jueves, 31 de marzo de 2016

Vida y obra de Rainer Maria Rilke

Vida y obra de Rainer Maria Rilke



Poeta Austríaco de habla alemana, nacido en Praga el 4 de diciembre de 1875 y muerto en Suiza 30 de diciembre de 1926, a los 51 años. Fue militar con grado de comandante. Se retiró del Ejército y trabajó como empleado de ferrocarril de su ciudad natal [1].

Aprendió francés y los gustos refinados a través de la madre. Fue vestido y tratado por ésta como una niña hasta los siete años por la pérdida de su hermana mayor. Empezó a publicar poemas a los quince años (Hoja interesante"). En 1892 le dijo a su padre que lo que quería se era ser poeta. Abandona la carrera militar en la que estuvo cinco años. Este tiempo influyó enormemente en el poeta. Estudió Historia del Arte, Historia de la Literatura y Filosofía en la Universidad de Corolingia-Fernandina, del antiguo imperio germánico. Se involucró en los círculos literarios y artístico de Praga (hoy Rep. Checa) A partir de 1896 se traslada a Múnich. Aquí estudia Filosofía y Estética.

"Vida y canciones" es su primera obra juvenil (1894). El poeta no tiene todavía un identidad propia. Se busca a sí mismo a través de máscaras. Su segundo libro Ofrenda a los lares (1896). Su tercer libro, "Canciones regaladas al pueblo (1896). Rilke cultivó, además de la poesía, el género de la prosa y el género dramático cuando estuvo en Praga. Escribió catorce obras dramáticas: Murillo, Minueto de boda, En la hora y en la hora de nuestra muerte, Helada temprana.

PRIMERA ETAPA 1896-1902)

Descubre, junto a otros colegas, como Jacob Wassermann, el valor lírico de su obra, sus imprecisiones. Temas como la muerte, el alma de las cosas, la soledad son parte de esta etapa. Su estilo es preciso e impresionista. Se preocupó por avanzar en la lírica, pero también por la dramaturgia. Se perfila el paso de una poesía sentimental, propia del romanticismo, a una voluntad más decidida y fuerte. En estos años el poeta adquiere un lenguaje propio, preciso y vigoroso ("Apágame los ojos).

Rilke Viaja a Italia, a Rusia, España, Francia, Túnez, Egipto, Suiza.

Rilke consiguió que los lectores se reconocieran y proyectaran en su poesía, sobre todo el Libro de las horas; logró plasmar un ideal, una meta; y, por último, que los lectores se sintieran cercanos al héroe. Otro libro de gran acogida fue Historia del buen Dios (1900).

EL LIBRO DE LAS HORAS (1899)

Este libro tuvo una gran repercusión y acogida. En él se leen versos con sello propio: "Apágame los ojos: puedo verte; / ciérrame los oídos: puedo oírte; / y aún sin pies puedo andar en busca tuya, / sin boca, puedo conjurarte". De esta etapa madura es el poemario "Para Festejarte", 1899). El pensamiento de Rilke está influido por la filosofía de Federico Nietzsche del eterno retorno y de la "profundidad oscura". Aunque su poesía tiene un componente de elementos religiosos no lo es el sentido estricto del término. La trascendencia de Dios es más bien telúrica y oscura. No es un Dios personal, sino presente e indefinido en todas las cosas. En esta cosmovisión está presente huella de Spinoza. Su poesía, es verdad, está atravesada transversalmente por una religiosidad auténtica.

El libro de las horas tiene como tema a Dios, el yo y las cosas. A nivel estructural es un libro que expresa los procesos de los movimientos anímicos del yo. El estilo es fluido, unitario. Imágenes, temas y mitos manejados como un todo son señales de que ya estamos ante un poeta maduro. El libro de las horas tiene tres partes. La primera: Oraciones. Tiene como centro la figura de un monje, poeta y pintor. Mezcla arte y sentido religioso. La segunda parte: El libro de la peregrinación. Expresa la problemática personal, el sufrimiento y la plenitud, la disociación del yo, los miedos oscuros. Dios parece estar ausente, la búsqueda de la participación en la divinidad. La tercera parte: El libro de la pobreza y de la muerte. Expresa la soledad que vivió en París y la separación de su esposa Clara Westhoff, escultura. Aparece la impronta de la vida moderna, urbana, artificial, desconectada del cosmos. Intenta superar la desolación y el desarraigo que siente en la urbe. El tema de la muerte le rondará toda la vida y estará presente en el conjunto de su obra.

Al término de esta etapa Rilke logra mecenazgos importantes que le permitirían dedicarse por completo a su producción literaria. Le ayudó la pedagoga sueca, Ellen Key, el príncipe Emil von Schöenaich-Carolath.

EL LIBRO DE LAS IMÁGENES (1902)

Este poemario fue escrito por el poeta a lo largo de siete años. Desarrolla dos aspectos importantes: el conflicto entre la vida y el arte. En la segunda parte trata el distanciamiento del individuo de la masa y la entrega placentera a la naturaleza. También toca elementos históricos y religiosos. En la cuarta parte se reúnen versos temas que muestran diversas facetas del poeta. El sujeto poético se aleja del autor, o sea, ficciona más sobre la poesía, distanciando su subjetividad para unirse más a la naturaleza: ríos, valles, marismas. Su poetizar se transforma para reconocer lo bello de las cosas exteriores, los paisajes y la vida en general. Prestará mucha atención a las cosas y los objetos, que siempre guardan secretos. Dicho de otro modo, Rilke busca un nuevo modo de percibir las cosas, el entorno para captar lo que los interioristas llaman "la verdad interior" que en ellas se esconde. Ya no se trata de ver, si no de conocer lo mirado, un ver el mundo y las cosas con una mirada contemplativa, desapegada, que permitan ver las cosas tales como son.

SEGUNDA ETAPA (1902-1910) ETAPA CENTRAL

Rilke, en su estancia en París, se hizo la idea de que el artista debía trabajar intensamente: "Il faut travailler, rien que travailler. Et il faut avoir patience". Durante su estancia en Francia lee a Baudalaire, Les Fleurs du mal. Estos años le sirven a Rilke para revisar los principios de creación literaria. Son famosas las Cartas a un joven poeta, altamente recomendables en este Taller Literario. El joven poeta, con sus melancolías y depresiones y sus conflictos emocionales, va, poco a poco, produciendo su obra literaria de gran alcance. La situación de precariedad, la falta de salud y  la preocupación existencial por la muerte le seguirán en Praga, Moscú, Múnich, Berlín y París. Estas preocupaciones existenciales y sicológicas se le agudizaron a partir de la separación de Clara y de su única hija Ruth. Su curación era el arte, la creación, la poesía, el drama. Dicho de otra manera, el poeta convertía sus fantasmas interiores en objetos de arte.

La obra en prosa más importante de Rilke es Los apuntes de Malte Laurids Brigge (1910). Es una novela intimista que introduce, para la época, innovaciones formales. Combina en ella sus vivencias en París y sus recuerdos de infancia.

Rilke lee al filósofo S. Kierkegaard. La lectura del pensador danés contribuyó a potenciar la sensibilidad del poeta. Su timidez no le impedía, sin embargo, expresar su mundo interior. Se entregó al arte, a la poesía con todas sus fuerzas, en la pobreza y en la soledad. Se codeó con la aristocracia. Rilke sedujo a muchos porque defendía su vocación poética, a la que se dedicó con verdadera pasión y dedicación. Cultivó con todas sus fuerzas la vida interior estéticamente. En esto radicaba su fascinación en comparación con los hombres de su tiempo.

En esta etapa (1902-1910) Rilke escribe El libro de las horas (1905), El libro de las imágenes (1906) El canto de amor y muerte del Alférez Christoph Rilke y Malte (1910). A partir de 1906 escribe Nuevos poemas, que imprimen una estética nueva, radical y moderna. Ahora los poemas no son como los anteriores que respondían a un conjunto temático, sino poemas sueltos, independientes entre sí. Cada poema es una obra sin nada que ver con el resto. Es cada vez menos subjetivo. Esto lo aprendió del escultor Rodin, Cézanne y Van Gogh. Rilke busca plasticidad, eso lo aprendió de Rodin. El poeta centra su atención en la espacialidad de la poesía, en la insignificancia, en el desapego de las cosas observadas. O sea, es menos subjetivo como lo es, por ejemplo, en El libro de las horas.

El tema esencial en Rilke es la tensión entre vida y obra, o sea, ética y estética. Él se entrega al arte poético por entero, solamente así se le da a la existencia un fundamento estético. El arte para él será, dicho nuevamente, trabajar siempre, inspirarse mientras se trabaja en la obra. Rilke, al parecer, no enjuició la realidad, la trastocó estéticamente como un escultor que toma la realidad objetiva "piedra" y saca un busto. Se agudiza la precisión del lenguaje y de la sintaxis. Se renueva su universo imaginario aportando construcciones novedosas, inéditas. Influido por los impresionistas, sobre todo por Cézanne, emplea las palabras para reproducir, presentar, las formas y los colores de las cosas. Esto es importante porque se fija más en las luces, contornos y descripción de las cosas y no tanto de la introspección y subjetividad, propia del simbolismo: "Este esfuerzo de ir por lo aún no realizado, / pesadamente y como atados, / se parece al inacabado andar del cisne.// Y el morir, ese no alcanzar ya más / el fondo que pisamos a diario, / semeja a su angustioso descender" (p. 67).

Otro aspecto de la evolución del poeta R. M. Rilke es la "impasibilidad estética", esto quiere decir, que se interesa por temas placenteros y estéticamente repugnantes. Dicho de otro modo, se conjugan, de alguna manera, lo feo y lo demoníaco heredado del Barroco y el Romanticismo, pero también de los poetas malditos, especialmente de Baudelaire, con Las Flores del mal (ver poema "La carroña). Ejemplos del feísmo de Rilke son "El rey leproso", "Lavado de cadáver".

Rilke adquiere una maestría extraordinaria en la observación de las cosas, que combina con elementos simbólicos. Esto fue posible por su exigencia como creador. Este dato nos hace pensar que solamente se avanza en el arte, en la creación artística, cuando se está continuamente trabajando en la vocación artística: escultura, pintura, literatura, etc. Hay que trabajar intensamente, explorar todos los registros posibles y no quedarnos anclados en modelos fijos u obsoletos. En esto Rilke es un maestro que puede mostrarnos que el arte es trabajo, que la obra no llega si no la trabaja, si no se está en actitud creadora permanente. El bebió en filósofos, pintores y poetas. Leyendo a los grandes autores hallaremos, como él halló en Cézanne, Kierkegaard, Rodin, Clara, Baudelaire entre muchos otros, motivos para inspirarse. Digamos que para encender una fogata hay que frotar bien los codos, las páginas y obras de los maestros del arte y de la palabra.

LOS REQUIEMS (1906-1910)

Son poemas variados que Rilke va componiendo al lado de Nuevos Poemas, Réquiems y Malte. En estos años la creación rilkeana se desarrolla al hilo del Romanticismo del Simbolismo francés heredada de Mallarmé y Valery. Los poemas de este período, además de acercarse a los griegos, exalta al figura del ángel como figura divina que auxilia a los seres humanos, pero que resulta inalcanzable.

Rilke se abre a la intuición cosmológica, las leyendas de brujas, las muertes de personas conocidas. Todo eso influye en su sensibilidad y, como la oruga come hojas de morera, el poeta produce la seda de su poesía. El erotismo y las vivencias maternales también son caldo de cultivo de su creación.

El poeta da un salto cualitativo en su creación artística. Pasa de una “una divinización de todo lo existente”, que abarca los años de 1809-1905, a una nueva concepción mitopoética del «espacio» brillantes (“viento marino”, “roca originaria”). Rilke gana, en esta nueva etapa de su creación, en hondura metafísica. Tanto el Libro de las horas como la mitopoética se caracterizan por su “apertura a lo sublime”, “contenidos de conciencia” de genio creador del poeta[2]. Obsérvese el siguiente poema, “Canción del mar”:

«Soplo antiquísimo del mar, / viento marino de la noche: / no vienes para nadie; / si alguien está velando, / tendrá que ver el modo / de poder resistirte:/ soplo antiquísimo del mar, / que sopla solamente / como para la roca originaria, / arrebatando el gran espacio / hacia acá, desde lejos… / Oh, cómo te percibe / una higuera flotante, arriba / a la luz de la luna».

Los poemas en prosa de Rilke –aquí está de fondo el Modernismo hipanoamericano– de Baudelaire, Aloysius Bertrand, nutren la imaginación del artista en relación a la forma interna, a la densidad, melodía y ritmo de la lírica en verso, ejemplo de ello es su novela Malte y poemas como “Tumbas de hetairas”, “Orfeo. Eurídice. Hermes”, “Nacimiento de Venus”.

LOS APUNTES DE MALTE LAURIDS BRIGGE

Novela en prosa. La más importante de sus textos narrativos, por encima de cuentos y novelitas que exploran su pasado. Concibió la idea de escribir una obra de mayor calado de tema militar. Pero en la cabeza no hacen nada las ideas, si no se escriben. Con Malte, Rilke ya no volvió a escribir novelas.

Los apuntes de Malte son fragmentos con un fuerte influyo de lo que mejor sabe hacer Rilke, a saber, la poesía. El poeta renunció a ser narrador, es decir, a contar historias de acción cronológicamente. La fuente de inspiración de Malte es la infancia, París y las lecturas más variadas. Expresa miedo a la pobreza, la enfermedad, el fracaso y la amenaza del entorno. El tema central es el trauma de la niñez y el deseo de superarlo. Malte, el protagonista, lucha por superarlo, y, aunque no lo consigue, no pierde la esperanza. Lucha por la de propia identidad y la búsqueda de sentido de la vida, que halla en la literatura y el arte.

En la sociedad hay mucha hipocresía, superficialidad y convencionalismos. El artista está destinado a la soledad. Éste es un ejemplo de humanidad auténtica, pues busca la verdad, no meramente las convenciones falsas. Pero esto es, de alguna forma un pretexto del poeta para protegerse de la inseguridad que le provoca la gran ciudad.

Malte parece contener, según los expertos en sicoanálisis, una insoslayable relación con los miedos y la disolución del yo de Rilke. Dicho de otro modo, la relación posesiva de la madre durante el período de su infancia, la coacción que infringió para que adoptara una identidad femenina, es un tema fundamental de esta obra. El narrador, en este caso de Malte, habla de “amor intransitivo”, amor “no posesivo”. Dios sería la meta del “amor intransitivo”.

También está el tema de la “muerte propia”. En fin, que Malte es la viva expresión autobiográfica de Rilke. Quiso negarlo, pero parecía muy evidente el reflejo autobiográfico de la propia vida, sobre todo de la infancia. Pero todo ayuda, porque es esta faceta “patológica” combinada con la dote de genio artístico, la que hará posible otras obras fundamentales por venir como Elegías del Duino y Sonetos a Orfeo.

Los años que van de 1910 a 1921 son años de crisis, los años de la I Guerra Mundial. De este tiempo no diremos nada aquí. Será a partir de 1922, los últimos años de vida de Rilke (muerte en 1926), cuando legará Elegías del Duino y Sonetos a Orfeo obras de las que vamos a decir algo a continuación.

AÑOS DE PLENITUD DE RILKE (1922-1926)

Durante este período cultiva el género epistolar. Alterna la producción con Sonetos a Orfeo y Elegías del Duino. Trabaja tan intensamente en la creación poética con la fuerza de “un huracán del espíritu”. Desde los Nuevos poemas Rilke no había escrito con tanta profundidad. Buscaba una “interpretación del sentido último de la existencia humana”, que ya está presente en Malte. Un dato que puede resultar interesante es que el poeta escribe a rachas, en días, en semanas, en temporadas cortas. Como si esos días o semanas fueran un único poema. Rachas de inspiración temática agotadoras.

Las Elegías del Duino[3] narran los “estadios que recorre el hombre” a lo largo de su existencia. Este libro de poesía significa un esfuerzo por interiorizar de forma articulada la realidad, toda la realidad que afecta la vida.

El ángel será el símbolo empleado por el poeta para expresar la intuición de una realidad superior o trascendente, mitopoética. El ser humano se ve expulsado de esa realidad ideal. La búsqueda de sentido de la existencia tropieza con la “insuficiencia humana ante su afán de plenitud”. Estas profundas inquietudes del alma de Rilke son expresas a través de “figuras” o imágenes míticas que dicen y sugieren diferentes planos. El ángel es un figura mitopoética, ajeno a la noción que tenemos del los ángeles. Para el poeta, el ángel es un símbolo que le sirve de contraste a la existencia humana.

Rilke se propuso la “transformación de lo visible en lenguaje, descifrando sus dimensiones interiores”. Es así como expone lo humano, lo trágico y las experiencias duras que vive el ser humano.

Elegías del Duino, naturalmente, se adscribe al género clásico elegíaco, cuyas características son la queja y las largas estrofas. La impronta de Hörderlin es notable sobre todo en el tono de los himnos, en la alabanza y ritmos libres.

Elegía 1ª Habla de la insuficiencia de la razón y la costumbre para ayudarnos en las grandes vivencias. La plenitud de la vida humana solamente se alcanza ocasionalmente. Será preciso interpretar el mundo visible a través del lenguaje.

Elegía 2ª destaca lo efímero de las vivencias humanas, en especial las relacionadas con el amor de los amantes.

Elegía 3ª resuena la experiencia sicoanalítica y la necesidad de análisis y conocimiento de sí mismo. El yo es más misterioso que lo que se puede extraer racionalmente de un sicoanálisis. La sexualidad es fundamental en la vida y en la creación artística; y el sufrimiento padecido en la niñez. El poeta canta al “culpable dios fluvial de la sangre”, esto es, al instinto amoroso hacia la amada, más que a la amada misma. Humaniza el instinto sexual en vez de sublimarlo.

Elegía 4ª es muy densa. Plantea cuestiones existenciales no resueltos por el poeta. La inocencia de la infancia se extrapola con la unidad inocente de la naturaleza, la emancipación, dolorosa, rompedora, de la conciencia libre. El yo aparece como en un teatro, desdoblado, múltiple. La elegía expresa añoranza de las vivencias. Expresa los conflictos comunes de la pareja de adaptación y renuncia como los niños que tienen que adaptarse, más que sus preferencias y gustos, a presión de los adultos.


Elegía 5ª la imagen del ‘saltimbanqui’ expresa la inseguridad y extrañeza de la existencia de los artistas. Los peligros a los que se ve expuesto el acróbata es un símbolo de los riesgos y problemas a los que los humanos se ven expuestos. Como si se tratara de un hombre sobre una cuerda de Así hablaba Zarathustra de Nietzsche: “El hombre es una cuerda, anudada entre el animal y el superhombre, una cuerda sobre un abismo”. Los esfuerzos y riesgos del acróbata es un símbolo de vida humana, breve y fugaz, que asciende y desciende como una pelota. Más aún, los esfuerzos de los acróbatas simbolizan los vanos esfuerzos del ser humano por ocultar la muerte.
Elegía 6ª esboza la figura del héroe, positiva, voluntariosa, despreocupado ante la muerte, la escisión de la conciencia, el instinto incontrolable e identificado con su destino.

Elegía 7ª es positiva, entusiasta y esperanzada. El poeta parece hallar un atisbo de sentido de la vida por medio del lenguaje. Hay un tú, que puede ser el ‘ángel’ o la ‘amada’ como sujeto poético. El poeta quiere asegurarse de que sus vivencias perduren en el tiempo: “En ningún sitio, amada, habrá mundo, sino en el interior. / Nuestra vida pasa dedicada a la transformación […] ¿Qué no fue esto milagro? ¡Oh ángel, asómbrate! Pues nosotros somos eso”. Rilke armoniza en esta elegía el aquí y lo abierto, es decir, lo vivido y la totalidad. El ángel, en suma, es superior a la caducidad humana, no se deja atrapar.

Elegía 8ª indica que la conciencia humana está enfrentada al mundo. El hombre, a diferencia del animal, tiene consciencia de su ser en el mundo, con consciencia de la muerte y con nostalgia de lo eterno, o sea, de la ‘unidad originaria’ de la vida. La vida abierta al cosmos, llamada a retornar a la unidad cósmica.

Elegía 9 explora la expresión poética de la realidad. Acentúa el aquí y el ahora de lo vivido. Canta lo doloroso y penosas que resultan las tareas cotidianas. Las cosas y la vida misma son pasajeras, por eso, el poema, la palabra, el lenguaje, servirá para transformar las penalidades de la vivencias humanas en palabra viva capaz de salvarnos des esas dolencias.

Elegía 10ª que toma como imagen el valle del Nilo, simboliza el viaje de la vida humana que, ante la muerte, busca la felicidad. El poeta, tocado por el reino de los vivos y de los muertos, tan propio de la cultura egipcia, apunta a la trascendencia de la vida humana. El río Nilo será una imagen del fluir temporal de la existencia. En todo ello, halló el poeta signos de esperanza existencial.

Elegías del Duino es, ciertamente, una queja, pero sobre todo una señal de cómo el lenguaje pasa del lamento al júbilo y a la alabanza. Esta transmutación el lenguaje es una tarea que no acaba, un bosquejo de la esperanza que no acaba.

LOS SONETOS A ORFEO (1922)

Fueron escritos antes de acabar Elegías del Duino. Hasta el año de su muerte, 1926, Rilke escribió numerosos poemas sueltos. Los Sonetos tienen como modelos a Petrarca, Clopstock y Hördelin. Rilke se identificaba con Orfeo, el cual tenía el poder de hechizar con su encanto. Al morir su amada, Eurídice, descendió el mundo de los muertos y logró convencer a Hades y Perséfone para que ella volviera al mundo de los vivos junto a él.

Atención, este mito sirve a Rilke para superar la muerte por el arte. La muerte de la bailarina Wera Ouckma-Knoop es el motivo de inspiración del poeta. Podríamos osar decir aquí que la bella dama es para Rilke lo que Eurídice a Orfeo o Beatriz a Dante. Beatriz está presente en toda la Divina Comedia. Del mismo modo, la bailarina Wera está presente en los  Sonetos aunque solo dos sonetos le son dedicados, el penúltimo de cada parte.

Los Sonetos conforman una unidad creativa, un ciclo de impresionante trabajo e inspiración. Su tono es gozoso. Lo que distingue los Sonetos de los sonetos clásicos franceses e italianos, por ejemplo, es su libertad compositiva y el tono musical, en vez de la racionalidad y la reflexión. Otra característica es lo temporal, más que lo estático y espacial presente en lo clásico. Cambia las rimas, aunque mantiene los catorce versos. No sigue el cómputo silábico, sin embargo, mantiene el respeto a la tradición.

Los Sonetos (55 en total) tratan temas muy variados: la muerte, el amor, el niño, el animal, la técnica, el destino del ser humano. El ‘ángel’ de las Elegías no aparece en los Sonetos. Emplea como símbolos: el árbol, el pájaro, la fuente, el espacio y las estrellas.

El lenguaje poético es una forma de existir, de permanencia. El poema otorga la inmortalidad: “Y si lo terrenal se olvidara de ti, / a la tierra callada háblale: fluyo. / A las rápidas aguas diles: soy”. El poeta es, el poeta fluye.

EPISTOLARIO

Escribió 10.000 cartas. Este género se inscribe en la tradición del Romanticismo burgués. La introspección y comunicación es un doble elemento en su correspondencia. El epistolario era otro trozo de la creación literaria de Rilke. Prueba de ello es el cuidado y perfeccionamiento del estilo, la lírica, la clasificación y control de envíos. Sin la abundancia  de sus cartas no se puede interpretar cabalmente su obra lírica, narrativa, dramática y ensayística.




Referencias
Bermúdez Cañete, Federico. Rilke: vida y obra. Madrid: Hiperión, 2007.
Pacual Piqué, Antoni. Rilke o la transformación de la conciencia. Barcelona: Ediciones Obelisco, 2010.
Thurn und Taxis, Marie von. Recuerdos de Rainer Maria Rilke. Barcelona: Paidós, 2004.








[1] Cfr. Federico Bermúdez Cañete, Rilke: vida y obra (Madrid: Hiperión, 2007). Sigo las líneas maestras de esta obra para presentar al poeta que nos ocupa en estas líneas.
[2] Para un acercamiento que permita ver la evolución y transformación de la conciencia poética de Rilke, esto es, su concepción de la vida, la obra de arte, la realidad, la soledad, la muere, etcétera, cfr. Pacual Piqué, Rilke o la transformación de la conciencia.
[3] Las Elegías del Duino fueron escritas entre 1912 y 1922. Marie Von Thurn Und Taxis era su amiga y conocía bien al poeta y su obra. Cuando Rilke acabó de escribir las Elegías, la invitó para leérselas, allí tuvo la corazonada se avecinaba el final del artista. Cfr. Thurn und Taxis, Recuerdos de Rainer Maria Rilke. pp. 9-10.
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