martes, 19 de febrero de 2008

EL ARCA

Óscar Acosta, a caballo entre la poesía y el cuento, presenta de nuevo, cincuenta años después, El Arca, un libro de cuentos breves que ha hecho escuela en el panorama nacional hondureño. Cuentos que, aunque breves, no dejan de tener la sustancia de los cuentos largos. Es probable, considero yo, que sea más difícil escribir un cuento corto, breve, que un cuento de aliento más prolongado.

La reciente antología “De la vida breve” de Helen Umaña recoge lo más notable de los autores de narrativa corta. Y, naturalmente, aparece nuestro ínclito escritor Acosta. El olfato de Helen para escoger y antologar, no sólo es fino, sino de probada calidadad y excelencia.

En mi lectura de El Arca descubro -aparte de los aspectos que comentan algunos autores que hallamos al final del texto en cuestión- algunos rasgos que podrían llamar la atención a quienes, a buen seguro, leerán la obra. Me refiero, por una parte, al onirismo. Acosta se remonta al mundo de los sueños, al mundo donde lo imposible es posible y nos cautiva trayéndonos a la consciencia. El uso técnico del onirismo empleado por Acosta lo podemos percibir en los cuentos “El novio”, “El cazador” y “La búsqueda”.

Otro aspecto, no menos interesante, es el empleo del mito autóctono como fuente de creación (El vengador, El intrigante, los poetas, El duende). Hallo, dicho sea de paso, un virtual paralelismo, al menos en la intencionalidad y en la presencia de algunos elementos del presagio fatal, entre “El vengador” y el mito griego de Meleagro y Altea.

El mito le sirve al fabulador para recrear imaginativamente el dato o el material que le ha inspirado (El duende). En suma, tanto el onirismo como el mito son parte de las herramientas de las cuales hace uso diestramente el autor.

Quien se adentre en la lectura de El Arca se va a encontrar con una serie de cuentos en los cuales realidad y ficción nos transportan a una atmósfera fresca (La veleta, Los combatientes). El fabulador parte de la realidad y nos introduce repentinamente –ahí reside el logro mayor- en una nueva realidad producto de la imaginación.

Finalmente, hay ciertos cuentos como “El hombre feliz”, “Palabra de honor” y “La búsqueda” que, advierto, por su moraleja, denotan la huella de Hesopo. Si esto es así, habremos encontrado otra clave de lectura de El Arca.

(publicado en La Prensa, Honduras, 2007)

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