jueves, 11 de septiembre de 2008

GIOVANNI QUESSEP: "Duración y leyenda" (1972)

“Duración y leyenda” (1972). El aeda utiliza el bagaje cultural y ancestral en la construcción del poema “Epitafio del poeta adolescente”. Acude a la mítica Delos, bañada por los mares, como una isla encantada, y a Ulises Laertes para hacer una declaración de intenciones –cantar, antes de olvidar y morir, su odisea personal– al inicio del poemario. Delos es una de las innumerables islas localizadas en el corazón del mar Egeo. Su actividad mercantil y cultural adquirió gran notoriedad en la antigüedad. Los mitos griegos enaltecieron la isla, en cuyo territorio se edificó el gran templo en honor a Apolo, el gran teatro, la terraza de los leones.

Quessep utiliza también la tradición de la poesía china de Li Po para, a la manera de alegoría, hacernos saber que lo único que le basta es la poesía, su único laurel, y no la gloria del mundo. De ahí su pretensión de darnos a conocer «al que no necesita de la piedra o el bronce para durar […] A aquel que reposa en el bosque vedado / nunca será polvo entre los pinos».

Si en su libro “El ser no es una fábula” ya vislumbrados una poética mítica, fantástica, en “Duración y leyenda” se acentúa aún más este hallazgo. Nuestro autor es “el caballero inocente” que, a la manera de los caballeros andantes de las fábulas quijotescas, no lucha sino para defender y desencantar su dama: «Llevo la lanza púrpura / Y en escudo y espada / Las sangre destellando / Pero ha sido en defensa de mi dama». El tiempo y la desmemoria amenazan a esa dama, que no es sino la belleza, la lírica, el canto, la poesía. De ahí su inquisitiva pregunta: «¿Es nuestro el canto / Durable en su leyenda?».

La historia del poeta teje lo real y lo fantástico. Este dato es esencial. Mito y realidad, leyenda e historia se armonizan de manera que se convierten en una misma cosa: leyenda, Jardín encantado. Ahí está la trasmutación, el salto a lo maravilloso, el encantamiento. Ese es el reino de la poesía, el reino de Orfeo, el de Alicia ante el espejo: «Nuestra historia resulta semejante / a la de esa muchacha maravillosa que penetró en el espejo / Estuvo a punto de desaparecer […] Que lo único que tenía que hacer era despertarse».

El poeta se busca a sí mismo e intenta responder a las grandes preguntas de la humanidad, ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿adónde vamos? Él responde, no como pensador, sino como soñador, como artista de la palabra y dice de una forma muy elocuente: «Tal vez somos un cuento / la nave de Ulises / o el ruiseñor de Keats / (ese pájaro no destinado a la muerte)».

La poética de Quessep está minada de castillos, duendes, gnomos, leyendas, hadas, adivinos, hechizos, encantamientos, sueños, reinos, jardines, fábulas. Todos esos elementos, lejos de ser una banalidad, son los hilos con los cuales el artista teje el tapiz de su poética, si esto es válido hemos dado con una de las claves de su obra, –como hemos dicho de su primer libro “El ser no es una fábula”: «Tejida está de olvido / la ilimitable rosa / Y en el jardín o púrpura aduendada / desdibuja su forma». // «De lo real la rosa fabulada / No tenemos conjuros / Quien crea en la leyenda / Puede mirar las nubes / Verá que empieza a detenerse el tiempo». // «Al borde de las hadas […] Una sola palabra el hondo patio / Te da sombra en el tiempo / Tu historia es lo que sueñas / Lo real es ya fábula naciendo de tu mano».

El temor a ser olvidado, a ser polvo de ruinas persiste en la poesía de nuestro autor: «El ruiseñor cantó / Sobre esta piedra/ Porque al tocarla / el tiempo no nos hiere […] No todo es tuyo olvido / Algo nos queda / Entre las ruinas pienso / Que nunca será polvo / Quien vio su vuelo / O escuchó su canto».

El poeta vive el mundo y lo siente como un sueño o una fábula y eso es lo que canta y cuenta. El medio que tiene para hablarnos de su visión es la palabra, como el músico la música, el pintor la pintura, el escultor la materia o el arquitecto las formas: «La palabra nos sueña / Todo transcurre (El fuego / Regresa a ser penumbra / Viejas colinas cuento».

Finalmente, sin pretender que sea un tópico, me pregunto: ¿Será posible hablar de un “realismo mágico” en la poesía de Giovanni Quessep? Aunque negásemos el cliché, no cabe duda de que realidad y ficción forman un ritmo isócrono de sístole y diástole en la poética del poeta colombiano.
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