lunes, 28 de julio de 2008

WILLIAM SHAKESPEARE: el genio del drama.

Este año 2008 he resuelto leer algo de William Shakespeare. A vuelo de pájaro --sin tener en cuenta el orden cronológico de las obras leídas-- tomo mis impresiones como una forma de guardar memoria de mi paso por algunas de sus obras. "La fierecilla domada", no me impresionó absolutamente nada. Una joven rebelde que termina, entre broma y broma, sometida al hombre. La sentí, tal vez por ser de la etapa joven de W.S., insustancial y frívola. Es graciosa, para qué negarlo, y ocurrente.

"Ricardo III", tragedia con un fondo histórico, es una obra con cuerpo. Caracteriza la figura de un rey malvado, apegado al poder y capaz de sacarle el hígado a cualquiera y dormir tranquilo, al menos en apariencia. Es una tragedia impactante, cuyo mejor logro radica, según mi parecer, en la caracterización de la sicología de Ricardo. "Otelo", es una obra con una fuerza subyugante. Los celos de un hombre, Otelo, acaban por llevarlo a terminar con la vida de su amada y con la suya propia. El hilo conductor de esta tragedia no se rompe sino cuando termina el drama. Con razón es una de la tragedias inmortales de W.S. No puedo menos que recordar la potencia de las tragedias griegas de Esquilo, (Prometeo encadenado); Erurípides (Orestes) y de Sófocles (Edipo). "La tempestad" no me dio frío ni calor. Está magistralmente escrita, por ser de la etapa madura del autor, pero confieso que a mí no me emocionó absolutamente nada.

"Macbeth", en cambio, es una tragedia, bajo mi punto de vista, de la categoría de Ricardo III, y de Otelo. Macbeth es un ser frío quien, influenciado por los deseos oscuros del inconsciente e impulsado por las fuerzas del mal, así como de la malignidad de su mujer, Lady Macbeth, concibe y comete crímenes jamás imaginados por él ni por nadie, amén de que se hayan perpetrado en otros tiempos y lugares. W. S. en esto es genial maestro. Y lo que consigue de Otelo y de Ricardo III, lo consigue en este drama, Macbeth, en el cual revela los rincones más inéditos e inconscientes del alma humana. Lady Macbeth, cave decir, tiene una importancia central en la tragedia, pues ella es quien sacude la voluntad y hombría de su marido para que saque a flote la monstruosidad de la que es capaz un ser humano. Vi en ella un cierto paralelismo con Herodías, tanto en la maldad de su corazón como en los tormentos de su alma y sus pesadillas. Cuando a Bacbeth le dieron la noticia del fallecimiento de su mujer constestó estas palabras, que no ameritan juicio alguno, ya que lo dicen todo: "había de morir tarde o temprano; alguna vez vendría la noticia". El que a hierro mata, a hierro muere. Cabal, Macbeth terminó cocechando lo que había sembrado: la muerte.

"Julio César" es una tragedia en la que los protagonistas fluctúan, en términos éticos, entre valores y antivalores. Esto es, la amistad, el honor, por un lado; la envidia, la confabulación y la muerte, por otra. Digamos que por salvar un ideal, el bien común, se justifica el crimen con espantosa frialdad. Bajo la sospecha de que Julio César podía ir más lejos --que ya se creía dios y demasiado grande-- era mejor cortarle las alas a tiempo, es decir, eliminarlo. Claro, llegar a esta conclusión no fue fácil ni mucho menos ejecutar la abominable acción del crimen imperial.

La tragedia se desarrolla sinmuchos rodeos, como Antonio y Cleopatra, para ir al grano. La tensión crece de tal manera que prácticamente uno si de da cuenta de que ya sientes cierta complicidad con los honorables asesinos de Julio César, Bruto y Casio. Es un crimen honorable, razonado, político. Así se planeó, se ejecutó y se explicó después al pueblo, que creyó y aceptó la muerte de Julio César. La muerte de Julio César en esta obra es un crimen elegante, perpetrado, según los conjurados, para salvar Roma. Shakespeare fascina cuando destapa el mundo interior de sus personajes. Los hace viles o héroes, los eleva o los hunde con facilidad asombrosa.

Las pasiones más recónditas, nobles o perversas, están a la orden del día, no sólo en esta obra, Julio César, sino también en la demás tragedias del autor. Julio César es un símbolo de la grandeza, del poder, el dominio y las influencias de los que gobiernan el mundo, con la salvedad de que, aunque se crean dioses, son de la misma pasta que los simples mortales. Los poderosos del mundo son gigantes con pies de barro. En Julio César contrastan la grandeza del alma humana, con sus virtudes --lealtad, amistad, honor, afecto, cariño-- pero también las sombras que la empañan.

Llama la atención cómo personas inteligentes y honorables, para el caso Bruto, que aportan el bien común, se dejan contagiar por una extraña fuerza maligna que, atizada por la envidia de personas allegadas, abocan a acciones reprobables e inhumanas. Esta tragedia nos hace comprender que gente con convicciones profundas, con principios, puede actuar y actúa de la noche a la mañana de forma que nadie sabe ni cómo ni cuándo pudo haber cambiado o sobrepasado su escala de valores.

La tragedia de Julio César te hace comprender el lado vulnerable de los hombres de estado y, en realidad de cualquier persona. La participación en el poder te hace importante, te da categoría, pero también te puede corromeper y hasta destruir. Los hombres de estado no son infalibles, su destino es exactamente el mismo que de todo viviente: la muerte.

"Antonio y Cleopatra", tragedia de amor de reyes. Antonio, que se ve urgido por el deber como ciudadano romano, es atrapado por el amor de la egipcia Cleopatra. Poder, pasión, amor, se mezclan con una fuerza que sólo Shakespeare puede imprimirle. La lectura la sentí dispersa, o sea, arenosa. Cuesta no despistarse. Los momentos previos a la muerte de Antonio, sobre todo su angustiosa agonía aunado al encuentro con Cleopatra, son extraordinarios. Lo es, también, bajo mi punto de vista, el tramo último de la obra, esto es, el momento en el cual Cleopatra decide quitarse la vida, pero no de una forma convencional, como la de Antonio, sino con el veneno de una serpiente. Es memorable la frase de Cleopatra: "Ven, ser mortal, deshaz con tus comillos este nudo inextricable de la vida". En esta tragedia eché a faltar el brío de un "Otelo", "Macbeth".

"Hamlet". Vi por televisión, hace aproximadamente un año, una versión en blanco y negro de la tragedia Hamlet. Quedé impresionado. Los actores, sobre todo quien interpretó a Hamlet, fueron sumamente fieles a la idea original de W.S. Acabo de leer el texto y la verdad es que, desde principio a fin, se crea una atmósfera que te atrapa. Esta química autor-lector-espectador sólo la he hallado en obras en Otelo, Macbeth y Ricardo III. Este impacto trágico lo he tenido al leer las tragedias de Esquilo, Sófocles, Eurípides, Séneca.

Hamlet es movido por el deseo de venganza. Su tío Claudio, ávido de poder, mata al rey, su hermano, para hacerse con la corona y, por si parece poco, para quedarse con la viuda, Gertrudis, mujer de su hermano, cuñada suya y madre del príncipe Hamlet. El dolor por la muerte de su padre fue, de suyo, duro para Hamlet. Unamos a eso la prontísima unión marital de la viuda con su cuñado. Por más fuerte que fuera Hamlet debió hacerle mucha mella emocional. Yo me pregunto si hoy, en nuestro tiempo fuéramos nosotros Hamlet y si viviéramos su misma situación, ¿qué no sentiríamos? ¿qué no haríamos? Pienso que Hamlet debió haber estado realmente afectado emocionalmente por el crimen de su padre, no sólo por el luto, y por consiguiente, debió tener algún tipo trastorno conductual. Shakespeare explota al máximo esta dimensión sicológica para darle más fuerza emocional al relato.

El rey Claudio ocultó el crimen de su hermano de tal modo que nadie sabía nada. Un día el espectro del rey asesinado –anzuelo escénico de la obra y la clave para desmadejar el crimen real- se le apareció a su hijo Hamlet y le reveló toda la verdad. Es a partir de aquí cuando Hamlet se transforma extrañamente. Esta situación convulsionó el estado emocional de Hamlet. Sin llegar a perder el juicio, simula perderlo para iniciar las pesquisas contra el asesino de su padre.

Entretanto, Hamlet asumió una actitud ácida con su madre y empezó a cuestionarla con tal agudeza que la obliga a verse así misma prácticamente como incestuosa y hasta lasciva. ¿Cómo una viuda se hace de marido, y nada menos que su cuñado y asesino del rey, a los pocos días de morir éste? Hamlet no podía aceptar ni entender esta perversión de su madre y de su tío, sólo sabía que debía sacudir la culpa de su madre. Y lo logró.

Con un estilo penetrante el autor pone en escena otra escena dentro de la escena principal, en la cual unos actores, bajo la guía de Hamlet, actúan con el fin de purgar la conciencia de su tío Claudio, quien viéndose reflejado en la dramatización, se revuelve en su interior. Hamlet trae a la conciencia de su tío lo que éste ocultaba y reprimía. Lo que consigue con su madre, lo logra también con su tío, aunque éste es más huidizo y malintencionado, pues, como se ve al final, trama la muerte incluso de su sobrino Hamlet.

La venganza, (realismo trágico) motor principal que impulsa a Hamlet, es un viejo sentimiento humano universal en el cual nos podemos mirar en cualquier época. En Hamlet tenemos un espejo de las pasiones y emociones humanas, de las reacciones y acciones que están vigentes en cada ser humano en sí. Dice Hamlet: “Yo soy bastante decente, pero puedo acusarme de cosas tales que más valdría que mi madre no me hubiese engendrado. Soy muy orgulloso, vengativo, ambicioso, con más disposición para hacer daño que ideas para concebirlo, imaginación para plasmarlo o tiempo para cumplirlo” (III. I).

¿Quién no ha sentido alguna vez orgullo?, ¿quién no ha sentido el impulso de devolver mal por mal?, ¿quién no ha sentido una pizca de ambición o deseo de poder? Si respodemos con honestidad a estas preguntas habríamos dado seguramente con una de las piedras de toque para entender la complejidad de la persona humana. Hamlet viene a ser como un compendio de lo que es potencialmente el hombre o la mujer en situaciones límites. Hamlet es un puzzle de los misterios, sueños, locuras, imaginaciones y razonamientos humanos.

"Sueño de una noche de verano". Más que para el goce de la lectura es una obra para la escena y el disfrute de contrastes. Los efectos de tiempo y lugar, el divertimento, dan a la obra el mayor de los atractivos y la popularidad de la que nos es conocida. La imaginación y la creatividad, lo fantástico y lo real es, sin duda el mayor mérito de W.S. en esta obra en particular. La genialidad de W.S. reside en alterar la realidad con la fantasía, los sueños, lo que fascina al espectador-lector, más al primero que al segundo.

"Noche de reyes", por otra parte, es, con sus enredos, una obra lineal en el diálogo entre los personajes. Es decir, los cambios de escena despistan menos que en "S. de una noche de verano". "Noche de reyes" no es, con mucho, tan viva y chispeante como "S. de una noche de verano". Si ésta es más para imaginar, para poner a volar el pensamiento, para soñar despierto, aquélla -"Noche de reyes"- es más para reír, para jugar con lo real, para desdoblar lo cotidiano y convertirlo en entretenimiento.
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