la sangre explora cuantas rutas
lirifican la nostalgia de lo eterno
¡Oh nubes perentorias del destino!
Como pájaros estrechos de conciencia
como breve nadería del ser
Como canto averiado en lo infinito
donde un Dios medita el rostro
que tendré en el abismo
renuncio a la hondura ya viril
arribo a los nimbos del espacio
donde al árbol le duele soñar
y despierto coincide con mis sueños
Nostalgia de lo eterno
Y fui la inextensa bruma de la noche
y el latir hacia otro corazón disperso
que tras las pupilas infinitas del tiempo
quiso en el velamen de la flor naciendo
conjurar el reposo de las olas dormidas.
Qué hombre a la deriva
vislumbra el corredizo hacia el abismo
por emboscar el sueño.
Soy Heráclito
el del abrupto río transido
cubriendo laberintos
recaladas mágicas de turbísimos espejos
desbendicen la sangre con su imagen
caigo en el lampo de mi otro ser portento
y mido lo intangible
En su quietud el cadáver procura otras distancias.
Límites aviesos en la memoria del pájaro
conjuran sus vigilias
otra voz precipita la redención
ese rumor triste que exploró el olvido
como latir bastante de las águilas
quiebra la nostalgia de lo eterno
y el incienso presuroso de Dios invoca al ángel
la greda efímera que mora en lo insondable
y huye hacia la furia que en cada rostro avanza.
Quién palpándose inmortal
dentro de mí
fura de otros ayeres
pudo latir y desmemorizarse
en la inútil flora celestial
donde hojece el árbol de lo extinto.
Qué voz sin nombre
qué mares en reposo de líquidos espejos
embisten el rostro
en su espesura
y el invisible temblor de un corazón oculto
en las pupilas de lo infinito
donde os invoco un Dios sin instinto
cuando estoy sin presencia,
El polvo se embriaga de los cuerpos
y gime en la nostalgia
emerjo en círculos increados
derramando mis ojos en el olvido.
Allí toda
y pienso, pienso.
En qué espejo impalpable
podrán las dimensiones
verse tristes.
Ahora que vuelvo sobre mí
cae la nostalgia de lo eterno.
Y fui el lecho de un río muriente
que testó sus piedras al vacío
y a los páramos indormidos en silencio
legó el sollozo del rocío.
Que nada quede sin ser velamen
desdén o abismo.
Huésped de la nada
En esta comarca
huésped de
mis últimos destellos
Este aguijón divino
Estas ruindades del tiempo
divinizan la materia un instante
puedo decir que no es de barro
la creación del cuerpo
y que toda muerte seduce
en la ruptura
mi dolo no tiene huerto
en el cenit
n tiene rumbo la herida
que transita
por invivir sin Dios,
vacía la copa,
lento el rostro para el amor
el único espejo que me queda
es este anochecer sin sombra
que se pierde en mi interior
sueño trascender la gota que me ahoga
en este Mar de quejas que implora lo inmortal
En la absolutez del reino
Busco en las pupilas correntosa del tiempo
la semblanza del recuerdo
Mi destino no tiene color
Malogro el sigilo del clavel
Y tiemblo en el reducto de la noche
Soy en el cuerpo
la humilde posesión de un lampo misterioso
Por mí esperan la azucena y el polvo
la púrpura infiel de mi sepulcro
Cansado del arrecife absurdo
busco de la vida la ribera incruenta
pero el límite impreso en el rielo celeste
niega mis desvelos en el cenit
Y todo queda sin nombre
en la absolutez del Reino.
Para mi última pesquisa
Dame Dios un horizonte para el grito
quiero que me arrastre hacia los otros puertos
para mi última pesquisa
En mi viaje no hay nada fraudulento
Ven, rapta mis desvelos
Bandera de la existencia
Mi llaga también tiene remembranza
proscribe el desconsuelo de la muerte
Dios, Tú que eres la lluvia, diatriba de los techos
El ampo del misterio y del miedo
donde el hombre apaga los silencios
Tiéndeme el hallazgo que trasvasa
el ritmo de la mujer sin torrentes
Ya a mi ave no le basta su delirio de árbol
ni la alborada del tiempo
Dime por qué la rosa siempre muere adolescente
si al Mar le bastan sus conjuros de espumas
y el exceso que produce la trama del viento
Dime si tiene estirpe la voz que dejo
y quién diluvia el amor en las alturas
El llanto corona la vida de ruegos
y voy quedando impotente
La paz nada trasluce cuando estamos muertos
y en la tumba nada prevalece
cuando a la tierra le saldamos con los huesos.
Bibliografía activa: Por las rutas del dolor, Stgo., R. D., 1990; Nostalgia de lo eterno, Ateneo Insular, 1996, R. D; Huésped de la nada, 1996 (inédito).
Bibliografía pasiva: Bruno Rosario Candelir: Óscar de León Silverio y la creación poética, 1995. Nicole Dalton (Oregón): Óscar de León Silverio, la personificación de fuerzas invisibles. Francisco Matos Paoli: El ojo que ultraja la imagen que mira. (Prólogo a Nostalgia de lo eterno). Bruno Rosario Candelier: El Movimiento Interiorista. Ateneo Insular, R. D., 1995. B. R. Candelier: El Interiorismo. Ateneo Insular, R. D., 2001. B. R. Candelier: El Ideal Interior. Ateneo Insular, R. D., 2005.
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