crítica, poemas, cuentos, ensayos, entrevistas, artículos de opinión. (Permitido cortar y pegar, siempre que se cite la fuente)
lunes, 28 de julio de 2008
WILLIAM SHAKESPEARE: el genio del drama.
"Ricardo III", tragedia con un fondo histórico, es una obra con cuerpo. Caracteriza la figura de un rey malvado, apegado al poder y capaz de sacarle el hígado a cualquiera y dormir tranquilo, al menos en apariencia. Es una tragedia impactante, cuyo mejor logro radica, según mi parecer, en la caracterización de la sicología de Ricardo. "Otelo", es una obra con una fuerza subyugante. Los celos de un hombre, Otelo, acaban por llevarlo a terminar con la vida de su amada y con la suya propia. El hilo conductor de esta tragedia no se rompe sino cuando termina el drama. Con razón es una de la tragedias inmortales de W.S. No puedo menos que recordar la potencia de las tragedias griegas de Esquilo, (Prometeo encadenado); Erurípides (Orestes) y de Sófocles (Edipo). "La tempestad" no me dio frío ni calor. Está magistralmente escrita, por ser de la etapa madura del autor, pero confieso que a mí no me emocionó absolutamente nada.
"Macbeth", en cambio, es una tragedia, bajo mi punto de vista, de la categoría de Ricardo III, y de Otelo. Macbeth es un ser frío quien, influenciado por los deseos oscuros del inconsciente e impulsado por las fuerzas del mal, así como de la malignidad de su mujer, Lady Macbeth, concibe y comete crímenes jamás imaginados por él ni por nadie, amén de que se hayan perpetrado en otros tiempos y lugares. W. S. en esto es genial maestro. Y lo que consigue de Otelo y de Ricardo III, lo consigue en este drama, Macbeth, en el cual revela los rincones más inéditos e inconscientes del alma humana. Lady Macbeth, cave decir, tiene una importancia central en la tragedia, pues ella es quien sacude la voluntad y hombría de su marido para que saque a flote la monstruosidad de la que es capaz un ser humano. Vi en ella un cierto paralelismo con Herodías, tanto en la maldad de su corazón como en los tormentos de su alma y sus pesadillas. Cuando a Bacbeth le dieron la noticia del fallecimiento de su mujer constestó estas palabras, que no ameritan juicio alguno, ya que lo dicen todo: "había de morir tarde o temprano; alguna vez vendría la noticia". El que a hierro mata, a hierro muere. Cabal, Macbeth terminó cocechando lo que había sembrado: la muerte.
"Julio César" es una tragedia en la que los protagonistas fluctúan, en términos éticos, entre valores y antivalores. Esto es, la amistad, el honor, por un lado; la envidia, la confabulación y la muerte, por otra. Digamos que por salvar un ideal, el bien común, se justifica el crimen con espantosa frialdad. Bajo la sospecha de que Julio César podía ir más lejos --que ya se creía dios y demasiado grande-- era mejor cortarle las alas a tiempo, es decir, eliminarlo. Claro, llegar a esta conclusión no fue fácil ni mucho menos ejecutar la abominable acción del crimen imperial.
La tragedia se desarrolla sinmuchos rodeos, como Antonio y Cleopatra, para ir al grano. La tensión crece de tal manera que prácticamente uno si de da cuenta de que ya sientes cierta complicidad con los honorables asesinos de Julio César, Bruto y Casio. Es un crimen honorable, razonado, político. Así se planeó, se ejecutó y se explicó después al pueblo, que creyó y aceptó la muerte de Julio César. La muerte de Julio César en esta obra es un crimen elegante, perpetrado, según los conjurados, para salvar Roma. Shakespeare fascina cuando destapa el mundo interior de sus personajes. Los hace viles o héroes, los eleva o los hunde con facilidad asombrosa.
Las pasiones más recónditas, nobles o perversas, están a la orden del día, no sólo en esta obra, Julio César, sino también en la demás tragedias del autor. Julio César es un símbolo de la grandeza, del poder, el dominio y las influencias de los que gobiernan el mundo, con la salvedad de que, aunque se crean dioses, son de la misma pasta que los simples mortales. Los poderosos del mundo son gigantes con pies de barro. En Julio César contrastan la grandeza del alma humana, con sus virtudes --lealtad, amistad, honor, afecto, cariño-- pero también las sombras que la empañan.
Llama la atención cómo personas inteligentes y honorables, para el caso Bruto, que aportan el bien común, se dejan contagiar por una extraña fuerza maligna que, atizada por la envidia de personas allegadas, abocan a acciones reprobables e inhumanas. Esta tragedia nos hace comprender que gente con convicciones profundas, con principios, puede actuar y actúa de la noche a la mañana de forma que nadie sabe ni cómo ni cuándo pudo haber cambiado o sobrepasado su escala de valores.
La tragedia de Julio César te hace comprender el lado vulnerable de los hombres de estado y, en realidad de cualquier persona. La participación en el poder te hace importante, te da categoría, pero también te puede corromeper y hasta destruir. Los hombres de estado no son infalibles, su destino es exactamente el mismo que de todo viviente: la muerte.
"Antonio y Cleopatra", tragedia de amor de reyes. Antonio, que se ve urgido por el deber como ciudadano romano, es atrapado por el amor de la egipcia Cleopatra. Poder, pasión, amor, se mezclan con una fuerza que sólo Shakespeare puede imprimirle. La lectura la sentí dispersa, o sea, arenosa. Cuesta no despistarse. Los momentos previos a la muerte de Antonio, sobre todo su angustiosa agonía aunado al encuentro con Cleopatra, son extraordinarios. Lo es, también, bajo mi punto de vista, el tramo último de la obra, esto es, el momento en el cual Cleopatra decide quitarse la vida, pero no de una forma convencional, como la de Antonio, sino con el veneno de una serpiente. Es memorable la frase de Cleopatra: "Ven, ser mortal, deshaz con tus comillos este nudo inextricable de la vida". En esta tragedia eché a faltar el brío de un "Otelo", "Macbeth".
"Hamlet". Vi por televisión, hace aproximadamente un año, una versión en blanco y negro de la tragedia Hamlet. Quedé impresionado. Los actores, sobre todo quien interpretó a Hamlet, fueron sumamente fieles a la idea original de W.S. Acabo de leer el texto y la verdad es que, desde principio a fin, se crea una atmósfera que te atrapa. Esta química autor-lector-espectador sólo la he hallado en obras en Otelo, Macbeth y Ricardo III. Este impacto trágico lo he tenido al leer las tragedias de Esquilo, Sófocles, Eurípides, Séneca.
Hamlet es movido por el deseo de venganza. Su tío Claudio, ávido de poder, mata al rey, su hermano, para hacerse con la corona y, por si parece poco, para quedarse con la viuda, Gertrudis, mujer de su hermano, cuñada suya y madre del príncipe Hamlet. El dolor por la muerte de su padre fue, de suyo, duro para Hamlet. Unamos a eso la prontísima unión marital de la viuda con su cuñado. Por más fuerte que fuera Hamlet debió hacerle mucha mella emocional. Yo me pregunto si hoy, en nuestro tiempo fuéramos nosotros Hamlet y si viviéramos su misma situación, ¿qué no sentiríamos? ¿qué no haríamos? Pienso que Hamlet debió haber estado realmente afectado emocionalmente por el crimen de su padre, no sólo por el luto, y por consiguiente, debió tener algún tipo trastorno conductual. Shakespeare explota al máximo esta dimensión sicológica para darle más fuerza emocional al relato.
El rey Claudio ocultó el crimen de su hermano de tal modo que nadie sabía nada. Un día el espectro del rey asesinado –anzuelo escénico de la obra y la clave para desmadejar el crimen real- se le apareció a su hijo Hamlet y le reveló toda la verdad. Es a partir de aquí cuando Hamlet se transforma extrañamente. Esta situación convulsionó el estado emocional de Hamlet. Sin llegar a perder el juicio, simula perderlo para iniciar las pesquisas contra el asesino de su padre.
Entretanto, Hamlet asumió una actitud ácida con su madre y empezó a cuestionarla con tal agudeza que la obliga a verse así misma prácticamente como incestuosa y hasta lasciva. ¿Cómo una viuda se hace de marido, y nada menos que su cuñado y asesino del rey, a los pocos días de morir éste? Hamlet no podía aceptar ni entender esta perversión de su madre y de su tío, sólo sabía que debía sacudir la culpa de su madre. Y lo logró.
Con un estilo penetrante el autor pone en escena otra escena dentro de la escena principal, en la cual unos actores, bajo la guía de Hamlet, actúan con el fin de purgar la conciencia de su tío Claudio, quien viéndose reflejado en la dramatización, se revuelve en su interior. Hamlet trae a la conciencia de su tío lo que éste ocultaba y reprimía. Lo que consigue con su madre, lo logra también con su tío, aunque éste es más huidizo y malintencionado, pues, como se ve al final, trama la muerte incluso de su sobrino Hamlet.
La venganza, (realismo trágico) motor principal que impulsa a Hamlet, es un viejo sentimiento humano universal en el cual nos podemos mirar en cualquier época. En Hamlet tenemos un espejo de las pasiones y emociones humanas, de las reacciones y acciones que están vigentes en cada ser humano en sí. Dice Hamlet: “Yo soy bastante decente, pero puedo acusarme de cosas tales que más valdría que mi madre no me hubiese engendrado. Soy muy orgulloso, vengativo, ambicioso, con más disposición para hacer daño que ideas para concebirlo, imaginación para plasmarlo o tiempo para cumplirlo” (III. I).
¿Quién no ha sentido alguna vez orgullo?, ¿quién no ha sentido el impulso de devolver mal por mal?, ¿quién no ha sentido una pizca de ambición o deseo de poder? Si respodemos con honestidad a estas preguntas habríamos dado seguramente con una de las piedras de toque para entender la complejidad de la persona humana. Hamlet viene a ser como un compendio de lo que es potencialmente el hombre o la mujer en situaciones límites. Hamlet es un puzzle de los misterios, sueños, locuras, imaginaciones y razonamientos humanos.
"Sueño de una noche de verano". Más que para el goce de la lectura es una obra para la escena y el disfrute de contrastes. Los efectos de tiempo y lugar, el divertimento, dan a la obra el mayor de los atractivos y la popularidad de la que nos es conocida. La imaginación y la creatividad, lo fantástico y lo real es, sin duda el mayor mérito de W.S. en esta obra en particular. La genialidad de W.S. reside en alterar la realidad con la fantasía, los sueños, lo que fascina al espectador-lector, más al primero que al segundo.
"Noche de reyes", por otra parte, es, con sus enredos, una obra lineal en el diálogo entre los personajes. Es decir, los cambios de escena despistan menos que en "S. de una noche de verano". "Noche de reyes" no es, con mucho, tan viva y chispeante como "S. de una noche de verano". Si ésta es más para imaginar, para poner a volar el pensamiento, para soñar despierto, aquélla -"Noche de reyes"- es más para reír, para jugar con lo real, para desdoblar lo cotidiano y convertirlo en entretenimiento.
domingo, 6 de julio de 2008
BOTERO, “ABU GHRAIB”
sábado, 7 de junio de 2008
artículos publicados en La Prensa, Honduras.
UNA MUJER EN ADULTERIO ("Madame Bovary", Gustave Flaubert).
Emma se casó poco convencida, sin sentir del todo amor por el hombre con quien iba vivir toda su vida. Ella se casó con un médico bonachón que no conocía más mundo que su profesión ni más obligación que la de trabajar y abastecer en todo las necesidades de la nueva familia.
Emma, en cambio, se aburría en su casa, muy ocupada en no hacer nada productivo. A lo sumo leía libros y daba órdenes a los empleados domésticos. La ociosidad, el tedio, el aburrimiento, la fueron llevando por senderos insospechados. Por los libros y revistas que leía se fue haciendo un mundo a su medida. La vanidad y los caprichos la llevaron a adquirir objetos de lujo, a comprar prendas y vestidos refinados.
El marido se complacía de ver feliz a su adorada Emma quien, por el contrario, empezó a hallarle defectos físicos e incluso a su manera de ser. No era, pensó ella, el príncipe azul para entregarse a él con locura y pasión. Pronto empezó a aceptar los cortejos y halagos de un hombre. Emma, educada en un colegio católico, llevaba dentro unos principios morales que fue dejando de lado hasta que inició una relación extramatrimonial con un joven caballero. El juego pasó después a un segundo galán, pícaro y mujeriego a quien Emma convenció para que se escapase con ella. El día pactado para la fuga él no apareció y ella cayó en una depresión que casi le cuesta la vida. El bueno del marido gastó un dineral en devolverle la salud. Con esta crisis rebrotó en ella la piedad cristiana: iba a misa, hacía obras de caridad. Cuando se recuperó del todo reapareció el primer amante, más joven que ella, abogado, y se enrolló de tal manera con él que fue capaz de las peores mentiras y patrañas para engañar a su marido. Su desenfreno, sin perder los formalismos sociales de mujer casada, llegó a límites increíbles. Su doble moral era un escándalo amordazado. Entre la pasión, el desencanto, las deudas y el vacío interior, el abandono de los que dijeron ser sus amigos, incluidos los dos amantes que tuvo, la empujaron a tomar mata ratas.
Cuando la falta de fe, el bienestar, el dinero, la comodidad, el lujo y el placer pierden su atractivo y no llenan, viene la decepción, el desencanto, la pérdida de sentido de la vida.
19-F-2008, FIDEL CASTRO RENUNCIA
Cuando me dispuse a escribir este artículo, veintitrés horas después, exactas, ya había en internet 823 artículos divulgados. Quedé sorprendido. Veamos algunos titulares: Milenio (México.): “Ya no puedo”; La Opinión, Los Ángeles (EUA): “Castro se aparta”; Folha, San Pablo (Brasil): “ “Fidel renuncia después de 49 años”; El Figaro (Francia): “Castro se va, los occidentales reclaman la libertad de Cuba”; El País (España): “Castro abandona el poder”; Clarín (Argentina): “Histórico: se fue Fidel y Cuba inicia la transición”.
Es muy difícil poder hacer una síntesis de tantas opiniones y de tantos sentimientos encontrados provocados por la sonada noticia del 19-F-08. Supongo que todos nos habremos hecho mil conjeturas en la cabeza y tratamos de imaginarnos a Cuba sin Fidel y sin revolución y sin comunismo.
Bien, en estas breves líneas, expongo mi opinión, aunque después de las 823 opiniones poco me quedará que exprimir. Castro, considero, ya dio el paso de su renuncia el año pasado cuando cayó gravemente enfermo y ahora, cuando la ve venir, es cuando formaliza su renuncia - para asegurar en vida el destino de Cuba, al menos inmediato- ante el mundo. De haberlo anunciado cuando cayó enfermo no lo hubiéramos creído, pero ahora sí y yo no del todo.
Me preocupan los exiliados. Su euforia es comprensible, pero que no canten victoria porque Raúl Castro, hermano de sangre de Fidel, puede complicar las cosas. Aunque nunca será igual. También me preocupa lo que pasa por la cabeza de los cubanos en la isla.
La palma se la llevaría Raúl Castro si convocara elecciones democráticas. Pero eso no será posible en vida de Fidel. El Ejército, además, si no se trabaja bien esta iniciativa, podría armar la de Troya.
Para que la democracia empiece en Cuba se tiene que iniciar un proceso lento de concientización. La gente estará como los hombres de las cavernas de Platón, acostumbrados a ver las sombras como la realidad misma de la vida.
El eclipse total que ensombrece a Cuba ya termina y surge, del fango, una época de esperanza.
CONTRACCIONES DEL HOMBRE
Hay gente noble y buena que se afana por hallar cauces en pro de sus semejantes. Lo tengo comprobado y, sostengo que, aunque el tono de este artículo sea agridulce, es mucha la gente que hace el bien por amor, solidariamente, como tratando que el mundo en el cual vivimos sea de provecho para toda la familia humana.
No puedo ocultar que se me parte el alma cuando compruebo la pasmosa diferencia entre el pueblo llano y los excesos a los que se someten algunos, como si se tratara de una burla despiadada hacia aquellos que únicamente tienen la esperanza desvanecida por la necesidad y la miseria.
Detesto la mentira impuesta como verdad, odio el uso de la palabra para embaucar a los incautos, a los que tienen el deseo de hacer el bien. Cuando se destapan las mentiras la fetidez fermentada salpica al embustero. Pensemos en Pinochet, en Fugimori. En nuestro suelo ¿quiénes se han cebado mintiéndonos descaradamente en sus puestos se servicios públicos?
En otro orden, el relativismo moral, aunque no nos guste mucho hablar de moral porque nos encorseta y cuestiona, no puede faltar en un país ni en la persona individual. En el ideal de república romana residía el aspecto moral. En realidad, en toda sociedad humana ha habido pautas de comportamiento. Ni qué discutir.
Algo o alguien tiene que normativizar nuestro proceder. Yo, como cristiano, me guío por la moral evangélica, por los preceptos bíblicos, ¿y usted? Sin la moral cristiana el libre albedrío se desbocaría.
Otra cosa que cuestiono es el uso desmesurado del nombre de Dios, con el cual aceitan sus discursos los predicadores de escaparate, en un intento frenético de domesticarlo y de obligarlo a hacer prodigios.
Cuando el poder no se usurpa de arriba se fabrica aquí abajo. El ansia de poder es un alucinógeno que seduce al más apuesto valiente. Quienes ostentan altos cargos, caminan sobre tierra movediza. Sus hechos pesan en el récord, en
ACCIÓN SOCIAL DEL ESTADO E IGLESIA
Muchas de las obligaciones sociales que el Estado debería asumir son realizada por la Iglesia Católica en Honduras o por ong’s, más por la primera que por las segundas. Si se hiciera un censo de las casas de niños, jóvenes, ancianos, enfermos, asilos, talleres de capacitación, escuelas, colegios, centros de salud, dispensarios, asistencia, centros penales, caeríamos en una enumeración tediosa.
Lo que es cierto es que la promoción humana y la asistencia que realiza la Iglesia Católica en Honduras, no sólo es ingente, sino de gran ayuda para miles de personas que, de otra manera, quedarían sin la más ínfima ayuda.
Hoy en día la Iglesia es más consciente que nunca de la importancia de contribuir a la sociedad hondureña, no sólo en lo doctrinal, sino también en la promoción de las personas. Si en el pasado a la Iglesia se la tildó de “inquisidora” –cuestión que hay que entender en su contexto- hoy podemos decir que es “promotora de la vida”, “signo de esperanza” para la gente sencilla que busca razones para luchar y para vivir.
El Estado se ha acomodado a la “beneficencia” de la Iglesia y le ha dejado ese papel a ella casi por entero. No niego que el Estado haga lo suyo, pero ha encontrado una almohada muy cómoda en qué reclinarse en las decenas de programas de acción social de la Iglesia. La ayuda económica que los programas sociales de la Iglesia perciben del Estado (municipalidades) -los que reciben en verdad algo- no alcanza ni para confites.
En San Pedro Sula el proyecto “Paz y Convivencia” no fue más que un elefante blanco, un engaño. En aquella ocasión –período del kilgorismo- se usó la imagen de programas de la Iglesia como justificación para la consecución de los fondos (se dijo que eran 22 millones de dólares), muchos de los cuales se quedaron en “estudios de factibilidad” y otras hierbas.
De la infinidad de proyectos de ayuda social de la Iglesia el Estado ni la luz ni el agua paga. Es tal la cosa que la Iglesia, además de agenciarse los fondos para sostener sus proyectos de ayuda social, compentencia número uno del Estado, le paga a éste, porque le obliga a pagarle, servicios públicos, luz y agua. La ley de disminución de un 15% de los gastos de electricidad para los contadores de las iglesias, pese a los reclamos hechos a la Enee, es papel mojado.
AGRESIONES A LA PAZ
Uno de los retos más grandes que tiene Honduras en estos momentos es lograr un clima de paz. Forzosamente nos hallamos en una tesitura en la que no podemos volver la vista a un lado, so pena de vivir en el caos.
AJUSTE POR COMBUSTIBLE
En mi opinión, la tarifa de pago de energía eléctrica calificada “ajuste por combustible” es una forma de matar al paciente que, de suyo, está ya sangrado hasta la extenuación. El injusto ajuste no sólo no es desproporcionado –un 50% adicional del consumo normal— sino que es una forma descarada de sustraer el dinero de la bolsa a los consumidores.
Claro, a esto hay que sumarle que el cacareado bajón al combustible no ha tenido efectos positivos colaterales, salvo para los conductores. Si bajó el combustible ¿por qué no se rebajó la implacable tarifa energética?
Es aceptable todo requerimiento de pago de impuestos, rendición de cuentas, la legalidad, pero no lo puede ser una cosa que esté por encima lo racionalmente aceptable y justo.
En un tiempo definido, concreto, todo el pueblo se solidariza –con tal de tener luz- a aportar una tarifa para pagar combustible. Hasta ahí estamos bien. El sentido común lo dice. Pero no estamos en tiempos de emergencia huracánica, no hay crisis de guerra ni siquiera de dinero o de electricidad para que continuemos indefinidamente con una tarifa que está llevando al pueblo por la calle de la amargura.
No es de extrañar que, ante semejante picardía estatal, haya gente que haga arreglos a los contadores y los manipule o se dedique a robar luz de cualquier poste. Porque esto no se aguanta, no, no se puede aguantar.
Miles de millones le entran al Estado con el “ajuste por combustible”. En el informe del primer año, ofrecido por el Presidente del Gobierno, Manuel Zelaya, indica que aumentaron las recaudaciones, que hubo superávit. Por consiguiente, nuestro forzoso pago aumentó el caudal público.
Ya no tiene sentido seguir pagando la tarifa de “ajuste por combustible”. No puede prolongarse indefinidamente. En su momento todos la asumimos como un deber. El Estado se acomodó a la percepción jugosa de cantidades voluminosas sin esfuerzo alguno, mas no los consumidores ni los que pagamos puntualmente a
Basta ya de ajustes, el pueblo ya cumplió. En definitiva, ajustémonos a la justicia, que si no se nos baja el gas.
ALIVIO DE LA DEUDA EXTERNA
Yo quiero pensar bien del Jefe del Gobierno, Ricardo Maduro, y de sus colaboradores. Quiero pensar bien, insisto, en que se va a aprovechar el alivio de $ 1.200 millones de la Deuda Externa para invertirlo prioritariamente en educación.
Parece que rizamos el rizo, que el cántaro vuelve a dar otra vez sobre el mismo y tan requetrillado tópico. Pero es que esta es un oportunidad tan extraordinaria que no podemos perder de vista el orden de factores que nos levanten del subdesarrollo.
En estos momentos cruciales en que el libre comercio exigirá más al país, justo en estos momentos de alivio económico, es que hay que palanquear a Honduras inyectándole, si no todos, gran parte de los intereses que, en vez de ir a pagar la deuda exterior, podrán ser utilizados localmente.
Sin embargo, tropezamos con una profunda inquietud, de todos conocida, me refiero a la malhadada corrupción. A mí se me hace difícil pensar que los $ 1. 200 millones de dólares, ¡ojo, de dólares!, se emplearán con transparencia. Por lo mismo, porque nos han enseñado a ser suspicaces, a desconfiar y a dudar hasta de la propia sombra de uno.
Y, por si fuera poco, estamos en el año denominado político, el cual centra la mente de los militantes partidistas en la conquista del poder. En verdad, años políticos son todos, de tal suerte que lo que no se hizo en los pasados tres años de gobierno, no se hará en ocho meses que tenemos por delante a esta legislatura. Pero hay que ser optimistas, pese a todo.
Lo que me entristece hasta la muerte es ver cómo el analfabetismo, la incultura y la ignorancia campean sin conmover la vara de mando de Honduras. Niños que tienen que sentarse en el suelo, escuelas que se caen y el sector privado que se está engordando con la sangre de los pobres. Esto es insoportable.
Bastaría sólo un porcentaje de esos $ 1.200 millones de dólares para alcanzar al menos el nivel medio de la tan deseada “ínsula” del desarrollo humano en Honduras. Quijotadas. ¿Quijotadas? ¿Es que no se puede pensar el desarrollo del país en clave de inversión en el recurso humano y que, en definitiva, revertirá en el desarrollo económico?
Si no se invierte en educación aumentará la presión social: la pobreza, la violencia, y la emigración. Ojalá que no le maten al pueblo lo único que le queda: la esperanza.
ANTENAS, MALA SEÑAL
Una persona me comentó que había organizado a una comunidad sectorial para impedir que se instalara una antena de telefonía móvil, por los peligros que supone para la salud humana. Si le interesa saber algo sobre eso, siga leyendo.
La colocación de las antenas para telefonía móvil ya forma parte del paisaje urbano. Nos hemos acostumbrado de la noche a la mañana a su presencia callada, vertical y rojiza.
Lo cierto es que no se ha informado a la población de los peligros que suponen las antenas de telefonía móvil en las zonas urbanas; están siendo colocadas en vecindarios, en zonas residenciales y barrios. Me temo que de forma no consultada. No basta que se tenga un permiso legal, hay que ver el bien comunitario, si los vecinos están de acuerdo o el patronato si lo hubiere.
Supongamos que un terremoto –que es algo imprevisible, pero que puede ser real, sacuda la tierra, podemos pensar que la antena puede desplomarse y ésta, acorde la zona perimetral, va a aplastar entre cinco y diez casas de habitación. O sea puede provocar una tragedia.
Las antenas en barrios y zonas residenciales son peligrosas, ¿por qué? Por la irradiación electromagnética y de eso no sabemos nada el común de los mortales. Las antenas de telefonía móvil pueden provocar dolores de cabeza, insomnio, alergias, entre otras alteraciones imprevisibles del organismo humano.
Hay muchas opiniones acerca del tema que abordamos, no cabe duda, pero qué bueno sería que no den explicaciones a los ciudadanos para sacarnos de dudas y sospechas. En el contexto sampedrano podemos verificar cuánto han aumentado las antenas en plena ciudad. A poco será un bosque de hierro la ciudad de los zorzales.
Las autoridades deben regular la colocación de las antenas, para prevenir. El problema que yo miro reside en que las empresas encargadas de dar servicio de telefonía móvil, con el afán de obtener cobertura y más clientes, colocan sin muchos miramientos antenas repetidoras o “nodos” para enlazar la señal transmisora.
Punto y aparte. El uso del teléfono celular es útil, pero también no deja de ser temerario someter el huevo del oído largo rato a la irradiación, por muy baja que ésta sea. Se ha puesto en boga el uso de “mano libre” para hablar por celular, tendría que usarse racionalmente para evitar alteraciones del oído.
Cuentos súbitos o el mito redivivo
1.- EDIPO REY
En el cruce del camino la muerte aguarda impaciente. Un hombre de pelo canoso alterna su arma con un desconocido joven. Éste le vació el aliento con la punta del hierro, atardeciéndole el día. El joven se casa con una bella mujer, reina. Eros y Afrodita reían, eran sus padres. Angustia, ceguera, destierro.
2.- HACHA MATER
Eterno, pero apasionado, al borde del miedo, admite un acto de antropofagia. Dueño del cielo, sin duda, mas terrenal su vida, tristemente. En su cabeza la vida germina. Un hacha alumbró a una mujer, Atenea.
3.- PROMETEO
Engendró a la humanidad de tierra y agua. Enseñó al hombre el fuego para calentarse por las noches, al amparo del cielo desnudo y frío. Vino el castigo, cruel y sin tiempo limitado. Un ave rapaz, purgaba su delito en un monte y le roía el hígado con atroz y cíclico empeño. El mundo ardía en llamas.
4.- UNA ENFERMERA EN EL HOSPITAL
Socorro adquirió fama en el hospital público. Ella era para los enfermos como un bálsamo. Su sonrisa, su humor y su mano tierna le hicieron popular. Sólo se hablaba de ella. Los médicos, alarmados, la buscaron hasta saber que, en realidad, hacía veinte años había fallecido.
5.- AVE SIN NIDO
Susana fue sorprendida con la llama inconsumible de Eros. El joven era de prosapia y seducía con su sola presencia. Interpuso Ártemis su fuerza y desintegró el amor, tal vez el último de Susana -el tren estaba a punto de dejarla- quien perdió la flor de la virginidad y quedó como ave sin nido.
viernes, 28 de marzo de 2008
“VISIÓN DE ESPAÑA” DE JOAQUÍN SOROLLA
En mi opinión, lo fundamental está en el estilo, en el sello y en la belleza que el pintor imprime al lienzo y no tanto en las proporciones, está claro. El maestro Sorolla captura momentos del tiempo y del espacio de la España, no de toda su geografía por cierto, de segunda década del siglo veinte. Pese a no estar toda España en la obra del artista, sí queda en evidencia el ser del país de aquellos años. Las regiones inmortalizadas por el artista son Andalucía, Galicia, Cataluña, Castilla, Valencia, Extremadura, Guipúzcoa, Navarra y Elche.
Al contemplar, no como turista, sino como particular que se propuso expresamente deleitarse con la obra pictórica de Sorolla, he quedado como niño boquiabierto. Cuando uno va al cine y la película le ha resultado interesante, queda en la memoria sensible una sensación de realidad virtual agradable. Pues bien, al ver la obra de Sorolla queda en mi interior una sensación de haber estado en un mundo fantástico, luminoso, festivo, folklórico; un mundo de gentes, fiestas populares, devociones, costumbres y diversión. Es todo eso, precisamente, lo que me lleva a escribir el impacto que me produjo la obra de este artista del óleo.
El cuadro que más me impactó, el que marcó profundamente mi espíritu fue “Ayamonte. La pesca de atún”. Nada acontece por casualidad en esta obra en la que se combina el sosiego, la plasticidad, la fuerza, la luz y los contrastes de los colores, los necesarios y los del instante. Hay una armonía perfecta de los colores y la luz, entre los pescadores, los marineros, los peces y las barcas pesqueras colindantes. El mar bruñido de plata por la luz indirecta del sol ondea manso, como si también él hubiera terminado de faenar con los pescadores que culminan la jornada con una impresionante pesca. Tres marineros, en el ángulo derecho del cuadro, con su clásico uniforme de blanco y su boina clásica, descansan en el muelle o puerto, de pie, relajados, recibiendo de seguro el aire de la bahía, mientras conversan sin que el tiempo parezca interesarles. También ellos, como el mar, se muestran tranquilos tal como delata las posturas de sus cuerpos.
Esta escena contrasta con cuatro pescadores que, con movimiento y fuerza, arrastran los atunes para colocarlos a la vista de todos, especialmente a la vista de los espectadores del tramo izquierdo del cuadro y los espectadores que yacen fuera del mismo, o sea, nosotros, de los que el pintor sabe que se paran para mirar la robustez de los atunes. Los cuerpos de los pescadores, tensos por la fuerza que hacen, firmes los brazos, tiran de un atún inmenso, rollizo y de panza prominente y blancuzca, como todos los demás atunes ordenados de tal manera que jamás pasarían desapercibidos. Estos pescadores denotan que han estado largo rato en la brega, trajinando con los atunes.
La belleza de “La pesca de atún”, bajo mi punto de vista, reside en el magnetismo que produce el lote de pescado sobre el piso del desembarcadero. Los peces lucen frescos, mojados, recién sacados del mar. El artista no entra en los microdetalles, mejor dicho, en la definición de lo pequeño, sino en los detalles que engendran encanto y belleza, a saber: en saber orientar la luz del sol, no sólo al mar, sino sobre todo al cuerpo inerte de los atunes, logrando así darles más brillo, naturalidad, realismo y, por ende, más belleza. La luz marinera contrasta con la panza argentina atunes. Finalmente, si tuviera que emitir un juicio lacónico de “La pesca de atún” diría: Sorolla sustrae la sustancia del mar, el sentido de la colaboración y el trabajo en equipo de los hombres del mar, poniendo de relieve la experiencia natural y rutinaria de la forma de vida costeña de Ayamonte: la pesca.
Otro de los cuadros que me dejó un buen sabor de boca fue “Andalucía. El encierro”. Esta es una obra que difícilmente olvide en mientras vida tenga. Es un cuadro terriblemente bello, vigoroso y con gran personalidad. Refleja con exactitud una escena en la que unos vaqueros, cinco, montados en caballos de brega, con sendas varas largas en su haber, arrean en el campo a una recua de toros, justo en el paso de una vía de tren. Llama la atención el vaquero que está en primer plano, exactamente en el centro de la escena pictórica, aunque su caballo está en movimiento, él sostiene su vara sobre su hombro, al desgaire, sin ademán alguno, con la mirada fija a un punto, que no son los toros, como posando para el artista. Este jinete viste sombrero andaluz y camisa blanca y su elegancia contrasta con su esbelta juventud. Los ganaderos de la época quedan muy bien reflejados en este y en los demás jinetes distribuidos por el pintor a derecha –parte atrás- centro, e izquierda.
El campo sobriamente verde con flores veraniegas, los matojos de tunas y la franja grisácea del horizonte preparan el segundo plano de toros y vaqueros. El tropel de toros, que vienen sofocados por el trote y el arreo de los jinetes, levantando polvo entre sus patas es el mejor logro, a mi entender, de este cuadro. Y esto se consigue por la astucia con que el artista dibuja los contornos de los elementos –los toros-, capta la luz y la esparce en el lienzo. La luz realza las formas de los toros, especialmente los del primer plano, a la izquierda, donde con mucha fuerza se personifica el ser mismo del animal en cuestión. La luz oculta entre sombras y revela entre blancos. En “El encierro” todo es movimiento, ritmo de pasos, fuerza y bravura.
“Visión de España” es un banquete de luz y colorido para los sentidos. Placer ante lo maravilloso, goce ante la obra de arte. Cada región de España llevada al lienzo permanece intacta, incorrupta, cargada de realismo y frescura, detenida en el tiempo. Cabe decir que Sorolla está detrás de color, no se le mira, se le percibe derramado en la luminosidad, en los detalles, en los matices y claves de la obra. Podemos decir, con Martín Heidegger, que “la obra debe ser abandonada a su puro reposar en sí misma”. Y es eso, en verdad, lo que pasa con la plástica de este artista, la belleza de sus cuadros es tal que el arte se sostiene en sí mismo. Las obras de Sorolla reposan en sí mismas como monumentos consagrados a la vista, a los espíritus sensibles que admiran con inocencia el lado bello de la vida y de la realidad que nos concierne en cualquier momento la historia humana. (Marzo 2008)
Como complemento a lo arriba escrito, quiero indicar que el 24 de enero, 2008, visité en Madrid , calle General Martínez Campos, 37, el Museo Sorolla, o sea, la casa del pintor convertida hoy en museo. Es claro que las obras más importantes del célebre pintor no están la casa-museo. Sin embargo, hay cuadros que sin duda dan al lugar el debido realce, así como objetos domésticos relacionados con la vida de Sorolla.
A mí me produjo una especial atracción el cuadro "La bata rosa" (1916), pintado en el El Cabañal, Valencia. Una mujer, joven viste la bata rosa, de tirantes en los hombros, dejando la piel de cuello y brazo derecho al desnudo. Leve brisa pega al cuerpo la tela fina, marcando las formas de cadera y muslo, en claro contraste sensual de las formas. No podía faltar la luz, acento que Sorolla remarca con el blando del vestido de una dama que abrocha el tirante izquierdo de la moza de "la bata rosa" -que la mira el trajín de su auxiliar- y con la cortina de la ventana, hinchada suavemente por la brisa. El sol se filtra por las brechas de los setos de cañas que semajan el bambú fino, y baña con su luz el cuerpo prominente de la joven que parece disfrutar del día y de la frescura del aire, cuyo deleite crece con la suavidad de su vestido.
El cuadro "Paseo a orillas del mar", (1909) es soberanamente delicado. Una joven viste un vestido enteramente blanco, fino. Al fondo el mar azul, que acentúa la eburneidad. El aire de la playa circula con delicadeza y alza al vuelo lo más fino del sedoso vestido, dándole a la mujer, que sostiene una pamela en su mano derecha, un talante de nobleza suprema.
En fin, "La instantánaez", Biarritz (1906), "La siesta" o la expresiva "Trata de blancas" son obras que también dicen al espectador.
lunes, 10 de marzo de 2008
Eduardo Arroyo, pintor.
El artista aborda diferentes temas desde perspectivas también diferentes, a saber: personajes místicos y del mundo, la urbe, lo moderno, lo sombrío y la escultura, basada en la naturaleza muerta. La realidad es llevada al lienzo, al óleo, no tal cual la capta la vista, sino la imaginación. En este sentido podríamos decir que fragmentada o, dicho de otro modo, para ser completada por el espectador. Es una pintura alusiva, insinuante, jamás fotográfica. Prácticamente todos sus cuadros dicen más por lo se lee en sus trazos que lo que en sí exhiben los colores. Así, por ejemplo, hay figuras humanas, de animales, de insectos y de objetos inanimados que coadyuvan a armonizar el conjunto de la obra dándole con ello mayor belleza. Un ejemplo de esto lo es la obra “piano-místico”, la cual presenta un piano negro armonizado bellamente con pocos colores: el teclado blanco, blancas alas de moscas, puntos blancos en las patas del piano y luz clara en la faz del místico, cuyo rostro se desdobla en improntas de asombro, éxtasis, turbación y gozo, según el ángulo que uno lo contemple.
Arroyo dedica varias obras a personalidades como Van Gogh, Richard Lidnen, Dorian Gray y Elisabeth Vidal. De todas estas obras me llamó la atención la obra “los últimos días Van Gogh”. Arroyo lo pinta de tal manera que te transmite, en verdad, los sentimientos del impresionista, a saber: nostalgia, tristeza, soledad y una terrible sensación de que se lleva en las espaldas toda su vida, con la irremediable certeza de que se va para jamás volver.
Decía que Arroyo aborda el tema místico y lo hace con una maestría que no deja de atraer al espectador. El artista de la plástica, justamente en los tiempos en que la increencia, el secularismo exacerbado parecen haber alcanzado su máxima expresión, nos remite a la tradición mística del arte, porque sin duda él sabe que también ese lado del alma humana no puede ser soslayado. Pues bien, Arroyo lleva al lienzo dos obras dedicadas a San Jerónimo. La primera la hallo más simbólica: varios cráneos con distintos aspectos y tonalidades y la cabeza, bellísima, de un león sufriente. La lectura que hago de esta obra es la siguiente: lo sagrado y espiritual está reflejado en la frente iluminada del santo y en la biblia. El león sufriente viene a ser una alegoría del Cristo crucificado. Los cráneos el dolor y la muerte. En definitiva, el dolor, el sufrimiento y la muerte, quedan salvados, iluminados por la Palabra divina y la sabiduría de Dios que alumbra la mente humana. El camino de la sabiduría de Dios es doloroso y comporta sacrificios y a veces la muerte.
En el segundo óleo dedicado a San Jerónimo nos encontramos con un hombre agraciado por una luz, no la luz de la iluminación de la razón, que también, sino del alma. El cuadro es sereno, pero a la vez representa la lucha entre la luz y las tinieblas, la muerte y la vida. La Sagrada Escritura es fuente de luz. En la misma temática están las obras dedicadas a San Sebastián y a San Eustaquio. Ésta última es más alegórica, aquélla es, sin duda más atractiva, para mi gusto, por la forma en que el artista da su peculiar versión de la muerte del santo. San Sebastián, flechado cuatro veces, tiene un rostro de resignación indolora, de angustia pacificada; brevemente sonriente, algo complacido, y eso sí, el cuerpo entero irradiando la impronta divina, no asoma ni un guiño de aflicción en su cara de ángel martirizado. El arquero, en cambio, mientras tensa el arco para dar el flechazo de gracia, muestra una sonrisa de burla, propia del malvado que ejecuta con placer y cinismo su acción.
Obras como “Toujours plus vite”, “España al revés”, “el caballero, la muerte y el diablo” y “apocalipsi” nos dan una amplia impresión de la visión que tiene Arroyo de la vida, el mundo, de la sociedad, del presente y del futuro. Todas sus obras traen a la tela un fragmento elocuente de la realidad, la que nos desborda por la vista y que no siempre vemos, y la que el artista concibe en su mente y lleva al lienzo con trazos que deleitan, desconciertan y cautivan. “Cuadro fracturado” es, tal vez, el que define a este creador, al menos en esta exposición, quien mira a través del prisma de sus ojos, como un fotógrafo, cuyo objetivo es captar la luz, la imagen y el lado inédito de la realidad. En este cuadro Arroyo deja entrever que la belleza se revela en todas las cosas de forma fragmentada, pero que si vemos con agudeza, como por el objetivo de una cámara, podremos descubrir mucho más de lo que normalmente vemos.
Finalmente, en la parte de escultura Arroyo nos descubre el lado genial e ingenioso de su sensibilidad artística. La naturaleza muerta es fuente de inspiración y de creación. El artista, interesado por hallar en la misma naturaleza, no sólo criaturas inertes, sino obras forjadas por el tiempo, reúne una serie de piedras con formas de testuz de animales. Como la naturaleza muerta no tiene toda la vida que se espera, Arroyo ha dispuesto recrearla para insuflarle un aliento de vida y, por ende de belleza. Para conseguirlo ha tenido que trabajar con hierro, plomo, madera y aluminio. Lo que para muchos habrían sido simples moles de un despeñadero, para Arroyo y para quienes aprecian las bellas artes, aquellas lápidas son la cabeza de un toro con los cuernos curvos y retorcidos, de un rinoceronte o de un jabalí. Naturaleza muerte, cierto, pero con vida, con arte.
En general, el arte de Eduardo Arroyo me gusta por sus tonos fuertes y vigorosos, porque de la oscuridad del lienzo inventa la luz, y finalmente, porque rehace la realidad, la reconstruye para darle una nueva existencia.
martes, 19 de febrero de 2008
EL ARCA
La reciente antología “De la vida breve” de Helen Umaña recoge lo más notable de los autores de narrativa corta. Y, naturalmente, aparece nuestro ínclito escritor Acosta. El olfato de Helen para escoger y antologar, no sólo es fino, sino de probada calidadad y excelencia.
En mi lectura de El Arca descubro -aparte de los aspectos que comentan algunos autores que hallamos al final del texto en cuestión- algunos rasgos que podrían llamar la atención a quienes, a buen seguro, leerán la obra. Me refiero, por una parte, al onirismo. Acosta se remonta al mundo de los sueños, al mundo donde lo imposible es posible y nos cautiva trayéndonos a la consciencia. El uso técnico del onirismo empleado por Acosta lo podemos percibir en los cuentos “El novio”, “El cazador” y “La búsqueda”.
Otro aspecto, no menos interesante, es el empleo del mito autóctono como fuente de creación (El vengador, El intrigante, los poetas, El duende). Hallo, dicho sea de paso, un virtual paralelismo, al menos en la intencionalidad y en la presencia de algunos elementos del presagio fatal, entre “El vengador” y el mito griego de Meleagro y Altea.
El mito le sirve al fabulador para recrear imaginativamente el dato o el material que le ha inspirado (El duende). En suma, tanto el onirismo como el mito son parte de las herramientas de las cuales hace uso diestramente el autor.
Quien se adentre en la lectura de El Arca se va a encontrar con una serie de cuentos en los cuales realidad y ficción nos transportan a una atmósfera fresca (La veleta, Los combatientes). El fabulador parte de la realidad y nos introduce repentinamente –ahí reside el logro mayor- en una nueva realidad producto de la imaginación.
Finalmente, hay ciertos cuentos como “El hombre feliz”, “Palabra de honor” y “La búsqueda” que, advierto, por su moraleja, denotan la huella de Hesopo. Si esto es así, habremos encontrado otra clave de lectura de El Arca.
(publicado en La Prensa, Honduras, 2007)
martes, 15 de enero de 2008
ENTREVISTA “Los poetas son la voz del pueblo",
2007
www.laprensahn.com
PUBLICADA EN EL DIARIO LA PRENSA, HONDURAS, EL DOMINGO 13 DE ENERO DE 2008
¿En qué se diferencian el Fausto sacerdote y el Fausto escritor? Lo primero me lleva a lo segundo. Es como un médico que ejerce en su consultorio y luego hace algún deporte. Dos planos distintos para un objeto. ¿Conviven en armonía su temperamento cristiano y su temperamento artístico?
Sin duda, como el agua mezclada con el vino. Si le damos un vistazo a la historia del arte, nos vamos a hallar con la agradable sorpresa de que, tanto en la plástica como en la arquitectura, la música y la creación literaria (poesía concretamente), ha habido de forma casi natural una fusión tal entre fe y arte que no veo yo que exista contradicción.
¿Con qué debe estar comprometido un escritor?
Con su oficio. Un escritor que no se dedica de lleno a cultivar su talento, a perfeccionar el espíritu, difícilmente podrá lograr una obra acabada. Hacia afuera, el escritor debe rescatar lo verdaderamente humano, el sentir de su época y plasmarlo en la página. Los griegos y los romanos escribieron la vida, los hechos, la historia, los anhelos espirituales de su tiempo y nos lo legaron en sus obras inmortales. Los que tienen vocación de escritores, en cualesquiera de sus manifestaciones, tienen el deber inclaudicable de ser testigos de su época. Los poetas son la voz del pueblo.
¿Qué es la literatura? ¿Qué es Dios?
La literatura es una forma de recrear, de reinventar el mundo con la imaginación. Dios, en términos filosóficos, el Ser, el Absoluto; en términos teologales, el Creador, el Padre que comunica al mundo su amor infinito.
¿Qué opinión le merece la más reciente generación de poetas y narradores hondureños? ¿Cree que se está diciendo algo verdaderamente nuevo o es sólo una fábrica de espuma condenada a la desaparición inmediata?
En mis diez años de estancia en Honduras he seguido de cerca a la generación de "poetas emergentes", para usar los términos del animador cultural y poeta Salvador Madrid, y me hago la idea de que las obras publicadas en poesía apuntan a obras mayores, más serenas y profundas. No hay nada nuevo bajo el sol, reza el adagio, pero no cabe duda de que cada uno de los autores jóvenes trata de plasmar su propia visión del mundo y el arte literario, aunque sea de forma incipiente e inacabada. En este sentido, eso sí es nuevo.
Además de la poesía, usted ha incursionado en la crítica literaria. ¿Cuál es su diagnóstico acerca de la actual literatura hondureña con respecto a la literatura mundial contemporánea?
Para Pablo Neruda, lo particular es una forma certera de universalización. En este sentido, no es menos narrativa la de Julio Escoto, Armando García, José Bográn, entre otros, que la de cualquier premio Planeta, Alfaguara o Casa de las Américas; ni es menos poesía la de Óscar Acosta, Roberto Sosa, Rolando Kattán o Giovanni Rodríguez, que la de uno de los poetas de la Poesía de la Experiencia de España o uno de los poetas del movimiento interiorista de República Dominicana. Cuanto más auténticos seamos, cuanto más valoremos lo hondureño, en consideración al pensamiento nerudiano, más universales seremos. El último libro de José Adán Castelar, "Cauces de la última estación", 2007, por poner un ejemplo, es una obra maestra que se sostiene de pie y compite, en términos genuinamente poéticos, con cualquier obra de poesía contemporánea o clásica.
¿Qué aspectos considera indispensable abordar a la hora de criticar una obra literaria?
Conocer el texto y contexto a fondo, leer en distintas claves al autor en cuestión, comparar, si fuera posible, la obra con otras publicadas por el mismo. Si la obra se enmarca en una generación o corriente literaria, también hay que tomarlo en cuenta. El crítico debe ser sincero e imparcial, riguroso. La crítica literaria es una forma de recrear, de ahí el género ensayístico, la obra en cuestión.
Ha dicho que "no hay que frustrar espíritus". ¿Qué sería lo contrario a eso: aplaudir la necesidad de expresarse de cualquier individuo, aunque carezca de recursos artísticos, o aclararle el panorama para que en el futuro no meta las de andar?
Los jóvenes escritores y poetas -así empezamos todos- en sus primeros vuelos son proclives a movimientos erráticos, pero después, los que verdaderamente tienen el genio para cultivar el oficio en todo rigor, terminan planeando libremente con profesionalismo y estilo propio. Hay que dejar que vuelen, pero afinando bien el instrumento. A eso me refiero con "no frustrar espíritus".
¿Cuál es la diferencia entre escribir bien y hacer literatura?
Un periodista, por ejemplo, puede escribir bien y no necesariamente tiene que ser un literato. Éste, en cambio, tiene que escribir como el periodista y, además, usar la imaginación y todos los recursos y técnicas para crear la obra de arte.
¿Qué opina de quienes publican libros, se hacen llamar escritores y ni siquiera han aprendido a redactar?
Tengo un hermano que canta karaoke, imita a cantautores, sigue la pista y el compás, y lo hace bastante bien, pero no es artista. Aunque pretenda ser Juan Luis Guerra o Juanes, siempre será un cantante de karaoke.
Como abanderado del movimiento interiorista en Honduras, ¿cree que su poética ha sido adecuadamente exteriorizada en este país?
En mi opinión sí, pero no del todo. Sí en lo divulgativo y expositivo. La Poética Interior ha sido divulgada oral y escrituralmente en periódicos, en la revista CriticArte, en conversatorios en el Centro Cultural Sampedrano, en colegios y universidades. No del todo por la poca producción poética en una década de tintinear la estética interiorista. Poca, pero suficiente para empezar con tentativas como "Muestra poética: los novísimos"; "Horizonte que me toca" y "Voz en el agua" de María de los Ángeles López; "La otra latitud", "Ínsula presentida" de quien suscribe; más la "Antología mayor del movimiento interiorista" puesta a circular en octubre de 2007 en San Pedro Sula. La obra poética "Morir todavía" de Giovanni Rodríguez, también está, por los hilos que la tejen, bajo la égida del movimiento interiorista.
¿Existen dentro del Interiorismo escritores de esos denominados "malditos", o en las filas de este movimiento sólo hay lugar para beatos y personas decentes?
El movimiento interiorista aglutina a artistas de cualquier condición, siempre que sus ideales, por antagónicos que sean, exploren la dimensión trascendente de la realidad en cualquier orden, esto es, el metafísico, el mítico y el místico. En el movimiento interiorista hay poetas de la angustia, inconformes, inencasillables, rebeldes, inadaptados, bonachones, etc.
En todos sus libros publicados la experiencia mística se percibe como un elemento importante. ¿Cree, como Platón, que a los poetas les es "revelada" la verdad? De ser afirmativa su respuesta, como creo que lo es, ¿asumiría de buena gana su expulsión de la república de las letras en favor de su incursión en la república de Dios?
¿Qué serían las letras sin el halo de lo divino, de la trascendencia? ¿Qué el pensamiento platónico sin el mundo de las ideas divinas? Si se van los poetas de ese territorio, ¿quién se encargará de revelar la verdad? ¿Qué sería la poesía sin San Juan de la Cruz, Reiner Maria Rilke o Rabindranath Tagore? Aceptaría ser expulsado si no me suscribiera, para decirlo con san Agustín, a la Ciudad de Dios.
¿Ha leído al Marqués de Sade, a Henry Miller, a George Bataille? Éste último consideraba los burdeles como sus auténticas iglesias, quiso ser sacerdote en su juventud, pero perdió su fe a los 25 años. ¿Qué opinión le merece?
No los he leído. En los últimos quince años me he concentrado más en la literatura grecorromana, con la manía de ir a las fuentes, al origen de nuestra cultura occidental; en la poesía española, hispanoamericana, centroamericana y caribeña. He ido terciando con novelas, pero confieso que tengo una deuda con muchos autores universales y, en particular, de mi país, República Dominicana.
¿Alguna vez ha sentido, por un instante al menos, perder su fe?
Perder la fe no, la motivación sí. He tenido muchos momentos de alegría indescriptible fruto de mi vivencia de fe que me han reafirmado en la vocación misionera. Pero también he tenido momentos de decepción y desánimo.
¿Qué opina de la verdad? ¿Es única? ¿Cree, como Vargas Llosa, que la literatura es una mentira que dice la verdad?
En literatura y en las artes nada es absoluto, cada artista aporta un trozo de verdad. Baste pensar, por ejemplo, en el impresionismo, el cubismo o la pintura abstracta. La verdad absoluta sólo está en Dios, la verdad que nos acerca a Dios y "nos hace libres" "se hizo carne" y la verdad que nos deleita en una obra se hizo arte.
El sacerdote y las letras
Fiel a su condición clerical y apelando a la palabra como arma de defensa, Fausto Leonardo Henríquez responde a esta entrevista de mimalapalabra en su edición 28. Para él la literatura es un deporte que le permite "reinventar el mundo con la imaginación" y los falsos escritores son como cantantes de karaoke que se creen artistas mientras dure la melodía. Poeta, narrador y ensayista, también ha sido promotor cultural durante su permanencia en San Pedro Sula. El pasado diciembre salió del país para radicarse en España y continuar su trabajo con la Iglesia, pero antes quiso dejarnos estas respuestas escurridizas que hablan, entre otras cosas, de libros y de Dios, de la fe y la verdad, del compromiso y de la crítica literaria.
jueves, 10 de enero de 2008
SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
Ser monja e intelectual le acarreó críticas, pero también aplausos. Sus más de veinte años en el convento San Jerónimo los pasó estudiando y leyendo, esta fue su vocación primera, pero también llevaba una vida de piedad fuerte, acorde a las reglas conventuales de la época. No fue una libre pensadora, sino una libre creadora.
VILLANCICOS PARA LEER EN NOCHE BUENA
Nanvidad: Nació Diosito, / dulce Niño./ ¡Canta pastorsito! / Estrella titilante / detiene la noche;/ nace Sol brillante.// Ángeles tocan,/ cantan glorias al Niño,/ los Reyes lo invocan.// María al bebé / arrulla con ternura,/ abre los ojitos y la ve.// Ella medita./ El Sol recién nacido,/ la alumbra con tierna luz.
Repiques de campanas: Hoy es Noche Buena, tocad las campanas,/ ponedlas a volar, hacedlas hablar/ hasta que amanezca, no dejen que respiren.// Pascua de Navidad, oh dulce noche/ cuyo portal inmortal Luz irradia/ y hace temblar a las tinieblas.// Reyes al Rey del cielo adoran./ La estrella descansa gozosa,/ mientras mira al Tierno Niño.// La Madre contempla la Luz,/ acurrucada en sus brazos, calientita/ al calor de su pecho virgen.// Las campanas continúan sus alegres repiques,/ mientras las gentes ven brillar/ en el regazo de María el rostro de Dios.
Nacimiento: Padre, hoy me hago carne, hoy conjugo/ el tiempo con la eternidad, sin/ estridencias.// Padre, no hallamos posada, ni corazones./ Ya van a ser las doce, Mamá se queja,/ la burrita resuella, José silba salmos.// Padre, ya voy a alumbrar, voy a ser Luz,/ voy a dar luz. Mi Madre se duele, sus manos/ me sostienen y serenan. ¿Ya puedo ser gloria?// Ese seno es el cielo, Padre. Cielo materno, Padre./ ¡La cuna, el pesebre, los brazos, ya salgo! / ¡La burrita, el buey y la mula, la paja, José, los pastorsitos,/ la estrella! // José, sostenme, alumbradme Madre,/ que Virgen te quiere mi Padre.// Agua pura, el líquido santo,/ Jordán del Espíritu tus entrañas inmaculadas,/ oh, Madre. Así te quiere mi Padre.// Hijo, ¡ven fuera!, sal ya para que huya/ la oscuridad. La estrella solloza/ ahí en lo alto, esperándote. Es tarde y hace frío./ Ven Sol a prender fuego al mundo.// Esposa, sé causa de nuestra alegría./ El buey, la mula, la burrita, la estrella/ y los pastorsitos están embelesados en este Tabor./ Trae ya al Salvador./ ¡Puja, Madre, que nace Dios!/ Tengo ansias de ser. Me muero por vivir./ ¡Puja, Madre, que sólo el amor me hace nacer!
TÉCNICA E IMAGEN DE LA POÉTICA INTERIOR
Los afiliados a nuestra estética se cuentan por docenas. Sin embargo, los nombres de los poetas más sobresalientes de la estética interiorista son, a mi juicio: Pedro José Gris, Julio Adames, Sally Rodríguez, José Frank Rosario, Yky Tejada, Ramón Antonio Jiménez, Tulio Cordero, José Acosta, Óscar de León Silverio, Guillermo Pérez, Güido Riggio Pou, Fausto Leonardo Henríquez, Ángel Rivera Juliao, Carmen Pérez Valerio, Roberto José Adames, Argelia Aybar, Fray Pablo de Jesús, Teodoro Rubio, Juan Miguel Domínguez, Jaime Tatem Brache.
1. Distintas rutas y un puerto común: la interioridad trascendente. La actividad creadora de todos los autores arriba mencionados –conservando su singularidad y su visión única como poetas- tiene como eje transversal la realidad trascendente. Es decir, esa peculiar forma de aplicar la técnica de mirar desde el interior de las cosas aquella otra realidad que trasciende el territorio de los sentidos comunes. Los cultores del Ideal Interior, como los organistas de catedrales, tocan todos los registros: místicos, míticos y metafísicos. Esas tres vertientes son los filones sobre los que construyen su obra los antologados, cada uno con su sello de originalidad, con el objeto de –como decía Hörderlin- “hacer llegar al pueblo envuelto en cantos el don celeste”.
Los poetas interioristas apuntan a lo esencial, a aquella sustancia permanente de las cosas.
El Interiorismo plantea un discurso nuevo, un método nuevo de hacer y de crear poesía, no tanto para agradar al oído y complacer a contertulios, sino para exponer los hallazgos de la conciencia y de la intuición humana en su búsqueda profunda del sentido de lo existente y de lo absoluto.
Hemos pasado –y esta antología es nuestro mejor aval, por no decir las sustanciosas obras publicadas de los interioristas- de las teorías a los hechos consumados. Más que demostrar una teoría, pasados ya dieciséis años, les mostramos –sin aire de grandezas- las riquezas de nuestro tesoro, y se las damos como legado a esta generación y a las venideras.
PINTURA: MUSEO NACIONAL
Recientemente estuve en Tegucigalpa. Con motivo de dicho viaje saldé una deuda que tenía desde hacía mucho tiempo: visitar el Museo Nacional. Empecé mi recorrido por el primer piso en cuyas vitrinas se exhibían vasijas de barro de los mayas y objetos religiosos antiguos.
De todas las obras situadas en el primer nivel, la que me sedujo fue “El ángel del Micht” de Juan Murgi. La centralidad del ángel que baja del cielo, iluminado por una impronta de luz dorada y divina, sus alas desesperadamente abiertas, y sus manos extendidas hacia abajo –en un gesto solidario sin límites– al rescate de la figura humana, es verdaderamente conmovedor.
En el segundo piso, caminaba lento y comtemplativo, me sorprendió el cuadro “Las Monjas” de Pablo Zelaya, pintado al óleo. Dos monjas, al parecer de clausura, con cofia celeste tierno, clarito, caída serenamente sobre las espaldas les dan una impronta espiritual llena de paz.
Las dos monjas, jóvenes, de pie una, sentada la otra, tienen en sus manos unas partituras, las cuales leen al desgaire junto a un violín que yace sobre su estribo en el suelo, y a un arpa, al centro de ambas. Los dos instrumentos son de fina y delicada melodía.
La claridad del cuadro crea una atmósfera espiritual, trascendente y mística. El rostro dulce de la monjita que lee su partitura sentada es soberanamente bello y la luz le angeliza su figura femenina haciéndola aún más atractiva.
Llama la atención el corazón que cuelga sobre el pectorín blanco que cubre su pecho. En sus manos delicadas, la partitura, y más arriba, a la altura del pecho, justo en el lado izquierdo, pende el corazón como una medalla que habla.
Otro cuadro de una belleza extraordinaria es el “Contemplado”, firmado por Matute, oriundo de San Pedro Sula. Representa la caída de Cristo con la cruz. Es la silueta al desnudo, sin detalles de rostro. Sus dos rodillas en el suelo y su mano izquierda aliviando la caída y con la otra mano asiendo la cruz, imprimen al cuadro una auténtica escena de la Pasión de Cristo. Es una figura sufriente y solitaria. Es un Cristo solo, sólo con su cruz a cuestas. Es, en verdad, para contemplarlo.
Hasta no ver…
El uso de la palabra es criollo, es decir, muy hondureño, entendible y ágil. El léxico creativo de “Hasta no ver…” es característico de nuestro autor quien, no sólo escribe con garbo, sino que seduce con su palabra y su sentido del humor.
El estilo que presenta “Hasta no ver…” es fresco, encabritado y chispeante. Se sale del formalismo del cuentista tradicional que teme crear nuevos sentidos semánticos con las palabras.
En el conjunto de “Hasta no ver…” hay una crítica, a menudo hecha con fina ironía, a estamentos sociales –el militar, el judicial- los cuales tienen, de suyo, una tradición empañada por las excentricidades que les permiten sus fueros internos.
Asimismo, “Hasta no ver…” lleva a la hoguera la controversial actividad humana, la política. El autor lo hace rescatando la vida de personajes de leyenda de la tradición política popular hondureña.
Por otra parte, “Hasta no ver…” cuenta hechos rurales –muertes, venganzas- que se convierten en mosaicos imaginarios y que, a su vez, perduran en la memoria colectiva y literaria. Como ejemplo cito el cuento “Como a la una de la tarde”, para mí una historia muy bien contada. O la de “Nadie lo duda, el finado murió ahogado”.
La nueva obra de Armando García oscila entre lo real y lo imaginario. Los personajes que construye el escritor son tan reales que uno los siente como parte de la vida. Un ejemplo claro es la conmovedora historia de un salvadoreño –“Chero, el Guanaco”- que prosperó de la nada y termina en la nada. Otro ejemplo más real aún que el mencionado es el cuento “Una historia mojada” y que retrata el espíritu obsesivo de los que se van de mojados a EUA.
El látigo también se estrella en el lomo de ese misterioso fantasma que se escabulle en las estructuras de poder, el narcotráfico –“Cómo pasa el tiempo”-.
“Hasta no ver…” es, en definitiva, un libro que, a fuerza de ser claro, retrata el ser y el hacer de los hondureños como pocas veces he leído. Quien lea “Hasta no ver…” puede decir que “se echó un sorbo grueso, exhaló un placentero ¡aj!, de cura en misa”.
CULTORES DE LA BELLEZA
San Pedro Sula, y esta es la paradoja de una ciudad en despunte que presume de niña-mujer, conserva un secreto apego a las artes y un callado grito de pasión por las cosas que elevan el espíritu a otro estadio, a otra esfera en donde lo grotesco y perverso se pierde por unos momentos.
Los sabios orientales y los místicos han visto en la flor del loto, el nenúfar, que crece en el fango, un misterioso indicio de que la belleza puede emerger hasta en los lugares más insólitos e inesperados. No es extraño, pues, que en Honduras, que está hasta el cuello de “sangrientas amapolas” y hediondos fangales, surtan nuevos talentos que pongan de manifiesto la aparición súbita y gozosa de la belleza.
Intuyo que en el inconsciente colectivo hondureño, me atrevería a decir que es algo que está en toda raza y pueblo, hay un deseo profundo de encontrar el sentido de la vida y los pintores, concretamente, lo manifiestan en sus obras. En un nivel más llano nos vamos a encontrar con artistas de la plástica que basta sólo un deslizamiento hacia una academia de Bellas Artes par que adquieran técnica y dominio del oficio de pintores.
El pasado 28 de noviembre, 2006, asistí al Teatro Francisco Saybe, con motivo del II certamen de pintura para jóvenes, organizado por la Alianza Francesa. Al repasar las obras pictóricas de los noveles artistas, unos treinta, fui anotando apreciaciones en mi agenda. Me atraparon con sus pinceles Zaida Z. y Rolando R. Sus obras apuntan a la gran pintura y su técnica rompe los lugares comunes y manidos de quienes auscultan la belleza.
ARROYO DEL BOSQUE
Sería impensable que un columnista estos días sea indiferente a la gran conmoción que ha causado la muerte del Papa Juan Pablo II. Aun más, un buen observador sería incapaz de obviar en sus escritos cómo este acontecimiento ha removido la sensibilidad de cristianos y no cristianos alrededor del mundo.
La muerte de Juan Pablo II ha paralizado la boda del Príncipe Carlos, ha paralizado partidos de bútbol, ha hecho gemir y compungir a millones de cristianos de los cinco continentes.
A mí siempre me llamó la atención la cercanía con la juventud. Fue un gran amigo de los jóvenes. Tenía un imán para ellos. Muchos fuimos cautivados por sus mensajes de esperanza. Nunca se proclamó a sí mismo, sino a Jesucristo como el camino, la verdad y la vida. Eso lo hizo un auténtico mensajero de Dios. Nunca se aprovechó de los jóvenes, al contrario, los alentó y animó para que sean coherentes.
Desarrolló el diálogo interreligioso entre las religiones del mundo, oró con los que son diferentes en su fe y marcó hitos en la búsqueda de la unidad de los cristianos. Eso también es un gran avance.
Defendió las etnias, a la mujer, las culturas de los pueblos, la justicia y la paz. Esto es fácil decirlo, pero nada fácil hacerlo, y sin embargo, Juan Pablo II lo hizo, prueba de ello son sus grandes documentos acerca de las cosas temporales.
Abiertamente se opuso a las guerras y propuso la concordia de los pueblos. Mantuvo el talante respecto a las nuevas corrientes que amenazan a la moral y a las buenas costumbres.
El Papa Juan Pablo II fue deportista, literato, teólogo y místico. Imagino que las cosas debieron suceder así en ese orden. Transcribo un fragmento de uno de sus poemas místicos más selectos: “La bahía del bosque baja / al ritmo de arroyos de montaña, / en este ritmo te me revelas, / Verbo eterno. / Qué admirable es tu silencio / en todo desde que se manifiesta / el mundo creado… / que junto con la bahía del bosque / por cada cuesta va bajando… / todo lo que arrastra / la cascada argentina del torrente / que cae rítmicamente desde las alturas / llevado por su propia corriente. / Llevado, ¿adónde? / ¿Qué me dices, arroyo de montaña? / ¿En qué lugar te encuentras conmigo? / Conmigo que también voy de paso –semejante a ti… ¿Semejante a ti?”
jueves, 13 de diciembre de 2007
El Ángulo de la Hermosura, 1995.
EL ÁNGULO DE LA HERMOSURA
I
Idílicos parajes,
los colores reían, atracción sibilina,
acariciaba mi alma.
Cristalizabas en todo.
Sonoro recuerdo,
sensación de frescura.
Es “suave tu risa”.
II
Doncella, brillan tus ojos.
Tu ternura excita los follajes,
exalta silencios.
Tu mirada anima a los montes,
despierta sombras.
Doncella, me seduce, no lo que pareces,
sino lo que tú eres: Belleza.
III
Te busco, Beatriz.
Escalo tu mirada. Vence tu alma.
Por ella, todo, hasta las raíces
de mi árbol.
IV
Hago alianza contigo.
Has bajado descalza, blanco el vestido,
hasta mí.
El aliento que me vivifica te vio.
Me hiciste pasar a tu jardín,
y, allí, sin poseernos, quedamos prendidos.
V
Cruzas frente a mí.
Asciendes hasta tu residencia.
La música es rumor de compases,
lluvia haragana de la tarde.
VI
Ojos ingobernables
escapan tras la gacela de la Belleza.
Museo de luz el iris.
Milagro grande a mis ojos
verle el rostro a la Belleza,
el sonido.
VII
Desgasto mi voz,
esmalto la palabra. Música tus aleteos,
acordes insaciables.
No niegues audiencia a mi pluma,
a mi lira. Cíñeme el alma con la aurora.
Hazme sentir el calor, el silvo del ruiseñor.
VIII
Belleza te doy la desnudez,
los sentidos del alma, abiertos.
Deseo econtrarte con lo último.
Olvidado de todo me sumerjo
en tus corrientes interiores,
allí el mundo se torna cercano,
iluminación.
IX
Lluvia, septiembre, brilla el sol.
Te cubre el arco de las promesas.
Mojados los pies llevas.
Te vi arder en el crepuscular otoño
de los chopos.
Multiplicaste el oro fundido
de la tarde en el lago.
Fuiste Flora, rubor de savia, frutal sueño.
El arroyo perpetúa, faladoladamente, tus pasos.
X
Con tus alas agitas los pensamientos.
Salto a la eternidad, breve en tus brazos.
Tensas mi voz,
provocas la melodía, el iris.
XI
Belleza, fragua de oro en el ancho océano.
Belleza, lo insólito del arullo; asombro
desnudo del río, limpio e inocente.
Belleza, diamante asaltado por la luz;
rostro tallado en divina piedra.
XII
Semblante sumergido en el espejo,
exposición en el aire,
perfil supralineal, el ángulo de la hermosura,
lunar infinito.
A mí llega, álbea, auroral,
suspirando por mis sentidos.
Simple salta,
fuente de luz insaciable.
Segunda Parte
OTROS ÁNGULOS
XIII
¿Después de ti, Belleza, qué?
Escándalo de hermosura, tu rostro.
Alta vibración, tu ternura.
A mis ojos les negaron la verdad,
fueron engañados.
Mi alma halló tus latidos,
los retazos de tu niñez.
XIV
Aprendí el canto del pájaro,
el idioma de la brizna,
de la araña sobre el remanso
de cristal.
Mis ojos se han educado
al amparo de la beldad que te orna.
XV
Apolo succiona el néctar
de la hermosura.
La Belleza se sienta en tus ojos,
muchacha virgen. Sobrevuela los límites
de los compases.
XVI
Respetuoso el pincel
recorre la tela. El lienzo,
reflejo del alma, arrostra el misterio.
Pintura, idioma de la vista.
XVII
Monalisa, viva brasa tu mirada.
El ciego entiende con el tacto.
Yo te contemplo con los dedos.
Una sucesión de ángeles
bulle en la galería de mi alma.
XVIII
Hambre indescriptible mis manos
desdibujan. Verbo el pincel.
Me adentro más allá de las luces,
es latente la divinidad, la plenitud.
XIX
Ilustres piedras delinean sus cuerpos.
Armonía de átomos, materia dediviva.
Versos de lápidas se tornan altura.
XX
Música, séptimo cielo,
afluente. Rocío destella.
Vuelvo a la vida con el Concierto de Aranjuez,
límite de la dulzura, alma metarritmizada.
XXI
Hay sangre en el canto,
pretendido escondite de tus huellas.
Voz, sinfonía, Venus.
Cuerdas, tu dulzura de arroyuelo,
silvo luminoso del amanecer.
XXII
Palabra bruñida más allá de la forma,
ocaso desnudo.
Detrás de la materia, cascada oculta,
húmedo mirar, tu presencia.
Palabra ígnea, sol que brilla
y tiembla en el mar.
XXIII
Lenguaje, pozo, lago
blando y serpenteante.
Siembro la palabra en el arado.
Nacerá en otro ojos.
Mi juventud, cántaro que se llena
para llenar, ancla que engancha en la roca.
Quedaré derramado. Aquí hallarán
la semántica enaltecida por el fuego.
XXIV
Fonética líquida
se arremolina en la caracola.
Oh Dios, delira la lira.
Labios para el silencio,
crepúsculo, eco de la luz,
pastor de las olas, Orfeo.
Lengua, cae en la pluma barda.
XXV
Nafne, acércate, que pueda contemplarte
por que brille el alba. No ocultes
tus soles a mis mares.
Mírame, luce, diamante encendido,
“al sol que os mira, mirad”.
Vuelve el rostro, deseo contemplar
los lilios blancos de tu boca.
Detente, Dafne, en ese el umbral.
XXV
Sol, tu sonrisa, tu ardiente mirada.
Mar, río, la sangre de tu cuerpo.
La calandria y el colibrí
han colocado tu imagen
en la urna de mi alma.
XXVI
Voz de cristales rotos
en agua feliz fluye,
fina serpiente por el angosto cauce.
Más vida.
Degustar el mundo
con lo que dure el tiempo.
XXVII
Quedo con mi tallos
llenos de otoño.
Súper nova la esperanza.
Buscaré la raíz de mi voz en la luz,
en el logos.
XXVIII
Penélope, urdes besos,
encendidos crepúsculos.
“Oh dueña del amor, en tu descanso
fundé mi sueño”.
En ti está mi infinito,
el centro en que el sol y la lluvia resucitan.
XXIX
Estás triste, cornamente de plata.
Echaré de menos a la hormiga.
Extrañaré el rumor del mar de la ciudad,
fiera domesticada.
Que no sepan los geráneos,
y menos mi guitarra Del Pilar,
que emprendí un viaje
a la ternura.
XXX
Homero, Ovidio, Virgilio,
Dante, Góngora, San Juan, Lope,
Garcilaso, Quevedo, Quintana, Herrera, Darío,
Tagore, Juan Ramón, Machado,
Generación del 27, Neruda, Aleixandre,
Paz, Cardenal, y a todos los poetas menores,
gracias por atisbar la Belleza,
por encender el brasero,
expandir el cosmos, agrietar las formas.
XXXI
Te entregué todo,
vacié el alma por la lira.
Desvelé noches enteras.
En este instante cae la última gota,
la nota última.
Localización tierra natal, República Dominicana
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