martes, 8 de febrero de 2011

DOMINGO MORENO JIMENES Una existencia sacudida por la sed de infinito

Introducción

Con el tiempo he comprendido que como mejor conozco a un poeta es comentando su poesía. Al acercarme a su obra como lector crítico, o mejor, como oyente de la palabra poética, logro descubrir lados ocultos muchas veces imperceptibles en una lectura corriente.

Moreno Jimenes es para mí uno de esos poetas que me ha abierto algunos frescos de la poética dominicana que yo no había visto hasta hace apenas un año. Con este poeta la personalidad dominicana se afinca sólidamente en la verdadera identidad que queremos forjar los dominicanos.

1. Placer que produce dolor. A todos un día, más tarde o más temprano, nos sale al paso la pregunta aristotélica de quién soy, de dónde venimos, hacia dónde vamos. Al poeta que ocupa estas líneas no le son ajenas esas cuestiones capitales. Él siente angustia existencial. Se siente inquieto. Sólo la esperanza lo sostiene en el vuelo, en el tiempo que pasa. «“¡Nunca dolor humano / fue comparable al lento/ pesar, que va minando / mi existencia a desvelos […] la esperanza / impulsa al raudo vuelo!».

Quien se pregunta acerca de la vida, topa con la pregunta sobre la muerte. Ésta sale al paso del poeta como detonante de hondas preocupaciones: «¿Ahelos? Sí, el anhelo / de descansar muy pronto […] allá en el cementerio».

El poeta se sabe dotado de la palabra poética. Asume que su vida es el arte, la poesía sublime, auténtica. «Mientras un soplo exista vital y triste / en mi ser, ese soplo será primero/ para el arte sublime que me subyuga: / él derrama la lumbre de su consuelo; / él sostiene la rosa de mi esperanza; / él cuida de los lirios de mis ensueños».

La juventud, que bulle en su cuerpo, reclama el goce de los sentidos, mas éstos no sacian otros reclamos más profundos. El dolor aterra, el placer alivia. El poeta rechaza el primero y se refugia en el segundo. «Maldije mi dolor, y ciegamente / apuré los placeres de la vida». ¿Cómo no recordar aquellos versos de Jorge Manrique?: «Cuán presto se va el placer, / cómo, después de acordado, da dolor».

En esta etapa de la vida el artista siente «ignotos anhelos», «ansia ardiente» en su alma. Este es el indicio de que estamos ante un ser sensible, acucioso, inquieto e insatisfecho. «Tras cada ignoto anhelo o ansia ardiente / quedaba mi alma sumida».

Después del placer viene el dolor, la tristeza. El joven poeta experimenta los placeres. Tras el desencanto de los mismos, por no llenar su vacío existencial, descubre una presencia que, e n mi opinión, podría ser divina. «Atado a la ignominia del deseo / tanto tiempo viví, que ya no creo / en eróticas escalas. // Mas, como para amar vine a la vida, / ahora inquietan mi alma entristecida / dos manos, que pudieran ser dos alas!».

El joven poeta pasa por una etapa de oscuridad. Su existencia se sume en una noche que abarca su fe y su numen creador. «Sobre la mar de mi existencia / ya no navega ni una aurora: / mi fe, mi arte… todo oscuro».

La grandeza de alma del joven artista, su comunión con Dios le lleva a reconducir su libertad por caminos diferentes. Una visión, un rapto sobrecoge al poeta. La muerte, el luto, la tristeza ribetean el pensamiento del bardo que, estremecido por la temblorosa aspiración de la Celestina, se reencuentra con Dios, con el depósito de la fe en su interior, con lo cual se entona el sentido de la vida. «Hice lo que no hacía en muchos años: / orar y prometer a Dios ser bueno».

2. La sed de infinito, hambre de plenitud.

Si en los versos de juventud el poeta nos deja ver con naturalidad con cuánto ardor buscó saciar los reclamos de los sentidos, con no menos fuerza nos comunica en su obra poética otra constante: la sed de infinito. Sus aspiraciones ya no son apagar el fuego de los placeres, sino las de calmar la sed de trascendencia, de algo que está más allá de lo puramente sensorial. Esto es, por supuesto, muy significativo.

El poeta se propone, en su búsqueda trascendente, cantar lo infinito, aquello que rompe lo común y que sólo el alma capta. Sabe el aeda que su arte no morirá con la extinción de su cuerpo, por lo que tiene la esperanza de recibir la palma, la corona de laurel que merece su obra. «Quiero escribir un canto / sin rima ni metro […] Canto que tuviera dos alas […] que me llevaran hasta donde quiere, / con su sed de infinito, / en las noches eternas volar el alma […] cuando la eternidad orle mi gloria / con sus palmas de luz!».

El credo el poeta queda evidenciado en lo que podríamos denominar su “’profesión de fe”. Este credo consiste en la vocación esencial del ser humano en el mundo, a saber: buscar el Bien y la Verdad. Dios nos ha creado para tal fin. Noble y sublime fin de la existencia humana y, por ende, de un artista como Domingo Moreno Jimenes. «Dios / creó / al Hombre / para la gracia, / el bien / y la verdad […] Toda la dicha consiste en no cejar».

En el credo de Jimenes cabe también la belleza y la paz, la «que triunfa en el aire», «la oración [contemplación] que conmueve el bosque». La misión del poeta, no es entretener, sino asombrar, o mejor, testimoniar su asombro, desvelar con su fina percepción poética lo que el ojo humano común apenas si capta. Ojo que es razón, inteligencia intuitiva. Su alma inquieta no descansa. Esta inquietud interior le descubre «augurio incógnitos». «La paz triunfa hasta en el aire […] y una oración conmueve el bosque». «Lo que me mata: / mi piedad; / lo que me salva: / la inquietud».

La vida, su destino último, que es gran incógnita de la existencia “no acaba aquí”. El poeta lo sabe, por eso dice: «todo acto crece en la eternidad». Cada instante, cada obra realizada en el aquí y el ahora crece donde el tiempo ya no se mide con el cronómetro, pues la eternidad se ocupa de que la vida alcance la plenitud, la gloria. «Su voz fatigaba la aldaba / de mis augurios incógnitos […] Convencido más de una vez tengo que estar / que la vida no acaba aquí. // La vida que se vive no es sólo la vida. / Todo acto crece en la eternidad».

Jimenes, en tanto que artista que plasma una realidad poética, nos coloca ante su obra y nos advierte de que su canto, su poesía, proviene de una remota estancia. Allí, en esa estancia, las cosas, dice él, son “santas”. El rumor de su poesía proviene de esas esferas. Esto no lo podemos olvidar a la hora de leer y analizar la obra de este poeta dominicano. No en vano, al más puro estilo de William Blake, proclama la religión universal, la única religión que tienen los poetas cuando entran en sintonía con el Todo. «¿No ves en mis ojos el eco santo de lejanas canciones?». «Ya el poeta puede en la calenturienta noche / ver la luz de la Religión Universal […] Mi visión iluminó el promontorio entero».

3. El lado romántico de Domingo Moreno Jimenes. Todos, al menos alguna vez, hemos sentido el hechizo de la belleza de un rostro, de una figura joven. Los versos amorosos de Jimenes me transportan a los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” de Pablo Neruda. No hay similitud entre estos dos grandes poetas, no, hay sintonía emocional.

Lo popular se hace eco en el poema la “Niña Pola”, la niña bella, cándida, feliz, como una ninfa de los campos. La exaltación de su tierna beldad en su estado puro y casto. «¿Qué será de la niña Pola […]? Crepúsculo y alma, / ingenuidad y gloria; / suspirillos de un pecho que no había tenido pesares nunca, / inquietud de unos ojos que habían rondado por la montaña, / tras el arco iris que los corpúsculos tornasola».

Los efectos de la pasión, el encuentro de los amantes, queda perfectamente dibujada en este verso: «He incendiado las aguas de instantes».

Hasta en el amor el alma del poeta es triste, melancólica. Amor criollo, taíno, que exalta los rasgos tropicales de la mujer: los vellos de sus piernas, sus cejas arqueadas, su piel mestiza, la abundancia de sus pechos. «India, desde la cabeza hasta los pies, / in-dia; / debí decir mestiza, / pero ya ves, escribí india / y no me arrepiento: ¡a veces la salvación de un porvenir está en el pasado! // Con la tristeza de tu mirada / y la majestad de tus senos, / yo estoy comulgando horizonte arriba».

Hay en los versos amorosos de Jimenes una impronta de “Romancero Gitano” lorquiano. Nuestro poeta canta con estos versos ligeros: «Amor tocó a su puerta. / Canción sonó en su oído. / La esperanza en el viento. / Polen de alba en el nido».

4. Variaciones, claves de lectura en la poética de Moreno Jimenes. En este inciso querría destacar diversos temas tratados por el autor que nos ocupa. El primero es la poesía negra (El haitiano). Jimenes elogia la vida sencilla de los haitianos que usan la astilla de cuaba para encender el fogón, que fuman tabaco fuerte beben agua ardiente. «Bienaventuradas las cosas humildes / que se yerguen siempre sobre el polvo frío de todas las cosas!».

Un segundo elemento característico de la poesía de Jimenes es el uso de los elementos de la tierra: plátano, maíz, guineo, vaca. El poeta elabora su poesía con las cosas elementales del campo. No nombra simplemente las cosas, sino que atrapa la dimensión telúrica del trópico dominicano, con la grandeza con que lo hace su paisano, Franklin Mieses Burgos en su obra “Trópico Íntimo”. Escribe Moreno Jimenes: «Maestra: recuerda el amanecer con su vaca lechera, su humo de sol, / su organillo de pájaro… / Háblanos del plátano que rezaba a la sombra / y del guineo que amarillaba junto oreganito;/ del maizal […] y te anhelan mis hijos que están en gestación desde la infancia» (Maestra).

El poeta se sabe en comunión, es decir en empatía con la tierra y con las criaturas que la habitan. No estamos solos, convivimos con todos los elementos de la tierra. «Lancé una rosa y los jazmines al viento, / y sólo quedó flotando en el instante esta sola palabra: “tierra”.

Esta dimensión telúrica se hace cada vez más intensa, yo diría que esencial en la poética de Jimenes: «Todos los ojos de la Naturaleza / querían sumergirse en el crepúsculo de la tierra» (Campiña poblada).

Una tercera variación temática en la poesía de Jimenes es el dolor. La herida, el dolor, el aguijón, la lágrima se vuelve aroma de suave olor, iridiscencia, el lugar exacto para expandir «la íntima fragancia». Más abajo vamos a dedicar un apartado a la cuestión del dolor, ya que es un nervio vivo en la obra de nuestro autor.

Una cuarta veta temática en la poética de Jimenes es la trascendencia. La existencia humana, como las lilas que crecen en el fango conservando la belleza intacta. Así nuestro ser crece en la tierra y aspira al cielo. Lo humano crece en el tiempo, en la finitud, pero tiende a lo alto, a lo divino, a lo eterno. «¡Qué será de las lilas / con medio cuerpo bajo el cieno, y medio cuerpo sobre la vida!» (Hora azul).

Quinta variación: El dolor. El dolor como agonía de la existencia humana. El problema del dolor no es casual, accidental, en la obra de Moreno Jimenes. Su obra poética conjunta va dejando una estela a lo largo de su periplo. «Disfracé mi dolor con crueles frases: / El campo… / la hija de la lavandera de mi familia… / ¡Ay, yo mismo, que soy un dolorido corazón, / ignoraba que en el fondo de toda gran desdicha existe un gran sonsuelo» (Éxodos).

En los poemas de juventud hallamos la cuestión del dolor «Maldice mi dolor» (Ofrenda muda). «El dolor que me muerde las entrañas» (Drogas para mi tedio). «¡Y mi doliente afán de ajuar antiguo!» (India). «Cual si el dolor se te volviera aroma» (Nuevo madrigal). «¡El cielo que tengo por delante no es doloroso; / pero el horizonte de mi vida presente, sí que lo es!». «Una crucifixión de albores me distiende el oriente del camino» (Aleluya de invierno). «¡Oh realidad del retorno cumplido! / Tú eres dolor y almendra» (Lirios tumbados). «Dolor, ¿cuál es tu friso, a dónde tiende el hábito de tu propulsación?» (Últimos canjilones de la primavera).

El acto creador, es decir, el momento mismo en que el bardo lleva al poema la palabra inspirada, brota de la sangre, de la vida, del dolor, de la tristeza. Llama la atención el carácter melancólico del poeta. Su tristeza deviene, acaso, de su sensibilidad estética. El poeta vive poéticamente su ser y estar en el mundo. Su gloria, y su paz y su agonía, dependen de eso. Sin embargo, nada es perfecto en este mundo, con lo que la visión poética de la tierra y sus criaturas, y del infinito, se ve tronchada por el dolor y la tristeza, que es, justamente, el motor que dinamiza la poética del aeda que nos ocupa. «Infinito, tú sólo me bastas hoy para estar triste» (Últimos canjilones de la primavera).

Sexta variación: la utopía. Quien tiene conciencia de sus ideas, como sucede con Moreno Jimenes, no puede menos que desvelarse en sus cavilaciones. «Cuando me tengo que levantar de noche, / porque la creación me quita el sueño» (Vislumbrar América). La materialización de la utopía, “ver vislumbrar América” conduce al poeta a una profunda desolación: «Palmo el vacío de la vida / y la oscuridad de mi entendimiento». Pedro Henríquez Ureña, Juan Ramón Molina idealizaron a América.

La América nueva está llamada a dar un salto cualitativo. Un salto a la vida. «Franqueado el primer paso: ¿por qué vacilas en dar el último? Lo último cuaja el hecho en bramido de acto».

Pedro José Gris maneja la tesis de los “saltos de la vida”, es decir, de los saltos que se dan por acumulación de potencia. Así el organismo, el parto, la pubertad, etc. América, análogamente, acumula el potencial de un nuevo albor, de una nueva vida. Esta visión poética de Jimenes requiere sintonía y escucha del presente y del devenir.

miércoles, 19 de enero de 2011

POSTULADOS DEL MOVIMIENTO LITERARIO INTERIORISTA (Fundado en julio de 1990, República Dominicana)


Modos de Ficción Literaria:

1. Realidad real: objetiva, histórica, concreta, material, circundante, realista, costumbrista, social, mimética (La imaginación reproduce y recrea la realidad) El escritor es mimético.

2. Realidad Imaginaria: subjetiva, fantástica, Simbolismo, Imaginismo, Modernismo, Creacionismo, Surrealismo (la imaginación idealiza la realidad) El escritor es imaginario, mítico.

3. Realidad trascendente: metafísica, sublime, profunda, espiritual, recreación de lo trascendente, revelación de la realidad trascendente. El escritor es interiorista.


INTERIORISMO: tendencia estética que revela la verdad subjetiva de las cosas expresada como certeza de la conciencia mediante el lenguaje de la intuición.

Un aporte fundamental del Interiorismo: la imagen. El Movimiento Interiorista, como el Romanticismo o el Modernismo, ha creado su propia imagen. Esta es, a saber, “verinto”, neologismo que significa que en el interior de cada cosa hay una fuerza, una verdad profunda y trascendente, una sustancia intuida o revelada –no siempre explicable, al decir de Gris, con nuestras palabras- que te atrapa en el poema y no te suelta. ”Ejemplos: “Oh río, oh templo donde mis ojos de agua / beben lo que olvidan” (Oda a una nube, Pedro Gris). “Invisible oropéndola rozándome la carne / invisible” (Huésped en la noche, Julio Adames).


El método interiorista.

La Poética Interior propone el método de los siguientes principios:

1) Situarnos en el interior (esta es la técnica fundamental del Interiorismo) de la cosa para captarla, sentirla y valorarla como realmente es.

2) Atrapar el impacto del mundo circundante en la conciencia del sujeto creador.

3) Identificarnos sensorial, afectiva y espiritualmente con la cosa.

4) Vivir y expresar los valores interiores, como empatía universal, ternura cósmica, silencio contemplativo o soledad sonora.

5) Revelar verdades profundas, que son las verdades poéticas, verdades metafísicas o verdades trascendentes de vida.

6) Exaltar los valores universales, como la verdad metafísica, la belleza sublime o el bien supremo.7) Desarrollar los poderes interiores con el concurso de los sentidos interiores, la capacidad de creación y la visión espiritual y estética del mundo.

8) Identificar y expresar la voz interior y la voz universal como una forma de habitar interiormente el mundo con valor y sentido.

9) Comprender y valorar la voz del yo profundo, el sentido de lo existente y la búsqueda de lo Absoluto.

10) Ponderar nuestro vínculo espiritual con la Totalidad en razón de nuestra pertenencia a un destino mayor que confirma que somos uno con el Universo.


Postulados del Movimiento Interiorista

1. Expresión de la interioridad de la persona y de las cosas mediante la auscultación de la voz interior. Se trata de escuchar la voz interior del ser, que nos reclama un ideal profundo y universal: «Fugitivos largartos milenarios / como perlas se alejan y se pierden en el origen de una luz enredadiza / ¿Acaso no vuelve la llama sobre sí misma? ¿Y no grita el ave cuando sobre su sombra pasa? / Me quemo sí / me hundo en los ardores de un animal / sin pensamientos / En la espesura hay llantos que alucinan / anémonas florecen y crecen en quietud» (Iki Tejada, Lartos fugitivos)

2. Contemplación del mundo como expresión de lo divino. El mundo es expresión de la divinidad, expresión de amor y ternura sublime: «El mar es enorme./El caracol, pequeño./ Mas en el laberinto del caracol/ está toda la sinfonía del mar inmenso./ Yo, que te contemplo,/ soy sólo el caracol/ de tus misterios». (Tulio Cordero, Silogismo Infantil)

3. Búsqueda metafísica o la búsqueda del sentido trascendente. Se trata de situarse reflexivamente frente al misterio para intuir el otro lado de la realidad, lo intangible, para atrapar el sentido de lo Absoluto. “Esta ventana está abierta hacia sí misma: / anillo entre dos sombras, / túnel por donde regresan mis ojos / a mi rincón de sangre. / Esta ventana no está abierta a nada, / no hay un chorro de humanidad / hirviendo entre sus párpados, ni un camino rodando en su distancia / ni el olor a presencia de algún pájaro. / Esta ventana no está abierta a todo, / no tiene un hombre hundido en su estatura / no tiene una lámpara empujando las tinieblas / no tiene un gato dormido en su misterio / ni una voz trepando los espacios” (José Acosta, Esta ventana)

4. La creación mitopoética como expresión sacral del mundo. Mirar el mundo como los que creían en los dioses, es habitarlo poéticamente, como algo vivo y sagrado. “Templo que el agua levantó dichosa / al dios que en la noche, solitario, pasa / hacia el bosque umbrío donde el verde / es sombra, / donde se hace inmensa la luna y el alma / templo de frescura, savia de los campos, / hacia ti, borracho de amor y ausencia / alzo mi esperanza, mi vida disuelta, mi existencia. / Arrebolada ternura, catedral de blancura: cuerpo / vientre estremecido del rocío, espuma de los vientos: cuerpo / lenta ola hacia un Mar perdido / espejo de sangre del ocaso. / Río de los sueños abogando tigres y amadas miradas / en su noche verde / ¡Oh río, oh templo donde mis ojos de agua beben lo que olvidan!” (Pedro José Gris, Oda a la nube).

5. Auscultación del lenguaje del yo profundo. «Cementerio de la tarde/ Un vaho blanquecinoentre árboles dormidos/ y un leve sol / desparramado./ El mito de la tarde aún existe…/ Algo hay de mí en sus verdores apagados/ en esas manchas solitarias/ en ese gris transido de rostros./ Pretendo la soledad pero todo me asiste:/ solo entre ramas y azahares hay una multitud insólita./ Ahora todo mi universo es fronda / silabario ancestral/ brumas desdibujadas y pausas…/ ¿Es vivir ser parte de las cosas?/ Busco las moradas donde asirme/ como quien se niega a sucumbir/ y sigo con la tarde descrita en luz de luciérnagas/ que transitan horadando la oscuridad./ Mis corceles asidos de dioses cabalgan / y todavía la tarde es la luz podrida/ cementerio azul/ ráfagas de alas./ Y retengo en mis manos la tarde/ abrevada pero cierta/ llena de mariposas, / cocuyos fugaces / y un tropel de alas en el sueño/ en las lindes de mis ángeles…/ Tarde que es un espejo/ un pasadizo por donde huyo a encontrarme/ con mis dioses./ La tarde que urdo y despojo en arcoíris extintos/ es esta de luz fallida/ de soles oscuros que obnubilan los espejos./ Tiempo detenido que mitiga la luz / la célibe tristeza de los ojos que estrenan sus soles/ sus cirios apagados./ Ojos de una instancia/ donde todo es el chasquido de hojas magulladas/ desde antes que el tiempo creara su tortuga/ su horóscopo de sangre./ ¿Qué tiempo no ha existido aniquilándose?/ ¿Qué tarde no fue esta tarde/ sólo porque mis ojos la negaron?» (Guillermo Pérez, Cementario de la tarde).

6. Ternura cósmica en una compenetración sensorial, emocional, imaginaria e intelectual con todo lo existente: «En la hondura del cosmos/ Allí tengo mi rostro/ el rostro verdadero/ en la hondura del Cosmos/ en lo alto del tiempo/ más allá del rumor posible/ de las cosas/ de la lluvia sin voz/ de la noche sin sombra/ donde el cielo pesa/ lo que pueden mis hombros/ y la luz se piensa/ en los remotos espejos» (Óscar de León Sivlerio, En la honduras del Cosmos).

7. Valoración de la verdad interior, como verdad metafísica o poética. Es la verdad que cada persona intuye del mundo, una verdad profunda y trascendente. “He escrito la palabra profundo / y ha nacido un pozo en mi papel / donde cabe el mundo. Cruzo el / lindero de la palabra y ya profundo / es una mancha donde se pierde la mirada. / Escribo agua y bebo. Sangre y lloro. / Hoy todo lo escrito ha buscado su efigie / su osadía de ser, su forma. / Y he aquí escribo hombre / y surge alguien que me besa. / Escribo Dios y algo se esconde / y mi papel simplemente tiembla” (José Acosta, Transformación).

8. Canalización de los sentidos interiores: la intuición, la imaginación, el instinto, el sentido común y la memoria sensible. Estos sentidos nos abren a la vivencias entrañables y trascendentes, o sea, suprasensoriales: «Brumas de tersas manos en oblación, aprietan/lirios sin sentido.// En los ojos, la nada/ del caracol desanda/ su saliva.//Volví: el polvo/ del camino despertaba/ mis huellas.// La ventana diáfana / a un cielo que no ve/ asciende.// Es un Dios:/ el ímpetu de luz/en el follaje verde.// Si me cae encima/el cielo: diré/ que era hambre.// Asusté al abismo/ arrojándole un puñado/ de viento.// ¡Cuánta luz!/ Bajo la roja arcilla/ de la cruz.//» (Julio Adames, Bajo un velo de llamas).

9. Aplicación de los valores interiores: el amor, la ternura cósmica, la verdad profunda y el bien, la belleza sublime, la paz interior, la soledad sonora, el anhelo de lo divino. "Búscame Tú con tus ojos de rocío./Llámame Tú con tu voz de paloma./Sostenme Tú con tus manos de espigas./Y ríeme con tus dientes de lirio./Mírame y cuídame Tú/ que conoces ya todos los olvidos./Búscame Tú que sabes de memoria las puertas/(las has tocado todas)./ Y ámame con tu Centro zaherido,/ saltamonte de hiel, de miel y de trigo" (Tulio Cordero, Búscame).
«Estoy al final de la noche/ una espantosa belleza/ me hiere/ Es demasiado/ para mis ojos/ que morirán mañana/ Estoy llorando por no saber qué hacer/ con el presuroso río y esa luna clavada en su soledad.»
(Sally Rodríguez, Noche).

10. El empleo de los signos interiores o metasemas. Estos apuntan a la realidad trascendente, a lo intangible. El metasema conjuga lo extrasensorial con lo sensorial. Éstos son: penumbra, neblina, humo, niebla, sombra, llama, murmullo, celaje, rumor, etc. "Hermano sol/ hermana luna/ pastando estoy con mi lobo/ en la soledad del alto aposento/ Escuchad el silencio del monje/ dormir con su flauta las cavernas/ La prontitud se aposenta en el no-tiempo del bosque/ donde los lienzos de sombra prístina/ se gozan en la eternidad de la hora" (Ramón Antonio Jiménez , Encuentro en la presencia).

11. El empleo de los símbolos interiores. Son recursos que el creador utiliza para simbolizar la realidad trascendente. A saber: la noche, el valle, el cirio, el espejo, el cocuyo, etc. «Huelo la noche. / La atisbo y la toco como un cocuyo / trazando círculos quebrados. / Huele a pájaros dormidos y a hojas muertas. / La noche piensa, tiene corazón de hierba / su pulso late en el diafragma de los insectos / y canta con olor a resina / secretos de estrellas y luceros. / Rugen sus búhos la impotencia de la sombra / pero asume su dolor callado en la majestad de rocío. / Viene a mí desnuda la lástima / en una brutal entrega de nardos. / Deambulo entre los huecos del silencio / arrastrando su cadáver de niebla. / La noche madre vientre se ancla en el éter / como un grito en la gravedad» (Ángel Rivera Juliao, La Noche).

12. La vía de unión universal mediante el vínculo místico. Es el anhelo de vivir en armonía con la naturaleza, con la familia humana, y con el cosmos: «De pronto, todo es agua y es temprano / y es sol el agua y eres tú la fuente./ Todo es temprano y agua de repente/ y te fluye el Tabor entre la mano.// Es todo transparente y todo humano, / todo piel de la Luz, tempranamente, / para llevar tu nombre entre la frente, / para manar... / Debajo del manzano // te desperté, / entre la piel manada. / Es del agua tu nombre, desposada, / del árbol recental de la inocencia.// ...Y es agua todo y boda y es mañana, / y la novia se viste donde mana / la fuente antes del sol, su transparencia.» (Juan Miguel Domínguez, Icono en el Jardín de Arimatea)

Nota: Esta síntesis del Interiorismo Literario la he hecho en base a los textos fundamentales de Bruno Rosario Candelier. La ejemplificación de autores son de mi autoría.

jueves, 13 de enero de 2011

Comentarios literarios: Libro GEMIDOS DEL CIERVO HERIDO

Comentarios literarios: Libro GEMIDOS DEL CIERVO HERIDO

Escritor: Fausto-Antonio Leonardo Enríquez, C.M.

Por Sofía Sala, Tarragona, España.


PRIMERA PARTE: "EJERCICIOS DEL ESPIRIM

Brota de las mismas entrañas de la tierra como afirmación del Amor:

"La tierra levantará el alma"...)

El poeta tiende en su creación, un canto que nos permite numerosas matizaciones en un confín interno y externo, un ejercicio espiritual, conversaciones en el silencio interior que despierta luces nostálgicas entrelazadas con rezos, súplicas y agonías que no encuentra "huerto de olivos..." ni Cruz que no me haga sentir abandono...)

El poeta sigue luchando en sus conversaciones con Cristo como una oración llena de fuerza: "Señor la tormenta arrecia, Salvanos de esta noche amarga"...)

Del Cristo verdad al Cristo vida el poeta comprende que una y otra sólo alcanzan valor al ser vividas en Cristo. Este valor se adquiere por la participación en la historia de Cristo muerto y resucitado, la pequeña vida particular del poeta, "Señor abrázame que tengo frío. Susúrrame al oído los secretos del Verbo...) en estos versos comprenderemos que la opción particular adquire un valor eterno y se convierte en parte integrante del sacrificio de Cristo.

"Me descubres tu voz en este aposento / donde el rumor de mis rezos / intenta retenerte" / ...

Por estos versos nos damos cuenta que el poeta lucha en su interior y en sus conversaciones con Cristo unas meditaciones de gran valor espiritual, que al hombre siempre empequeñece ante la grandeza de Dios, en unas imágenes de amor humano, para dar una idea de lo que el poeta puede llegar a sentir como divino.

El verso libre acentúa la personalidad y el intimismo del poeta. Una intimidad no estrovertida, cerrada entre sus habitaciones sin llaves, entre sus cielos, entre su persona como hombre que llega a explorar todas las salidas para buscar un encuentro sin humedad, sin herida que abrace su inmensidad hacia la gran campana de su alma y encontrarse en algún monte azul con el "Amado".

"Un guiño de ternura imantó el niño / que guardo en mí. No me podía esconder..."

Esta poesía coincide, con el interior de todo ser humano que quiera encontrar el momento dulce y puro de la niñez y trasciende la luz que refleja la armonía con la súplica de "Señor, que llueve y necesito que me cubras!"...

SEGUNDA PARTE: "GEMIDOS DEL ALMA HERIDA"

Los poemas que reúnen esta parte del libro el poeta siempre lleno de conceptos religiosos, logra que el lector quede marcado hacia la elevación del amor y del recogimiento dentro y fuera de los ciclos que marcan todo aquello que puede y debe recordarnos la gran inmensidad de Dios.

El poeta vuelve a recrearse en la gloria divina:

"Ay, Amado, mira m¡ agonía..."

Para encontrarse con la semilla, la piedra, el polen y sin darse cuenta se entrega a la luz y a la belleza que produce siempre el alba enamorada, y el brillante rocío entre las flores.

En todos los poemas de ésta segunda parte, es una entrega constante de amor hacia Cristo en la eucaristía. Por la eucaristía en la que nos es dado bajo el signo" el Cuerpo de Cristo muerto y resucitado.

"Desde la Custodia abrazas el mundo, destellar / amor, irradias vida sin límites.! Verbo encarnado, / eterno pan, kénosis de harina celeste!...

En estos versos se pregunta como encontrar una luz superior y encontrar el evangelio con la luz de Dios, llenarlo de humanidad. Que me queda por hacer?. Comprende que está la eucaristía como doble cornJemplación de Pasión y Resurrección.

Con la misma levedad con que se desprenden las hojas de los árboles así también el poeta se va desprendiendo de sus impresiones líricas, haciéndolo con una síntesis de pensamientos blancos que conducen a un núcleo de versos cuya depurada intensidad religiosa va configurando una serie de estados emocionales vinculados a unos sentimientos que quedan fuertemente unidos a esa alma que sin mancha concebida sedujo al cielo, vaso limpio del Espíritu Santo y que se llamó Virgen María.

TERCERA PARTE: "HUMANIDAD DEL VERBO"

El poeta nos da en estos versos la conjunción indisoluble de la vida y obra de los acontecimientos de nuestra Iglesia, y deja un camino pleno de lírica alumbrándolo desde lo más íntimo de su ser en composiciones magnificas con un lenguaje elevado y desnudo.

¿En que reside el auténtico valor de este retablo poético? En que la sucesión de pensamientos breves responde al autor, no lo aparte de su manera de ver y entender la materia que trata, dotándola de líneas esencialmente sublimadas por la sencillez de su apasionamiento, huyendo de una realidad para llenarse de íntimas aspiraciones hacia Dios dejando que la orquestación de las palabras posea las concepciones intrasentidas y se dirija al gran techo de este cielo que nos arropa para llegar un día a formar parte de otros cielos.

Señor, aviva la llama,

consume este haz de huesos secos, porque no quiero más vida

que tu vida ni más cuerpo

que el de Pascua.

Llévame, Señor, donde los ángeles baten sus alas.

Así, con un estilo indirecto que da como resultado unos inte5os poemas sin altibajos sin influencias últimas, atendiendo solamente a que la lisura y transparencia de sus creaciones se asomen tímidamente a la vida.

"A la tarde te examinarán en el amor". San Juan de la Cruz.

viernes, 29 de octubre de 2010

VERINTO: LA IMAGEN INTERIORISTA

LA IMAGEN INTERIORISTA

Hoy quiero compartir con todos los presentes a este congreso Interiorista el tema “LA IMAGEN INTERIORISTA”.

La actividad creadora de los poetas interioristas tiene como eje transversal la realidad trascendente. Es decir, esa peculiar forma de aplicar la técnica de mirar desde el interior de las cosas aquella otra realidad que trasciende el territorio de los sentidos comunes. Los cultores del Ideal Interior, como los organistas de catedrales, tocan todos los registros: místicos, míticos y metafísicos. Esas tres vertientes son los filones sobre los que construyen su obra los creadores interioristas de ambos sexos, cada uno con su sello de originalidad, con el objeto de –como decía Hörderlin- “hacer llegar al pueblo envuelto en cantos el don celeste”.

Los poetas interioristas apuntan a lo esencial, a aquella sustancia permanente de las cosas. La Poética Interior, lejos de promover el juego de palabras, recupera del sentido profundo del bello decir, devolviéndole a la palabra lo que la poesía social y la poesía experimentalista le arrebataron en su momento y lo que el vacío de la época le ha quitado a la conciencia creadora. El Interiorismo plantea un discurso nuevo, un método nuevo de hacer y de crear poesía, no tanto para agradar al oído y complacer a contertulios, sino para exponer los hallazgos de la conciencia y de la intuición humana en su búsqueda profunda del sentido de lo existente y de lo absoluto.

Un aporte fundamental del Interiorismo, entre otros muchos, es la imagen. El Movimiento Interiorista, como el Romanticismo o el Modernismo, ha creado su técnica, su tono y su propia imagen. En el prólogo a la antología mayor interiorista publicada en Letra Negra en el año 2007, la cual fue puesta en circulación en la Feria Internacional del Libro, R. D., 2008, doy, por vez primera, un nombre a la imagen característica de nuestro movimiento. Con la colaboración preclara de Carmen Pérez Valerio, el juicio reflexivo de Pedro Gris y el magisterio de Bruno Rosario llegué a la conclusión de que dicha imagen debía partir de una palabra nueva, esencialmente nuestra, etimológicamente convincente. Esta es, a saber, “verinto”, concepto creado de la fusión de dos palabras provenientes del latín: veritas e interior. Verinto es, en definitiva, un neologismo que significa que en el interior de cada cosa hay una fuerza, una verdad profunda y trascendente, una sustancia intuida o revelada –no siempre explicable, al decir de Gris, con nuestras palabras- que te atrapa en el poema y no te suelta.

Verinto es una imagen que han consignado los poetas que han perdurado en el tiempo. De tal suerte que no estamos inventando nada, sino dando nombre a lo que hasta hoy no ha tenido un nombre. Verinto, como imagen poética que caracteriza la poesía interiorista, tiene varios registros. Podemos situarnos en al menos tres diferentes planos, que son los propios de nuestra estética, a saber: el plano mitopoético, el metafísico y el místico.

1. Verinto en el orden mitopoético. La resonancia que tiene verinto en la mitopoesía se une a lo telúrico, a los fenómenos de la naturaleza, al cosmos y a la los seres y las cosas que seducen por su belleza y atrapan con sus efluvios y su encanto. En El Preludio de William Wordsworth; en Tiriel, poemario mitopoético por excelencia de William Blake y en el poema Alturas del Macchu Picchu de Pablo Neruda tenemos, por poner no más de tres ejemplos, una impresionante batería de verintos mitopoéticas. Veámoslo a través de los poetas:

a) “Me quise detener a buscar la eterna veta insondable / que antes toqué en la piedra” (Alturas del Macchu Picchu, II, Pablo Neruda”)

b) “¿Dónde reposa el trueno? ¿En qué lugar su terrible cabeza esconde?” (Tiriel, William Blake)

c) “Bajo alguna roca, escuchando notas que son / el lenguaje espectral de la anciana tierra” (El Preludio, William Wordsworth).

d) “No hubo jamás misterio que en las flores no estuviera delineado” (Ralph Waldo Emerson).

e) “Yo río fuerte en repentinos estallidos de lluvia / para ver el mar azotarse a sí mismo en el aire” (William Ellery Channing)

f) “¿Acaso no vuelve la llama sobre sí misma? ¿Y no grita el ave cuando sobre su sombra vuela?” (Lagartos fugitivos, Yky Tejada).

g) “Oh río, oh templo donde mis ojos de agua / beben lo que olvidan” (Oda a una nube, Pedro Gris).

h) “El mar es sólo la acumulación / del llanto” (Angustia, Ramón Antonio Jiménez).

i) “Al verte llego hasta tu parto en la aurora” (Indio desnudo, Fausto Leonardo)

2. Verinto en el orden metafísico. Los poetas que poseen una tendencia reflexiva expresan sus vivencias interiores y sus intuiciones con imágenes y símbolos acordes a lo que ellos han experimentado. Los poetas que apuntan a la trascendencia de una manera desgarrante comunican sus hallazgos con verintos metafísicas, porque la razón se queda en el atrio entre lo sensorial y lo suprasensorial, entre lo humano y lo divino. La razón sola ya no llega a tan honda realidad suprasensorial o divina en la que a veces se encuentra. Al poeta metafísico lo realidad intangible se le revela como intuición. El misterio se le revela como por la brecha de un relámpago. El poeta tan sólo tiene la palabra, el genio para elaborar sus hallazgos metafísicos. No resulta nada fácil lograr comunicar lo real trascendente, sin embargo, hay quien nos sorprende con la belleza y profundidad de sus verintos metafísicos. Veamos una serie de ejemplos:

a) “Con vino en los labios / para el huésped que arriba / en medio de la noche temblorosa”. (Canto de la locura, Francisco Matos Maoli)

b) “Me puse a lavar la tierra, / porque oí mi voz al fondo” (Huéspedes secretos, Manuel del Cabral).

c) “Invisible oropéndola rozándome la carne / invisible” (Huésped en la noche, Julio Adames).

d) “Déjame entrar en tu hondura / conocer el rubio resplandor / de tus heridas” (La oración, Sally Rodríguez).

e) “Hazme lugar / en la ceniza / de los mil abismos de tu nombre” (La noche, Dios, los astros, José Frank Rosario).

f) “¿Será tu voz, oh Dios mío, / aquel silencio / que rutila en el abismo?” (Aquel silencio, Óscar de León Silverio).

g) “Me espera la lluvia detrás de la vida” (Aquí no ha pasado el tiempo todavía”, Jaime Tatem Brache).

h) “He escrito la palabra profundo / y ha nacido un pozo en mi papel / donde cabe el mundo” (Transformación, José Acosta).

i) “¡Ven! / Golpea con violencia a mis espaldas, / revísteme de belleza en la muerte” ( (Después de la lluvia, Henry M. Santos Lora)

3. Verinto en el orden místico. En los poetas con tendencia mística vamos a encontrar una imagen que revela la relación del poeta con las criaturas y con el Creador. Para el poeta místico nada le es ajeno, todo lo lee y lo percibe a la luz de su sensibilidad espiritual o mística. El poeta místico vincula sus emociones y sus relación con los otros y con lo otro con una honda sensibilidad y ternura. Todo acontece en razón de su sintonía con Dios y con lo sagrado. Los poetas místicos crean verintos místicas. Fijémonos en los siguientes ejemplos:

a) “Esta divina prisión, del amor en que yo vivo, / ha hecho a Dios mi cautivo / y libre mi corazón”. (Vivo sin vivir en mí, Santa Teresa de Jesús)

b) “Y cuánto duerme el Tejedor que hizo / ese lienzo de azul tan dilatado” (Poemas, Emily Dickinson)

c) “En su dicha perdido, / abandonado a tu dulzura ardiente, / de sí mismo en olvido, / el corazón se siente / una cosa feliz y transparente”. (Dicha, Concepción Urquizo)

d) “Ven / Que mis manos se abrasan / y esta sed se hace honda” (Esta sed, Tulio Cordero).

e) “Temprana antigüedad de albor reciente / tus ojos guardan” (Pantocrator, Juan Miguel Domínguez).

f) “Beber de tus arrullos / el caudal escondido en la ribera” (Lentitud de los instantes, Teodoro Rubio).

g) “Quiero besar la luz en ti extendida […] ¡Besar la luz en ti depositada!” (Beso, Gonzalo Melgar)

h) “Te alabo con las aves, / capaces de olvidar el alimento / por calentar tranquilamente el nido” (Gracias por el silencio, Freddy Bretón)

i) “Por esa flor suplicante se detuvo / el torrencial diluvio, mis purpurinas” (Al Jazmín, Teresa Ortiz).

j) “Porque la arena triste no es la gloria. / Sino el temblor del que encandece el día” (Salvación del ahora, Francisco Matos Paoli).

k) “Recréame en la semilla, en el polen, en el árbol del centro. Invierte las coordenadas y hazme iris, alianza de los ríos. ” (Gemidos del ciervo herido, Fausto Leonardo.)

l) “Sobre las flores canta el hermoso faisán: / ya sus cantos desata el Dueño del mundo” (Canto primaveral, Netzahualcóyotl)

m) “Nadie me habla de este pájaro que canta dentro de mí” (XXX, Kabir)

En resumen, verinto, la imagen de la poética interiorista, como hemos podido apreciar arriba, se da en tres estadios y se constata, primeramente, en aquellos poetas con sensibilidad hacia lo telúrico, hacia la naturaleza y hacia el cosmos. A esta imagen la llamamos verinto mitopoética.

En segundo lugar, verinto se constata también en aquellos poetas que se ven concitados por la dimensión de la realidad metafísica, suprasensorial y profunda. La imagen interiorista que deviene de estos creadores la llamamos verinto metafísica.

Y en tercer lugar, la imagen interiorista verinto también se constata en el estadio místico, y es frecuente en los poetas que se sienten en comunión gozosa con Dios y las criaturas. A esta imagen interiorista la llamamos verinto mística.

En suma, tenemos una imagen poética interiorista, verinto, y tres modos de expresarla: el mitopoético, metafísico y místico. El poeta interiorista deberá pensar y crear en imágenes, utilizando, inclusive, las imágenes literarias que nos ha legado la tradición.

Acabo dando las gracias por estar ahí y por haber escuchado, a la distancia, estas palabras. Un cordial saludo a los participantes al III Encuentro Internacional del Interiorismo.

Atentamente, Fausto Leonardo. Valencia, España, octubre, 2010.

Nota: texto de la vídeo-conferencia difundida en el marco del III Congreso Internacional del Interiorismo, en la sede de Funglode, Rep. Dom., los días 22-23 de octubre, 2010.

sábado, 28 de agosto de 2010

Dos acontecimientos literarios con Teonilda Madera

Valencia, 23 de agosto 2010, 8:00 p.m. En la tertulia literaria de la cafetería “Aromas”, sito Plaza del Ayuntamiento de esta ciudad y dirigida por el escritor de origen nicaragüense, Ricardo Llopesa, la escritora Teonilda Madera realizó una lectura de su poemario “Un camino carmesí”. Asistió al acto, además de Llopesa, --especialista en Rubén Darío y el Modernismo-- el poeta e intelectual valenciano Pere Bessó, así como un nutrido grupo de invitados que enriqueció el encuentro con su presencia y sus intervenciones.


Por otra parte, el viernes 27, a las 12:30 p.m., un distinguido grupo de la comunidad dominicana radicada en esta tierra de la luz y del mar, (Valencia) en un local regentado por conciudadanos de Quisqueya, ubicado en el vecindario de la Plaza España, asistió al encuentro con Teonilda Madera.


Entre los invitados destacan dos artistas

de la plástica: Maricela Poueriet y Ruahidy Lombert. (en la imgen) Madera, después de un breve discurso que despertó el interés de los presentes, respondió a las preguntas e inquietudes que iban surgiendo en el conversatorio. El acto tuvo una sobresaliente calidad y calidez que, sin duda, ha hecho memorable la cita.


El encuentro concluyó con una sabrosa comida dominicana que todos degustaron con fruición.


domingo, 23 de mayo de 2010

TERTULIA AULA DE POESÍA "ORILLAS DE ÁVILA"

Madrid, 17 de mayo, 2010. "Fausto - me dijo Teodoro Rubio, coordinador de la tertulia "Orillas de Ávila" de la calle Caballero de Gracia, 18 -, te invito a la lectura de poesía que hará el poeta Alfredo Piquer Garzón. Ven -insistió- que va a estar muy interesante". En efecto, el nivel de la tertulia y del invitado era verdaderamente alto. Piquer Garzón es un artista polifacético. Es pintor, profesor en la Facultad de Bellas Artes, grabador y poeta. Concibe el pensamiento como cultura. Para él la poesía es cohesión entre contenido y forma. Ha publicado "Paleografías" en la editorial Vitruvio y está por ver la luz "Mar sobre este altar". Su poesía tiene una resonancia clásica. En ella convergen los mitos y personajes de la antigüedad. El poeta aprovecha el influjo ancestral de los pueblos orientales y de allí alza, como un taumaturgo del verso, vigorosas imágenes y motivos de notable valía artística. Su estilo es solemne, grave, y tiene la vena de los poetas cultos, sabios, simbólicos y de gran profundidad. De lo que no cabe duda es de que estamos ante un artista en el sentido pleno de la palabra, es decir, ante un creador con sentido de la poesía como obra de arte. Su poesía es esculpida con el mismo vigor con el que esculpe un grabado o ribetea el color y la luz de la pintura.

Pude recoger, para ser honesto, mal copiar, en mi agenda versos espigados de su prolífica pluma:

"El tiempo es la certeza", "la neblina oscura de mi sueño", "cuajadas las pupilas de espacios vacíos", "fríos laberintos de insomnios", "carcomidos los dientes por la soledad del desierto", "papeles clandestinos, floreciendo de súbito por las aceras", "la isla fantasmal del extravío", "las sombras que enflaquecen", "antiguo rumor de olas vencidas se escuchan por la tarde", "es un beso todo lo que acontece en las manos", "la lluvia pudre la brizna que hemos sido", "El mar que guarda la memoria en su abismo", "océano de aire calcinado", "arquitectura ensombrecida de la muerte".

Todos estos versos sueltos, la lectura en su contexto, el tono angustioso del poeta y la secreta fuerza de las palabras dichas para el deleite, nos puede dar una pista de que estamos ante un poeta que canta lo humano con una potencia que sobrecoge. El recurso de la tradición egipcia antigua y la magia de las grandes tradiciones míticas dan a la poesía de Alfredo Piquer Garzón un halo de poeta que escribe versos inéditos, es decir, originales. Sin duda, quien lea o escuche a este poeta habrá sentido lo que es la poesía como la han concebido los hijos de Orfeo, esto es, como dictan las musas.

miércoles, 19 de mayo de 2010

GRUPO INTERIORISTA GERARDO DIEGO - MADRID

Recientemente se reunió en Madrid el grupo de escritores "Gerardo Diego", perteneciente al Movimiento Interiorista, estética literaria nacida en la República Dominicana en el año 1990. Coordina el grupo Teodoro Rubio, poeta, cuya sencillez y talante humanista no queda, para nada, ensombrecida por su doctorado en letras y sus numerosos premios literarios de gran alcance; Gonzalo Melgar, profesor universitario, cursa doctorado en antropología cultural -su pasión total-, publicó su primer libro de poemas "Índice extendido"; José Félix Olalla, farmacéutico de profesión y poeta por vocación, crítico literario, ha publicado el poemario "Cerca de tu memoria"; Juan Miguel Domínguez, poeta místico, ha publicado "Iconos del agua viva" y está por publicar "Cantos apropiados", escribe poesía como un dictado divino en armonía espiritual; José Luis Martínez González, licenciano por la universidad de Friburgo, sonetista, poeta de resonancia clásica. (En la imagen de la izquierda, de der. a izq. Teodoro, Gonzalo, José Luis, José Félix y Juan Miguel. El grupo se reunió el domingo 16 de mayo, 2010.

Localización tierra natal, República Dominicana