
F/ Háblanos un poco de los estudios realizados y en qué te desempeñas actualmente.
crítica, poemas, cuentos, ensayos, entrevistas, artículos de opinión. (Permitido cortar y pegar, siempre que se cite la fuente)
F/ Háblanos un poco de los estudios realizados y en qué te desempeñas actualmente.
— Franklin, ¿cómo surgió la brillante idea de hacer un Diccionario de la Literatura Dominicana?
R/ La idea surge porque, estoy casi seguro, la República Dominicana, es prácticamente el único país de habla hispana que no tiene un diccionario de literatura que la represente. Entonces, el hecho de vivir fuera del país durante muchos años y el estar ligado al mundo académico, también me ha hecho ver la necesidad de un material de esa naturaleza. No lo concebí como un diccionario de autores porque no era el proyecto que quería ni tampoco de escritores, sino de literatura. En él no solamente trato a los autores con sus notas bibliográficas y sus referencias de obras publicadas y lo que se ha escrito sobre ellos, sino también un recorrido panorámico de lo que es la literatura dominicana desde sus orígenes hasta hoy.
— ¿Cuáles son las características principales de este diccionario?
R/ Yo diría, en primer lugar, que es el primero que se hace en el país. No hay una tradición en ese sentido. Lo que más me ha interesado ha sido el mostrar la bibliografía pasiva de lo que se ha escrito sobre los autores, porque cuando los autores, investigadores y los estudiantes que buscan referencias de literatura y nunca las encuentran. Y ahí sí hay una unas 8.500 entradas bibliográficas, a través de las cuales la gente se pueda enterar. Esa es una parte. La otra es terminológica. En ella se cuenta todo lo que es la historia de la literatura dominicana. Entonces esa parte le servirá a la gente como material de referencia obligatoria prácticamente en lo que tiene que ver con la historia de la literatura dominicana.
— Quedan insinuados los destinatarios de tan importante trabajo, pero ¿a quién específicamente va dirigido este diccionario de historia de la literatura dominicana?
R/ Está diseñado para todos los niveles, tanto para estudiantes, académicos, investigadores y amantes de la literatura, en sentido general, que quieran tener conocimiento sobre esa área.
— ¿Cuál es el objetivo último de este laborioso trabajo?
R/ Dotar al pueblo dominicano, en primer lugar, y en segundo lugar a las comunidades latinoamericanas y, finalmente a los estudiantes –que tanto lo necesitan- a investigadores de una fuente de información en la que ellos puedan encontrar una historia de la literatura dominicana, que se ha diseminado durante más de un siglo y medio sin encontrar un documento donde se pueda acudir sin tener que ir a cincuenta, sesenta o setenta libros para reunir información. De modo que, en ese documento, en ese diccionario, está reunida toda esa historia. Y toda esa referencia bibliográfica al mismo tiempo.
— A sabiendas de que es difícil hacer un juicio de valor sobre una obra que uno mismo hace –en este caso tu diccionario- ¿podrías darnos tu valoración?
R/ Para mí, como bien dices, es muy difícil valorar. Lo que sí puedo decir es que es un trabajo al que le dediqué doce años de labor intensa y lo he hecho tratando de corregir miles de errores bibliográficos de nuestras fuentes principales para tratar de dar a la gente, al lector, un material limpio, un material confiable, un material al que pueda uno llegar con confianza.
— Tú dijiste que no había antes en la República Dominicana un diccionario de esta categoría, no obstante, ¿hubo alguna vez un intento de cotejar documentos para un diccionario como el que presentas hoy al público?
R/ Existe un diccionario de autores dominicanos, hecho por Cándido Redón, pero es un diccionario en el que va todo el que ha publicado un libro, porque es de autores. No está clasificado ni es de literatura, sino de autores, desde los libros de literatura hasta los de matemáticas. En este orden, Miguel Collado ha hecho bastante trabajo de recopilación de fuentes bibliográficas. Pero lo que es el concepto de diccionario en sí es la primera vez que se trata, porque en nuestro medio se entiende que un diccionario de la literatura es un diccionario de escritores y de autores, pero no es así. El diccionario de autores es de autores, el de escritores de escritores y el de literatura envuelve todos a la vez.
— ¿Qué repercusiones ha tenido entre los intelectuales el diccionario?
R/ Todavía yo no puedo hablar de repercusiones porque, en realidad, el libro ni siquiera está circulando en la República Dominicana todavía. Yo voy ahora el día 4 de marzo a ponerlo a circular. No quise dejarlo circulando ahora cuando estuve allá en enero pasado porque quiero hacer un acto más o menos decente, ¿no? Y aquí en Estado Unidos, aquí en Nueva York, específicamente, la recepción ha sido muy, muy positiva. La gente está ya interesada, muy interesada en él, porque en realidad es un material que les puede ser útil. Especialmente a la gente que le interese conocer nuestra literatura.
— Quienes te conocemos sabemos que eres un hombre multifacético, sobre todo en el ámbito de la creación intelectual, ¿tienes un nuevo proyecto con el cual nos puedas sorprender?
R/ Ahora estoy terminando otro proyecto de diccionario, pero éste más ligado a lo que es la teoría literaria como fuente de conocimiento, o sea, es un glosario de términos literarios de uso común que se usará para estudiantes de educación superior y universidades. Recoge los principales términos de lo que es la teoría literaria, aplicados a otros conocimientos de la misma literatura, a otras áreas.
— ¿Tienes contemplado para cuándo estará terminado ese nuevo trabajo?
R/ Terminado está, lo que no está es publicado. Pienso que lo podré publicar para mediados de año.
— Sabemos que te dedicas a divulgar los valores dominicanos, no solamente por medio del papel impreso, sino también a través de la web: Escritoresdomiccanos.com, ¿qué nos puedes decir de esa página?
R/ Esa página me llena cada día de satisfacción porque recibo con frecuencia muchos correos electrónicos de la gente de todos los niveles y de muchos países, dando las gracias por una página como esa y felicitándonos por el trabajo que estamos haciendo. Entonces, siento que está teniendo mucha acogida, que está llegando a muchos lugares y que está supliendo una necesidad que realmente es muy importante. Lo lamentable de todo esto es que no se cuanta con apoyo oficial ni de ningún tipo. Es un trabajo que, como tengo que hacerlo solo, a veces me toma incluso tiempo preparar material para ponerlo en la página. Pero sí he recibido mucho estímulo de mucha gente que valora el trabajo.
— Sabemos que hay una presencia cada vez más notoria de la literatura hispana en los Estados Unidos, ¿cuál es tu opinión específicamente de la literatura dominicana?
R/ La literatura dominicana en los Estados Unidos está tomando mucho auge. Yo, contrario al pesimismo que tiene mucha gente, soy muy optimista. Yo acabo de dictar un Seminario en la Fundación Global Democracia y Desarrollo en la República Dominicana, en el que hemos hecho un estudio panorámico desde 1900 hasta hoy de todo lo que es la literatura dominicana en los Estados Unidos. Incluso tuvo tanto impacto ese trabajo allá, que van a publicar las ponencias en un libro, me imagino, que para mediados de año. Acá se está trabajando mucho, ya no se trata solamente de poetas y novelistas, pues tenemos gente trabajando en el campo de la historia, de la sociología y de la investigación y publicando libros en todos esos órdenes. De modo que hay que tomar en cuenta que la inmigración ha cambiado mucho. Ya no solamente están inmigrando los obreros, los trabajadores y la gente del campo, sino personas formadas. Eso ha contribuido también a que, gente que comenzaron a escribir en la República Dominicana, sigan haciéndolo acá. Muchos que estudiaron y se formaron acá están trabajando lo que es la sociología, la historia y el desarrollo de la comunidad dominicana desde el punto de vista ensayístico.
— Por otra parte, ¿hay cohesión entre los intelectuales dominicanos en los Estados Unidos?
R/ La cohesión es difícil en todas partes. Los escritores tienden a dividirse en sectores ideológicos, a agruparse a veces por razones políticas. Es difícil lograr cohesión. Lo que sí yo sé es que, al momento de hacer grandes cosas, como participar en congresos u organizar eventos de esa naturaleza, generalmente nos encontramos todos, nos damos un abrazo y seguimos trabajando.
— De los jóvenes creadores en los Estados Unidos ¿cuáles te parecen que son un potencial?
R/ Uno de ellos es, evidentemente, José Acosta, Pedro Antonio Valdez, que se fue hace ya un par de años, pero que hizo una buena producción acá [Nueva York]. Entre los jóvenes que no han publicado libros, está Rubén Sánchez, un cuentista interesante. Hay también algunos jóvenes que están agrupados al sector que organiza Diógenes Abreu del grupo Palabra Expresión. En la misma academia hay muchachos que han comenzado a escribir en inglés. Hay un gran movimiento. Creo que hay mucho futuro. Dentro de no mucho tiempo de comenzará a producir literatura en inglés que ya arrancó con Julio, Maritza, Alexis y con otro grupo más.
— Finalmente, ¿cómo anda la literatura escrita por mujeres dominicanas en los Estados Unidos?
R/ Yo creo que la producción va paralela. Hay mucha gente escribiendo. Muchas, muchas. Dinora Coronado, Marianela Medrano, Anexi Báez, Angy Cruz, Irene Santos, Inoemia Villar, Loida Maritza Pérez. Es un grupo bastante significativo, cuantitativa y cualitativamente.
Fin.
FL: ¿En qué año y dónde nació usted?
JAC: Yo nací, por casualidad, en un lugar llamado Coyoles Central. Digo por casualidad porque en aquellos tiempos, cuando una mujer iba a parir en la Standard Fruit Company, proporcionaban un vehículo que llamaban motocarro. Este motocarro hacía un recorrido en el campo donde estaba la embarazada hasta el hospital de La Ceiba. Eso ocurrió con mi madre. Pero yo estaba muy urgido y reventé la fuente de mamá cuando pasaba por Coyoles Central en el motocarro. Nací en la orilla de la línea, en una choza. Me atendió una partera que todavía la busco –seguramente debe estar muerta– para darle las gracias, porque por ella estoy aquí en este mundo. Nací en un lugar que poco a poco he ido amando, incluso le he escrito unos seis poemas. Nací el 9 de abril de 1941. A los seis meses llegué a La Ceiba. Esa es la confusión que tienen amigos y vecinos de La Ceiba, pero no, soy un campeño de Coyoles Central.
FL: ¿Cómo llegó usted a las letras?
JAC: Mi apego a las letras nació, no sé si decir por vocación natural o por iniciativa propia o por un problema congénito, creo que por las tres cosas. Pero más porque necesitaba tener una indentidad. Desde pequeño me gustó leer y escribir. Leí el cuento de Peter Pan, el cual nunca moría, siempre renacía.
FL: ¿Qué autores leyó usted de joven?
JAC: Siempre he sido un campeón como lector, leía todos los clásicos españoles, que por cierto la embajada en aquellos tiempos, quizá por problemas económicos, proporcionaba todos los libros que salían en las editoriales de aquella época. Yo los leía gracias a la directora de la biblioteca Juan Ramón Molina, Angelita –una señora que recuerdo con gran cariño–, me prestaba cada libro por una semana. Leía a los clásicos frances, ingleses y a los griegos, desde luego que en idioma español. Mis lecturas fueron desordenadas, pero muy queridas. Leí mucho, por lo menos aprendí para qué y por qué escribir.
FL: ¿Qué obras tiene usted publicadas?
JAC: Hasta ahora tengo publicados diez libros y mantengo inéditos nueve. Mis diez publicaciones son casi todas de poesía, sólo uno, que es un relato, , un cuento de nueve páginas que se llama: “La noche en que le cortaron las alas a Supermán”. Este año seguramente publique un libro de cuentos cortos, titulado “Actos de amor y otros actos”. Son unos cuarenta y cinco o cincuenta cuentos cortos. Todos son una parodia, como diría Borges, para quien la literatura es una parodia. Unos están inspirados en la mitología griega, otros en la realidad nacional y otros especialmente tocan aspectos de la guerrilla. Todos mis cuentos se caracterizan por ser pequeños y por tener un final con el verso número catorce de un soneto. He querido publicar toda mi obra, pero como se sabe, la economía mueve al mundo, y a mí no me mueve la economía. Yo entiendo el cuento como un soneto, no con catorce versos, que tenga las tres categorías que tiene el cuento y con un final sorpresa. Para mí el maestro del cuento es el dramaturgo y novelista, ruso, Chejov, quien escribió cuantos sobre cualquier tema. El cuento corto no admite un error.
FL: ¿Con cual obra publicada cree usted que alcanzó su madurez como poeta?
JAC: Mi mejor obra es la que mantengo inédita, porque hasta ahora he aprendido a escribir, he aprendido un poco a escribir, a usar un poquito, que no poco, la estratagema de la palabra. He descubierto que la palabra está más viva que yo y que debo respetarla, tanto que sin ella no existo, ella es que la que me da la vida. Antes pensaba que la poesía era mirarla llegar y platicar con ella. Pero no, la poesía, además de ser un acto de magia, es una salvación, una salvación del cuerpo y del espíritu. Yo hago lo que el mestro Eugenio Montale, espero que la poesía me edifique. Por eso es que ahora mi obra no es tan apurada. Utilizo más tiempo para elaborarla. Yo amo la poesía espontánea, la que nace de pronto, la que prácticamente está ahí y surte en un momento de locura o cordura. Después me quedo preguntando cómo es posible que me salió esto tan rápido después de querer escribir un poema y no me sale nada. Ese misterio es lo que todavía me preocupa y estoy aprendiendo a descubrirlo, tal vez en cien años consiga saber cómo se escribe poesía. Con mi libro “Poema Estacional” creo que alcancé lo que yo buscaba. Es un libro plástico, el lirismo es natural, se caracteriza por la musicalidad del verso y una cierta ternura que necesitaba expresar ahí. Hoy en mí no compite lo externo, sino lo interno entre mi poesía de ayer y mi poesía de ahora. Sin embargo, tengo un libro inédito que creo que es lo mejor que he escrito hasta ahora, se titula “Nombrar”. Nombrar a las cosas en su significado natural, inspirada en los grandes maestros griegos, los italianos, sobre todo Montale. Tengo otros libros. Uno de ellos se titula “Poemas viajeros”.
FL: Profundice un poco más acerca de su visión de la poesía.
JAC: Después de golpearme la cabeza con la palabra, decrubrí que esta mildita palabra, está ahí, pero no sale, no la encuentro, no encaja. Yo amo la música y deseo que mi poema sea musical, que tenga música. Por eso se me hace difícil encontrar la palabra precisa. A veces choco con las palabras que busco y me derriban, por eso hago unos borrones espantosos en el papel. He llegado a esa conclusión a base de estudio, de fracasos y siguiendo esas prácticas diarias, que es necesaria, para poder dominar un poquito este arte tan díficil y asesino –digo asesino con mucho amor– como es la poesía.
FL: Tengo entendido que usted ha practicado el periodismo cultural. Cuéntenos algo sobre su experiencia.
JAC: Sí, he practicado mucho el periodismo cultural, pero por falta de espacio donde publicar estos artículos pequeños, unos más grandes, están por ahí inéditos. He mandado muchos a los periódicos, pero reproducen uno o dos al año y luego se pierden. Tengo como para publicar un libro, que podría ser un libro de crónicas. He escrito mucho en periódicos locales, semanarios de La Ceiba. He ejercido el periodismo local en miniatura en una sección llamada “Sin importancia alguna”. Tengo por ahí un montón de apuntes, sobre todo con los amigos que han muerto dentro del país como fuera de él.
FL: Usted hizo mención a sus amigos pintores, ¿cuáles admira usted en el ámbito nacional?
JAC: Admiro a Pablo Zelaya Sierra. Siempre que voy al Museo de la República voy a ver su cuadro “Las Monjas”. Es un cuadro excepcional y es digno de cualquier gran pintor mundial, aun de Velázquez. Hay otros pintores muertos: Aguilar, Rodezno, Aníbal Cruz, que tienen su obra, pero no tienen una obra que me deslumbre como “Las Monjas”. Hay otros pintores actuales, vivos, que admiro: Padilla Yestas, Virgilio Guardiola, Tróchez, Juan Cony, Mario Mejía. Me preocupa escribir sobre ellos porque sólo tengo anécdotas muy desgraciadas, muy humanistas y a la vez muy tristes. Por ejemplo, Aníbal Cruz una vez me dijo: “Te invito a almorzar. Yo voy a cocinar, déjenme, no me molesten. Había otros amigos invitados sentados en la sala tomándose una cervecita, otros tomaban ron. Pasó el tiempo, una, dos horas y el almuerzo no aparecía. Entonces dijimos: vamos a buscar a este indio que nos invitó a comer, a almorzar y se ha perdido. Cuando llegamos al patio de la casa vimos que le estaba echando maíz a unas palomas de castilla, de esas gorditas. Le hablamos y él dijo: “cállense, que estoy esperando que las palomas se acerquen para matarlas, no ven esta es la comida nuestra”. Tengo numerosas anécdotas, todas ellas enmarcadas entre el dios Baco, el dios dinero y las dificultades de los artistas que sobreviven en un país como este. Estoy preparando otro libro titulado “Mis amigos los pintores”. Yo pensé que mis amigos pintores eran unos cinco, pero cuando me doy cuenta van como por setenta.
FL: Háblenos de sus amistades con escritores hondureños, de sus preferencias.
JAC: Bueno, yo soy de los pocos, –yo me vanaglorio– de ser amigo de todos los escritores de este país. Todos son mis amigos. No hay diferencias, nunca he tenido ninguna rencilla personal con ellos. A todos los respeto y ellos me respetan. Me respetan y eso ya es bastante. Y eso es lo que pido. Los leo, los comento; dentro y fuera del país yo hablo de los escritores. Yo, incluso, presenté una ponencia en Colombia, sobre las generaciones literarias en este país. Hablo de algunos de los más jóvenes, del 96, como José Antonio Funes, el más joven de aquella época –ahí termina la generación, ya no abarqué la generación última de los poetas jóvenes tanto de San Pedro Sula como de Tegucigalpa–. Tengo ese trabajo donde espepecifico la vida y la obra de ellos. Por otra parte, la Generación del 50 trajo el rigor de la profesión, a la poesía hondureña. Cada poeta aporta algo, eso es lo que yo más admiro. Yo no juzgo al poeta por su vastedad de obra, por sus libros. Yo lo juzgo a veces por un verso. Un buen verso que esté bien escrito para mí ya eso es admirable. Yo admiro a los escritores. Si escriben un buen libro, ya es un milagro; si escriben un buen poema, otro milagro; si escriben un buen verso, también es un milagro. Por eso los admiro y aprecio. Por ese poema y ese verso, les agradezco y les animo a que escriban.
FL: Sé que usted tiene afición a la música. A qué clase de música es usted aficionado.
JAC: Yo soy un tenor frustrado. Desde niño quise ser un tenor. Luché desde los doce años para que alguien me ayudara a conocer la música y me ensañara a cantar. En aquella época yo admiraba a un tenor ceibeño Alberto Figuls, era un tenor de familia de origen catalán. Creo que vive aún en los Estados Unidos. Su hija es una contralto de muy buena categoría. Yo busqué a alguien, pero nadie me enseñó, nadie sabía música. Cuando me cambió la voz, de adolescente, imitaba con facilidad a Alfredo Craus, Mario el Mónaco, y otros tenores de la época que yo imitaba de alguna forma. Me gustan mucho las óperas de Richard Wagner, Rigolletto de Verdi. Los aclamaba, amaba la ópera y la sigo amando. La música que más me gusta es la música clásica. Me gusta lo mejor de lo clásico, como en la poesía, que me gusta lo mejor de cada poeta. Me gusta Mozart, es mi preferido, por su riqueza melódica. Luego Beethoven por su gravedad, fuerza y profundidad. De la sinfonía número 9 de Beethoven prefiero el tercer movimiento. Es increíble ese movimiento. Me gustan Chaikowski, Bach y todos los grandes compositores. Pero también amo la música popular, amo la música tradicional nuestra. Admiro las canciones compuestas por Belisario Romero, Anderson. Carla Lara, que es de una voz muy melodiosa, canta una canción de Anderson de corte internacional muy bella. En general admiro toda la música, pero especial la clásica. La sinfonía es como un gran libro, sin embargo, la hermana gemela de la poesía, para mí, no es la música, sino la pintura.
FL: Me gustaría que dé usted su parecer sobre la actualidad literaria hondureña.
JAC: Ese es un gran punto. Me ha sorprendido. Partiendo de mi época debo decir que éramos pocos; éramos poquitos y andábamos dispersos y divididos por los sentimientos políticos. Eran épocas de divisiones políticas en la que se pensaba que eres o no eres revolucionario, en la que si no arriesgas la vida no tienes obra, si no eres de izquierda no tienes obra. Había que demostrarlo con poesía y con hechos; había que unir la palabra al hecho real. Los poetas de ahora, en cambio, no han tenido ese problema. Ahora el problema con los poetas es con la forma y con la definición espiritual. La tendencia no es espiritual, hay más libertad del poeta para tener su propio yo. Antes se tenía un yo colectivo, ahora se tiene un yo individual. Esa es la gran diferencia. Sin embargo, yo los admiro a todos. Yo los he leído y todos aportan algo. Voy a hablar de los jóvenes de Tegucigalpa. Estos jóvenes los admiro mucho, primero, porque son solidarios. Tienen algo que no teníamos nosotros, que estábamos dispersos. En La Ceiba teníamos un grupo, “La Voz Convocada”, que si éramos muy solidarios y amigos, pero no era frecuente. Esta generación nueva sí. Incluso tienen sus propios estatutos, están bien constituidos, pueden viajar al exterior, consiguen ayudas, tienen sus propias orientaciones, su propia editorial y funcionan a la perfección con sus costumbres económicas del márquetin. De los de San Pedro Sula he leído el libro que usted me dio, (Muéstra Poética) del cual me encantaron muchos versos. Sólo que la poesía moderna exige de la complejidad del lector. Si uno se despoja de prejuicios encuentra obras de arte completas. Hay que desprenderse de aquello de yo “yo no lo conozco”. Hay que leer, no para juzgar, si no para sopesarlo. Leer al autor, no por lo que es, sino por lo que llegue a ser. Autores que publican malos poemas, malos libros, vemos que con el tiempo publican una buena obra. Por eso debemos darle tiempo al tiempo y no apresurarnos a matar a una persona que acaba de salir. Es un delito. Yo entiendo a los poetas jóvenes y los leo. Mi actitud es de comprensión y tolerancia, porque no me siento maestro, sino uno más. Odio que me digan poeta, porque para mí poeta es Rubén Dario, Neruda, Eugenio Montale.
FL: Finalmente, cuál es su visión de futuro de la joven literatura hondureña.
JAC: Yo la miro de un modo muy optimista. Desde luego, no todo da esperanzas de mayores logros. He visto en muchos poetas el márquetin y, al hablar con ellos, se ve el poco estudio. Adquirir una cultura literaria es cuestión de disciplina y de estudio continuo. Hay que leer todos los días. En todas las épocas ha habido poetas de gran calidad y narradores de gran calidad porque atrás hay maestros que siempre te guían, por emplo, Roberto Castillo, Marco Carías, entre otros. Narradores más jóvenes como
J.P.: Yo nací en San Juan de la Maguana. Leía novelas de la época, Agatha Christie, por ejemplo, los grandes autores como Shakespeare. Otra influencia de la infancia fue la de los idiomas, sobre todo el inglés. Mi casa era una fonda, un restaurante que tenía mi madre, al cual venía mucha gente, invitados y amigos.
Luego, con el afán de escribir letras, escribía cartas de amor a enamoradas y, finalmente, a principios de los años 80, cuando decidí entrar a la universidad y al Taller Literario “César Vallejo”, uno de los talleres de la época. Auque estudiaba medicina, tenía afición, apego, a las humanidades. Aunque estaba en medicina, estaba siempre metido en humanidades, sobre todo en el área de sicología.
De ahí surge, si se quiere, mi pasión por las formas de la escritura, mi preocupación por el lenguaje. Descubro la dimensión formal, la historia de la literatura dominicana y me quedo, de alguna manera, vislumbrado por la falta de la dimensión ética de los escritores de los 80 y la demasiada acentuación en las formas y el contenido que los soportan.
J.P.: Tengo cinco obras publicadas: La Pasión de los sueños, constituye la vinculación y pasaje entre psicoanálisis y literatura; Andrógino Ciego, que es una forma de adentrarme a la complejidad de lo femenino y lo masculino en el texto; Metaoníricas, trata de establecer el código o bastimenta filosófica de la Metapoesía; Manifiesto de la Metapoesía sobre los aspectos de formación de la metapoesía a finales de los 80 y 90. Unos catorce años de estudio crítico y de búsqueda personal sobre la cuestión formal de la Metapoesía y sobre la tesis principal de la misma de que el “poema es metalenguaje”. Finalmente, la Antología de la Metapoesía que recoge lo sustancial de mis cinco libros de poesía. Después he escrito artículos, ensayos y otros escritos.
J.P.: El Movimiento de la Metapoesía surge de manera casual, sin proponérnoslo y sin siquiera haberlo pensado. En 1990, en el suplemento “Coloquio” del periódico El Siglo, que dirigía Bruno Rosario Candelier, yo publiqué un suplemento dedicado al Psicoanális. Entretanto, Bruno se me acerca y me dice que ha notado que el Taller Literario César Vallejo no tiene manifiesto, que porqué yo no reúno los textos más representativos de los escritores miembros del taller.
Seguí el consejo, y yo comencé a hacer eso. Empecé a trabajar lo que yo pensaba que era el contenido crítico, la relación con el lenguaje, la dimensión disidente, su relación con la filosofía, sobre todo el aspecto formal, y, sin querer, le meto la cuestión sicoanalítica. Un día, entrando a la universidad, que quedaba frente a donde yo vivía en la zona colonial, se me ocurre que debía ponerle “metapoesía”, ni siquiera el término existía en la República Dominicana, ni lo había leído, sino que era metafísica, metapoesía, con un sentido meta… autoreflexivo, crítico. De ahí surge la metapoesía es tal y tal cosa, la metapoesía es autorreflexión.
El Manifiesto define prácticamente la Metapoesía. De ese Manifiesto surgen los aspectos principales de lo que teníamos escrito en las tesis fundamentales sobre el problema del metalenguaje, eso es vital; segundo, la dimensión teórico-crítico-creadora en el poeta; la vinculación con el postmodernismo, la filosofía postmoderna, Lacan, el Postumismo, la Poesía Sorprendida, y sobre todo el “subconscientismo” de Antonio Fernández Spencer que, influido por el surrealismo bretoniano, trató de vincular el Psicoanásis con la literatura de la época. Ese intento quisimos profundizarlo más, y es esto, precisamente, lo que da pie al Manifiesto. Cuando hube terminado el Manifiesto de la Metapoesía, se lo llevé a Bruno para que lo publicara en Coloquio, de El Siglo, pero miró que no era conveniente porque él estaba también por publicar el Manifiesto del Movimiento Interiorista.
Solamente firman el Manifiesto Metapoético Miguel Antonio Jiménez, Claribel Díaz, Rubén Ventura y Jorge Piña. Cuando llevo el Manifiesto fuera del Taller César Vallejo crea una revolución en la década de los 80 y en los escritores de la época, que lo encuentran modernísimo, se aficionan a él y lo firman unos cien escritores. Envié el Manifiesto por todas partes. Lo publicaron todos los periódicos, menos los grandes. Por primera vez, el 13 de octubre de 1990, lo publica José Rafael Lantigua. Lo publica con una nota señalando que es un movimiento que intenta definir e imponer la nueva literatura dominicana e incluye además una lectura sólida.
En el movimiento están cifrados todos los escritores, ya sea por sus obras o por unas referencias. Un lector conocedor de la literatura dominicana que lea el Manifiesto sabe que ahí está toda la literatura dominicana joven. De ahí surge, realmente, mi preocupación por explicar el Manifiesto de la Matapoesía que había aparecido como una apuesta discursiva para los años 90. Los escritores empezaron a hacerme preguntas a raíz de las cuales creé el “decálogo” definitorio de Metapoesía.
A pesar de todo eso, de 1990 a 1993, las tesis fundamentales del Movimiento de Metapoesía no las tenía establecidas, no las había aclarado; quería hacerlo más sencillo, comunicable. Esto dio origen a los “metamitemas” para definir un poco los códigos centrales de la Metapoesía, utilizando los recursos lacónicos, o sea, los sistemas, de Lacan. En los años 1990-1993 lo que más sobresale es la acentuación social y política de la Metapoesía. En aquellos años teníamos el Café Teatro en la zona colonial, Martes Poéticos, Jueves de la Cultura, Miércoles Literarios.
La Metapoesía domina en toda la época de los 90. Mantuvimos la relación con la música, pintura y la danza. De ahí vienen los conflictos con Cayo Claudio Espinal que me acusaba de haberlo plagiado porque yo utilizo el concepto de Metapoesía, componente empírico del Contextualismo. En una discusión sostenida en la Feria del Libro aclaramos el asunto. Él pidió disculpas, dijo: “vamos a dejar este asunto” y descubrió que la Metapoesía tiene que ver mucho con la Metafísica y el Psicoanálisis, pues tú sabes que yo soy psicoanalista freudiano, médico, que aplico, como muchos escritores han hecho, (piénsese en Breton) a la Metapoesía los elementos de psicoanalíticos.
En la Metapoesía dominicana, no la internacional, solamente hay dos referentes, Manuel Matos Moquete, quien sostuvo que la “metapoesía se repite como metahistoria” y la otra es la escritora puertorriqueña, Luz María Umbierre, quien hace un ensayo sobre la Metapoesía de Julia Álvares del libro “Home coming” (Viniendo al hogar). Ahí surgió el Movimiento de la Metapoesía.
J.P.: Los poetas dominicanos son los fundadores: Darío Tejada, Joel Almonó, Carlos Betancourt, Orlando Alcántara, Orlando Cordero, Nicolás Mateo, Claribel Díaz, Taty Hernández Durán, Enrique Méndez. Este grupo son los pivotes fundamentales de la Metapoesía. Taty trae la concepción de la Internet del grupo y Enrique Méndez trae la página de la Metapoesía.
Darío Tejeda trae el Círculo Internacional de la Metapoesía. Él se interesa más por la cuestión internacional que hay y que existe. Se pone a investigar y descubre en Chile a Enrique Lihn que ha hecho Metapoesía como poesía de la poesía, no es metapoeta, no lo hace desde un movimiento literario y estética singular como la del Movimiento Internacional Metapoéitico (MIM). Rodrigo Lira también, se le llamó el Metapoeta y hacía una poesía que era un feísmo literario de mal gusto; todos o ambos en contraposición a la antipoesía de Nicanor Parra. Es decir, él hacia "anti"poesia, hacía “meta” poesía por usar un prefijo vacío.
Tejeda, también descubre la metapoesía de Guillermo Carnero, de Los Novísimos, España; Livia Díaz y Antonio Reyes de México, Miriam Mireles de Venezuela, Néstor Barreto de Puerto Rico y un grupo de Venezuela y Perú que aparecen como parte de la Metapoesía Digital.
Luego aparecen los dos aspectos que considero fundamentales de la Metapoesía: el Primer Congreso de la Metapoesía donde comienzan a aparecer los libros y las antologías después de doce o trece años de análisis de la Metapoesía. Hemos puesto en circulación música, danza. En la música se integran japoneses e italianos; luego la Metapoesía con pintura.
Para el II Congreso Mundial Metapoesía celebrado del 13 al 17 de Octubre en CULTURARTE, Nueva York, participaron escritores de RD, Cuba, Puerto Pico, Venezuela, Brasil, Colombia y de Finlandia, Outi Oja, MA y Anneleen De Coux de Bélgica, ambas candidatas a PhD en literatura y hacen tesis sobre metapoesía, las cuales vinieron pagadas por sus respectivas universidades al Congreso. Annellen De Coux habló de la Metapoesía del poeta Polaco Jacques Hamelink. Se llevaron una tremenda impresión, para satisfacción mía, de ver el componente internacional de nuestro movimiento metapoético.
J.P.: La Metapoesía nuestra tiene la antología Metapoesía de Mí de Orlando Alcántara Fernández, de donde recoge a autores de diversos países, la antología Las Voces Metapoéticas de Joel Almonó, los textos individuales de cada uno de nosotros conforman el grupo fuerte de la Metapoesía. Tesis que se han estado haciendo y que todavía no nos han llegado. Hay una tesis de una dominicana aquí en Nueva York que quedó de enviarnos el texto.
J.P.: Carnero hace metapoesía, pero no es metapoeta. Hay metapoesía en Carnero, de Los Novísimos, porque hay una poesía que quiere ser autoreflexiva. No tiene interés en ser parte de un movimiento literario ni tiene manifiesto, sino que sigue el uso corriente y formal del concepto de metapoesía, que viene de la referencia que hace incluso sobre el concepto de metalenguaje, y hay un uso tradicional, académico, de la metapoesía.
Es más fuerte en la metanovela una metareflexión y en la lingüística también se define a la metapoesía como la poesía de la poesía, que es el sentido que usan Los Novísismos. Y, más que nada, la metapoesía no es la metapoesía nuestra, pues la de ellos es una metapoesía intelectualista y culturalista, donde hay una mayor ubicación de referencias intelectuales y culturales del autor que conoce textos, que es un intelectual. Esa es la metapoesía de Carnero, cerebral, intelectual y culturalista. Es totalmente diferente a la metapoesía que nosotros buscamos hacer, que es una metapoesía un poco más abierta.
Utilizamos el metalenguaje en diferentes niveles, no tiene que necesariamente ser referencial o culturalista donde se muestre el conocimiento del autor. Esto se da mucho en la década de los 80 donde los autores quieren dar a conocer lo que son, su filosofía, sus autores. Lo más central es la tesis nuestra de que, yo pienso que es una tesis única, “el poema es metalenguaje”.
En ningún movimiento del mundo, literario, universal, ha sido definido con mayor profundidad un campo nuevo. Ningún escritor en el mundo jamás se consideró fuera del lenguaje, sino que la materia prima era el lenguaje fundamentalmente. En cambio, la materia prima del metapoeta, teórica y de trabajo, es el metalenguaje.
J.P.: De alguna manera una buena poesía que reflexione sobre su hacer, que utilice los principios críticos, referenciales de la creatividad y, de alguna manera, toda buena poesía es metapoesía, pues está hecha de estudio, crítica y referencias.
En Borges y Octavio Paz, por ejemplo, hay metapoesía por la labor de estudio y crítica del autor dentro del autor, pero en sí no hay metapoesía porque, primero, no lo definen como metepoesía ellos mismos, ni tampoco porque no se proponen hacer una concepción crítica sobre el texto. No tienen una poesía en el concepto de movimiento. Mas sí lo que se ha identificado ha sido el arts poética, pues, de alguna manera, los autores fundamentales hicieron su propia arts poética, lo hicieron en un poema tratando de dar sus giros técnicos o expresando su técnica en un poema.
J.P.: De las semejanzas destacan: la preocupación por la estética, la preocupación por la creación, que la tenía Bruno Rosario Candelier al final de una época, la preocupación por un manifiesto, la preocupación por el grupo, por dejar un código establecido y un legado. Esas son las principales semejanzas. Pero también la dimensión ética, la búsqueda del Bien, la honestidad, el aspecto trascendente y la espiritualidad.
Todo lo que, en el caso de la Metapoesía, es una oposición al elemento ético de la década de los 80 que cree en el malditismo, la poesía de droga, el oscurantismo, de los vicios, de Baudelaire, Rimbau. Mientras más malo y extravagante tú seas, -se pensaba en los 80- mejor; cuanto más traicionero, mejor poeta tú eras. Yo venía de una concepción más elitista, más psicoanalítica, pensando más en el ser humano, en la Metapoesía, en la dimensión de ser “más”, no ser menos.
A finales de los 80 los movimientos empiezan a evaluar los quince años de la generación pasada, querían empezar un espíritu de la época distinto, nuevo. Por ejemplo, ahí estaba Claudio Cayo Espinal con el Contextualismo, Bruno Rosario con la Poética Interior, y nosotros con la Metapoesía. Ellos buscaban una reacción, una estética, una generación, un manifiesto, la dimensión de liderazgo. Esto fue lo que marcó el espíritu de la época.
Las desemejanzas: Yo pienso que hay una gran coincidencia en el tronco fundamental entre Interiorismo y la Metapoesía, pero si en algo hay una abismal diferencia en que nosotros creemos en la transgeneracionalidad, ustedes (el Interiorismo), en cambio, tienen un grupo cerrado. Tenemos el componente de antigrupo, somos menos sectarios, contrariamente al Interiorismo que tiene tendencia de grupismo y sectarismo, que quiere ser elitista.
Nosotros somos un antigrupo. No hay una referencia más que al creador o al líder porque el otro considera. Todo lo contrario, la Metapoesía sacó un manifiesto en el año 1993 en Santo Domingo y no fue hasta el 2000 que alguien me dijo que un grupo me persigue nacional e internacionalmente y que ha creado una página de Internet.
Entonces yo comencé a hacer los congresos de la Metapoesía poniendo un poquito más de interés en estructurar y a organizar eventos. Pero la idea fundamental es que el escritor, el poeta, está en la metapoesía por criterio y por cuenta propia. Yo no soy una cobija, sólo soy una referencia. Cuando señalo nombres en la metalista, que es parte del movimiento, los acojo para que vean en qué países estamos.
Surgimos de dimensión de la Metafísica, de la búsqueda de lo inefable, de lo incognoscible, de lo innombrable y de la rama espiritual, de lo trascendente. Mientras que el Interiorismo se enfoca más en lo espiritual e inefable de los escritores en esa búsqueda fundamental. La Metapoesía lo que hace es convertir la Metafísica, la Metasicología freudiana, que tiene que ver mucho con la metafísica, la filosofía, la literatura en metasicología. Yo pienso que esa es la diferencia fundamental.
La Metapoesía lo que hace es de vector que convierte Metafísica en Psicoanálisis y la Metasicología freudiana o Psiconálisis en Metapoesía. A mí me hubiese gustado que el Movimiento de Metapoesía, que en vez de ser fortuito como fue, se hubiese llamado Movimiento de Metaonirismo. Esto es lo que yo creo que es el aporte mío a la literatura universal: la vinculación del lenguaje, onirismo, poesía caribeña, el poema es metalenguaje, es decir, todos esos elementos, me hubiese gustado llamarlo Metaonirismo.
El Metaonirismo, pienso, es la filosofía de la Metapoesía. El Metaonirismo es lo que tiene de particular nuestro movimiento, lo que tiene de caribeño, de dominicano y de Jorge Piña. Fuera de cualquier otra filosofía que aparezca, el Metaonirismo es la filosofía central de la Metapoesía, donde todo cabe. Se convirtió en un movimiento internacional, sin querer, con los congresos mundiales en los cuales se descubren ciertas similitudes con el Manifiesto, los códigos, y el decálogo de la Metapoesía.
J.P.: Para nosotros varía, la trascendencia es el momento sensible en que el que escritor se convierte en un teórico-crítico-creador del poema. Esto es, cuando el escritor logra saber que es crítico, creador en el texto mismo y lo hace con arts poética en el momento que tiene conciencia del ser, de la escritura, del lenguaje y, en el caso de nosotros, del metalenguaje. Ser metapoeta es ponerse en actitud de estudio, búsqueda filosófica, literaria. De alguna manera la Metapoesía te invita “a”… buscar. Es una poesía que va más allá.
J.P.: Yo pienso que el elemento esencial de ambos es el aspecto ético del grupo, el aspecto de trascendencia de la obra y la labor de grupo. Me parece que esos elementos son vitales. Luego, la Metapoesía tiene un sistema generador de forma a través del metalenguaje, que un interiorista puede fácilmente ser un metapoeta. Trabajar el manifiesto, trabajar el problema del metalenguaje, el lenguaje en la dimensión de la autorreflexión, una buena estética, una buena escritura, puedes, con ello, entonces, encontrar metapoesía en un poeta interiorista.
También lo contrario, te puedes encontrar buena poesía interiorista entre los metapoetas. El caso más peculiar es Joel Almonó que estuvo en una época en el Movimiento Interiorista en Santiago con Bruno Rosario. Y también por la dimensión de lo trascendente, lo sublime, la dimensión con Dios, la espiritualidad, el sacerdote. Pienso que hay esas coincidencias.
J.P.: Posiblemente el sectarismo, el elitismo, el exclusivismo, los que están y no están, el tema de un líder único y totalitario.
J.P.: Yo pienso que los intelectuales dominicanos, específicamente en Nueva York, han crecido en nombre, en publicaciones. Pienso que debemos tender a la unión de los intelectuales, a crear un oficio más sólido, con mayor conciencia de oficio. El oficio de los intelectuales se pierde por el materialismo, el capitalismo.
Otro aspecto negativo es que no se tiende a trascender al mundo norteamericano de la lengua, de la historia y de los modos de hacer literatura. Creo que debemos enfocarnos a cómo se hace, de alguna manera, el crossover entre la lengua española y la lengua norteamericana, literatura dominicana y literatura americana, en el texto, la estética y la filosofía o constructo americano. Y entrar en el mercado americano del libro y los autores.
J.P.: La diáspora, en sentido general, yo la llamé antidiáspora, porque no había diáspora definitiva. La diáspora es para los que no pueden volver, como pasa con Cuba. Nosotros formamos la antidiáspora porque, de algunas manera, estamos retirados, nos autoexiliamos económicamente, pero no hay la visión de no retorno.
Desde el punto de vista tradicional y universal del término, sí hay una diáspora sólida y fuerte, intelectual. Eso hay que tomarlo en cuenta, pero necesitan más unión, necesitan más dedicación al oficio. Tú puedes encontrar escritores dedicados a la escritura en Santo Domingo o con un cincuenta por ciento de su vocación dedicado a la misma.
Aquí (EUA) tú te encuentras escritores que hace cinco años no se dedican a su oficio ni escriben ni hacen trabajos de difusión o comunitario. Hay un vacío, una pérdida en los escritores de la diáspora. Tal vez el Comisionado, Franklin Gutiérrez, el Secretario de Estado, José Rafael Lantigua, puede atraer a ese componente de los escritores de la diáspora. Creo que eso puede traer muchas cosas positivas.
Fin
Mi inteligencia, la razón.
Despojado de todo, desnudo de tierra y hojarasca,
Por la llama que no se consume en la visión.
Y mi alma ya no gime.
85
Principio de mi aire, de mi barro –tierra
Con hambre y sed de cielo-.
Estás quieto, Argé, en tu movimiento.
Humedece este desierto
De mi nada que es sólo grieta.
Causa que dio forma a mi tiempo, ¿por qué
Tiemblo a tu paso? Oh Argé, tú arremolinas
Mi centro y revuelves mi sangre.
Mi noche es animal que resuella,
Tenso, por el relámpago que abre abismos.
Argé, saca mi carne del dolor, alíviala
Del deseo que me ahoga en su turbulencia.
Tu rostro me arrincona en el Eros, Argé,
Y me anonado en tus manos de alfarero.
Lo que he hallado de mí
Está vedado en mi carne. Me llamo
Desde el fondo. Apenas si me oigo
Porque es eterno el temblor.
84
Aún no era yo, empecéA ser hombre, a tener piel, carne, ojos, boca.
No había nacido y ya mi carne temblaba,
No tenía vida y mi barro sentía dolor,
Fuego en la piel. Unas manos
Revolvían mi nada y daban
Forma a mi existencia.
Brillaba de alegría. El triunfo apareció
En su aliento, la vida.
Lloró el barro. Ignoraba porqué.
Una herida intangible quedó en el Jardín,
Y el barro, desnudo, cayó al abismo.
83
Tus manos han hecho hablar el barro.
El barro hoy te busca en la noche. Te palpa la voz.
Le diste al barro vida. El barro anhela tu divinidad.
Huérfano se postra, míralo. Barro
Que orilla tu nombre como ola que balbuce
Su llanto. ¡Ay, que gime el barro, que sueña
Hallarte! Barro que camina y piensa. Barro
Que cree y rastrea los aletazos de tu vuelo.
¿Dónde moras, presencia sin sentidos? ¿Por qué
Le diste a este bulto de tierra olfato de cielo?
Por ver tu rostro de gloria.
Se deslizó como agua
Hasta poblar la atmósfera con su omnipresencia.
Su celaje aturdía el paso
Y en cada puerta un ángel aguardaba.
La realidad era impalpable.
El mundo en su adolescencia,
Empezaba a ser consciente de sus límites.
La noche rompió su madeja
Aquel ser se desvaneció ante mí
Dejándome el sabor amargo
De la caída.
81
Y yo que creí que mi espíritu
Empañado era nuevo.
Y yo que creí que mis huesos secos
Estaban vivos.
Y yo que creí que mis pies
No tropezaban en la niebla.
Y yo que creí tener el sol
En mi noche.
En mi ceguera.
Hasta que me hiciste de cielo,
Cruz y domingo.
80
Dulzura Infinita, ¿por qué te me escondes? ¿Por qué
Tu rumor de lluvia en la arboleda me seduce y subyuga?
Palpas mi cuerpo con tus manos de aire y verdor. Silbas
En un pájaro, te miro y vuelas. Herida secreta dejas a tu paso.
Dulzura Eterna, en esta vasija agrietada
No vas a hallar más que huesos secos,
Dolor enmohecido, pedazos de llanto.
¿Por qué tratas de salvar la brizna de mi humanidad?
¿Por qué alumbras mi nada con tu sonrisa?
Vencido, caigo en tu luz.
79
A lo oculto de mi alma. Ojos que ven por dentro.
Ojos que descubren tesoros enterrados
En el barro, en la compasión. No ven mis ojos,
Sino los tuyos. Serenos ojos nazarenos, que pueda ver,
Océanos en los que naveguen los niños.
Ojos en calma, poseídos de cielo, abiertos a la esperanza.
Que mis ojos y los tuyos se encuentren
Como estrellas de la mañana.
De las entrañas, temblor de pupilas intangibles,
Luciérnagas del interior
Que auscultan mi esencia. Oh niñas divinas
Que lloran la muerte, ¿acaso tengo hermosura
Para que me miren? Esos ojos deslumbran
Con sus llamas. Y yo que no los quiero ver
Y los miro. El eterno rostro encarnan.
No por humanos los percibe mi centro,
Ay pupilas sin orbe, ¿por qué ahondas
La herida en la ternura?
78
De tu corazón nacen los ríos, las raíces.
Astro aglutinante, fuerza sacra del universo.
Eres origen inefable del arco iris, pálpito
Eje de bondad y punto débil del cielo.
Todo tú en tu Corazón. Todo tiende hacia
Lo íntimo. Los vivientes
Giran en torno a ti. Los creyentes
Descansan en tu Corazón. Corazón de carne,
De barro, de Dios.
Centro sin rango, totalidad primigenia,
Alfa y omega del ser, lluvia interminable
De misterio. Tu corazón se expande
En la llama. Retoña compasivo en los tristes,
Clarea en la amarga noche.
Corazón que subsiste sin tiempo,
Diana del secreto de cruces lastimadas.
Acuno mi mañana
¿Qué tengo yo para que pongas tu mano
Sobre mi aliento y mi carne sin corteza ni niebla?
Escrutas con tu mirada
El lienzo de mi vida y orillas mi lecho de barro
Con tus impalpables brazos
Que me estrechan con divina ternura.
En el ámbito en que nos hallamos
Ni es noche ni es día, aquí el rumor
Es Paraíso y nada más.
76
A ti, luz sin llanto ni maldad,
Te abrí mi casa. Quédate y abre
Las ventanas. Mañana, cuando decidas
Irte con tus pies albos, avísale
Al leve viento de la arboleda, que sueñe,
Que tarde en venir.
Estate aquí, en esta casa de absoluta quietud,
Para que nos descubran asidos al infinito, al pan,
Las libélulas.
75
En medio del desierto, del mundo, en la soledad
Más callada, el que ES ha descendido
Hasta hacer temblar mi carne
Como una débil hoja. Alguien que no puedo
Nombrar, alto en su propia mañana, anda
Cerca, revelándome sus secretos
En este Edén arrepentido.
Mi historia se escribe en la lluvia.
Mi lengua se petrifica. Rezo.
En su seno mi libertad es un hallazgo,
Un vuelo.
74
Mi ser se turba como una novia.
El vaho es amor. Sustancia
De amor el vino en la copa.
Amor que me ama. Amo al Amor.
Amor, semilla de vida, ventana, latido
Gracia de luz.
73
Estaba mi alma recogida
Balbuciendo plegarias al Padre. Pródiga
Ante él se halló, incólume, y en su regazo
De fuego la introdujo en un gesto
De amor puro e inefable, y ella, ebria, tan sólo
Abbá sabía murmurar.
La gracia era toda claridad
Y la humana caída resurrección. El avecilla,
Los límites reservados a la aurora.
Al abrir los ojos sólo la huella
De un abrazo quedó impregnado
En mi interior.
72
El Altísimo me cubre con sus cálidas alas.
Una brecha se abre en mi humanidad
Y un breve soplo sacude la fronda,
Murmurando delicias de riachuelo.
La gracia se derrama como lluvia.
Un ángel vuela arrebatándome la lira
Entonces la lluvia se hace trino.
71
El cielo se derramó sobre la tierra,
Y calmó sus poros sedientos.
El sosiego vino al inquieto barro
Que mis huesos amarran.
Hoy he sentido renacer la luz;
El Edén, enérgico, nuevo.
Retorno al lecho de la noche,
Húmedo de cielo
70
Se queja mi barca. Las olas baten
Su frágil armazón. Tú calmas la ira del viento
E increpas la duda. Remo al interior del mar.
Sólo la vastedad de tu nombre me sostiene.
Una luz de cirio crece.
69
Pozo, tu mirada de medio día.
Sosiego halló la aridez de mi tierra.
Me diste a cántaros el cielo, en un abrazo
La eternidad.
Me fui contigo a lo profundo del pozo
Y allí muero
Y bebo tus delicias.
68
Tú, el Simple, te pusiste a los pies de la nada.
La historia se ríe de ti, se escandaliza
El interior de la tumba y se revuelven los abismos.
A tu cintura ataste el Viento.
Lavaste el rostro de la humana noche.
La dejaste translúcida, como una novia
Que entra a tu esencia.
67
Sobrevuelo el misterio como torpe avecilla,
Que no pudiendo sostenerse
En la ingravidez divina, sobre plumas
Trasciende lo infranqueable.
Miel esos instantes ilimitados. Memoria del alma
Trastocada tras el encuentro con el Todo.
Testigo es esta capilla
De “música callada”.
66
Te recuerdo como en agua mansa
El cisne contemplativo.
Al través de la ventana
Aún joven la luna.
Bajo mis pies murmura el tiempo la eternidad.
Cruzo el meridiano de mi estancia en la tierra.
Mis recuerdos empiezan
A ser nostalgia en huida,
Grito de ángel que aletea en el Origen.
Deseo volver a la tierra, amasado
Por tus manos increadas.
Me llama la Llama.
65
Roca total en su inmensidad,
Conciencia infinita de Himalayas.
Roca de viva mirada. La Roca
Se acerca, respira. El humo del incienso
Esconde su desnudez.
En sus brazos los ríos se abren
Y yo me quedo balbuciendo
Alegrías desconocidas.
64
Del altar el pan:
Ácima divinidad
En frágil sombra.
Celajes blancos
Atestiguan tus huellas
En la naditud.
Garganta de Dios:
Orfeo caribeño,
Zorzal de fuego.
63
Te hablo desde este altar en llamas.
El incienso te busca. El fuego inconsumible
Arde en mi gemido.
Zarza que devora en mis entrañas
Noches aún niñas.
Belleza, revelas la eternidad en los abrazos.
¡Muero en llamas, retenme en tu velo!
Sangro infancia, avanzo en el estremecimiento.
Mi conciencia abre su mañana.
Me desgarra el origen. Se pudre la noche.
Ay manos que me tejieron, oh ternura
Perdida en el Edén.
Sopla en mi nariz tu nombre
Para que renazca en el vientre el alba.
61
Inciensas el altar que te redime,
La piedra donde la sangre habla por ti.
El Todo te endulza el paladar de vino,
Limpia la muerte en tus entrañas.
Entras al ágora sacrificial
Atraído por él entre lienzos
Y celajes de ángeles.
Tu caída es hoy gloria.
60
¿Qué hondas manos
Alargan tu angustia en la tierra? Persigues
Secretos mundos que nadie ve,
Ni siguiera tú con tu ceguera enterrada.
¿Entiendes porqué existes? Soportas
El peso en tu cabeza, Tántalo, y no desmayas,
Ni gimes. Invisible, tu sangre madura
En ramas de savia y rezo.
Toda tu ansia de ser se entierra,
Se esconde en el interior de Gea.
En la orilla del río, en el contacto con el gusano
Raíz profunda que tiemblas y te abrazas
A la noche, a la tierra sin luz. ¿Quién
Eres al fin? ¿Cielo? ¿Vida
En los abismos? El cielo retoña
En la raíz madre del olivo
Y recapitula todas las raíces
En el Amor.
Por mi humanidad sube un dolor
Que estremece mi casa.
Me retuerzo como el mar, como serpiente.
Oh dolor, ¿cuándo anclaste en este puerto
Y te quedaste ahogando mañanas?
Se agotaron las lágrimas,
No amanecen los hospitales.
Fue vida. Mujer infinita, en la humedad
Intemporal de la matriz
Engendraste el sacramento, el llanto
De la carne que tiembla,
Dile a mis pies que regresen
Al agua transparente, a la antigüedad
Esencial de la luz.
58
El dolor nubla la tarde. Todo él
Se atrinchera en un rincón de mi cuerpo.
Dolor que labra la piel y golpea
La puerta con puños de hierro. Tenaza
Que muerde mi carne hasta hacerla gemir.
Qué hondo el río de piedras, cuán atroz
Su dentellada. El tiempo no corre. Una espada
Traspasa mi corazón. Aprieto el grito
En mi dientes para calmar
Los relámpagos de esta hora sexta.
57
¿Quién soy yo que a ratos la carne me bulle
Como un enjambre de abejas? ¿Quién,
Si en el altar la luna sale de mis manos,
Redonda, con vida? Yo, que sé beberme
El alba a rezos, que conozco
Los gemidos de las palomas en el alero
Del templo, ¿qué tengo de hondo
En esta orilla que me hala hacia dentro
O me arroja al fango?
Busco un asidero en el joven barro
Y no encuentro más que mi aliento
Atrapado a lo eterno como araña en su tela.
56
Ese puente tendido
Hacia el otro lado, ese puente fijo,
Que no se estremece ni se perturba,
Ese puente que tiene profundas esencias
Y tensos los nervios, ese puente que tiende
Su espalda para mudar
La luz del sol y el cansancio
De una hormiga, ese puente no muere,
Vive, se entrega, se inmola a sí mismo.
El río le reza entre las piedras.
Ese puente espera, aguarda a que pasemos
Al otro lado donde moran
Los vivos.
55
Alguien te empuja a beberte
El agua de los glaciares. ¿Qué fibras
Mueven tus recodos que lloras espumas?
Río en fuga, detén tu curso en esta orilla,
En mis manos. ¿Por qué avanzas
Tan aprisa?, ¿qué locura te arrebata
La calma? En tu fondo te lastimas
Y no hay cura para tu mal, excepto
En el océano. Llévame en tu piel
Que yo también al mar me precipito.
54
Hablo de la tierra, de lo hondo de ella.
Hablo de la grieta
Que se abre en el alma.
Duele la angustia.
Un viento secreto camina
Por mi vera como un lamento.
Ansío la lluvia, el origen de los ríos. Jadeo.
Brota agua y no es de la roca. Sale agua
De la nada. Es Dios que mana. Y yo
Aquí reseco como camino.
53
Las paredes amortajan
La oscuridad en que me hallo. Es frío
El abismo de la muerte. La nada
Me perfuma. Un lienzo envuelve
Mi esperanza. Palpo mis gusanos.
Muere la muerte. Madrugada,
Rumor de ángeles.
52
Noche, ¿qué secreto encubre tu ansia?
¿Por qué te avienes a mí
Que no tengo más que tiempo? Algo
Grande nace en este instante, algo innombrable,
Algo que gira, gira y gira
Revolucionando el ámbito de llamas,
Viento y cielo.
Se abrió la puerta, temblaba la tierra,
Y el mar y el gentío.
Entraste mudo, mirando la topografía
De mi edad.
Habito en mí, transido de cielo.
Mi carne es aún niña.
Avanza mi edad en el cauce.
Raíces le han salido a mi tiempo,
Luna a mis ojos.
Quedo aquí como un árbol, ¿oyes
El viento en sus ramas?
50
¡Ave, Cirio!
Faro en llamas enciende la leña
De mis huesos, alegra el zorzal
En la madrugada.
Que tenga luz en esta noche,
Que muerte me sobra en la carne.
Ay, Cirio, bájame de la cruz
Este llanto, apura el vino
En mi resucitada boca.
Gime la noche apoyada en mi ventana
Y en ella miro al otro que soy:
Gota de fuego
Que retorna a su esencia.
49
¿Por qué te asomas a mi ventana
Con tu ser de brisa?
Tocas mi sangre. Un ruido
De raíces se apodera de mí.
El cielo está aquí con su claridad.
El reloj perdió la memoria.Donde abunda la eternidad
Sólo alas faltan. ¿Dónde estás Zorzal?
La montaña descansa en mi hombro,
Tú te avienes en sus nubes preñadas.
Como toda la luz en mis ojos.
48
Vid, tronco vivo de cielo, mira
Esta rama crecida, torpe en su andadura.
La rama, Vid, te comulga, te posee la savia.
En ti vibra la eternidad. De tu tronco
Retoña la palabra y crece la luz.
Atráeme a ti, oh Vid, que retoñe
En tu ser, misterio de suelo y cielo.
Ay, que muero sin retoñar. Tremola
Mi rama, apenas podada en la edad. Las hojas
Amarillean. Inyéctame tu aliento de gloria.
Se secan mis días si no llueve el fuego
De tus raíces. Sepúltame
En tu tronco, que resucite en tu savia.
47
¿Por qué me habla esa puerta? ¿Por qué se abre
Y extiende sus brazos en horizontal?
Esa puerta es de cielo, de carne. Puerta
Que se anonada y se empequeñece. Puerta que llora
Y sube al monte y camina sobre las aguas.
Puerta que se mira con la fe y se abre
Con los rezos de las tórtolas.