jueves, 13 de diciembre de 2007

El Ángulo de la Hermosura, 1995.

Primera Parte

EL ÁNGULO DE LA HERMOSURA

I

Idílicos parajes,
los colores reían, atracción sibilina,
acariciaba mi alma.
Cristalizabas en todo.

Sonoro recuerdo,
sensación de frescura.
Es “suave tu risa”.

II

Doncella, brillan tus ojos.
Tu ternura excita los follajes,
exalta silencios.

Tu mirada anima a los montes,
despierta sombras.

Doncella, me seduce, no lo que pareces,
sino lo que tú eres: Belleza.

III

Te busco, Beatriz.
Escalo tu mirada. Vence tu alma.
Por ella, todo, hasta las raíces
de mi árbol.

IV

Hago alianza contigo.
Has bajado descalza, blanco el vestido,
hasta mí.

El aliento que me vivifica te vio.
Me hiciste pasar a tu jardín,
y, allí, sin poseernos, quedamos prendidos.

V

Cruzas frente a mí.
Asciendes hasta tu residencia.
La música es rumor de compases,
lluvia haragana de la tarde.

VI

Ojos ingobernables
escapan tras la gacela de la Belleza.
Museo de luz el iris.

Milagro grande a mis ojos
verle el rostro a la Belleza,
el sonido.

VII

Desgasto mi voz,
esmalto la palabra. Música tus aleteos,
acordes insaciables.

No niegues audiencia a mi pluma,
a mi lira. Cíñeme el alma con la aurora.
Hazme sentir el calor, el silvo del ruiseñor.

VIII

Belleza te doy la desnudez,
los sentidos del alma, abiertos.

Deseo econtrarte con lo último.
Olvidado de todo me sumerjo
en tus corrientes interiores,
allí el mundo se torna cercano,
iluminación.

IX

Lluvia, septiembre, brilla el sol.
Te cubre el arco de las promesas.
Mojados los pies llevas.

Te vi arder en el crepuscular otoño
de los chopos.

Multiplicaste el oro fundido
de la tarde en el lago.

Fuiste Flora, rubor de savia, frutal sueño.
El arroyo perpetúa, faladoladamente, tus pasos.

X

Con tus alas agitas los pensamientos.
Salto a la eternidad, breve en tus brazos.

Tensas mi voz,
provocas la melodía, el iris.

XI

Belleza, fragua de oro en el ancho océano.
Belleza, lo insólito del arullo; asombro
desnudo del río, limpio e inocente.

Belleza, diamante asaltado por la luz;
rostro tallado en divina piedra.

XII

Semblante sumergido en el espejo,
exposición en el aire,
perfil supralineal, el ángulo de la hermosura,
lunar infinito.

A mí llega, álbea, auroral,
suspirando por mis sentidos.

Simple salta,
fuente de luz insaciable.



Segunda Parte

OTROS ÁNGULOS

XIII

¿Después de ti, Belleza, qué?
Escándalo de hermosura, tu rostro.
Alta vibración, tu ternura.

A mis ojos les negaron la verdad,
fueron engañados.

Mi alma halló tus latidos,
los retazos de tu niñez.

XIV

Aprendí el canto del pájaro,
el idioma de la brizna,
de la araña sobre el remanso
de cristal.

Mis ojos se han educado
al amparo de la beldad que te orna.

XV

Apolo succiona el néctar
de la hermosura.

La Belleza se sienta en tus ojos,
muchacha virgen. Sobrevuela los límites
de los compases.

XVI

Respetuoso el pincel
recorre la tela. El lienzo,
reflejo del alma, arrostra el misterio.
Pintura, idioma de la vista.

XVII

Monalisa, viva brasa tu mirada.

El ciego entiende con el tacto.
Yo te contemplo con los dedos.

Una sucesión de ángeles
bulle en la galería de mi alma.

XVIII

Hambre indescriptible mis manos
desdibujan. Verbo el pincel.
Me adentro más allá de las luces,
es latente la divinidad, la plenitud.

XIX

Ilustres piedras delinean sus cuerpos.
Armonía de átomos, materia dediviva.
Versos de lápidas se tornan altura.

XX

Música, séptimo cielo,
afluente. Rocío destella.
Vuelvo a la vida con el Concierto de Aranjuez,
límite de la dulzura, alma metarritmizada.

XXI

Hay sangre en el canto,
pretendido escondite de tus huellas.
Voz, sinfonía, Venus.

Cuerdas, tu dulzura de arroyuelo,
silvo luminoso del amanecer.

XXII

Palabra bruñida más allá de la forma,
ocaso desnudo.

Detrás de la materia, cascada oculta,
húmedo mirar, tu presencia.

Palabra ígnea, sol que brilla
y tiembla en el mar.

XXIII

Lenguaje, pozo, lago
blando y serpenteante.

Siembro la palabra en el arado.
Nacerá en otro ojos.

Mi juventud, cántaro que se llena
para llenar, ancla que engancha en la roca.

Quedaré derramado. Aquí hallarán
la semántica enaltecida por el fuego.

XXIV

Fonética líquida
se arremolina en la caracola.

Oh Dios, delira la lira.

Labios para el silencio,
crepúsculo, eco de la luz,
pastor de las olas, Orfeo.

Lengua, cae en la pluma barda.

XXV

Nafne, acércate, que pueda contemplarte
por que brille el alba. No ocultes
tus soles a mis mares.

Mírame, luce, diamante encendido,
“al sol que os mira, mirad”.
Vuelve el rostro, deseo contemplar
los lilios blancos de tu boca.

Detente, Dafne, en ese el umbral.

XXV

Sol, tu sonrisa, tu ardiente mirada.
Mar, río, la sangre de tu cuerpo.

La calandria y el colibrí
han colocado tu imagen
en la urna de mi alma.

XXVI

Voz de cristales rotos
en agua feliz fluye,
fina serpiente por el angosto cauce.
Más vida.
Degustar el mundo
con lo que dure el tiempo.

XXVII

Quedo con mi tallos
llenos de otoño.

Súper nova la esperanza.

Buscaré la raíz de mi voz en la luz,
en el logos.

XXVIII

Penélope, urdes besos,
encendidos crepúsculos.
“Oh dueña del amor, en tu descanso
fundé mi sueño”.

En ti está mi infinito,
el centro en que el sol y la lluvia resucitan.

XXIX

Estás triste, cornamente de plata.
Echaré de menos a la hormiga.
Extrañaré el rumor del mar de la ciudad,
fiera domesticada.

Que no sepan los geráneos,
y menos mi guitarra Del Pilar,
que emprendí un viaje
a la ternura.

XXX

Homero, Ovidio, Virgilio,
Dante, Góngora, San Juan, Lope,
Garcilaso, Quevedo, Quintana, Herrera, Darío,
Tagore, Juan Ramón, Machado,
Generación del 27, Neruda, Aleixandre,
Paz, Cardenal, y a todos los poetas menores,
gracias por atisbar la Belleza,
por encender el brasero,
expandir el cosmos, agrietar las formas.

XXXI

Te entregué todo,
vacié el alma por la lira.

Desvelé noches enteras.

En este instante cae la última gota,
la nota última.
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