sábado, 2 de agosto de 2008

JULIO ADAMES, LEÓN FÉLIX BATISTA

JULIO ADAMES, Cuerpo de baile, Delfos Editores, Sto. Dgo., Rep. Dom., 2002. Es un libro en el que concurren la vida, la pasión, los deseos y la sensualidad. A veces hay resortes freudianos, es decir, de onirismo, de un mundo subjetivo impresionante que linda con lo surrealista. Los mejores pasajes los consigue el autor cuando surca el mundo subjetivo. El hablante hurga lo profundo, la memoria como si de una Caja de Pandora se tratara para extraer todos los rostros que puede reflejar un cuarto de espejos. El genio fabulador de Julio Adames aflora a cada descuido como si de un relámpago se tratase: "Delirante vagido del huésped"; "Tus ojos: dos peces lanzando cuchillos a la memoria"; "Beba este largo lamento de placer"; "El ojo se queda retozando en el pabilo de esa imagen". Cada frase, en su contexto, crean aún más placer en la lectura. En Cuerpo de baile los personajes develan sus miedos, sus deseos más secretos. Esos personajes, que actúan realmente en la vida y en la memoria, se ponen y se quitan la máscara o simplemente gravitan, confusos, en la atmósfera de la historia que los encierra.

Julio Adames es un escritor comprometido con la palabra, acaso por eso en sus obras, ya sea de poesía como en prosa, hallamos rigor, fuerza expresiva, verismo. La escritura de este escritor dominicano es de una vitalidad que sacude al lector que, con agudeza, entra al mundo de este autor que subyuga.


LEÓN FÉLIX BATISTA, Negro Eterno, Casa de Teatro, 2006, Rep. Dom. Al terminar de leer este poemario me quedó un sabor a fruta exótica, es decir la extraña sensación de haber incursionado en un tipo de escritura experimental, vertiginosa. A ratos el hilo se me rompía y tenía que volver a anudarlo reiniciando el poema de cero. La poética de "Negro Eterno" se escapa a lo común por su discurso vallejiano, para ser exactos "trilciano". En "Negro Eterno" predomina el artificio de la imaginación: "Lo que anhelo es propiciar un zumbido y tolerarlo". La reflexión poética del autor mantiene el pulso hasta el final, mas se fragmenta como los costados de un diamante: "Me acomodo a mi nada, / pleno de microfracturas". Esto es, justamente, lo que hace difícil armar el puzzle de "Negro Eterno", y por ende, lo que impide tener una clara percepción de conjunto del trabajo de Batista. Ráfagas de ingeniosidad, laberinto, abismo, torbellino construyen y desconstruyen el mundo, la visión de "Negro Eterno". El impacto que me produjo "Negro Eterno" fue más racional que emocional. Goce de artificio, emoción desarticulada. Voltaire, en su obrita "La princesa de Babilonia", escribe que la verdadera poesía toca las fibras del corazón y las del espíritu: "La verdadera poesía, es decir, aquella que es natural y armoniosa, la que halaga el corazón tanto como el espíritu...". ¿Acaso es esto lo que he percibido que falta en "Negro Eterno"? Sería decir demasiado. Valoro el trabajo intelectual de Batista en esta obra, está claro, sin embargo no puedo ocultar que la poética de "Negro Eterno" contiene un no sé qué de huida, de verdad casi dicha, de sinceridad oculta. Basilio Beliard, (Espiral Sonora, Ed. Trinitaria, 2003, pág. 138, a propósito de la poesía de Batista, dice que "cultiva una poesía de raigambre barroca, cuyos poemas semejan teoremas tejidos por una red infranqueable".


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