miércoles, 16 de mayo de 2007

Entrevista al Poeta Jose Acosta

Nueva York, 12 de Febrero de 2004. Eran las cuatro de la tarde, en un restaurante del Bronx, a unos pasos de la Corte Suprema de Justicia, al término de degustar una comida con sabor criollo, tuvo lugar la siguiente entrevista con el poeta y escritor dominicano José Acosta.


1. EL HOMBRE

F.: José, Dinos algo del hombre que eres, algo de tu vida cotidiana.

J.A.: Soy un hombre normal, en el buen sentido de la palabra. Tengo dos niños que adoro, de cinco y tres años. A quienes apodo los “churumpunes”. Cada uno de ellos se pone un nombre. Uno es Supermán Montruo, y otro Supermán Sopa. Tengo doce años de casado con mi esposa. Una vida de pareja normal. Yo divido la vida mía en varias cosas: en mi trabajo, mis hijos, mi hogar y también la literatura.

F.: No has dicho nada de tu país, familia, padres y hermanos.

J.A.: Nací en Santiago de los Caballeros, República Dominicana. Tengo dos hermanas y un hermano. Él trabaja para la empresa Verizon en Santo Domingo. Una de mis hermanas es secretaria y otra es enfermera aquí en Nueva York.


2. EL PROFESIONAL

F.: Háblanos del hombre profesional.

J.A.: Soy graduado en agronomía, duré cinco años es esa profesión. Un señor, que tenía problemas cardíacos, -tenía el corazón grande- una vez me dijo: “Mira, en la vida tú no sabes de qué vas a vivir”. Poco después el señor murió. Y con el tiempo me daba cuanta de es verdad, que uno no sabe de qué va a vivir, porque después que yo me gradué duré cinco años ejerciendo la profesión, pasé a trabajar hotelería. Yo nunca lo imaginé. Ahí duré cinco años. Trabaje de gerente de recepción en un hotel de montaña La Mansión, que queda en San José de Las Matas, [Santiago, R. D.] Entonces en San José de Las Matas conseguí la residencia norteamericana y vine aquí y empecé a trabajar en una zapatería.

F.: ¿En qué año aconteció esto?

J.A.: Era el año 1995. En la zapatería me asocié con un cubano -muy buena persona- que también estaba recién llegado y pusimos una bodega. De la bodega, entonces, compramos un video, y del video pasé a trabajar periodismo. Ya te puedes imaginar todos los saltos que yo he dado. Aquí ejerzo el periodismo, pero no sé si yo voy a vivir de eso toda la vida, porque los planes míos son ahorrar suficiente dinero para poner un negocio en mi país.

F.: ¿Cuánto tiempo llevas ejerciendo el periodismo?

J.A.: Tres años, en el Diario La Prensa.


3. EL ESCRITOR

F.: Háblanos del escritor.

J.A.: El escritor que es José Acosta, es un escritor muy meticuloso, muy exigente. Al punto de que hay muchas cosas que yo he rechazado que quizás para otras personas pueden ser buenas. Yo recuerdo que cuando escribí mi primer libro “Territorios Extraños”… Dentro de ese libro hay poemas que seleccioné de una mascota llena de poemas. Es decir, yo escribía una mascota de poemas durante equis período de tiempo, varios años, leía la mascota y quizá había un poema que me gustaba, entonces sacaba ese. Lo otro lo tiraba a una pira y lo quemaba. Así que tú puedes imaginar lo exigente que soy yo en ese sentido. Me considero una persona que, con el tiempo comprendí, quizás no era esa la mejor manera de seleccionar mis poemas. Era una manera demasiado gráfica. Pero también me dije que una persona cuando va a publicar un libro tiene que lanzar lo mejor, porque ya después que sale ese libro no es tuyo, es del mundo. Y el mundo va a verte a ti reflejado en ese libro. Lo que diga ese libro, lo que representa ese libro, es lo que se va a ver de ti. Y, gracias a Dios, ese libro [Territorios Extraños], ganó el Premio Nacional –fue mi primer libro-, entonces yo me di cuenta, al ganar el premio nacional, que había otra gente que cría que ese método que yo utilizaba también era bueno. Aunque ya no implemento ese método.

F. ¿Puedes darnos tu punto de vista sobre la creación del cuento?

J.A.: El cuento, a diferencia de la poesía, yo creo que es algo que no necesita de la inspiración del escritor. Necesita más bien de la creación del escritor, de ese poder de la imaginación que tiene el ser humano. La poesía te nace en un momento y es como un impulso que tú tienes que plasmar en una página. Un cuento no, un cuento surge como una idea que se va desarrollando. Empieza con algo. Puede nacer, incluso, hasta de una frase o de una imagen que tú veas en la televisión. Yo tengo cuentos que han nacido de una imagen que he visto en la televisión o de una frase que yo he escuchado, o de una historia que alguien ha contado. Entonces, ese tipo de cosas tú las vas adornando con palabras. La poesía, como te dije, es más bien relumbrón. El relámpago de pronto nace no se sabe dónde. Y tiene la necesidad de salir de ahí, porque si te quedas con eso estás cerrando la puerta a tu propio ser.

F.: ¿Tú te sientes poeta o cuentista?

J.A.: Yo creo que cuando nació el cuentista, se murió un poco el poeta. Es decir, antes yo recuerdo, que cuando escribía tenía unos momentos fabulosos. La poesía me llenaba. A veces me estaba bañando y tenía que salir del baño todo mojado porque tenía que escribir un poema. Ya eso no me pasa. Eso desapareció inmediatamente yo empecé a escribir narrativa. La narrativa es una cuestión que tú necesitas pensar, que tú necesitas unir pedazos dentro de tu cerebro, a armar cosas para luego tú sentarte a escribir, porque también el cuento no funciona cuando te llega la idea. Tú tienes que tener el cuento hecho antes de tú sentarte a escribir. Porque si te sientas a escribir sin tener el cuerpo hecho, lo que te va a salir son pequeñas frases deshilachadas. La poesía no, la poesía es precisamente esas frases deshilachadas, pero que tienen un sentido. Un sentido que quizá uno se lo da, no con palabras, sino en un sentido espiritual.

F.: ¿Tu experiencia en la narrativa te ha llevado más allá del cuento, por ejemplo, a escribir novela?

J.A.: Sí. Yo tengo dos novelas terminadas. Estoy en una tercera, en una tercera versión que complementa a esas dos novelas, porque hubo un personaje de una que saltó hacia la otra. Es una cosa increíble. Tengo dos novelas terminadas, completas, pero hay una tercera que mezcla a una con otra, porque, como te dije, hubo un personaje que aparecía en una novela poco definido. Yo me di cuenta de que ese personaje era uno de los personajes de la otra novela. Entonces yo me dije: yo tengo que reescribir esto, me salga bien o me salga mal. Así nació mi tercera novela, que es la reflexión definitiva de las otras dos donde ya ese personaje está bien definido y se mezcla con los otros personajes con mucha armonía.

F.: ¿Qué autores han influido en ti o te han ayudado a comprender por dónde debes caminar como escritor?

J.A.: Cuando yo escribí mi primera novela cometí un grave error, que fue que yo me propuse no escribir con poesía, es decir, eliminar todo lo que era poesía y lo que escribí fue algo muy seco, algo que no tenía gracia, algo que no tenía ese espíritu que le proporciona a un texto largo, narrativo, la poesía. En la segunda, entonces, yo me propuse ser más yo, más poeta, más dinámico. Eso me resultó mejor. Pero, qué pasa, yo recuerdo que cuando empecé a escribir poesía, escribí un par de cuentos que leí a varios de amigos míos (Ramón Peralta, Puro y esos muchachos). Y lo que hicieron fue que se rieron, porque eran unos cuentos que parecían unos chistes. Entonces yo dije: no, yo no sirvo para esto, es decir, estos cuentos como que son muy “funny” [cómicos, chistosos]. Y abandoné el cuento y me quedé tranquilo con mi poesía. Pero después, con el tiempo, leyendo a autores como Gunter Grass y Ambrose Bierce, yo me di cuenta de que hay un género de narrativa que es así, que es eso. Yo creo que espiritualmente mi dirección iba hacia ese principio de narrador, es decir, narrador con cierto humor negro, con esa picardía. Entonces, lo que hice fue que cuando descubrí estos autores que escriben así, yo dije: aquí es que yo estoy como narrador, de ahí es que yo tengo que partir. Y por eso, entonces, surgen, por ejemplo, varios personajes que están dentro de mis novelas que son eso, personajes sumamente reales –en el sentido de que son verosímiles-, pero a la vez, cuando el lector los lee se los encuentra graciosos en situaciones sumamente terribles. Entonces yo creo –no se si todavía lo he logrado, pues es una novela que aún no ha salido al público que me lo diga-, que de la manera que yo la leo para mí, yo creo que encontré para mí mi dirección en cuento a la narrativa que es el humor negro, la picardía, la picaresca de la tradición básicamente española (Cervantes, Lazarillo de Tormes) o la narrativa de La Familia de Pascual Duarte que llevó a su autor al Nobel, que es un tipo de novela sumamente dura, en el sentido propio de la palabra, porque toca temas muy duros, pero cuando la gente la lee hasta se ríe porque los personajes son sumamente graciosos.

F.: En poesía hay autores que te hayan servido de plataforma en tu trayectoria como creador.

J.A.: Mira, yo digo que todo escritor tiene varias etapas, todos, por lo menos todos los de esta generación. La primera etapa es la adolescencia al leer a Neruda, porque yo leí todo lo que era Neruda, hasta los libros póstumos. Después la segunda etapa es César Vallejo. Cuando yo descubrí a César Vallejo leer a Nerura era para mí hasta repulsivo. Es decir, leía algo de Neruda y no me gustaba porque había superado esa etapa. Entonces pasé a la etapa de César Vallejo, pero qué pasa, César Vallejo te abre a ti un abanico de posibilidades. A través de él tú puedes conocer a la vanguardia francesa, a los españoles del Siglo de Oro. César Vallejo es como una vía para que a ti te empiece a gustar ese tipo de literatura que está en otro plano. Autores dominicanos como Franklin Mieses Burgos, Manuel del Cabral, que tienen otra dimensión, entran, para mí, en la etapa de César Vallejo.

F.: ¿Qué autores de tu generación te inspiran simpatía?

J.A.: Hay un cuentista –Máximo Vega- de mi ciudad natal que, para mí es uno de los mejores, y la gente debiera leerlo, porque la literatura que él hace es una literatura que –eso es lo más difícil de lograr- cuando tú terminas de leer sus textos, tú te quedas pensando. En poesía Ramón Peralta y en narrativa larga Pedro Antonio Valdez. Pedro está haciendo un trabajo que yo creo que les va a abrir muchas puertas a los narradores dominicanos.

F.: ¿Cuál es tu punto de vista sobre el Movimiento Interiorista?

J.A.: Yo creo que es uno de los movimientos más serios que hay en la República Dominicana. Es una labor alta, prácticamente religiosa la de Bruno Rosario Candelier. La última vez que yo me reuní con ellos me di cuanta que Bruno no ha perdido el tiempo, que hay un grupo realmente de poetas que para mí son lo mejor que hay ahora mismo en la literatura dominicana con un talento extraordinario. Yo no sé como él ha logrado eso. Ha aglutinado realmente a muchos nombres que son los que van a llenar las páginas de la literatura del país.

F.: En Norteamérica hay un tipo de literatura hispana o castellana. ¿Qué papel tienen los dominicanos en ella?

J.A.: Yo creo que aquí en Nueva York van a salir grandes voces, principalmente en narrativa y en el cuento, porque hay unos muchachos que están escribiendo una clase de narrativa corta que cualquiera se sorprende. Me refiero, por ejemplo, a Osiris Vallejo y a Rubén Sánchez y otros muchachos que andan por ahí como José López. Esa gente está escribiendo unos cuentos que, cuando los críticos o la gente amante de la literatura se sienten a leerlos, se van a sorprender. Realmente son personas jóvenes que están escribiendo literatura universal.

Fin
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Localización tierra natal, República Dominicana