jueves, 21 de junio de 2007

microcuentos

Trazos sombríos en la cuentística de Fausto Leonardo Henríquez

"Entre dos oscuridades un relámpago". Este verso de Alexandre podría definir, en esencia, la cuentística del narrador y poeta Fausto Leonardo Henríquez. Pero este relámpago que en Alexandre es luz que divide dos oscuridades, en Leonardo Henríquez es trazo sombrío, un bajo relieve de sal sobre el agua. Conocedor de la mitología griega, el creador se vale de ella no para recrearla sino para mostrarla con nuevas aristas, con un lenguaje sencillo que logra sacar de la rama del tiempo un retoño fértil: el retoño de relatos cortos pero fulminantes. (José Acosta)

CONFESIONES DE TÁNTALO

Este castigo pesa sobre mi alma desde hace siglos. El mundo ha evolucionado desde que divulgué todo lo que hoy el mundo sabe y conoce.

Sigo aquí todavía, con el agua al cuello, en lo profundo de mi memoria. Miro en el pasado lo que fui, mas lamentablemente no puedo escapar de esta insoportable camisa de agua. Ya nadie pasa por aquí, salvo cuando me despierta del sueño algún explorador de mitos.

Soy y no soy, existo y no existo. Sin embargo, estoy vivo porque he llegado a trascender el tiempo. Sé muy bien que yo estoy en la memoria colectiva de la raza humana. Tuve secretos divinos que poseían parte de la verdad. Uno dice su propia verdad, y yo la dije pensando en la gente de todas las generaciones. Aquella verdad es la que todos hoy pueden manejar en torno a la técnica y a las comunicaciones, el espacio y las ciencias.

Tal vez la roca de la injusticia algún día caiga de mi cabeza, porque si algo pesa en mi vida es sentir el peso del mal causado por los de mi misma especie. Otro gran lamento que surge de lo más profundo de mi interior (cuánto lo he dicho en mis plegarias matutinas) es el hambre de eternidad que despiertan en mí las frutas del árbol de la vida. Esas frutas jugosas que se me escapan y huyen de mí causando un hambre muy honda. Es agónica mi insistencia. Vivo pensando en probar esa fruta. Es desesperante porque nunca las alcanzaré.

Si Dios no me saca de estas aguas turbias de la nada cotidiana y si no me quita esta tosca piedra de mi cabeza, seguiré postrado ante el mal.

Yo, Tántalo, confieso que deseo ir con la humanidad toda hacia donde se pone el sol, allá, donde nunca muere la esperanza.


EDIPO REY

En el cruce del camino la muerte aguarda impaciente. Un hombre de pelo canoso alterna su arma con un desconocido joven. Éste le vació el aliento con la punta del hierro, atardeciéndole el día. El joven se casa con una bella mujer, reina. Eros y Afrodita reían, eran sus padres. Angustia, ceguera, destierro.


HACHA MÁTER

Eterno, pero apasionado, al borde del miedo, admite un acto de antropofagia. Dueño del cielo, sin duda, mas terrenal su vida, tristemente. En su cabeza la vida germina. Un hacha alumbró a una mujer, Atenea.

PROMETEO

Engendró a la humanidad de tierra y agua. Enseñó al hombre el fuego para calentarse por las noches, al amparo del cielo desnudo y frío. Vino el castigo, cruel y sin tiempo limitado. Un ave rapaz, purgaba su delito en un monte y le roía el hígado con atroz y cíclico empeño. El mundo ardía en llamas.

UNA ENFERMERA EN EL HOSPITAL

Socorro adquirió fama en el hospital público. Ella era para los enfermos como un bálsamo. Su sonrisa, su humor y su mano tierna le hicieron popular. Sólo se hablaba de ella. Los médicos, alarmados, la buscaron hasta saber que, en realidad, hacía veinte años había fallecido.

AVE SIN NIDO

Susana fue sorprendida con la llama inconsumible de Eros. El joven era de prosapia y seducía con su sola presencia. Interpuso Ártemis su fuerza y desintegró el amor, tal vez el último de Susana -el tren estaba a punto de dejarla- quien perdió la flor de la virginidad y quedó como ave sin nido.

PROMETEO

Engendró a la humanidad de tierra y agua. Enseñó al hombre el fuego para calentarse por las noches, al amparo del cielo desnudo y frío. Vino el castigo, cruel y sin tiempo limitado. Un ave rapaz, purgaba su delito en un monte y le roía el hígado con atroz y cíclico empeño. El mundo ardía en llamas.

MELEAGRO Y ALTEA

La muerte fue previamente advertida. El hombre sabía que iba morir en el día y la hora menos indicados. Pero no sabía ni ese día ni esa hora. Lo cual se convirtió en una muerte lenta, más muerte por lenta que por muerte en sí. El fogón ardía, crepitaba con estertor y ansiedad. Nadie se daba cuenta de que un leño separado por una mano invisible, con callada malicia, en un rincón sagrado del templo yacía apagado, porque de él dependía la vida de un individuo. Ese leño era dueño de una vida. El hombre odió, sintió misoginia y asesinó. Entonces, una mujer encendió de nuevo el tizón y la muerte se hizo amo de su vida.

PROGNE Y FILOMELA

No podía imaginar hasta dónde llegaba la pasión de un hombre ni cuán perverso es un corazón torcido por el deseo. Mi hermana Progne, la pobre mujer, se puso muy angustiada cuando mi padre Pandión se la dio a Tereo como tributo por ayudarle en una batalla en la que salió vencedor. Al cabo de un tiempo le vi llegar a mi casa. Le pregunté por mi hermana Progne, y él, cínicamente, gimiendo, me dijo que había muerto. Me sedujo, nos casamos y yací con él. Algo pasaba. Lo presentía. Vi venir a Tereo hacia mí con un cuchillo plateado y de gran filo y me cortó la lengua. Casi me vuelvo loca. Al fin supe que mi hermana estaba oculta y que vivía, pero como no podía hablar le conté con signos bordados cómo me engañó mi cuñado. Progne, llena de cólera, le dio a comer a mi sobrino. Su persecución contra nosotras fue tal que de no convertirnos en ruiseñor y en golondrina no les cuento esta historia.

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Localización tierra natal, República Dominicana