martes, 31 de julio de 2007

CUANDO LAS ROCAS FECUNDAN EL LLANTO, Indira Flamenco


Continúo con los apuntes al libro de poesía de Indira Flamenco “Cuando las Rocas Fecundan el Llanto” (Ed. Capiro, 2000).
Persiste una constante en el poemario que nos ocupa en esta líneas. Se trata de una fuerte influencia de la tradición literaria de la poesía social o, lo que es igual, poesía comprometida: “Yo he sido la coleccionista de dolores ajenos... La que observa la justicia / desvaciada en el graffiti / de una calle cualquiera” (ver Ancestros y otros rubros, En la esquina común, Herencia para mis ojos).
A medida que el poemario progresa se tiene la certeza de que la autora, prendida de la tradición poética de Roberto Sosa, Saravia, Marco Tulio del Arca, etc., ha configurado su propio decir en un tipo de creación que, técnicamente, puede llamarse Poesía Cotidiana o Poesía de la Experiencia.
La Poesía de la Experiencia es una poesía que refleja la vida diaria. Ésta se plantea con un lenguaje fluido y sencillo las vivencias comunes de todos los seres humanos: el amor, el odio, la rutina, los placeres, el trabajo, etc.
Para el caso veamos el pasaje siguiente: “Hemos andado, papá, / caminando sobre la misma línea, / buscando una casa justa / para abrigar nuestras ideas” (Soledad.com).
La Poesía Cotidiana es el espejo de las sociedades industriales y con despuntes postmonernistas. Pero en el fondo, así como es vacía la sociedad industrial, es superficial su producto.
Si generalizamos, se puede decir que la obra que surte de una sociedad vaciada de valores, salvo en casos especiales, es un testimonio de su misma vacuidad, el desgarro de la vida desasida de trascendencia (ver Multitud en riesgo).
En la tercera parte disminuye el esfuerzo creativo e imaginativo de Flamenco. Se ha dejado llevar más por el brío impetuoso de su verbo descarnado que por el genio inteletual: “Quisiera exorcizar un ejército de falos”. “Nadie más cabe / en este hueco, en el que sutilmente –el miedo- te ha orinado”.
Hay, como he afirmado, brío, encabritamiento y una sobrevaloración del yo femenino: “Nunca amé a nadie que no fuera yo misma” (pág. 50). En la proporción de su egocentrismo desencadena la furia de su verbo para derrocar al sexo opuesto: “El grafema hombre se volvió virus en la computadora de mis sueños” (idem).
Una nota fundamental en esta obra de Flamenco es la utilización deliberada de la poesía como medio de reivindicación en el escenario social –y literario- para exigir su espacio como mujer: “Lo muestra. / Es macho. / Se esconde... Teme a la estatura de la mujer” (pág. 53). “Vos, hombre de plantaciones desiertas. / Movimiento extraviado en mi cama” (pág. 57) . “Te nombraba hombre / y no percibía la hediondez / de tu mirada” (pág. 58). Indira no perderá el espacio ganado a la sociedad y su autoestima está tan alta y tan elevada su furia que sólo bajará “cuando las rocas fecunden el llanto”.
Para concluir debo decir que la obra de Indira Flamenco revela que ella, si cuidara el arte del bello decir, la estética, tiene un gran potencial. Hay en su libro aciertos y desaciertos. El hilo conductor es el mismo desde el principio al fin, tenso unas veces y flojo en otras. Al ser la primera producción de Indira cabe resaltar que pone en peligro su propio decir poético al restarle estética y profundidad a sus versos. Tal vez deba decirle que la poesía es el arte del bien decir, el arte de armonizar las más bellas emociones con un lenguaje límpido y sin manchas.
No obstante lo dicho, Indira ha sido valiente para publicar un libro como el suyo en un mundo hostil. Eso es un mérito. La tarea es ardua, el trabajo de refinamiento a penas empieza. “Cuando las Rocas Fecunden el Llanto” es un libro para leer, estremecidos en el silencio y, al mismo tiempo, para aguardar la madurez humanista y poética de su autora.
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