viernes, 15 de mayo de 2009

FAUSTO LEONARDO HENRIQUEZ, poeta interiorista.

Fausto Antonio Leonardo Henríquez, La Vega, República Dominicana, 1966. Es uno de los creadores fundamentales del Interiorismo, nuevo movimiento literario hispanoamericano.

En su lírica expresa la búsqueda de la armonía interior para canalizar el sentido de lo eterno. Su poesía desarrolla una empatía cósmica con vocación mística.

1. De Claridades.

Sobreaviso

Abre! Abre! Abre!
Cuando llegue la luz
ten abiertas las ventanas
Corre los visos de tus párpados
y abre de par en par puertas y ventanas
para que entre
—no por ellas—
sino por tus ojos
la voz clara del amanecer
No te niegues —luz—
a fecundar la tierra
oscurecida por el tiempo
de estos ojos
que siempre te han deseado
Ven con tu blanca beldad
a deslumbrar esta paz
que invade el alma

Claridades

Luz de mis ojos
dime porqué veo las cosas
desnudas
ellas
desde ellas
transparentes
Luz mía
qué es la luz?
Luz ¿podrías decirme
porqué es blanca
tu mejilla alba?
Estoy dentro de ti
dentro de tu mirada
Por eso puedo ver
todo tan claro

2. De La seducción del aire.

I

«Te digo de verdad que volverán las flores a mi campo»
(S. Cavero).

Hojita tierna,
ven a este reino azul. Ven hormiguita, penetra mi palacio, serás soldado de mi reino, capitán de lo elemental. Ven silvestre flor a reinar en mi reino, pasa del olvido a ser princesa
de mi jardín.
Y tú, espuma perenne del riachuelo,
ven a la fuente de mi reino, y gobierna las sonrisas.
Jilguero, serás músico de cámara en mi reino, lira, boca de oro, poeta o clarín.
Vengan a mi reino los pequeños,
los grandes en pequeñez, los sonoros ecos
de música virgen.


II

«Estoy completo de naturaleza, en plena tarde de áurea madurez»
(J. R. Jiménez)

Todos caben en mi vida. Entren, que mi casa es grande como la claridad del alba.
Mi vida no es mía, es de la luna, de las estrellas, de la calandria o de la cigua.
Aunque es de todos, de nadie, porque es imposeíble.
La doy a todos, como sol que da sus rayos o su calor o su oro o su malva.
No tengan miedo de pasar el umbral de mi casa —alma blanca— pasen, y siéntense
que hallarán hospitalidad en su interior.
El interior de mi casa está ornado con cortinas de amor, alfombrada con perlas de humanidad. Su estantería
mima cerámicas de ternura para dar a las aves
que aniden en ella.


3. De La otra latitud.

Una ardilla en el devenir

Como una ardilla que trepa el tronco del devenir,
ligera y ágil, clavando sus lunas diminutas
y nuevas en la corteza
que sangra recuerdos y reaviva
y crea hojas verdes que el viento celoso
sostiene entre sus manos, así, silencioso,
me siento en esta nueva estancia, al amparo
de una cordillera de sueños.

Traje una guitarra para deleitar mi soledad,
inventar de la nada un ser sonoro,
un llanto de color, un rizo o un iris.
Sí, aquí estoy, con mi instrumento ágil
aguijoneando la blancura del silencio,
tratando de diluir
la nieve con mis palabras.

El fuego arde en mis dedos sin consumirse,
como una hoguera de aceite
por los dioses asistida.

En mi nueva residencia deambulo
tocando el timbre de mi alma
para provocar un río de versos que inunden
el cauce de un rayo de luz, de una mirada perdida
en un pensamiento
o de una ardilla que trepa el árbol del devenir
con rauda impaciencia de serenidad.

La fuga

Son intentos de espantar la sombra de mi cuerpo,
mantra oscuro de arañas perdidas, las olas del aire.

Los cláxones de los taxis ensordecen
la luz argentada de mi alma esclarecida.

Huyo perseguido por los rugidos
de la ciudad felina, atacado y herido
por las dentelladas de la niebla.

Huyo hasta donde el roce de la soledad
me tranquiliza y me trae jarros de paz como de agua.

No viajo hacia la nada porque es el sin sentido,
voy hacia el fondo claro de la plenitud,
al encuentro de mi Alfarero.

El sueño de leonardo

Desperté en un mundo
donde no oía el ruido arenoso
de los carros, lejos del mudo y grotesco
tambor de la violencia.

Vi el cielo abierto como un túnel iluminado
por el cual entraban,
vestidos de blanco, silbando, los lirios.

Cuando entré en un clima sobrenatural
tocaba mi piel y la sentía como de aire,
y al hablar no hacía falta la voz,
sino la mirada
y la sinceridad del cristal desnudo
del alma rutilante.

Vi, además, que desapareció la edad en todos
los seres eternizados por la Vida.

Deseé quedarme en aquel alegre Apocalipsis
pero una fuerza de gravedad, como a Ícaro,
me devolvió a la materia.

Ser urbano

La tenue luz de la farola,
sumida en la tristeza, la
soledad y la nostalgia, evoca
otra luz de otra especie, en
la cual las mariposillas que
se calientan en su entorno no
serán sino palabras aladas,
signos como libélulas de sueños claros.

En la calle, en cambio, el rumor
de los vehículos es el alma urbana
que plañe tras los muros de papel
del devenir verde.

Como ser de ciudad, oteo en la
noche con ojos de búho el paso
sonoro de una sombra que está
escondida más allá de la tenue
luz de la calle y el rumor de los carros.

Adoración

En el patio, contemplativo,
el árbol mira la cruz de la
Iglesia.

Cada día vengo a escuchar
sus elegías ocultas entre
los follajes; a ellos viene,
por las noches, beoda, la taciturna
claridad urbana, pidiendo asilo.

Doy fe de que mágicos
cuerpos alados, de rodillas,
se han transformado en eco
o en litúrgicos rezos de luz.

He visto tórtolas besando
religiosamente el suelo,
adorando la cruz de la Iglesia.

Nostalgia

Hoy ha vuelto a llover
con cálida y religiosa parsimonia.

Pardas las nubes
que se deshidratan,
encapotan el cielo escondido.

La lluvia se desliza como un
suspiro al ras de las hojas
y evoca una nostalgia
de divinos e irisados
sentimientos.

La mente piensa
en otros espacios creados
expresamente para trascender,
piensa en lunas que giran
en torno al alma, en mares
donde la palabra sea pez o
en la infinitud
como tiempo sin fronteras.

La lluvia empapa mi vida.


4. De
Ínsula Presentida.

82

Se deslizó como agua
Hasta poblar la atmósfera con su omnipresencia.
Su celaje aturdía el paso
Y en cada puerta un ángel aguardaba.
La realidad era impalpable.
Fui atraído por la fuerza de un beso.
El mundo en su adolescencia,
Empezaba a ser consciente de sus límites.
La noche rompió su madeja
Y abrió para mí sus puertas.
Aquel ser se desvaneció ante mí
Dejándome el sabor amargo
De la caída.

76

A ti, luz sin llanto ni maldad,
Te abrí mi casa. Quédate y abre
Las ventanas. Mañana, cuando decidas
Irte con tus pies albos, avísale
Al leve viento de la arboleda, que sueñe,
Que tarde en venir.
En ti yace el fin como plenitud de río.
Estate aquí, en esta casa de absoluta quietud,
Para que nos descubran asidos al infinito, al pan,
Las libélulas

71

El cielo se derramó sobre la tierra,
Y calmó sus poros sedientos.
El sosiego vino al inquieto barro
Que mis huesos amarran.
Hoy he sentido renacer la luz;
El Edén, enérgico, nuevo.
Retorno al lecho de la noche,
Húmedo de cielo
Y retoñado de olivos.

63

Te hablo desde este altar en llamas.
El incienso te busca. El fuego inconsumible
Arde en mi gemido.
Zarza que devora en mis entrañas
Noches aún niñas.
Belleza, revelas la eternidad en los abrazos.
¡Muero en llamas, retenme en tu velo!

59

Por mi humanidad sube un dolor
Que estremece mi casa.
Me retuerzo como el mar, como serpiente.
Oh dolor, ¿cuándo anclaste en este puerto
Y te quedaste ahogando mañanas?
Se agotaron las lágrimas,
No amanecen los hospitales.
Desciendo al útero donde el barro
Fue vida. Mujer infinita, en la humedad
Intemporal de la matriz
Engendraste el sacramento, el llanto
De la carne que tiembla,
Dile a mis pies que regresen
Al agua transparente, a la antigüedad
Esencial de la luz.

53

Las paredes amortajan
La oscuridad en que me hallo. Es frío
El abismo de la muerte. La nada
Me perfuma. Un lienzo envuelve
Mi esperanza. Palpo mis gusanos.
Muere la muerte. Madrugada,
Rumor de ángeles.

39

Nos asalta la noche.

No sé cómo puedes andar
Sobre espejos. Nos confunde el mar.

He hallado, aquí en este valle, un espacio
Para las cavilaciones.

Hilvano eternidad,
Huérfano de aguas más hondas,
Y profanado de umbría
Soledad.

Reclamo el barro húmedo
De la infinitud, vientos
Caídos de corceles de niebla.

Mis ojos gravitan, sacudidos por la noche,
En un orbe increado.

________________________
Bibliografía activa: Claridades, Valencia, 1994; Sucesiones, Valencia, 1995; Las seducción del aire, San Pedro Sula, Honduras, 1999; La otra latitud, R. D., 1999; Muestra Poética (autores hondureños), San Pedro Sula, 2002; Ínsula Presentida, San Pedro Sula, 2004. CriticArte, 2006 (Revista).
Bibliografía Pasiva: Josefina Victoria Ribes: Revista Corondel, Nº 1, Valencia, España, 1995, Pág. 14. Amigos de la Poesía, Revista Primavera, 1995. Pág. 15. Bruno Rosario Candelier: El Interiorismo. Ateneo Insular, R. D., 2001. B. R. Candelier: La creación cosmopoética. Academia Dominicana de la Lengua, 2005. B. R. Candelier: El Ideal Interior. Ateneo Insular, R. D., 2005. Azucena Gutiérrez Pacheco: La seducción del aire, una visión mitopoética. (Prólogo). A. G. Pacheco: Lecturas y estilos de varios textos literarios. Litografía López, Tegucigalpa, Honduras, 2005. Maira Espinal: Estudio onomasionlógico y semasiológico a Ínsula Presentida, San Pedro Sula, Honduras, 2005. Frank Martínez: Juego de imágenes, Ed. Hojarasca, R. D., 1995.

Bibliografía Internet
http://www.estandarte.com/critica/mensajes/500.html
http://www.palavreiros.org/festivalmundial/repdominicana/faustoleonardohenriquez.html
http://www.laprensahn.com/opinion.php?t=1158818400
http://espanol.groups.yahoo.com/group/abecedario/message/7103?viscount=100
http://www.escritoresdominicanos.com/recientes4.html
http://www.geocities.com/letras_salvajes/N12-13.html
http://www.listindiario.com.do/antes/agosto06/030806/ventana/ven2.htm
http://groups.msn.com/ElPatiodelasCayenas/comentarios.msn
http://www.elheraldo.hn/nota.php?nid=44800&sec=10&fecha=2006-01-23
http://www.yoescribo.com/publica/comunidad/autores.aspx?pag=2&letra=l
http://groups.yahoo.com/group/christorly/messages/1?viscount=100
http://es.groups.yahoo.com/group/elfausto/message/4341?viscount=100
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