martes, 31 de julio de 2007

ECLIPSE DE AGUJAS, Diana Espinal

Diana Espinal, Ed. Corporación y Publicidad Flores, Tegucigalpa, Honduras, 2000.
No más iniciar la lectura, Espinal presenta su carta de intenciones: “Ser amoroso no significa ser débil… El amor nos hace poderosos” (Chamalú).
La aeda crea un discurso poético en segunda persona y, a partir de ahí, la ficción sobre la cual se apoya, se convierte en un universo singular creado y sostenido por la palabra: “Tu nombre… nada en las dunas de mis venas”.
La amada corteja a su amado con un erotismo vivaz: “las alas largas del trapecio / me enciende / me desnuda, me serpentea” (1). “Quiero lanzar piedras escotadas al cristal de tu pecho” (II). Al leer esto sería imposible no pensar en los versos de Neruda: “Su pecho como un fuego de dos llamas / ardía en dos regiones levantado, / y en doble río llegaba a sus pies, / grandes y claros) (Cf. Residencia en la tierra, poema Ángela Adónica).
El yo de la poetisa, que emula a Eros, a Afrodita, sazona –probablemente sin percatarse– sus versos con improntas de los poemas de Safo, básicamente en lo que toca a la ansiedad que produce el deseo: “Fuego sutil dentro de mi cuerpo todo / presto discurre; los inciertos ojos / van sin rumbo; los oídos hacen ronco zumbido”. Espinal se subleva en espontáneas manifestaciones amatorias: “Intento encenderte / diluirte dando vueltas y vueltas en huracanados sabores” (III).
El fuego de la pasión erótica, real o ficticia, enrumba el deseo a terrenos inciertos o, si se quiere, insospechados. La pasión es un abismo inmenso que se atraviesa con la sola fuerza de la entrega de los amantes: “Presiento que mi vientre / escapará por el rumbo indefinido de las ganas” (IV).
La semilla espermática es la impronta, no sólo del goce erótico, sino la revelación misma del ser amado: “El filamento acurrucado de tu ser / se esconde tras el hechizo de sal despeinada y desparramada / de sus anteras fucsias” (V).
El dato erotizante, que es la espina dorsal de Eclipse de Agujas, se conserva en todo el poemario: “Mi sombra verde rompe la afonía del silencio / en un sin fin de trayectos que huelen a trementina / a monasterio” (VI). “El escalpelo de la espalda se transforma en cómplice de cerillos que acorrala la locura… / el carmín de la saliva” (ídem).
Uno de los poemas más sobresalientes y mejor elaborados por Espinal, que le merecería la memoria en el futuro, es el siguiente: “Enhebras mis hilos con tus manos / zurces mis entrañas con tus entrañas / siento que se estallan las riendas / que me enredan y me enervan / enebro tus hijos con mis dedos / muriendo el desborde del océano / el gimoteo de la ola entre tú y yo / el rechinar de las bisagras / el apagón del inconsciente en el punto central del éxtasis / en la estrella cefálica” (VIII).
Espinal es más auténtica cuando es menos conceptual, es decir, alcanza mejores logros poéticos cuando se desenfada, sin pose, y es ella misma, más original: “Me desnudo en tu boca de almendro / acantilado entreabierto” (XX).
La pasión erótica no es eterna, brinda instantes eternos, pero no más. Por eso la aeda dice, para solazarse en el recuento del placer erótico: “Es tiempo de mudar el viejo gemido” (X); “He yacido en cuartos menguantes” (XI).
Eclipse de agujas es la memoria del instinto, de la percepción y experiencia de una mujer que ama y comunica lo humano con un lenguaje a veces escarpado, pero también elocuente: “zurcida me envuelvo en instantes / en instancias / en instintos” (XII); “ Mi bahía de aspa se enciende” (XIII).
Espinal escribe una poesía alusiva, a ratos con una concretez absoluta: “El coraje pendular de tus ojivas / convoca besos de herradura” (XVIII); “deseo columpiarte más allá de la constelación” (XIX); “Acuática… / en ropa interior… / sumergirme despacio… / por las llamas de tus párpados” (XX); “Las escalinatas de tu cadera suspiran” (XXI).
El erotismo adquiere dimensiones inmensas y a menudo faltan recursos para expresarlo –principal lucha de Espinal–, de manera que el lector perciba con verismo y diafanidad la intención del poema, sin embargo la poetisa logra imágenes vigorosas como estas: “Tu espalda es el diluvio de océanos… donde deseo naufragar… / Espero el grito del acantilado” (XXII); “Saberte mío en el instante / es lo enorme”.
Una de la principales exigencias del erotismo es que los amantes se encuentren y se consuman en la llama amorosa, bajo cuyos ardores los cuerpos encuentran mil lenguajes y expresiones: “Subo por el funicular de tus piernas” (XXV).
El placer erótico no es eterno, por el contrario, su brevedad es tal que abisma a los amantes, dejándolos insatisfechos y descontentos. El ansia de conquistar un clímax donde el tiempo no medie, es tal que, por más que ensayen a lograrlo, siempre queda un sabor a pérdida, a nostalgia. Jorge Manrique, poeta clásico español, dijo: “Aviva el seso y despierta contemplando / cómo se pasa la vida tan callando, / cuán presto se va el placer; / después de acordado, da dolor; / cómo, a nuestro parecer, / cualquier tiempo pasado fue mejor”.
En Eclipse de agujas, el clímax del placer erótico pasa a ser eco, nostalgia, remembranza de los amantes: “Siento el eco tibio de mi coito”,. Sin embargo, el placer erótico tiene una impronta de misterio, ¿Por qué tan dulce felicidad termina en un coito” No hay respuesta fácil a esa pregunta.
Para alcanzar la expresión erótica es necesario romper las formas e incluso todos los tabúes. Además, se requiere un ámbito, una atmósfera donde no haya estorbos ni normas. Necesita lo íntimo, lo secreto: “En el acecho del tiempo” (XVII). “Mi ángel de luz se inclina detrás de mi fuente a beber sorbos de censura” (XVIII); “Escondida detrás del aire… / mi escondite secreto detrás del repello” (XXIX).
El cuerpo del amado es como un templo de Eros donde se consuma en el rito del arte amatoria, hecatombes: “pretendo espinarte tanto / hasta que se desmaye la razón” (XXXIII).
A veces la autora que nos ocupa explora su propia potencialidad creadora para revelarnos sus interioridades: “Descifrándome a solas / siento ser alquimia / partición de acantilado” (XXIV).
El tú del cual hicimos mención más arriba, en todas sus formas, es deseado por la amada. Su presencia, su imagen trastoca la sensibilidad erótica de la amada: “tu imagen desordena mi serenidad… / mi vuelo se ha vuelto tardo” (XXXV).
La poetisa agota todos sus recursos para dejar en evidencia su pasión: “Convoco esta noche / el despilfarro de ángeles de luz / la homilía de los crepúsculos” (XXXIX).
El poemario, en definitiva, resuma un erotismo no del todo refinado, aunque sí queda clara la intención de Espinal: presentar al lector su visión del erotismo como rapto, clímax, hipnosis, eclipse, hecatombe, sismo.
Valoración Crítica: Los aspectos sobresalientes de Eclipses de Agujas, a mi juicio, son: 1. La creación de un discurso poético –el erotizante– (Octavio Paz, con su ensayo Llama Doble, sería iluminador), con sus más y sus menos, pero siempre a la caza de la escurridiza belleza. 2. La unidad temática. El poemario sostiene el planteamiento inicial hasta el final, lo que permite al lector avezado apreciar la intencionalidad de la autora. 3. Lo humano. La obra atestigua la pasión, no de un ángel celestial, sino de una mujer capaz de amar, de sentir y hacer sentir el goce, el placer y el erotismo.
Quizá la parte más débil de Eclipse de Agujas esté relacionada con el manejo del oficio. A veces el hilo con el cual teje su tela Espinal se enreda y es difícil de circular por su espacio poético. El léxico o el lenguaje que trata de domar y dominar denota un esfuerzo por conseguir la imagen poética adecuada, no siempre fácil y alcanzable, ejemplos: “desplegarme en el límite transverso del prisma”; “ensayos de conjuros que se trenzan y destrenzan / en tremendos trazos tremolantes”; “Mi sombra verde rompe la afonía del silencio”; “tararea un silencio abstracto”; “Se despeina tu sonrisa cuando se descorchan las líneas imposibles”; “Eclipses de agujas que se deslizan / por el filo de almíbar de los pleonasmos plexos”.
El erotismo queda en la superficie de los sentidos, no se supera la dimensión hedonista. Sólo hay dos momentos, muy puntuales por cierto, en los que se insinúa algo de “misterio” (dato trascendente) en el coito (XXVI) y de “absoluto” en el orgasmo (XLV).
El desafío principal de Espinal es superar los límites que acotan a Eclipse de Agujas. José Adán Castelar dice: “Escribir un buen libro es un milagro; un buen poema, es un milagro; un buen verso, también es un milagro”.
San Pedro Sula, Honduras, 16 de marzo de 2005
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