martes, 31 de julio de 2007

Figuraciones: tendencias de la poesía actual hondureña

En los últimos años, si se quiere en la última década, la aparición de nuevos poetas en el panorama hondureño ha ido abriendo las puertas, multiformes y disímiles, de un amanecer de la poesía.
Amanecer que es, en realidad, un dar continuidad. Es una ruptura sin divorcio del pasado. Renacer, no de las cenizas, sino de las entrañas mismas de la poesía de nuestro idioma en suelo hondureño. Habría que ver hasta qué grado nuestros actuales poetas han bebido de los poetas de América y del mundo hispano. Eso no lo voy a tratar aquí porque es otra mi intencionalidad.
Yo sí creo que asistimos al nacimiento en bloque de una nueva generación de poetas de ambos sexos que tiene en vilo a los literatos de solera. Del tronco de las matas de plátanos surten siempre nuevos retoños, distintos, vigorosos, frescos y con gran potencia. El tronco siempre se conserva erguido, pletórico. Así en Honduras están brotando los retoños –no esmirriados- de la literatura. Sin traicionar el pasado, pero con autonomía, vigor y fuerza, van adquiriendo su propio espacio y su talante.
Lo que me atrevo a decir hoy lo digo con seguridad, aunque sé que el tiempo ablanda las posturas y las ideas rígidas. Yo sólo quiero decir algunas cosas que me queman y que pueden ser un punto de partida abierto, dialogante y debatible. Vayan pues estas letras como búmerang, como ave mensajera que lleva algo y trae algo.
1. Tensión entre el ser y no ser de la hondureñidad.
¿Hay una poesía netamente hondureña? ¿No sería, más bien, centroamericana? Si hay una poesía hondureña, ¿cuáles serían sus características fundamentales, las que le distinguirían de la ístmica centroamericana?
No resulta fácil deslindar la cuestión, sobre todo si consideramos la complejidad idiosincrásica del istmo y, concretamente, la hondureña. Probablemente hayamos de descifrar algunas pistas de la poesía hondureña en la manera de cómo se mira el individuo, la sociedad toda. Por ejemplo, hay un complejo generalizado de baja estima, apocamiento, de aguante colectivo, de callada impaciencia, de ira contenida y de rebeldía soterrada. No es un pueblo bélico, pero mata. No es un pueblo que patalee, pero actúa esquivamente contra sus adversarios. Un pueblo resentido contra el sistema y sus gobernantes. Un pueblo sumiso, pero que reniega y suelta la toalla cuando sus deseos no son cumplidos. ¿Será éste acaso el subsuelo indígena, el sello original de la mentalidad hondureña, el resabio de una catrachidad que rezonga porque no ha alcanzado su altitud en el mundo?
Los trazos étnicos, pienso yo, son tan diversos como irreconciliables entre sí. Pluralidad y diversidad en la unidad conceptual que llamamos Honduras. La misérrima situación por la que pasan todas las etnias hondureñas sobrepasa, no por culpa de ellas, sino del estado, los límites racionales concebibles. Los niveles de despliegue de su ser apenas es perceptible, por no decir nulo. Razas que esconden en sus pueblos la fuerza, el misterio y la huella de lo catracho. La hondureñidad está escondida en la fuerza telúrica de sus sentimientos como volcanes silenciados que jadean a la espera de emerger de la nada a la que han sido reducidos por el mundo industrializado y tecnificado.
El influjo poderoso de razas exógenas –la palestinense sobre todo- cuyo dominio ha eclipsado a la sociedad, también es otro factor, considero yo, que ha influido en la configuración de un tipo de visión estereotipada de lo hondureño. El influjo palestinense o árabe, especialmente en lo económico, no es desdeñable, sin embargo no deja de ser inquietante la imagen de nuevos hondureños que ellos imprimen. La porción de ricos de ascendencia criolla, catracha, es minoritaria y hasta hace muy pocos años han ocupado la dirección en la empresa privada. El impacto sociológico de los árabes ha influido –además de la pobreza, el subdesarrollo, el bajo nivel educativo- para que los hondureños de raíz y raza se infravaloren o por lo menos para que su brillo sea opaco y brumoso. Esto es perceptible cuando oímos despectivamente frases como “ese es indio”, “ese es turco”. Cuando a alguien le dicen “indio” le están estampando un sello de minusvalía y descalificación, de inservible y de poca monta.
Por otra parte, existe una tensión entre lo hondureño y lo centroamericano. Es una forma constante de soñar, de idear una realidad, de visionar el paraíso, lo que los griegos llamaban la “isla de los bienaventurados”. Honduras se mira en esa utopía porque ella está dentro de ese sueño. Es un sueño del cual despertará cuando se centroamericanice. En el subconsciente colectivo hondureño pervive el ideal prócer –tensionalidad hacia el futuro- de la unión ístmica. Ese sueño sigue vigente, aunque no prosperen sus incontables ensayos de diálogos y alianzas.
Se está avanzando en la unión política, forzosamente, a raíz de la globalización. En el último lustro las alianzas comerciales, pese al acordioneo de los estados del istmo, van adelante. La apertura de fronteras y la búsqueda de un pasaporte único son signos visibles de un acercamiento que, si no lo abortan, cambiará el panorama rotundamente.
También hay signos recientes de unirse en el ámbito literario. En la actualidad se están potenciando los encuentros de escritores en el ámbito centroamericano. Esto es sumamente interesante. Desde la literatura se pueden lograr muchas cosas sin necesidad de la fuerza o la imposición. Recordemos que Grecia permeabilizó la cultura romana –que era poderosa políticamente, fuerte, dominante- con el pensamiento. ¿No podrían los escritores y poetas repetir una hazaña en el orden de las ideas, ahora que las ideologías ya no convencen? Yo lo creo posible. Pero babría que ver.
Por otro lado, uno mira la plástica del istmo y descubre que hay muchos elementos en común. La pintura también es la expresión de una conciencia y de una identidad, ¿inconsciente, crítica? de la región centroamericana. ¿No será que siempre hemos sido la misma cosa y lo hemos callado durante siglos? Si esto es cierto, Honduras es América Central y América Central es Honduras. No se puede entender a Honduras si no es en virtud de aquélla.

2. La dictadura de la poesía actual hondureña.
¿Qué es lo que caracteriza a la poesía actual hondureña, si es que se puede hablar de ella? ¿Hay algún rasgo que la distinga? Más abajo diré algo sobre esto. Siendo que los poetas no nacen por generación espontánea, dependen de su pasado, de los poetas que han dejado un legado. Aunque haya aparecido una nueva pléyade de aedas, sus obras, como por ósmosis, han heredado la sustancia, venenosa una, buena otra, de las generaciones anteriores.
La nueva generación de poetas jóvenes no se ha liberado de la dictadura de lo sentimental, coloquial, histórico, real social y amoroso. La posible objeción de ¿tiene que ser de otra manera? Puede salirnos al paso. No lo sé. Ni estoy seguro de los derroteros que identifiquen lo que se llama poesía hondureña como tal. Pienso que la poesía hondureña actual, la cultivada por la nueva generación de poetas, tiene serios desafíos.
A mi juicio, los poetas jóvenes tienen que orientarse a lo propio, a lo “catracho” para extraer el ser, la voz de la conciencia, luminosa u oscura, del alma hondureña. No menos importante es la búsqueda de lo “esencial” y de lo “trascendente” como camino de superación de lo tangencial y anecdótico. Esto obliga a no quedarse con una poesía de adorno, de salón, de complacencia del ego personal y colectivo. Lo esencial es sustraer de la vida, como un oráculo, de los fenómenos y de lo escondido, la sustancia poética que aguarda ser descubierta.
Amanda Castro ha hecho un intento de lo que acabo de afirmar en “Onironautas”. Este poemario trata de auscultar la voz de los dioses, de la naturaleza, del hombre, del mito. Tal vez habría que estudiar a fondo esta afirmación. Hay que desafiar las leyes de la gravedad. No basta con escribir bonito, dominar el oficio y agradar el oído. Hay que romper los moldes para desnudar el genio catracho, si se quiere, el genio maya. De ahí saldrá la obra de arte, ése es el camino para el artista, el cual no se puede separar de la obra, pues obra y autor son inseparables el uno del otro. Pero para que nazca la obra de arte, tiene que nacer el artista. El artista nace de la obra de arte, pues son consustanciales.
3. La reconciliación de los contrarios.
Entre los poetas de la nueva generación hay antagonismo y rivalidad, cinismo y crítica atroz; una actitud de silencio deliberado en algunos. Las diferencias son tales que parecen irreconciliables. Su sistema de ideas, valores y creencias van de un extremo a otro. Hay quienes sostienen una ética del hacer poético. Estos exigen una poesía acendrada, limpia de ideologías sexistas o de cualquier otro tinte, pulida y trabajada a la perfección antes de ser publicada. Este grupo –que ya empieza a publicar- está ubicado al norte del país, critica la mediocridad y el facilismo poético. También están las aves raras –los menos y no agrupados- con su arte poética propia.
El Interiorismo, por su parte, circula con voz callada y honda desde el año 1997. Ha aportado al panorama hondureño de la poesía un ideario estético, unas herramientas sólidas con el objeto de despertar una nueva sensibilidad que potencie el cultivo de una creación trascendente, seria y rigurosa. Son varios los libros publicados con acento interiorista que los estudiosos y críticos deberán tener en cuenta a la hora de hacer la historia de la literatura hondureña.
Por otro lado, están los poetas que se sitúan en una escala ideológica y militante (los capitalinos). Estos sustentan en la idea de que Honduras es un país poesible. Proclaman una poesía, más que de laboratorio y de academia, cercana a la gente, al pueblo, al mundo circundante. La poesía les ha llevado a asumir una forma de vida, individualmente y en grupo. Para lograr que Honduras sea un “paíspoesible” –santo y seña del colectivo que los aglutina-, han realizado recitales públicos en las calles, plazas, escuelas y presidios y han creado su propia editorial como principal ente divulgativo de sus creaciones, en un gesto solidario sin precedentes.
La nueva generación de poetas tiene como común denominador: 1. Conciencia ética de hacer bien su trabajo creador. 2. Una actitud crítica ante la realidad y a su influjo en la poesía. 3. La poesía como punto de partida y como punto de llegada. 4. Aproximación a la tradición universal y nacional. 5. Asunción (inconsciente tal vez) del acto creador como acto transformación y transmutación de la historia.
Me quedan algunas preguntas fundamentales, ¿hacia dónde va la nueva generación de poetas hondureños? ¿Cuál es su misión, imitar a Oscar Acosta, Rigoberto Paredes, José Adán Castelar, Roberto Sosa, Juan Ramón Saravia, Marco Tulio del Arca, José Antonio Funes? ¿Cuáles son los sueños de esta generación de poetas? ¿Cuáles sus necesidades síquicas y sociales?
La poesía de los poetas emergentes es abierta, indefinida y maleable. Sin embargo, el erotismo, la sensualidad, la experiencia cotidiana y el influjo de la polis, así como el afloramiento de sentimientos elegíacos es el territorio poético que los habita. La nueva poesía es dinámica, sorpresiva y seductora. En algunos casos es decepcionante, pero todo apunta a que vamos a ver –no pretendo ser falso profeta- las obras más importantes de la historia de la literatura hondureña hasta la fecha.
La antorcha de la nueva poesía hondureña está en manos de los jóvenes. Ellos abrirán camino en lo escabroso de la cultura, rompiendo los moldes y removiendo las rémoras que han impedido ser lo que hoy pueden ser: los oráculos mayas y de la catrichidad[1].
[1] Padre, creo que hay en el ensayo una visión demasiado simplista y condescendiente en algunos puntos, como es el caso de darle relevancia a una posición sampedrana que no tiene nada que ver con los verdaderos creadores de la zona. Esos, a quienes usted incluye como poetas jóvenes, sólo podrán demostrar que lo son cuando publiquen, mientras tanto, mil disculpas, seguirán siendo rémoras de la poesía.

El otro caso es el de Paíspoesible, que ha sido el producto, aún inmaterial, de todo un tanteo de ciegos, lo que no niega su lazarillo perfecto: la publicación con seriedad y las fuentes universales de las que ha energizado su andar. No somos Paíspoesible mientras no llevemos el ideario a algo realmente concreto, por lo tanto, se puede hablar con mayor propiedad de los creadores per se, y no por sus vinculaciones. Eso aminora el impacto real que hemos dado como creadores individuales en la sintaxis poética de Honduras. Lo de enmarcar a una generación exige tales simplificaciones, lo admito, pero no puede detallar el asunto poniendo como contrapeso una lista de nombres a los cuales, de manera tácita, no nos debemos ni en la forma de versificar mucho menos, en la forma de asumir la vida que conlleva a la poesía. Para ser más franco aún, el número de poetas que estamos haciendo a martillazo limpio esta punta de lanza, en realidad suma hasta el número de dedos de las manos y los pies, y esto será así, hasta que las mil y una rémoras se den cuenta de que el tiburoncito se les convirtió en ballena mientras ellos se entretenían devorando el krill del intelecto vacuo. No puedo dejar de expresarle que en general, me satisface su empresa. Su introducción me parece un tanto sin filo pero comienza a cortar cuando llega a lo de si es Honduras centroamérica o viceversa. Creo que ahí comienza la profundidad que ha debido de bucear con mayor aguante de respiración.

Es mi opinión, Padre, y como usted me lo ha pedido, concierne exclusivamente a usted. Gracias por su confianza hacia este sabanagrande que está feliz de que hayan abierto este ciber en la tierra que yo creí para siempre cosa del realismo mágico. Mi abrazo y respeto. Fabricio Estrada (Honduras)


Hola, Fausto! Me gustó mucho lo de "poesible". Es un acierto metafórico muy audaz e interesante. Todo tu trabajo lo veo desde diversas ópticas, desde lo social, lo antropológico, lo literario, etc. Me gustó mucho tu espíritu tolerante y tu sosegada manera de decir las cosas. La introducción me pareció unívoca y pudo dar una idea más clara de lo disímil en la poesía hondureña actual. No conozco a sus autores y por eso no puedo opinar muy específicamente sobre sus aportes y carencias. Una crítica como la que te has propuesto es demasiado abarcante y muchas veces se peca al generalizar. Me gusta más escribir sobre un tema de alcance más reducido para poder ser más específico y más concreto. Cualquier conglomerado humano es difícil de atrapar en dos o tres palabras. Me satisface constatar de nuevo tu capacidad teórico-crítica. Estás haciendo un aporte muy valioso con tus escritos y te felicito de todo corazón. Felicidades en Cristo Jesús. (Orlando Alcántara, Rep. Dominicana).

Estimado Fausto Leonardo:

Con mucha satisfacción he recibido su ensayo sobre la tendencia actual de la poesía hondureña. Para mí, Especialista Literaria del Instituto Cubano de Libro desde hace mucho tiempo, este material es de gran importancia, pues me actualiza y proporciona conocimientos sobre la poética hondureña. Reciba usted mis felicitaciones de antemano y sepa que ya tiene otra amiga cubana y poetisa interiorista.

Con afecto y respeto

Teresita Hernández de Cárdenas
Especialista Literaria, Investigadora, Promotora del Libro y la Literatura y Poetisa Interiorista
Actualmente Jefa del Despacho del Director
Academia Cubana de la Lengua.


Fausto, querido amigo, acabando de leer su excelente nota de ensayo sobre poesía hondureña, me tomo la libertad de pedirle su autorización para incluirla en el no. 12 de AERA.

Con un gran abrazo

Alejandro Drenes (Argentina)

Padre Fausto: gracias por el envío de su importante trabajo sobre la poesía hondureña. No he tenido tiempo de leerlo todavía porque no estaba aquí en H.
Fui a Guatemala y allá me meto tan de lleno a lo hogareño que no me da tiempo de ir a buscar un café internet. Lo leeré con mucho placer y reflexionaré en sus propuestas que siempre son interesantes. Un fraternal abrazo, Helen Umaña.
Nota: este ensayo fue publicado en la Revista de la Academia Hondureña d e la Lengua, Nº 13, año 2005. Págs. 69-75.
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