
José Acosta, Santiago de los Caballeros, República Dominicana, 1964. Una cualidad esencial en la poesía de Acosta es el empalmar la trascendencia y la inmanencia, lo temporal y lo trascendente, de forma magistral. Usa un lenguaje simple, llano, profundo. Con su estilo sereno introduce al lector a las esferas más misteriosas del cosmos y del alma.
Poiesis genuina la de Acosta, reveladora de los costados ocultos de la conciencia humana. Su poética metafísica –equiparable a mi juicio a la de Manuel del Cabral- constituye un aporte esencial a
Esta ventana
Esta ventana está abierta hacia sí misma:
anillo entre dos sombras,
túnel por donde regresan mis ojos
a mi rincón de sangre.
Esta ventana no está abierta a nada,
no hay un chorro de humanidad
hirviendo entre sus párpados,
ni un camino rodando en su distancia
ni el olor a presencia de algún pájaro.
Esta ventana no está abierta a todo,
no tiene un hombre hundido en su estatura
no tiene una lámpara empujando las tinieblas
no tiene un gato dormido en su misterio
ni una voz trepando los espacios.
Esta ventana está abierta hacia su ventana
hacia su solitaria humanidad
en la pared de un algo.
Esta ventana está abierta hacia sí misma
hacia la inocente realidad de su existencia.
Transformación
He escrito la palabra profundo
y ha nacido un pozo en mi papel
donde cabe el mundo. Cruzo el
lindero de la palabra y ya profundo
es una mancha donde se pierde la mirada.
Escribo agua y bebo. Sangre y lloro.
Hoy todo lo escrito ha buscado su efigie
su osadía de ser, su forma.
Y he aquí escribo hombre
y surge alguien que me besa.
Escribo Dios y algo se esconde
y mi papel simplemente tiembla.
Enciendo un fósforo
Enciendo un fósforo y nace mi mano.
Sobre el fondo una moneda flota o quizá
la redondez luminosa del ojo de un gato.
Hago ascender mi mirada arañando las tinieblas
y se hace libre allá, a lo lejos, en la cima
de todos los quejidos.
Es que estás a mi lado y aún no lo sabía
es que viajan en mí todos los pueblos
y ahora, precisamente, llaman a mi puerta.
Enciendo un fósforo y nace
tu cuerpo tejido con la noche.
Todo está tan cerca a veces, a un frágil dolor
de distancia
pero en verdad tememos horriblemente
saberlo.
El relámpago
El relámpago nace y no tiene tiempo
de recordarse a sí mismo.
Rasga el rostro del cielo, y no llega a comprender
que es la única herida de la nada.
¡Quién pudiera escalar
su esquelética forma de raíz
para mirar por sus rendijas
el escondite de Dios!
Silueta del día
Puedo derribar la mañana y extender
infinitamente la noche
con sólo cerrar esta ventana.
Puedo subir por el día a tientas y caer
en otras tinieblas y desvestir el espacio
con sólo cerrar este artefacto de luz.
Puedo incluso dejar de existir en este
sueño y volver a lo profundo de ser
eternamente sombra.
Puedo hacerlo ahora
pero hay un pájaro volando tras su cristal
que lleva en su silueta
el misterio de la vida.
Mis paredes infinitas
He puesto con cuidado los ladrillos del día
frente a todos mis espacios.
Se ha marchado la sombra ladrillo a ladrillo
de mi laberinto terrestre.
Sé que hay un sol como un túnel solitario
detrás de éste tan caliente
y una rosa, tras este otro, que flota en un perfume.
Y estoy seguro que tras este ladrillo trémulo
que apenas se sostiene en la columna
hay un pájaro trepando el pulmón del mundo.
todo ante mí es de barro esculpido
excepto aquella ventanilla distante
dentada con barrotes
donde la otra realidad se disuelve
en un fascinante atardecer fugaz
sobre todo lo terrible de la existencia.
Venid a verme hombre de la tierra
antes que se desplomen mis paredes infinitas.
Antes de la luz
Me atormenta sobremanera esta casa
tan oscura
y más, el que no esté en mi destino encenderle
una lámpara.
He intentado arrojarle luciérnagas a sus
espejos, guiar el alba hasta sus ventanas,
atarla a otro horizonte fuera de la noche.
Pero todo es trunco, vano…
Rotos mis dedos buscan a tientas
algún rincón favorable para el fuego
alguna puerta posible para el día
o esa luz
de la que está hecha la tiniebla.
Temo que esta casa ya no exista
cuando se ilumine en el mundo
la existencia.
Visión del incorpóreo
Yo me alimento con trozos de nube.
A veces, cuando logro llenar mi cuerpo, los humanos
miran desde la tierra mi dulce anatomía
y creen que ha sido un milagro del viento.
Un espejismo creí que yo era antes de ser
atravesado por los pájaros: esas horribles
criaturas que me agujerean, me perforan
dispersando mi espíritu más allá
del alcance de mis dedos.
Pienso y mi pensamiento es una diáspora.
Cuando pienso me despliego, abro mi cuerpo
como un territorio, y ya no doy conmigo.
La estela que te borra
Abajo está el portón, temblando aún,
como si acabaras de pasar, como si el viento
que te sigue lo empujara de un lado
a otro de la tierra.
Tu largo cargamento de espíritu, alas
y todos los sonidos que riegas por
la tierra como una enorme caravana de
bueyes. ¿En qué luz te adentras, te escondes?
El portón, mujer, aún tiembla como
dejando pasar todo lo que fuiste.
Cuando fuimos un pez
Tus pies de tormenta
como aletas de un pez de metal
huyendo del mundo hacia el mismo mundo
porque el hombre aún no ha podido
echar sus alambradas
para dividir lo hondo y lo profundo
y lo azul.
Tus pies de los que casi hablo
con los que sufro
el haber partido alguna vez
y para siempre
de este mar.
Sol del dormido
Amanece y aún el sol
no aparece dentro de su círculo.
Mi cuerpo es una habitación abandonada.
Por los túneles de mis brazos canta un gallo.
Estoy fuera de los límites de Dios
sigo el sendero hondo de un pensamiento
su fin es fuego agrietado
por donde cruza el miedo.
Vuelvo la mirada hacia el jardín oscuro
mi esencia es agua que se filtra
en otra agua, ya no tengo límites
he olvidado mi orilla, el borde
de mi forma. Soy el amasijo
que Dios hará despertar.
De este lado del cielo
Estoy tan cerca de ser que he abierto los ojos. Hacia mí
regresan mis manos olvidadas entre los dedos, mis pies
me sujetan de golpe a este cuerpo amado. Afuera no
estoy solo. Mi piel me siente llegar a mi morada. Antes
de nacer existí más que ahora.
§
Ese vacío que intenta atrapar de un manotazo el
moribundo, sin saber que es él mismo marchándose. Esa
larga soledad sin nada, sólo el rastro de una hoguera
abandonada en un sendero desolado, unas huellas
marchitas sobre los guijarros; el desamparo de la noche;
pájaros ciegos cavando en el aire como buscando luz…
§
De un salto un potro sale raudo del hoyo de su sombra
como de una extraña sepultura. El viento ocupa el sitio
que abandona. Puedo escucharlo rompiendo el espacio
donde existe hasta internarse en la eternidad.
Al eterno
Del ataúd a la cuna he saltado
por siglos, sin saber mi justo sitio
si es que soy real o soy un mito
o estoy en el espacio reflejado.
En qué galaxia, en cuál arcano
emerge mi especie y mi destino
si una esfera es mi camino
de dónde viene el ser humano.
Voy naciendo en mi propio olvido
baúles, recuerdos, mil guaridas
reflejos fugaces del infinito.
Dónde está mi imagen escondida.
en el bosque del tiempo estoy perdido
y, a veces, tropiezo con la vida.
Caballo
En el vacío, lleno de niebla, un caballo se muere. Patas
arriba da coces contra nada como intentando zafarse de
su cuerpo. Liberado al fin, sus relinchos se dispersan
como abismo en la misma región donde la humana voz
busca ser articulada. Allí todo vaga sin haber nacido.
Increado el caballo trota sobre el mapa de su sombra
hasta dar con el caballo que lo contendrá. El primer rayo
le inyecta luz a la noche hendiéndola hasta florecer. El
caballo rompe su pared desvaneciéndose. En el lugar
donde estaba quedó un hueco donde duerme otro
caballo.
Orbis Tertius
(III)
Ahora el pájaro ha conocido el tiempo
en el reloj del río, en su corriente detenida,
ahora sabe que más allá, a sus espaldas
viene la noche indetenible. Cierra por primera vez
sus ojos y descubre que no existe
que hay otro en el reflejo del agua que lo aleja
que lo reduce a las cuatro paredes que es un pájaro.
Ahora no se conforma con vivir
ahora quiere saber de dónde ha venido
y hacia dónde va, pobre cuestionario más vacío
que el planeta en este instante.
El pájaro busca en su memoria alguna puerta
sólo túneles oscuros aparecen
toma uno, entra, al final hay un muro,
lo derriba, otros túneles se muestran
ah, todo lo que fue es laberinto.
Todo el conocimiento me acorrala
Mis palabras, las que atan lo que sé,
huyen espantadas
y me dejan seco como el viento.
Ahora sólo pienso transparente
y floto invisible dentro del Todo
sin lograr aprehender lo que resuena
o estalla, o simplemente
empuja el susurro de las ramas.
La pregunta por la muerte
Lo que será: nunca lo tendré. Lo que fue es lo eterno,
madre, y ahora que lo sabes te pregunta por la muerte el
hombre desamparado y no el niño que empujaste día
adentro hacia el presente. La muerte y no su silencio,
sino su más allá, su oscura permanencia, su huerto
donde sólo florece Dios como una rosa escapada, como
una mariposa de aire. Tú que a veces llegas sigilosa a la
orilla de mi lecho, mitad sombra, mitad recuerdo, siendo
la misma que aquella vez se desprendió sobre la nada de
una ventana que aún no acabamos de entender.
Bibligrafía activa: Territorios extraños. Santo Domingo: Secretaría de Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, 1994. Destrucciones. En el 2000 el Consejo Presidencial de Cultura de República Dominicana publicó bajo el titulo Poesía Junta sus libros Territorios extraños, Destrucciones, De este lado del cielo, Orbis tertuis: en la pradera de Asfódelos, Los que en sueños me visita desde niño y Dark Groceries.
Bibliografía pasiva: Carmen Pérez de Cabral: “Territorios extraños”. Noticias Pucamaima. Santo Domingo: Editorial Gente, 1994: 4. Carmen Pérez Valerio: “Poetas jóvenes de Santiago de los Caballeros”. Amantes de la luz 1:1 (1995): 37. Bruno Rosario Candelier: El Movimiento Interiorista. Ateneo Insular, R. D., 1995. Ricardo Bello Cardona: Territorios extraños. Auditoruim 4:10 (1994): 59. Franklin Gutiérrez: José Acosta: entre Territorios extraños, Destrucciones y un extremo del cielo”. [A]hora. XXXIX: 1174 (2000): 66-67. José Rafael Lantigua - Delia Blanco: “José Acosta”, en Miroirs de
Bibliografía en Internet:
http://www.escritoresdominicanos.com
http://www.poemas-del-alma.com
http://www.festivaldepoesiademedellin.org
http://www.antoniomiranda.com.br
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