miércoles, 13 de mayo de 2009

MARÍA DE LOS ÁNGELES LÓPEZ ALFARO, poeta interiorista. Honduras.

María de los Ángeles López Alfaro, Santa Bárbara, Honduras, 1945. La nostalgia del paraíso perdido, originario, es una constante en la creación de esta mujer hondureña. Hay, también, en la obra de López Alfaro una impronta metafísica que, a su manera, logra exponer en versos diáfanos.

En su búsqueda interior sintoniza con lo espiritual. El influjo de la naturaleza es tal en la poética de nuestra creadora, que gracias a sus efluvios y dictados, pergeña sus mejores versos. La lírica de López Alfaro, sin duda alguna, apunta a la realidad trascendente.



Primitiva sombra


La sombra se adensa en su misma sombra

buscaba un aposento

para regocijar sus ojos

el aire en la oscuridad

le dilata su compás

y le derrite la niebla

para besarla

Un cielo desnudo

se le derrama

como marea cósmica

en la llovizna de tiempo

adormeciéndola

para regresarla

a su primitiva sombra.



Nido


El nido está en silencio

se anticipó la tinta

de la tarde con su densidad

por el mutismo de la espera

el olor de pájaro

le aumenta la ausencia

que le consume

y más viendo la rama

que le jadea la intimidad

como oleaje

que se acerca y es distante

el viento para consolarlo

le silba

y le esparce las huellas

con el calor del ausente

y hay una población

de hojas solidarias

aguardando el retorno

con la ansiedad

de lirio junto al río

cuando se aleja de él,

el agua.



Sueño


Cerrada la noche

una voz sin materia

me despierta

acarrea un espacio abierto

con auras que hacen

brillar mis manos

y que van hundiéndose en la intimidad

de mi ser

haciéndome pasar de gozo

a otra estación de sueño



Delirio del río


El río ahonda

en su misma profundidad

mira las piedras

que mudas

permanecen

calcando las huellas

del agua

escucha los murmullos

que lo inducen a una claridad

donde brota un salmo

que fluye

hacia el desfiladero

de su origen

abandonándose

Al fin emerge con el canto

saciado de azul

ante el asombro

de los nenúfares

que se reflejan

en él alucinados.



Huye barranco


Huye barranco de ese olor a escombros

a marejadas de rocas

que se precipitan en tu horizonte incierto

con puñales que aumentan el mar de la angustia

Los pájaros resucitan

las fábulas que has grabado en tu pendiente

con el filtro de la montaña y del río

ya no estarán los fantasmas

que agitan los pañuelos negros

con risas de espanto

Viene otra estación con risa

para los encorvados cipreses que te rodean

vivirás en la otra orilla

sin el horizonte inhóspito

que te hace dormir despierto



Éxtasis


El espacio está abierto como ventana

Mi peso es ligero como página blanca

La intimidad cósmica de la noche si grito

de la penumbra

rompe los pilares que aprisionan mi existencia

arribo al espacio como un ícaro seguro de sus alas

quiero encontrar la ruta abstracta

que acalla el estallido del rayo

Mi ser se hundo en la masa del éter

la baña un océano de luz

Una belleza infinita se conjuga con un palpitar

de eterna esencia

el amor de humanidad se acrisola

con el canto místico

que la redime del barro

No siento mis alas

hay un alba de silencio que es un sol de espera

un desmundo que deshoja el misterio

del divino aposento

Una música celeste hizo eco en el mar

esa aura azul ungió a los lirios

y besó mi sueño.



Una voz


Es una voz que empuja mis pasos

diciéndole a mi corazón que ande

mis ojos se van con la penumbra que se pierde

y mis sienes se encierran en el calor del aire

Es una voz de fuego

es una voz de amor

que besa mi piel de lejos.



Memoria de pájaro


Qué hacer con el eco de la distancia

que ensordece mis oídos

y palmeras que se deshacen

antes de que el mar brise su oleaje

el sol duerme en las piedras

la oscuridad las esconde

y la tormenta arrecia en mi garganta

por la agonía del mar que muere cada noche

Es inútil la espera

mis manos no poseen más nada

esta noche será larga

nacerá para quedarse y moriré despierta

pensando dónde poner mis ojos

que los evade el cielo

dónde escuchar la canción del linaje del agua

que aclama el camino de la fuente

No me da miedo mi tiempo de dolor de luna

no me da miedo tu olvido

sé que no se marchita tu memoria de pájaro.



Ya no me queda nada


Un velo me cubre y está ciego el pájaro que me mira

mis manos están inmóviles

las palabras no hacen eco

se mueren

junto con las cenizas de la lámpara que no enciende

El lirio con sus ojos tristes busca la sed del río

Ya no me queda nada

el mar cesó su oleaje

en el rumor del viento mi corazón espera

Agua que se ausenta empuja mis pies frágiles

Ya no me queda nada

el aire finge sudor en las hojas

sin haberlas tocado

sola en el andar de lejos

acercándose una luz que me abunda.



Lirio entre piedra


El tiempo y el viento

con estridente prisa

no manchan la blancura de un lirio

que se yergue sobre las piedras

La luna le da el jugo

de su manzana roja

El arroyo

el sueño de sus aguas

El cielo

da a mis ojos

un espacio interior

que proyecte

la blancura del lirio.

Bibliografía activa: Horizonte que me toca, Centro Editorial, San Pedro Sula, Honduras, 2000; Voz en el agua, Centro Editorial, San Pedro Sula, Honduras, 2002.


Bibliografía pasiva: Fausto Leonardo Henríquez: Aliento místico y trascendente en María de Los Ángeles López (Prólogo a Horizonte que me toca). Bruno Rosario Candelier: El reclamo trascendente en la lírica de María de los Ángeles (Prólogo a Voz en el agua). B. R. Candelier: El Interiorismo. Ateneo Insular, R. D., 2001. B. R. Candelier: La creación cosmopoética. Academia Dominicana de la Lengua, 2005. Azucena Gutiérrez Pacheco: La dimensión mítica en el poemario “Voz en el agua” (Epílogo).

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