jueves, 10 de enero de 2008

TÉCNICA E IMAGEN DE LA POÉTICA INTERIOR

Los afiliados a nuestra estética se cuentan por docenas. Sin embargo, los nombres de los poetas más sobresalientes de la estética interiorista son, a mi juicio: Pedro José Gris, Julio Adames, Sally Rodríguez, José Frank Rosario, Yky Tejada, Ramón Antonio Jiménez, Tulio Cordero, José Acosta, Óscar de León Silverio, Guillermo Pérez, Güido Riggio Pou, Fausto Leonardo Henríquez, Ángel Rivera Juliao, Carmen Pérez Valerio, Roberto José Adames, Argelia Aybar, Fray Pablo de Jesús, Teodoro Rubio, Juan Miguel Domínguez, Jaime Tatem Brache.

1. Distintas rutas y un puerto común: la interioridad trascendente. La actividad creadora de todos los autores arriba mencionados –conservando su singularidad y su visión única como poetas- tiene como eje transversal la realidad trascendente. Es decir, esa peculiar forma de aplicar la técnica de mirar desde el interior de las cosas aquella otra realidad que trasciende el territorio de los sentidos comunes. Los cultores del Ideal Interior, como los organistas de catedrales, tocan todos los registros: místicos, míticos y metafísicos. Esas tres vertientes son los filones sobre los que construyen su obra los antologados, cada uno con su sello de originalidad, con el objeto de –como decía Hörderlin- “hacer llegar al pueblo envuelto en cantos el don celeste”.

Los poetas interioristas apuntan a lo esencial, a aquella sustancia permanente de las cosas. La Poética Interior, lejos de promover el juego de palabras, recupera del sentido profundo del bello decir, devolviéndole a la palabra lo que la poesía social y la poesía experimentalista le arrebataron en su momento y lo que el vacío de la época le ha quitado a la conciencia creadora.

El Interiorismo plantea un discurso nuevo, un método nuevo de hacer y de crear poesía, no tanto para agradar al oído y complacer a contertulios, sino para exponer los hallazgos de la conciencia y de la intuición humana en su búsqueda profunda del sentido de lo existente y de lo absoluto.

Hemos pasado –y esta antología es nuestro mejor aval, por no decir las sustanciosas obras publicadas de los interioristas- de las teorías a los hechos consumados. Más que demostrar una teoría, pasados ya dieciséis años, les mostramos –sin aire de grandezas- las riquezas de nuestro tesoro, y se las damos como legado a esta generación y a las venideras.

2. Un aporte fundamental del Interiorismo: la imagen. El Movimiento Interiorista, como el Romanticismo o el Modernismo, ha creado su propia imagen. Esta es, a saber, “verinto”, neologismo que significa que en el interior de cada cosa hay una fuerza, una verdad profunda y trascendente, una sustancia intuida o revelada –no siempre explicable, al decir de Gris, con nuestras palabras- que te atrapa en el poema y no te suelta. Ejemplos: “Oh río, oh templo donde mis ojos de agua / beben lo que olvidan” (Oda a una nube, Pedro Gris). “Invisible oropéndola rozándome la carne / invisible” (Huésped en la noche, Julio Adames). “Déjame entrar en tu hondura / conocer el rubio resplandor / de tus heridas” (La oración, Sally Rodríguez). “Hazme lugar / en la ceniza / de los mil abismos de tu nombre” (La noche, Dios, los astros, José Frank Rosario). ¿Acaso no vuelve la llama sobre sí misma? ¿Y no grita el ave cuando sobre su sombra vuela?” (Lagartos fugitivos, Yky Tejada). “El mar es sólo la acumulación / del llanto” (Angustia, Ramón Antonio Jiménez). “¿Será tu voz, oh Dios mío, / aquel silencio / que rutila en el abismo?” (Aquel silencio, Óscar de León Silverio). “Me espera la lluvia detrás de la vida” (Aquí no ha pasado el tiempo todavía”, Jaime Tatem Brache). “Ven / Que mis manos se abrasan / y esta sed se hace honda” (Esta sed, Tulio Cordero). “Temprana antigüedad de albor reciente / tus ojos guardan” (Pantocrator, Juan Miguel Domínguez). “He escrito la palabra profundo / y ha nacido un pozo en mi papel / donde cabe el mundo” (Transformación, José Acosta). “Al verte llego hasta tu parto en la aurora” (Indio desnudo, Fausto Leonardo.
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