miércoles, 16 de mayo de 2007

INTERIORISMO Y METAPOESIA

ENTREVISTA METAPOÉTICA - INTERIORISTA A JORGE PIÑA

Nueva York, 11 de enero de 2005

Por Fausto Leonardo Henríquez

F.L.: ¿Cómo nace el escritor y metapoeta Jorge Piña?

J.P.: Yo nací en San Juan de la Maguana. Leía novelas de la época, Agatha Christie, por ejemplo, los grandes autores como Shakespeare. Otra influencia de la infancia fue la de los idiomas, sobre todo el inglés. Mi casa era una fonda, un restaurante que tenía mi madre, al cual venía mucha gente, invitados y amigos.

Luego, con el afán de escribir letras, escribía cartas de amor a enamoradas y, finalmente, a principios de los años 80, cuando decidí entrar a la universidad y al Taller Literario “César Vallejo”, uno de los talleres de la época. Auque estudiaba medicina, tenía afición, apego, a las humanidades. Aunque estaba en medicina, estaba siempre metido en humanidades, sobre todo en el área de sicología.

De ahí surge, si se quiere, mi pasión por las formas de la escritura, mi preocupación por el lenguaje. Descubro la dimensión formal, la historia de la literatura dominicana y me quedo, de alguna manera, vislumbrado por la falta de la dimensión ética de los escritores de los 80 y la demasiada acentuación en las formas y el contenido que los soportan.

F.L.: ¿Qué obras tienes publicadas?

J.P.: Tengo cinco obras publicadas: La Pasión de los sueños, constituye la vinculación y pasaje entre psicoanálisis y literatura; Andrógino Ciego, que es una forma de adentrarme a la complejidad de lo femenino y lo masculino en el texto; Metaoníricas, trata de establecer el código o bastimenta filosófica de la Metapoesía; Manifiesto de la Metapoesía sobre los aspectos de formación de la metapoesía a finales de los 80 y 90. Unos catorce años de estudio crítico y de búsqueda personal sobre la cuestión formal de la Metapoesía y sobre la tesis principal de la misma de que el “poema es metalenguaje”. Finalmente, la Antología de la Metapoesía que recoge lo sustancial de mis cinco libros de poesía. Después he escrito artículos, ensayos y otros escritos.

F.L.: Se te atribuye la fundación del Movimiento de la Metapoesía, junto a un grupo de escritores. ¿Puedes decirnos cómo surge esta iniciativa?

J.P.: El Movimiento de la Metapoesía surge de manera casual, sin proponérnoslo y sin siquiera haberlo pensado. En 1990, en el suplemento “Coloquio” del periódico El Siglo, que dirigía Bruno Rosario Candelier, yo publiqué un suplemento dedicado al Psicoanális. Entretanto, Bruno se me acerca y me dice que ha notado que el Taller Literario César Vallejo no tiene manifiesto, que porqué yo no reúno los textos más representativos de los escritores miembros del taller.

Seguí el consejo, y yo comencé a hacer eso. Empecé a trabajar lo que yo pensaba que era el contenido crítico, la relación con el lenguaje, la dimensión disidente, su relación con la filosofía, sobre todo el aspecto formal, y, sin querer, le meto la cuestión sicoanalítica. Un día, entrando a la universidad, que quedaba frente a donde yo vivía en la zona colonial, se me ocurre que debía ponerle “metapoesía”, ni siquiera el término existía en la República Dominicana, ni lo había leído, sino que era metafísica, metapoesía, con un sentido meta… autoreflexivo, crítico. De ahí surge la metapoesía es tal y tal cosa, la metapoesía es autorreflexión.

El Manifiesto define prácticamente la Metapoesía. De ese Manifiesto surgen los aspectos principales de lo que teníamos escrito en las tesis fundamentales sobre el problema del metalenguaje, eso es vital; segundo, la dimensión teórico-crítico-creadora en el poeta; la vinculación con el postmodernismo, la filosofía postmoderna, Lacan, el Postumismo, la Poesía Sorprendida, y sobre todo el “subconscientismo” de Antonio Fernández Spencer que, influido por el surrealismo bretoniano, trató de vincular el Psicoanásis con la literatura de la época. Ese intento quisimos profundizarlo más, y es esto, precisamente, lo que da pie al Manifiesto. Cuando hube terminado el Manifiesto de la Metapoesía, se lo llevé a Bruno para que lo publicara en Coloquio, de El Siglo, pero miró que no era conveniente porque él estaba también por publicar el Manifiesto del Movimiento Interiorista.

Solamente firman el Manifiesto Metapoético Miguel Antonio Jiménez, Claribel Díaz, Rubén Ventura y Jorge Piña. Cuando llevo el Manifiesto fuera del Taller César Vallejo crea una revolución en la década de los 80 y en los escritores de la época, que lo encuentran modernísimo, se aficionan a él y lo firman unos cien escritores. Envié el Manifiesto por todas partes. Lo publicaron todos los periódicos, menos los grandes. Por primera vez, el 13 de octubre de 1990, lo publica José Rafael Lantigua. Lo publica con una nota señalando que es un movimiento que intenta definir e imponer la nueva literatura dominicana e incluye además una lectura sólida.

En el movimiento están cifrados todos los escritores, ya sea por sus obras o por unas referencias. Un lector conocedor de la literatura dominicana que lea el Manifiesto sabe que ahí está toda la literatura dominicana joven. De ahí surge, realmente, mi preocupación por explicar el Manifiesto de la Matapoesía que había aparecido como una apuesta discursiva para los años 90. Los escritores empezaron a hacerme preguntas a raíz de las cuales creé el “decálogo” definitorio de Metapoesía.

A pesar de todo eso, de 1990 a 1993, las tesis fundamentales del Movimiento de Metapoesía no las tenía establecidas, no las había aclarado; quería hacerlo más sencillo, comunicable. Esto dio origen a los “metamitemas” para definir un poco los códigos centrales de la Metapoesía, utilizando los recursos lacónicos, o sea, los sistemas, de Lacan. En los años 1990-1993 lo que más sobresale es la acentuación social y política de la Metapoesía. En aquellos años teníamos el Café Teatro en la zona colonial, Martes Poéticos, Jueves de la Cultura, Miércoles Literarios.

La Metapoesía domina en toda la época de los 90. Mantuvimos la relación con la música, pintura y la danza. De ahí vienen los conflictos con Cayo Claudio Espinal que me acusaba de haberlo plagiado porque yo utilizo el concepto de Metapoesía, componente empírico del Contextualismo. En una discusión sostenida en la Feria del Libro aclaramos el asunto. Él pidió disculpas, dijo: “vamos a dejar este asunto” y descubrió que la Metapoesía tiene que ver mucho con la Metafísica y el Psicoanálisis, pues tú sabes que yo soy psicoanalista freudiano, médico, que aplico, como muchos escritores han hecho, (piénsese en Breton) a la Metapoesía los elementos de psicoanalíticos.

En la Metapoesía dominicana, no la internacional, solamente hay dos referentes, Manuel Matos Moquete, quien sostuvo que la “metapoesía se repite como metahistoria” y la otra es la escritora puertorriqueña, Luz María Umbierre, quien hace un ensayo sobre la Metapoesía de Julia Álvares del libro “Home coming” (Viniendo al hogar). Ahí surgió el Movimiento de la Metapoesía.

F.L.: ¿Quiénes integran el Movimiento de la Metapoesía?

J.P.: Los poetas dominicanos son los fundadores: Darío Tejada, Joel Almonó, Carlos Betancourt, Orlando Alcántara, Orlando Cordero, Nicolás Mateo, Claribel Díaz, Taty Hernández Durán, Enrique Méndez. Este grupo son los pivotes fundamentales de la Metapoesía. Taty trae la concepción de la Internet del grupo y Enrique Méndez trae la página de la Metapoesía.

Darío Tejeda trae el Círculo Internacional de la Metapoesía. Él se interesa más por la cuestión internacional que hay y que existe. Se pone a investigar y descubre en Chile a Enrique Lihn que ha hecho Metapoesía como poesía de la poesía, no es metapoeta, no lo hace desde un movimiento literario y estética singular como la del Movimiento Internacional Metapoéitico (MIM). Rodrigo Lira también, se le llamó el Metapoeta y hacía una poesía que era un feísmo literario de mal gusto; todos o ambos en contraposición a la antipoesía de Nicanor Parra. Es decir, él hacia "anti"poesia, hacía “meta” poesía por usar un prefijo vacío.

Tejeda, también descubre la metapoesía de Guillermo Carnero, de Los Novísimos, España; Livia Díaz y Antonio Reyes de México, Miriam Mireles de Venezuela, Néstor Barreto de Puerto Rico y un grupo de Venezuela y Perú que aparecen como parte de la Metapoesía Digital.

Luego aparecen los dos aspectos que considero fundamentales de la Metapoesía: el Primer Congreso de la Metapoesía donde comienzan a aparecer los libros y las antologías después de doce o trece años de análisis de la Metapoesía. Hemos puesto en circulación música, danza. En la música se integran japoneses e italianos; luego la Metapoesía con pintura.

Para el II Congreso Mundial Metapoesía celebrado del 13 al 17 de Octubre en CULTURARTE, Nueva York, participaron escritores de RD, Cuba, Puerto Pico, Venezuela, Brasil, Colombia y de Finlandia, Outi Oja, MA y Anneleen De Coux de Bélgica, ambas candidatas a PhD en literatura y hacen tesis sobre metapoesía, las cuales vinieron pagadas por sus respectivas universidades al Congreso. Annellen De Coux habló de la Metapoesía del poeta Polaco Jacques Hamelink. Se llevaron una tremenda impresión, para satisfacción mía, de ver el componente internacional de nuestro movimiento metapoético.

F.L.: Obras publicadas del Movimiento de la Metapoesía.

J.P.: La Metapoesía nuestra tiene la antología Metapoesía de Mí de Orlando Alcántara Fernández, de donde recoge a autores de diversos países, la antología Las Voces Metapoéticas de Joel Almonó, los textos individuales de cada uno de nosotros conforman el grupo fuerte de la Metapoesía. Tesis que se han estado haciendo y que todavía no nos han llegado. Hay una tesis de una dominicana aquí en Nueva York que quedó de enviarnos el texto.

F.L.: Hay metapoesía en Borges, Vallejo, Paz y en Guillermo Carneo, de Los Novísimos, España. ¿Toma en cuenta el movimiento que tú presides a estos autores?

J.P.: Carnero hace metapoesía, pero no es metapoeta. Hay metapoesía en Carnero, de Los Novísimos, porque hay una poesía que quiere ser autoreflexiva. No tiene interés en ser parte de un movimiento literario ni tiene manifiesto, sino que sigue el uso corriente y formal del concepto de metapoesía, que viene de la referencia que hace incluso sobre el concepto de metalenguaje, y hay un uso tradicional, académico, de la metapoesía.

Es más fuerte en la metanovela una metareflexión y en la lingüística también se define a la metapoesía como la poesía de la poesía, que es el sentido que usan Los Novísismos. Y, más que nada, la metapoesía no es la metapoesía nuestra, pues la de ellos es una metapoesía intelectualista y culturalista, donde hay una mayor ubicación de referencias intelectuales y culturales del autor que conoce textos, que es un intelectual. Esa es la metapoesía de Carnero, cerebral, intelectual y culturalista. Es totalmente diferente a la metapoesía que nosotros buscamos hacer, que es una metapoesía un poco más abierta.

Utilizamos el metalenguaje en diferentes niveles, no tiene que necesariamente ser referencial o culturalista donde se muestre el conocimiento del autor. Esto se da mucho en la década de los 80 donde los autores quieren dar a conocer lo que son, su filosofía, sus autores. Lo más central es la tesis nuestra de que, yo pienso que es una tesis única, “el poema es metalenguaje”.

En ningún movimiento del mundo, literario, universal, ha sido definido con mayor profundidad un campo nuevo. Ningún escritor en el mundo jamás se consideró fuera del lenguaje, sino que la materia prima era el lenguaje fundamentalmente. En cambio, la materia prima del metapoeta, teórica y de trabajo, es el metalenguaje.

F.L.: ¿Qué es y no es Metapoesía?

J.P.: De alguna manera una buena poesía que reflexione sobre su hacer, que utilice los principios críticos, referenciales de la creatividad y, de alguna manera, toda buena poesía es metapoesía, pues está hecha de estudio, crítica y referencias.

En Borges y Octavio Paz, por ejemplo, hay metapoesía por la labor de estudio y crítica del autor dentro del autor, pero en sí no hay metapoesía porque, primero, no lo definen como metepoesía ellos mismos, ni tampoco porque no se proponen hacer una concepción crítica sobre el texto. No tienen una poesía en el concepto de movimiento. Mas sí lo que se ha identificado ha sido el arts poética, pues, de alguna manera, los autores fundamentales hicieron su propia arts poética, lo hicieron en un poema tratando de dar sus giros técnicos o expresando su técnica en un poema.

F.L.: El Movimiento Interiorista y el Movimiento de la Metapoesía nacen ambos en el año 1990. ¿Cuáles son sus semejanzas y desemejanzas?

J.P.: De las semejanzas destacan: la preocupación por la estética, la preocupación por la creación, que la tenía Bruno Rosario Candelier al final de una época, la preocupación por un manifiesto, la preocupación por el grupo, por dejar un código establecido y un legado. Esas son las principales semejanzas. Pero también la dimensión ética, la búsqueda del Bien, la honestidad, el aspecto trascendente y la espiritualidad.

Todo lo que, en el caso de la Metapoesía, es una oposición al elemento ético de la década de los 80 que cree en el malditismo, la poesía de droga, el oscurantismo, de los vicios, de Baudelaire, Rimbau. Mientras más malo y extravagante tú seas, -se pensaba en los 80- mejor; cuanto más traicionero, mejor poeta tú eras. Yo venía de una concepción más elitista, más psicoanalítica, pensando más en el ser humano, en la Metapoesía, en la dimensión de ser “más”, no ser menos.

A finales de los 80 los movimientos empiezan a evaluar los quince años de la generación pasada, querían empezar un espíritu de la época distinto, nuevo. Por ejemplo, ahí estaba Claudio Cayo Espinal con el Contextualismo, Bruno Rosario con la Poética Interior, y nosotros con la Metapoesía. Ellos buscaban una reacción, una estética, una generación, un manifiesto, la dimensión de liderazgo. Esto fue lo que marcó el espíritu de la época.

Las desemejanzas: Yo pienso que hay una gran coincidencia en el tronco fundamental entre Interiorismo y la Metapoesía, pero si en algo hay una abismal diferencia en que nosotros creemos en la transgeneracionalidad, ustedes (el Interiorismo), en cambio, tienen un grupo cerrado. Tenemos el componente de antigrupo, somos menos sectarios, contrariamente al Interiorismo que tiene tendencia de grupismo y sectarismo, que quiere ser elitista.

Nosotros somos un antigrupo. No hay una referencia más que al creador o al líder porque el otro considera. Todo lo contrario, la Metapoesía sacó un manifiesto en el año 1993 en Santo Domingo y no fue hasta el 2000 que alguien me dijo que un grupo me persigue nacional e internacionalmente y que ha creado una página de Internet.

Entonces yo comencé a hacer los congresos de la Metapoesía poniendo un poquito más de interés en estructurar y a organizar eventos. Pero la idea fundamental es que el escritor, el poeta, está en la metapoesía por criterio y por cuenta propia. Yo no soy una cobija, sólo soy una referencia. Cuando señalo nombres en la metalista, que es parte del movimiento, los acojo para que vean en qué países estamos.

Surgimos de dimensión de la Metafísica, de la búsqueda de lo inefable, de lo incognoscible, de lo innombrable y de la rama espiritual, de lo trascendente. Mientras que el Interiorismo se enfoca más en lo espiritual e inefable de los escritores en esa búsqueda fundamental. La Metapoesía lo que hace es convertir la Metafísica, la Metasicología freudiana, que tiene que ver mucho con la metafísica, la filosofía, la literatura en metasicología. Yo pienso que esa es la diferencia fundamental.

La Metapoesía lo que hace es de vector que convierte Metafísica en Psicoanálisis y la Metasicología freudiana o Psiconálisis en Metapoesía. A mí me hubiese gustado que el Movimiento de Metapoesía, que en vez de ser fortuito como fue, se hubiese llamado Movimiento de Metaonirismo. Esto es lo que yo creo que es el aporte mío a la literatura universal: la vinculación del lenguaje, onirismo, poesía caribeña, el poema es metalenguaje, es decir, todos esos elementos, me hubiese gustado llamarlo Metaonirismo.

El Metaonirismo, pienso, es la filosofía de la Metapoesía. El Metaonirismo es lo que tiene de particular nuestro movimiento, lo que tiene de caribeño, de dominicano y de Jorge Piña. Fuera de cualquier otra filosofía que aparezca, el Metaonirismo es la filosofía central de la Metapoesía, donde todo cabe. Se convirtió en un movimiento internacional, sin querer, con los congresos mundiales en los cuales se descubren ciertas similitudes con el Manifiesto, los códigos, y el decálogo de la Metapoesía.

F.L.: Cuando los interioristas hablamos de lo trascendente hablamos e incluimos tres núcleos: la metafísica, la mitopoética y la mística. En cambio, cuando los metapoetas hablan de la trascendencia, ¿de qué hablan?

J.P.: Para nosotros varía, la trascendencia es el momento sensible en que el que escritor se convierte en un teórico-crítico-creador del poema. Esto es, cuando el escritor logra saber que es crítico, creador en el texto mismo y lo hace con arts poética en el momento que tiene conciencia del ser, de la escritura, del lenguaje y, en el caso de nosotros, del metalenguaje. Ser metapoeta es ponerse en actitud de estudio, búsqueda filosófica, literaria. De alguna manera la Metapoesía te invita “a”… buscar. Es una poesía que va más allá.

F.L.: Una pregunta parecida, pero intencionalmente distinta. ¿Hay algún punto de convergencia total o de divergencia radical entre el Movimiento Interiorista y el Movimiento Metapoético?

J.P.: Yo pienso que el elemento esencial de ambos es el aspecto ético del grupo, el aspecto de trascendencia de la obra y la labor de grupo. Me parece que esos elementos son vitales. Luego, la Metapoesía tiene un sistema generador de forma a través del metalenguaje, que un interiorista puede fácilmente ser un metapoeta. Trabajar el manifiesto, trabajar el problema del metalenguaje, el lenguaje en la dimensión de la autorreflexión, una buena estética, una buena escritura, puedes, con ello, entonces, encontrar metapoesía en un poeta interiorista.

También lo contrario, te puedes encontrar buena poesía interiorista entre los metapoetas. El caso más peculiar es Joel Almonó que estuvo en una época en el Movimiento Interiorista en Santiago con Bruno Rosario. Y también por la dimensión de lo trascendente, lo sublime, la dimensión con Dios, la espiritualidad, el sacerdote. Pienso que hay esas coincidencias.

F.L.: Una pregunta lacónica, ¿qué no podrías aceptar jamás del Interiorismo?

J.P.: Posiblemente el sectarismo, el elitismo, el exclusivismo, los que están y no están, el tema de un líder único y totalitario.

F.L.: ¿Cómo miras el panorama de la intelectualidad dominicana en Nueva York?

J.P.: Yo pienso que los intelectuales dominicanos, específicamente en Nueva York, han crecido en nombre, en publicaciones. Pienso que debemos tender a la unión de los intelectuales, a crear un oficio más sólido, con mayor conciencia de oficio. El oficio de los intelectuales se pierde por el materialismo, el capitalismo.

Otro aspecto negativo es que no se tiende a trascender al mundo norteamericano de la lengua, de la historia y de los modos de hacer literatura. Creo que debemos enfocarnos a cómo se hace, de alguna manera, el crossover entre la lengua española y la lengua norteamericana, literatura dominicana y literatura americana, en el texto, la estética y la filosofía o constructo americano. Y entrar en el mercado americano del libro y los autores.

F.L.: ¿Puedes darnos tu opinión sobre los escritores dominicanos en la diáspora?

J.P.: La diáspora, en sentido general, yo la llamé antidiáspora, porque no había diáspora definitiva. La diáspora es para los que no pueden volver, como pasa con Cuba. Nosotros formamos la antidiáspora porque, de algunas manera, estamos retirados, nos autoexiliamos económicamente, pero no hay la visión de no retorno.

Desde el punto de vista tradicional y universal del término, sí hay una diáspora sólida y fuerte, intelectual. Eso hay que tomarlo en cuenta, pero necesitan más unión, necesitan más dedicación al oficio. Tú puedes encontrar escritores dedicados a la escritura en Santo Domingo o con un cincuenta por ciento de su vocación dedicado a la misma.

Aquí (EUA) tú te encuentras escritores que hace cinco años no se dedican a su oficio ni escriben ni hacen trabajos de difusión o comunitario. Hay un vacío, una pérdida en los escritores de la diáspora. Tal vez el Comisionado, Franklin Gutiérrez, el Secretario de Estado, José Rafael Lantigua, puede atraer a ese componente de los escritores de la diáspora. Creo que eso puede traer muchas cosas positivas.

Fin

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