martes, 31 de julio de 2007

INSULA PRESENTIDA, Por Azucena Gutiérrez

Para una lectura del poemario "Ínsula Presentida"
Introducción
Con verdadera satisfacción he leído la más reciente producción literaria del sacerdote y poeta dominicano Fausto Leonardo Henríquez, quien reside en nuestro país, consagrado al ejercicio pastoral y al cultivo de la poesía, siendo esto último, actividad artística legendaria, ideal para manifestar los más altos valores del espíritu.
Conocí a este joven soñador a mediados de 1998 en las tertulias literarias de la ya desaparecida Asociación de Escritores Sampedranos, que tenía como sede el local de la Sociedad Cívica Unionista “La Juventud”.
En el primer encuentro que tuvimos con Fausto Leonardo Henríquez, este joven sacerdote hizo una interesante exposición sobre el Interiorismo, nueva corriente literaria que estaba transformando la actividad poética en la República Dominicana. Resumimos sus palabras sobre este tema hasta entonces desconocido en el ámbito literario de nuestro país.
«El interiorismo, como ideal estético en busca de imágenes eternas, ha existido a través de la historia en poetas de la dimensión de San Agustín, Rainer María Rilke, San Juan de la Cruz, Francisco Matos Paoli, Manuel del Cabral, Octavio Paz, Jorge Luis Borges y otros notables poetas. Pero quien ha formalizado y ha conferido la categoría de movimiento literario a la Poética Interior o Interiorismo, es el eminente intelectual dominicano, Dr. Bruno Rosario Candelier. Este ilustre intelectual ha escrito el Manifiesto de la Poética Interior y lo ha dado a conocer en el primer Congreso del Ateneo Insular, celebrado en la ciudad de Santo Domingo en 1990».
De lo anterior se desprende que la Poética Interior es una tendencia que presenta una propuesta estética bien definida y diferenciada de otras corrientes, que ha generado una nueva sensibilidad en la expresión artística y literaria mediante el cultivo de la mística, la metafísica y la mitopoética.
“Ínsula Presentida”, nuevo libro de poesía de Fausto Leonardo Henríquez, tiene su origen, eje y plano fundamental dentro de las coordenadas del Movimiento Interiorista. Veamos el porqué de su título: según del Dr. Bruno Rosario Candelier[1] hay una expresión creada por San Juan de la Cruz que habla de “ínsulas extrañas”, para aludir a ese mundo interior amasado en el cúmulo de vivencias entrañables que se asientan en la memoria. Para el poeta Fausto Leonardo Henríquez la “Ínsula presentida” es la eternidad.
Esta obra poética se divide en dos partes: la primera parte que lleva el título de “Vuelta a los orígenes” está configurada por cuarenta poemas cortos en donde se refleja la preocupación del poeta acerca del estadio primigenio anterior a la infancia del hombre. Cada poema aparece en forma esquemática, característica inherente a la poesía contemporánea, fundamentada en la idea de que “un solo verso basta para condensar la compleja multiplicidad de la vida humana”. La segunda parte que lleva por título “Espejismos intangibles”, contiene cuarenta y seis poemas. En ambas partes, el lenguaje poético que prevalece tiene como base lo que Greimas llama “categoría interoceptiva” o sea un lenguaje de tipo mítico.
1. Temática y recursos estilísticos utilizados por el poeta.
A lo largo del poemario “Ínsula Presentida” percibimos la expresión de las vivencias entrañables del poeta y la presencia de un amor inefable hacia Dios. Desde el poema inicial hasta el final, el poeta se vale de metáforas y símbolos para exteriorizar una gama de valores interiores. Vamos a ejemplificar con fragmentos de los poemas utilizados.
En el poema 86 se manifiesta la transparencia del yo lírico:
“Verdad profunda, océano inviolable. Se ahoga en ti / mi inteligencia, la razón. / En la vastedad de tu ser, o Verdad, / despojado de todo, desnudo de tierra y hojarasca / te reconozco por el olor a cielo”.
Con un lenguaje conversacional, en el poema 85, inicia un monólogo construido en base a preguntas retóricas y aseveraciones que hacen referencia a su vida consagrada al ejercicio pastoral:
“¿Quién soy yo que a ratos la carne la bulle / como un enjambre de abejas? ¿Quién? (…) Yo que sé beberme el alba a rezos, / que conozco los gemidos de las palomas en el alero / del templo”.
Uno de los procedimientos de la poesía interiorista es la creación de imágenes elaboradas a partir de datos sensoriales y términos que aluden a la realidad trascendente. Ese tipo de imagen la identificamos mediante la vivificación de la palabra “puente”. Según la voz lírica “ese puente vive, se entrega, se inmola a sí mismo”. Después, este dato real se transforma en una vía de acceso a la realidad espiritual, metafísica, trascendente. Veamos un fragmento:
“Ese puente tendido / hacia el otro lado, ese puente fijo, / que no se estremece ni se perturba / (…) vive, se entrega, se inmola a sí mismo… / Ese puente espera, aguarda a que pasemos / al otro lado donde moran / los vivos” (p. 3).
Uno de los temas que prevalece en el poemario es la búsqueda de lo divino como manifestación del anhelo de trascendencia y que el poeta expresa mediante una oposición binaria, materia versus espíritu:
“Hablo de la tierra, de lo hondo de ella. / Hablo de la grieta / que se abre en el alma. / Duele la angustia (…) Brota agua y no es de la roca. Sale agua / de la nada. Es Dios que mana. Y yo / aquí reseco como comino” (p. 5)
Según el Dr. Bruno Rosario Candelier, ideólogo del Movimiento Interiorista, el poeta metafísico es una simbiosis de la razón poética e intuición que tejen un fenómeno. Esta afirmación la evidenciamos en el poema 80, en donde el sujeto lírico a través de la palabra, indaga a la noche y sus misterios insondables. Y esa intuición nos la revela a través de signos lingüísticos que connotan sensaciones visuales, táctiles e imágenes en movimiento.
“Noche, ¿qué secreto encubre tu ansia? / (…) Algo / grande nace en este instante, algo innombrable / algo que gira, gira y gira / revolucionando el ámbito de llamas (…) Entraste mudo, mirando la topografía / de mi edad” (p. 7)
El autor de estos poemas descubre la presencia de Dios en el rocío, el viento, el arrullo de las tórtolas, el mar y otros elementos de la naturaleza. Por esa razón el poema 76 es una alegoría en donde el sujeto poético ve en la vid la manifestación de Dios:
“Vid, tronco vivo de cielo, mira / esta rama crecida. (…) En ti vibra la eternidad. De tu tronco / retoña la palabra y crece la luz. (…) Inyéctame tu aliento de gloria” (p. 11)
En “Ínsula Presentida”, la materialidad humana, la carne, el cuerpo en su condición transitoria y mortal es sinónimo de “barro”: “Tus manos han hecho hablar el barro”. Esta aseveración concita la reflexión profunda del sujeto lírico ansioso de acercarse a ese Tú omnipresente, autor del milagro de la vida.
“Tus manos han hecho hablar el barro. / El barro hoy te busca en la noche. (…) ¿Dónde moras, presencia sin sentido? ¿Por qué / le diste a este bulto de tierra olfato de cielo? El barro suspira por tus caricias, / por ver tu rostro de gloria. / Soy barro ungido de esencia, muerte y viento” (p. 15)
Tema recurrente en el poemario es el amor. Lo percibimos desde diferentes perspectivas:
Como vocación cósmica. “Dulzura Infinita, ¿por qué te escondes? ¿Por qué tu rumor de lluvia en la arboleda me / seduce y subyuga?” (p. 18). “El vaho es amor. Sustancia / de amor el vino en la copa”. 2. Como principio fundamental de la vida: “Amor que me ama. Amo al Amor. / Amor, semilla de vida, ventana, latido, / gracia de luz (p. 24). “(…) El cielo retoña / en la raíz madre del olivo / y recapitulas todas las raíces / en el amor” (p. 38).
El amor en una singular confluencia mística: “Nadie nos ve en la penumbra, / acércate para abrazar / tu trémula divinidad. (…) Soy tierra húmeda en tus labios de alborada” (p. 61).
En las dos partes que dividen el poemario, palpita la ternura cósmica en versos que expresan la sacralidad de todo lo viviente. Veamos algunos fragmentos: “¿Por qué te asomas a mi ventana / con tu ser de brisa? (…) Sólo alas faltan. ¿Dónde estás Zorzal?/ ¿Qué rezos bisbiseas en tu pico?” (p. 10). “Oigo el gemir de una perdiz, / elegía que el aire recrea, (…) Canta de nuevo la perdiz, / habla de mi pasión por ella” (p. 64). “El zorzal / en la fronda ora antes del amanecer” (p. 67). “Aún falta para alcanzar / la claridad, la sede / donde yaces como Lirio. / El canto distante de un clarín / me lleva hacia ti” (p. 69). “Abeja celeste, / pon en mis labios / la miel del misterio. / Si pruebo esa miel / conoceré el rocío de tu amor” (p. 72). “Verde abrazo. Alegre / rama. Danza / de las hojas. / Ella, río sinuoso, / alarga la vida, y Él, / se alza como una torre, / y se ensancha entre los aleluyas / de los pájaros” (p. 85).
La búsqueda del pretiempo es otro de los temas abordados en el poemario “Ínsula Presentida”. En el libro “La búsqueda de los absoluto[2]”, el Dr. Bruno Rosario Candelier expresa que en la visión trascendente de poetas como Manuel del Cabral, la materia es considerada como un acto del pretiempo; y la esperanza del hombre, que es un fluir hacia el ser, entraña la búsqueda del pretiempo al querer conocer la realidad secreta que hay en el ser, presente en la materia misma. Según esta filosofía buscamos a Dios y a las cosas que lo representan”. Tomamos algunos ejemplos:
“Se agotan los relojes, / es serenidad, descanso, el pretiempo” (p. 63). “Una huella antigua, pegada / al envés de mi existencia, reclama su génesis. El pretiempo de mi voz / es sereno como el rocío / que aún duerme (…) Regreso al Jardín, / transido de alboradas” (p. 81).
2.- Los indicios verbales relacionantes con lo trascendente.
Al establecer las isotopías de los textos poéticos (reiteración de una unidad lingüística cualquiera), encontramos la palabra “eternidad” en quince textos. Además se reiteraron palabras como “nada, llamas, barro, luz, vacío, sombra”. En la poética interiorista estas palabras reciben el nombre de “metasemas”.
Los metasemas son signos o señales, indicios verbales que reflejan un sentido trascendente. En otras palabras, los metasemas son relacionantes con la realidad trascendente. Veamos algunos fragmentos en donde la palabra “eternidad” es un signo que nos instala en un plano subjetivo cuya comprensión está por encima de la racionalidad del ser humano:
“En mi agenda anoto nuestro / encuentro bajo la acacia de la Eternidad” (p. 84).”Me diste a cántaros el cielo, en un abrazo / la eternidad” (p. 29). “Te recuerdo como en agua mansa / el cisne contemplativo. / Al través de la ventana / aun joven la luna. / Bajo mis pies murmura el tiempo la eternidad” (p. 32). “En aquella región / la vida reina en un resplandor / de espejos, oceánica e inagotable. / La eternidad es sólo una ínsula presentida” (p. 44).
CONCLUSIONES
Formado en la lectura de los grandes maestros de la literatura universal y con un hábil manejo de la palabra poética, Fausto Leonardo Henríquez en “Ínsula Presentida[3]” nos muestra su percepción del mundo y de la vida de la manera más auténtica y genuina. Y con la esperanza de que mi estudio revele aunque sea en alguna medida la alta calidad de su nueva creación literaria, felicito sinceramente al padre Fausto, que con sus versos nos conduce espiritualmente a “la otra orilla” en un momento en que necesitamos retornar “al agua transparente, a la antigüedad esencial de la luz”.
Azucena Gutiérrez Pacheco, Jefa del Dpto. de Letras del Centro Universitario Regional del Norte, Honduras.
San Pedro Sula, 1 de octubre de 2004.
[1] Candelier, Bruno Rosario. La Creación Interiorista. Antología del Ateneo Insular, Moca, República Dominicana, 1997.
[2] Candelier, Bruno Rosario. La Búsqueda de lo Absoluto. 1ª. Ed. Impresiones Teófilo, S.A., Santiago de los Caballeros, República Dominicana.
[3] Leonardo Henríquez, Fausto. Ínsula Presentida. 1ª Ed. Ateneo Insular, República Dominicana, Imprenta Santa Ana, San Pedro Sula, Honduras, 2004.
P.D.: Este ensayo sobre Ínsula Presentida fue publicado por la autora, Azucena Guitérrez Pacheco, en su libro Lecturas, significado y estilo de varios textos literarios. Litografía López, Tegucigalpa, Honduras, C.A., 2006.
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