miércoles, 28 de enero de 2009

CANTO SILENTE / MÁTAME TU HERMOSURA

Bernardo García Pintado, Canto Silente, Sial Fugger Ediciones, Madrid, España, 2008. En este libro de poesía el autor, monje de Silos, inaugura -al menos cara al público- su presencia en el panorama literario español. Canto silente expresa lo que vive y contempla el poeta con mirada mística. El fraile de Silos pone en juego todos sus sentidos interiores y de los sentidos ordinarios, la vista, la cual agudiza para penetrar los secretos del recinto antiguo silense:

"Roca labrada que habla sin boca". La vista le sirve para agudizar la visión -la divina- y no pierde detalle que lo subyugue: "Mis ojos y mi espíritu celebran / una fiesta en imágenes de piedra, / un festival de historia y de leyenda".

En una de las figuras talladas en piedra del monasterio aparece el Cristo del descendimiento -de la cruz-, ante este episodio de la vida del Señor dice el poeta-místico: "Mano tendida / de un cuerpo desnudo / ¿Buscas limosna o pides la vida?".

No cabe duda de que
hay en los versos de Canto Silente una profundidad que interpela al lector y un mirar que escruta el misterio divino. El sentido de la vista es, por tanto, fundamental en el poemario Canto Silente. Es, diría yo, el instrumento que hace resonar en el alma aquello que mira y contempla el fraile silense: "Árbol de negros ojos en la orilla", "Son unos ojos negros / como la noche triste / que te envolvió en el Huerto", "Son ojos de colores, / los colores del tiempo, / cuando alguien los ha visto / se clavan dentro".

En la tercera parte del poemario fray Bernardo evoca las más hondas vivencias del alma en su encuentro total con el misterio divino, es decir, con la presencia inefable de Dios. "La voz de estas piedras", que así se titula la mejor parte del libro, según mi parecer, contiene poemas memorables y versos tal vez dichos por primera vez en el ámbito de la poesía mística en nuestra lengua. Espero no exagerar, pero tratándose de un hombre de Dios, de un contemplativo, es posible. El léxico de fray Bernardo no es rebuscado, al contrario, parte del lenguaje hablado común. Sin embargo, sus vivencias no son comunes, son singulares. "Pesca divina / en el mar del torbellino", "Que cante / vientecillo de Dios / sobre este nuevo olivo / con las ramas en flor, / que cante siempre / sobre el corazón" (Vientecillo de Dios). "Muchas veces ha venido ese sonido / a mis oídos [...] Muchas veces mi corazón y mi mente / lo han rumiado y lo han mordido" (Ausencia presente). "Mi corazón se ensancha / en otros corazones. // Yo suspiro en sus ansias, / mi amor en su amor se dilata" (Mi amor en su amor). "Un rescoldo con aguas otoñales, / equilibrio de hogar en Dios fundido. / Brasa profunda / del amor que escucha" (Me arropa el silencio).

Matame tu hermosura, Sial Fugger Ediciones, Madrid, España, 2008, es el segundo poemario de Bernardo García Pintado. El poeta sigue la trayectoria de Canto Silente, cuya fuerza, en mi opinión, es mucho mayor en éste que Mátame tu hermosura. No por ello este último pierde encanto, tal vez sea diferente y menos concentrado.

No obstante, la impronta espiritual de fray Bernardo sigue vigente en Mátame tu hermosura. Lo podemos palpar en estos versos: "Nenúfar florecido / en mi cámara secreta". (Cierro mis ojos). "-Mi querido ciprés: / en el claustro de mi alma / y en medio de mi huerto / yo percibo gemidos / inefables y tiernos". "Y de otro rostro el reflejo / contemplas en el limo [...] brotó una flor del légamo / convertida en un hijo" (La hora de la brisa). "¿Qué le has dicho a la luna, / cerca de la alborada, / que ha venido a mi lecho / con caricias de amada?" (Ensoñaciones del ciprés).

Fray Bernardo es capaz de exponer en una sola frase un pensamiento de sabio: "Y yo a ti te pregunto: / una rosa, / ¿para qué sirve?, dime. // La raíz vive oculta, / pero nutre las plantas / y alimenta los bosques" (Amor que escucha).

Los monasterios han sido de siempre -y lo serán sin duda- cuna de vida interior, de refinada vida espiritual, de contemplación de la obra de Dios y de su presencia en el mundo. Los monasterios son, en suma, cuna de la cultura, la ciencia y la sabiduría. ¡Qué bueno haber leído estos dos libros de fray Bernardo crisol de su contemplación y de su experiencia de Dios!


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